jueves, 22 de junio de 2017

Ensalada literaria astronómica

La ensalada literaria es un juego bien conocido en Steampunk Madrid: se reta a los participantes a escribir un relato con una serie de ingredientes, dentro de un límite de palabras. Este mes propusimos una ensalada de temática astronómica para seguir la misma línea del evento literario del mismo mes del año pasado, que versó sobre los meteoritos. Para participar había que escribir un relato de cualquier género con final abierto o cerrado, que no superase las 1050 palabras (sin incluir el título) y que incluyese de forma directa (textualmente) o indirecta (referidas como parte de la historia sin ser mencionadas explícitamente) todas las piezas citadas a continuación:
  1. Solsticio
  2. Aparato volador
  3. Telescopio
  4. Estrella fugaz
  5. Autómata
  6. Muchedumbre enfadada
  7. Cráter de impacto
  8. Artefacto demencial
  9. Alguien que ve el futuro
  10. Viento tremendamente fuerte



El Hombre que amo las estrellas II

El telescopio cimbreaba a causa del creciente viento, las banderolas de la gran nación de Joseon amenazaban con rasgarse y salir volando.
El autómata del gobierno sostenía su alfanje sobre su cabeza con una de sus extremidades hidráulicas las otras tres extremidades superiores sujetaban al moribundo y anciano Astrónomo Park.
El ayudante del ministro de justicia recitó mientras extendía un pergamino- Astrónomo de tercer rango Park, estamos reunidos para su ejecución tan solo el milagro que has anunciado puede evitar que tu cabeza sea cercenada de tu cuerpo, Hoy noche de del solsticio de primavera, aseguras que con tu demencial máquina calculadora de estrellas, has predicho contra todo pronóstico que una estrella fugaz cruzara el cielo, en la primera noche del cielo, y al hacer tal anuncio ante el Emperador, amo del este, guardián del oeste, rey del norte y dueño del sur, el que desciende de los cielos… Has ofendido a todo su linaje… que los dioses de la tierra y el cielo nos asistan.
El viento se intensificó, las banderolas y pendones se rasgaron, la torre astronómica crujió, el telescopio de cúspide viró hacia el norte, y la estrella fugaz apareció como si se tratara del aliento del dragón.
El enorme mecanismo de la calcula de estrellas rechino sus ruedas giraron y en su dial de cinta apareció el carácter que representa el número uno, El emperador desde su calesa voladora, profirió una tremenda carcajada, entonces hizo un discretísimo gesto con su mano y el autómata soltó su presa sobre Park, que agarrotado cayó de rodillas al suelo.
La turba enfadada de astrónomos imperiales apenas podía salir de su asombro y tan pronto como lo hizo no tardó en explotar en gritos casi a coro,- Es cierto, que su majestad ha de perdonarle por haber profetizado hechos que mas tarde han ocurrido, pero su gesta escapa de la habilidad y roza lo sobrenatural, así que si su majestad es inteligente le ejecutara por brujería- concluye la altísima voz del Astrónomo imperial y director del observatorio.
Park avanzaba libre de ligaduras en los pies, apenas había sido capaz de caminar hasta su cámara en el observatorio imperial, había tenido la intención de recoger sus escritos y anotaciones, pero al entrar pudo observar claramente que no se podía rescatar de aquello, sus ropas habían sido desgarradas, sus libros quemados, rotos o desaparecidos, sus ahorros afanados y el retrato de su única hija destruido en las llamas. Rescato lo poco que aun era legible, solicito al criado que le trajera ropas limpias, y con estas abandono el observatorio, solo dejando tras de si la habitación destrozada y el impecable uniforme de funcionario de Seda azul, pulcramente doblado.
Pasaron muchos años, y nadie recordó a Park durante mucho tiempo, pero un día cuando el emperador ya era un hombre maduro y con una barba que lucir ya anciano, aunque no tanto como llegaría ser volvió.
-Esta espada no le defraudará emperador es la mejor que he fabricado- dijo con cierto temor el herrero- ya verá como le complace- se encontraba arrodillado, el sudor se perlaba en su frente, no deseaba estar allí, desde que el emperador se había empecinado en tener una espada irrompible e invencible muchos herreros habían fracasado, y fracasar conllevaba castigos horribles.
El autómata soldado imperial tomó la espada con dos de sus manos, y con las otras dos descargo un impacto potente y seco con su alfanje contra la espada que estalló en añicos, sin esperar respuesta ni orden el autómata descarto la espada rota y agarro con dos de sus potentes brazos al herrero y lo arrastró hacia la cárcel, el fornido herrero se resistió fútilmente.
La cola atemorizados herreros y comerciantes fue disminuyendo, y el Emperador sentado en su trono de noble madera, aburrido era cada día mas cruel. Apenas levantó la cabeza cuando un anciano se presentó en el mismo estrado de madera donde se habían arrodillado los plebeyos que habían asistido durante semanas.
El hombre arrodillado hablo, - Mi emperador, me alegro de volver a verlo, he sabido de su éxito en la caza y exterminio de brujos, y vengo a devolverle el favor que una vez me concedió- La voz del anciano era monótona, y algo en ella reveló curiosidad en el rostro del Emperador, - Si puede ver- dijo el anciano mientras abría un pequeño fardo, La maquina contadora de estrellas movió su dial y el se podía ver el carácter de representan dos, pero nadie se dio cuenta, guardada en aquel oscuro sótano de palacio. Envuelto en él se encontraba una espada, no parecía lustrada, era de un metal negro, que parecía arrastrar la luz hacia sí y capturarla en su interior, su filo era basto y su mango de madera sin labrar, no tenía joyas engarzadas, tampoco vivos cordajes de colores trenzados.
-Eso es un trozo de hierro que parece una espada, pero no lo es solo lo parece.- dijo en un grito alegre, casi un graznido, el ministro de palacio, antiguo Astrónomo imperial- Anciano eso es un insulto a mi inteligencia y a la santidad del Emperador.-Gritó de manera amenazante.
El anciano se puso en pie sujeto cada extremo de la espada con una mano y se la ofreció al autómata soldado, este sujeto su alfanje con sus cuatro brazos, y descargó un golpe con intención de romper la espada y siguiendo la casi imperceptible orden de matar al anciano que la sujetaba.
El alfanje golpeó, un ruido metálico causó estrépito, el alfanje se rompió con violencia, Park, el anciano, se dio media vuelta y empezó a caminar con la velocidad que le permitían sus piernas hacia la salida, cuando un funcionario joven se acercó corriendo hacia el, Park le dio la espada negra y reanudó su carrera.
El emperador se levantó con estrépito, examinó la espada que el joven le entregó, y grito al anciano que se alejaba. ¿de donde sacaste este metal?- gritó una y otra vez con violencia, el anciano, se giró y le contesto también a los gritos ¡ De una estrella!
Park había recogido aquel metal mucho tiempo atrás de la estrella que su soberbia había vaticinado y que a su vez le había salvado, de un hoyo oscuro y profundo, amplio y árido…
Un agujero que recordaba al gobierno del Emperador, Metálico, vagamente circular y yermo.

Por Mikel Villafranca





Como cada año, en la ciudad se celebraba el solsticio a lo grande: ferias en todos los barrios, alcohol en ríos, verbenas, etc. Se celebraba el fin del invierno y el inicio del mes de las flores. El señor Villagualda mostraba entusiasmado su nuevo artilugio a la señorita Medina:
-¿Y lo ha hecho usted? ¡Es asombroso!
-Lentes de dos metros y medios de diámetro, cinco cristales, un largo de seis metros en madera de nogal con placas de sionita y puro metal. –Dijo eufórico mientras daba una palmadita al telescopio.
-¡Formidable! ¿Se verá desde aquí la lluvia de estrellas?
-¡Por supuesto! Si me toma la mano, permítame que la sitúe en el visor…
La noche estaba despejada y la luna, como la sonrisa de un caballo, brillaba. Los meteoros comenzaron a caer despacio, tal cisnes deslizándose por el lago del Retiro. Pero, de repente, el cielo se tornó negro y empezó a arreciar un viento tremendamente fuerte.
-¡Señor Villagualda! ¿Qué es aquello?
En eso, un bólido espacial se precipitaba por el firmamento acercándose cada vez más, y no era una estrella fugaz. En el telescopio se podía ver de forma clara cómo un aparato volador se lanzaba fulminante hacia la Tierra. El científico esperó atónico hasta que aquel objeto estalló en una parcela cercana. Se ajustó las lentes y espetó:
-¡Ha caído a 15 kilómetros! ¡Rápido! –Dijo agarrando el abrigo- ¡Witerico! ¡Witerico! –Gritó- Señorita Medina, hágame usted el favor de esperarme aquí. ¡Witerico!
Un autómata bronceado entró en la sala. Tenía el aspecto de un mayordomo cansado y vestía una graciosa pajarita negra que desentonaba con sus pequeños ojos. Todos los autómatas del señor Villagualda tenían nombres de reyes godos. La señorita Medina sonrió.
-¡Leovigildo, encárgate de todo lo que necesite nuestra invitada! ¡Vamos, Witerico!
Alrededor del cráter del impacto se aglomeraba una muchedumbre enfadada. Unos se quejaban del destrozo, otros lo achacaban a un castigo divino, y otros iban allí por curiosos. Villagualda examinó la zona con su autómata y allí encontraron un extraño cachivache. 
Decidió llevarlo al viejo ermitaño, un hombre canoso y con rastras conocido por poder ver el futuro. 
Era pequeño y cuadrado. Lo tomó en sus arrugadas manos y, tras unos minutos de silencio y gentes congregándose alrededor de su casucha de pastor, vaticinó aquel siglo de guerras, de hambre, de crisis, de terrorismo, de corrupción y horror. 
-¡DESTRUID ESE ARTEFACTO DEMENCIAL! –Gritó señalando el mini extractor de petróleo, que cayó de sus manos. -¡DESTRUID ESE FUTURO!
Sin pensar y consternado por el horror del vidente, Villagualda no dudó en ordenar a Witerico que calcinara aquello. No sabía cómo había podido llegar eso allí, mas no iba a permitir que algo trastocase aquel mundo casi perfecto que había logrado construir.
Mientras tanto, a la ventana se había afanado un hombre cuyo fedora, calado hasta la barbilla, impedía ver su rostro. Tomaba apuntes con rapidez y, en cuanto terminó, salió corriendo en dirección a la morada del señor Villagualda. En casa del científico, Leovigildo tejía con punto fino una funda para el gigantesco telescopio, orden dada por la muchacha que había aprovechado para escaparse. No tenía mucho tiempo para regresar.
El hombre del sombrero se precipitó por la puerta despojándose de sus ropas y cambiándoselas por otras más femeninas. Cuando Witerico y su amo entraron, solo vieron a la señorita Medina cosiendo con el autómata.

Por Ángela Ramos





¿UNA ESTRELLA FUGAZ?

Una de las muchas aficiones de Archibald Brunel era la astronomía. Entendido de que en una de las próximas noches alcanzaría a ver uno de los más famosos cometas: el Halley. Por ello, aún estando en campaña, ordenó dispusieran todo el material necesario para poder observar con detenimiento dicho cuerpo celeste.
Una vez hecho, se puso a observar el cielo con el fin de divisar el cometa. Era la cálida noche del Solsticio de Verano, y con la luna nueva, el firmamento podía verse a simple vista con sólo alzar la cabeza, si bien la luz las fogatas y candiles del campamento donde se hallaba el mariscal impedían una correcta apreciación de los cuerpos brillantes. A pesar de esa contaminación lumínica, el barón de Palierbourg se esforzaba en mantener su atención en las luces de Nix, mas no podía evitar las carcajadas y charlas en voz alta de sus soldados, ni los crujidos y bufidos de los tanques y autómatas bélicos que hacían la ronda de guardia aquella noche. Toda esa cacofonía aumentaba la irritación de Brunel, y decidido a poner fin a tales molestias, ordenó a su edecan que preparase su giroscoptero aéreo personal con el telescopio en su cesta.
El aparato volador, de reducido tamaño, se componía de un enorme globo lleno de aire caliente, suministrado por la combustión que procedía de la pequeña caldera que tenía, la cual daba propulsión hacia cualquier lado mediante potentes chorros de vapor. Además, poseía la cualidad de, aún cuando había vientos tremendamente fuertes, mantener la estabilidad de la cesta gracias al giroscopio que, mediante un complejo sistema mecánico, abría las válvulas de vapor para evitar el cimbreo producido por la fuerza de Eolo, manteniendo una estabilidad en el vuelo digna de admirar. De hecho, era muy usado por los mejores tiradores del ejército francés para atacar desde el aire.
Tras haberse subido al artefacto y ascender a bastantes metros de altura, el silencio se hizo casi absoluto, y la luz quedó reducida notablemente a poco más que las estrellas. Buscó entonces con deseo el cometa, y allí lo vio. Una enorme masa surcando en mitad de la noche la bóveda celeste. Entonces recordó lo que le dijo su abuelo: descubriríamos gran parte del universo si hubiese la forma de viajar en un cometa. Realmente, su abuelo era alguien que podía vislumbrar los avances futuros de la ciencia. Por ello, siguió con suma atención, hasta que se percató de que se movía demasiado rápido, y además, cambió su dirección para acabar apuntando en dirección al giroscopio del barón. Alarmado, quiso accionar las válvulas para apartarse de la trayectoria de aquel objeto demencial que se disponía a estrellarse contra él.
Lamentablemente, aquel objeto volador no identificado atravesó el globo que tenía el giroscopio, haciendo una pequeña endidura a ambos laterales, escapando el aire que había en su interior. El objeto siguió su trayecto hasta que se estrelló cerca de un poblado donde estaba el campamento, produciendo un tremendo cráter de impacto, además de una sonora y vistosa explosión. Brunel, tras presenciarlo todo, buscó la forma de aterrizar suavemente en tierra firme, lo cual consiguió rompiendo el giroscopio y abriendo todas las válvulas de vapor que apuntaban hacia abajo a la vez.
Cuando pisó suelo, su edecan se le acercó para comprobar si estaba bien, y tras un gesto del mariscal, se apartó. Pero no acabó esa pesadilla. Una muchedumbre furiosa se acercó al campamento con horcas, antorchas y demás herramientas, dispuestos a linchar al primero que apareciese. El mariscal se acercó a ellos para ver qué querían, si bien detrás de él formaron miembros de la Guardia Imperial Mecánica dispuestos a abrir fuego sobre el gentío.
Los paisanos se quejaron con enojo de que un cohete o bomba cayó cerca suyo, algo obra de sus soldados, a lo cual el barón explicó el accidente que sufrió. Dicho esto, una escolta siguió al militar y los paisanos hasta el lugar del cráter. Se podían apreciar aún restos calientes de aquel objeto.
- Se trata de un cohete prusiano - replicó el mariscal. 
-Nosotros no atacamos a la población civil, y menos aún tratamos de derribar a nuestros propios oficiales
Ante esto, uno de los veteranos de la escolta rió timidamente, ante lo cual el barón sacó una de sus pistolas que guardaba bajo su casaca y disparó contra el mismo sin miramiento alguno, bajo la atónita mirada de todos. El soldado cayó a plomo, cerrando filas sus camaradas encima de su cadáver aún caliente, mientras Brunel volvía a guardar la pistola bajo su ropaje.
- Pueden estar tranquilos, buena gente, nosotros protegeremos vuestras viviendas y vuestras vidas con la nuestra, si es necesario. Ahora vuelvan a sus casas y descansen - finalizó.
- Maldito duque... - se quejó cuando no hubo nadie y ya estaba en su tienda, con solo su edecan como compañía - Sus exploradores aéreos están a la mínima... Ordene que la Batería de Cohetes Neumo-dirigidos Pauly mande el siguiente mensaje a ese maldito bebebirras...
Tras este incidente, se mandó un cohete al campamento prusiano con un mensaje: lástima, no era una estrella fugaz como pensabais, duquesa.

Por Aritz Irazusta





El llanto de Casandra

Hace tiempo, los científicos contruyeron un autómata, en forma de mujer por su capricho, llamado Casandra, perfecto físicamente, y con una inteligencia artificial capaz de cálculos tan complejos que se decía que incluso sería capaz de adivinar el futuro.
La llevaron a un observatorio astronómico para comprobar qué podría conseguir y, ella era tan eficiente que, desde la entrada, iba dando consejos para mejorar la seguridad del edificio y la eficiencia del trabajo allí. Al mirar por el telescopio, calculó con tanta exactitud trayectorias planetarias que los avances que supuso su visita fueron notables.
Viendo aquello, un comité decidió explotar su potencial llevándola en ruta por diversos laboratorios y centros de investigación. En todos ellos consiguió, indefectiblemente, avances tan significativos que su ruta se fue extendiendo por todo el país y no se preveía final para su periplo. Ella misma ideó un artefacto volador para optimizar sus desplazamientos por la intrincada geografía.
En breve, sus cálculos y consejos hicieron progresar décadas al mundo científico y tecnológico, pero esta Nueva Ciencia, sin corazón ni miramientos sentimentales, no estuvo exenta de generar un gran malestar popular, por los cambios sociales y económicos fruto de sus descubrimientos y alardes.
De entre la población más fanática, surgió una secta reaccionaria llamada Solsticio. En cada visita de Casandra, la recibía una muchedumbre enfadada que le increpaba y rezaban por su destrucción, denominándola «artefacto demencial» entre otras lindezas.
Uno de esos días, coincidiendo justamente con el solsticio de verano, los adeptos estaban mucho más activos y violentos, llegando al punto de hacerla huir sin tiempo que perder temiendo su propia destrucción, o calculándola, puesto que ella no conocía el sentimiento del miedo humano, sólo sus efectos y su química.
Ella escapó en un principio, pero no le dio tiempo a calcular, con la precipitación del despegue, la irrupción de un viento tremendamente fuerte que hizo fracasar los sistemas de navegación de su nave... Luchó con toda su ciencia, mas cayó como una estrella fugaz, sus motores ardiendo, generando un enorme cráter de impacto en su brusco aterrizaje.
Los mecanismos ardían, mientras los hermanos del Solsticio bailaban a su alrededor una danza tribal, salvaje, de victoria sobre la civilización. Proclamaron la vuelta a la Naturaleza... Y el mundo terrible que hoy conocemos, esclavos de los elementos y las calamidades. Los ojos de cristal de Casandra se dice que brillaban, y que la condensación de los líquidos evaporados hicieron brotar de sus inertes pupilas algunas lágrimas...

Por Madame Eloise

martes, 20 de junio de 2017

Navacon 2017. Vol 1.



Después del Steamday, y ya a pocos días de el inicio oficial de la Navacon podemos enseñarles el genial programa de actividades que hemos preparado conjuntamente con el Ayuntamiento de Navacerrada y otras organizaciones.

Nosotros estamos especialmente emocionados con algunas de las actividades, como la Mesa redonda del Sabado 1, y los talleres de ese mismo dia, y con franca curiosidad y alegría esperamos veros a todos el las numerosas actividades, tales como cuentacuentos, pasacalles, juegos de mesa y muchos más.

Steampunk Madrid en la Navacon 2017.

Nosotros organizaremos bastantes cosas, entre ellas dos talleres de fabricación de  sencillos objetos Steampunk, así como lo ya hecho en el Steamday.

Un saludo de Vapor. Esperamos veros a todos allí.

lunes, 12 de junio de 2017

Steamday en Navacerrada

El pasado domingo 4 de junio tuvo lugar una jornada lúdica y divulgativa sobre el steampunk en Navacerrada con la que intentamos acercar este retrofuturismo y la labor de Steampunk Madrid a todos los curiosos que se acercaran, así como servir de antesala y presentación para la próxima Navacon (30 de junio al 2 de julio en Navacerrada), en la cual participaremos con varias actividades, como talleres gratuitos, una mesa redonda sobre Verne, Tesla y Wells, y nuestros tradicionales duelos de té.

Socios de Steampunk Madrid en el Steamday
Con la colaboración en todo momento del Ayuntamiento de Navacerrada, el Steamday se celebró en pleno centro del pueblo bajo tres carpas que dedicamos respectivamente a dar a conocer el steampunk de una manera cercana y visual, mediante distintas obras divulgativas, así como nuestra labor para difundirlo junto con los valores y motivos filosóficos que lo animan; un taller de vestuario dirigido por Anna Whateley con el apoyo del capitán Cuesck, destinado a demostrar que no se necesita un gran gasto ni una gran habilidad con la aguja para tener un atuendo retrofuturista, ya que suele bastar con prendas antiguas o de segunda mano y un poco de imaginación; y finalmente, un taller de atrezzo para preparar decoración para el pueblo, la cual se usará durante la propia Navacon: engranajes y tuberías de vapor hechos con cartón para dar un toque steampunk a la feria.

Tuberías de vapor y engranajes
A lo largo de la jornada, que abarcó desde las 10:00 a las 19:00 y en la que participaron más de diez miembros de la asociación entre las distintas actividades, e interrumpidos sólo por la lluvia, esta primera jornada divulgativa ha sido toda una experiencia para nosotros, de la que seguro aprenderemos mucho, y ni que decir tiene, no será la última que celebremos.

martes, 6 de junio de 2017

Mucho punk Poca diversión.

Del cliché a la realidad.

Hay cientos de palabras compuestas con Punk, no todas ellas son partes de los retrofuturismos, y talvez se abuse de ello,  aunque los cliches pueden ser útiles para decidir que material consumes, la mayoría de las veces son un revoltijo de etiquetas muy difusas, donde se mezclan géneros y sub géneros, sin orden ni concierto.

Una pequeña lista de Punk.

Biopunk, postcyberpunk. ciberpunk, nanopunk, preppunk, nowpunk, greenpunk, sailspunk, stonepunk, boilerpunk, nordicpunk, dreadpunk, dreampunk, steachingpunk, clockpunk, elfpunk, spatterpunk, teslapunk, decopunk, atompunk, writepank...

De todos estos géneros punk muchos de ellos no son géneros literarios, o tienen muy poca relevancia o bien son subgéneros dentro de otros géneros, lo que crea confusión.

así que intentemos ordenarlo un poco, partimos de la Ciencia ficción, podemos ver dos líneas, ciencia ficción futurista, como el Ciberpunk y ciencia ficción en el pasado, como por ejemplo el Steampunk.

a su vez hacemos diferentes subdivisiones, he elaborado una lista en la que intentaremos encajar todos ellos.

Cyberpunk.

Entendemos por ciberpunk ciencia ficción futurista y en su mayor parte distopica y oscura, lo que es interesante de este subgénero de la ciencia ficción es que todos sus subgeneros pueden convivir en el tiempo.

-Nanopunk: trata de la relación humano maquina pensante, ya sean una I.A o un Robot.
-Biopunk: predominan las modificaciones biológicas radicales sobre las mecánicas, siendo tan oscuro como el Cyberpunk e indistinguible de este.
-Postcyberpunk: En este Cyberpunk los héroes son prototipos de héroe, políticos incorruptibles, personas intachables en un mar de tecnología y prótesis mecánicas decadente y oscuro
-Greenpunk: Tiene un componente ecologista
-Preppunk: Es el Ciberpunk bien intencionado donde la tecnología y los avances son buenos para toda la humanidad.

Dieselpunk.

Un mundo entre las dos guerras mundiales dominado por la tecnología diésel y sus derivados.

-Teslapunk: La tecnología predomínate fue inventada por Tesla y sus bobinas..
-Decopunk: Estetica ArtDeco y pistolas laser.
-Atompunk: Un generador atómico en cada casa y lo que puede pasar a continuación, con la guerra fría como telón de fondo.
-Writepunk: Como creían en los años 50 que seria da década de los 2000, con pistolas láseres y jetpacks, viajes espaciales y demás.

Steampunk:

La tecnología a vapor del Siglo XIX ha llegado a altas cotas...

En este es talvez en el que englobamos mas subgéneros, muchos de los cuales como el Stonepunk, clockpunk, Sailspunk, entran en el saco mas bien a la fuerza. los expondré cronológicamente, teniendo en cuenta que estos géneros tienen  a su vez subgéneros.

-Stonepunk: Punk de la edad de piedra, trogloditas, dinosaurios, y tecnología cavernaria anterior a la edad de bronce.
-Sandalspunk: Desde la edad de bronce a la edad de media, retrofuturismo históricamente muy largo, podrían ser subgéneros de este el Peplumpank y el Nordicpunk (Centrados en las culturas clásicas y vikinga respectivamente)
-Clockpunk: Basado en las ideas de los mecanismos de relojería y Leonardo Davincci, uno de sus generos podrían ser el Sailspunk, basado en piratas tanto de mar como de esos en Zepelines que tanto aparecen en la literatura retrofuturista.

-Dentro del Steampunk tenemos varios generos, Dreadpunk, que se basa en la idea de que los espiritistas son realmente capaces de entrar en contacto con los espiritus, Boilerpunk en el que la acción es protagonizada por la clase obrera, el Stichingpunk, parecido al Boilerpunk pero haciendo énfasis en la figura de la mujer atraves de la costura. y finalmente el Gaslight fantasy, historias de ciencia ficción con energía de vapor y hadas, subgénero de este genero seria el Elfpunk, en el que una sodiedad de Elfos evoluciona paralela al mundo del vapor humano.

Como puedes ver son muchos, y muchos de ellos se parecen, por eso y como autor de otra  de estas etiquetas abogo por usarlas con extrema moderación.


jueves, 25 de mayo de 2017

Concurso de Relatos - III Aniversario de SPM

Este año para nuestro Tercer Aniversario convocamos un concurso de relatos. Se trataba de presentar un relato de un máximo de 500 palabras cuyo tema fuera el Aniversario de Steampunk Madrid y que fuera en clave retrofuturista: tenía que salir de alguna forma nuestra tradicional celebración de un picnic en El Retiro, introduciendo elementos de tipo steampunk o cualquier otro retrofuturismo (dieselpunk, ciberpunk, gaslight fantasy,…) Los relatos se leyeron en voz alta sin indicar su autor en el III Aniversario (domingo 14 de mayo en El Retiro) y se eligió el mejor por votación popular. El galardón correspondió al relato de Antonio Torrico, el primero que se presenta a continuación.



Consecuencias del calor

Me sobresalté al despertar. Apenas recordaba dónde me encontraba. Un hombre con una barba poblada me estudiaba con preocupación. Desde mi perspectiva parecía un gigante, como lo parecen todos los hombres erguidos cuando uno observa el mundo desde el suelo.
- Un golpe de calor ha sido, sin duda. Sí, un golpe de calor. Sin duda- Repetía  entusiasmado mientras efectuaba malabarismos con una bola de cristal sin quitarme la vista de encima.
El diagnóstico de aquel desconocido trajo de vuelta todos mis recuerdos. Había viajado a aquella región extraña para dar caza a un animal cuya descripción rozaba lo mitológico. Se trataba de una peculiar especie de ave de vívidos colores, amplio plumaje y un gorjeo que, según decían, parecía el chillido de una persona.
Como un resorte lancé mi brazo en busca de mi escopeta de pistones. Mi fiel compañera de cacería descansaba a mi lado, compartiendo conmigo aquella siesta improvisada.
Con la confianza que me confería volver a estar armado, me atreví a incorporarme mientras estudiaba el sitio en el que había despertado. El paraje era un gigantesco mar verde que resplandecía con ese furioso sol del quinto mes que había acabado con mi consciencia.
Matorrales de los que brotaban plumas blancas o árboles cuyas ramas se desplomaban hasta el suelo eran solo algunas de las especies vegetales autóctonas. A lo lejos, algunos de los lugareños surcaban el agua sobre unas peculiares embarcaciones al amparo de unos gigantescos animales de metal que velaban su periplo desde la orilla. Muchos de ellos vestían de manera parecida: chalecos y gorras de fino estampado en forma de cuadrícula en diferentes tonos de gris se alternaban con sus protecciones oculares y sus complementos en forma de piezas de maquinaria.
- ¡Venid, venid todos! ¡Nuestro invitado parece estar recuperado!- exclamaba aquel barbudo malabarista con su habitual entusiasmo.
Del ángulo muerto que mi desmayo me había dejado sin otear surgió una pléyade de personajes, a cada cual más peculiar. Elegantes caballeros eran acompañados por damas que se protegían del sol con delicados parasoles traídos de ultramar.
Fue entonces cuando oí aquel singular gorjeo que me había traído hasta allí. Un atisbo de plumas de colores por el rabillo del ojo fue todo lo que necesité para efectuar mi disparo. Un momento después pude ver que había cometido un terrible error. El pequeño sombrero de una de aquellas damas, ornamentado con unas vistosas plumas de colores salió volando de su cabeza, herido de muerte por mi disparo.
El revuelo que provocó mi afrenta fue mayúsculo, especialmente por parte de uno de aquellos caballeros.
- ¡Cómo osa disparar a mi amada Safhina, bellaco!- exclamaba airado.
Era un hombre muy alto. Llevaba un chaleco de un rojo intenso, y un distinguido sombrero de copa. Pero fue el arma que llevaba sujeta al cinturón lo que llamó mi atención. Más después de que lanzara uno de sus guantes contra mi pecho, exigiendo una satisfacción por aquella afrenta.
Aquel fue tan solo el comienzo de un interesante día.

Por Antonio Torrico



La cesta de picnic perfecta.

Cada año Armando participaba en el picnic, pero sobretodo en el concurso de cestas de picnic, habia perdido cuatro veces, y no pensaba hacerlo una quinta.

En la primera ocasión los jueces habian denominado a su cesta como pueril, cumun y anodina, en la siguiente ocasión esta no habia resultado cumplir con los canones de resistencia exijidos por los jueces, y en la sigiente a esa la cesta habia resultado ser muy poco moderna.

Por eso en esta ocasión estaba seguro de su exito. Se habia preparado a conciencia.

Preparo sus ropas y todo lo que debia ir en la cesta. No escatimo en esfuerzos. El diseño habia durado tres meses y otros nueve su ejecución.

El dia señalado, Armando, apodado el demencial, segun el mismo inventor de frivolidades, se persono en el lugar señalado para la ocasión.

La cesta se encontraba tapada por una sabana, tenia el tamaño aproximado de una Calesa.

El primer juez, un hombre obeso que necesitaba unos pantalones con corse, un fajin para que su rechonchez no golpeara a su alrrededor. Le acompañaba la mujerzuela del sombrero extravagante, era de altura media, como la mujer que lo llevaba puesto, el tercer juez era el Carlino de la condesa, una ampliación craneana, que le daba una inteligencia superior, que bien le habria sido util a los muchos difuntos maridos de su dueña.

Observaron la cesta con sumo detalle, es mastodontica dijo el primer juez. Enorme es poco, corroboro el segundo, con un deje de aprobación en su voz. El tercer juez dio vueltas alrrededor de lacesta, a la tercera y con rostro de felicidad se paro, olisqueo la cesta, levanto la pata y meo con rostro de felicidad.

Finalmente la jueza del enorme, y tan ridiculo como enorme, emitio el juicio, - vera Sr. Armando, su cesta es Unica, y desde luego es facil de transporrar por que se transporta sola, es muy dolida e impermeable, pero si me permite la pregunta, veo ka bajilla, la cuberteria el mantel y la cristaleria, pero donde esta la comida?

Queda usted Descalificado., anuncio el segundo juez, el tercero lo ratifico dando media vuelta y cagando con alegria.

Mi venganza sera terrible dijo Armando. Dando media vuelta y abandonando el parque seguido de la cesta, que al avanzar sobre sus patitas hechaba bocanadas de humo.

Por Mikel V. Gómez



Huelga en el Aniversario

La jornada se antojaba perfecta: un día brillante de primavera, lo globos aerostáticos flotando en un cielo azul por el que de vez en cuando pasaba un zeppelín. Vario steamers reían y conversaban a lo largo y ancho de la verde explanada. Unos se concentraban en un duelo de té porque el Dr. R. consideraba falso el colmillo de T-Rex del señor H. Otro grupo intentaba apaciguar a una dama que retaba a otra porque afirmaba que Ada Lovelace era mejor que la gran pirata china.
En fin, un día perfecto para el picnic del tercer aniversario de Steampunk Madrid sin peligrosas criaturas plumíferas y palmípedas al acecho nada podía salir mal. Hasta que ocurrió. Al principio nadie se dio cuenta pero, poco a poco, empezaron a moveré hasta que un steamer dio la voz de alarma:
-¡Las cestas! ¡Damas y caballeros! ¡Las cestas están huyendo!
En efecto, cada contenedor de mimbre traído rodaba, corría, saltaba o se arrastraba lejos de sus dueños. Proferían ruidos en un volumen muy bajo, como murmurando.
Las gentes allí reunidas se lanzaron a por ellas, mas estas se defendían y seguían en su empresa. Les golpeaban con tentáculos nacidos del Sagrado Engranaje sabrá dónde, con sus ruedecitas, con sus patas de gallina clueca o dejando un rastro de sustancia amarilla viscosa.
Nada. Era imposible frenarlas. En eso, una de las cestas, blancuzca y con un agujero, brincó y sacó un cartel de su barriga. Un naturalista lo recogió y leyó en voz alta: HUELGA. Las cestas de picnic se habían puesto en huelga, exhaustas de estar cada día saturadas de las merendolas primaverales. Unas señalaban como podían determinados alimentos y hacían un sonido de asco, mientras que otras aprovechaban para poner pies en polvorosa.
Atónitos, los steamers no daban crédito a lo que veían. Habían visto  teteras malditas, tazas traviesas, cubiertos cantarines, incluso manteles con complejo de alfombra mágica… ¿Pero cestas huelguistas? 
Gritando todas a la vez e fueron en marcha sincronizada, dejando a los allí presentes boquiabiertos e impotentes. Pero esto eran cosas normales, gajes del oficio, y la fiesta continuaba…

Por Ángela Ramos González



Rivalidad

Antes de llegar, cuando aún era poco más que un punto blanco en el aire sobre las chimeneas de la ciudad, la aeronave apagó sus motores principales y se dejó llevar por su impulso y por el viento hacia su destino. Descendió en silencio, tanto que los patos del estanque apenas tuvieron tiempo de apartarse volando antes de que su barquilla, muy apropiadamente llamada así, hiciera contacto con la superficie. El lago artificial constituía la mejor referencia posible para cualquier aeronauta, y una pista de aterrizaje de lo más conveniente.

-Hemos llegado, amo.

La voz metálica del piloto hizo que el caballero levantara la vista del diario que venía leyendo sobre el castillo de popa, cómodamente sentado en una silla de mimbre bajo palio, y lo dejara sobre una mesita. En la portada aparecía la apertura de un nuevo túnel para el ferrocarril bajo los Pirineos, el cual había sido inaugurado por Su Majestad Imperial la víspera con gran festejo.

-Gracias Luft, - miró su reloj de bolsillo y luego de vuelta a la proa - justo a tiempo.

El pulido autómata con traje de marino hizo una reverencia mecánica y comenzó sin dilación a lanzar los anclajes magnéticos que debían afianzar la nave al embarcadero. Sobre ellos, la suave brisa mecía la bolsa de gas y a sus costados, el viajero reconoció varios monoplazas aéreos y un convertible de vapor y sonrió con anticipación. Sus rivales ya habían llegado. Se puso en pie de un salto y se estiró mientras inspiraba el aire del parque en aquella mañana. Además de acallar el ruido de los automotores, los árboles del Retiro estaban mejorados para atrapar las partículas y el azufre de la combustión del carbón, y eso se notaba al respirar. Ojalá algún día limpiaran todo el cielo de Madrid.

La hierba y las flores no eran los únicos aromas. Bajó las escaleras hasta la cubierta y la cocina le recibió servicial.

-El plato está en su punto óptimo, ¿cómo desea transportarlo?

El torso sobre raíles de su chef autómata se desplazó con agilidad para dejarle paso cuando se acercó a los fogones ambáricos. El pasajero examinó su trabajo con atención y asintió.

-Buen trabajo Löffel. - Pensó por unos instantes y luego le respondió. - En plato de madera bajo servilleta de tela. Incluye un cuchillo grande y un paquete de palillos, por favor.

-A la orden. - Y el cocinero autómata se puso manos a la obra.

Se atusó el chaleco, se echó al hombro su caja de cromotipos y su trípode, y en cuanto los dos sirvientes hubieron completado sus tareas, el caballero bajó por la pasarela de la aeronave llevando orgulloso su paquete cubierto. Ya desde el muelle, se volvió y les dirigió una mirada confiada:

-Ni esos concebollistas podrán resistirse a ésta.

Por Eric Rohnen



Jedis perdidos en mundos extraños….

¿Qué puede ser peor que ser un Jedi luchando contra el más malo de los Siths? Que durante la lucha no te des cuenta y entres en un agujero negro a un universo paralelo y te encuentres un único planeta habitable en varias galaxias a la redonda (por no decir el único en este Universo paralelo a simple vista). Y, casualidades de la vida, aterrizar sin más en un bonito parque enorme con un lago y un estanque lleno de Cyborg chapados a la antigua comiendo masas amarillas con ansia pura.

De lo que sacamos que…

Primero, esos Cyborgs tienen estómagos. Todos ellos. Y tales estómagos deben de ser enormes para albergar tanta cantidad de comida…. (¿Por qué no están gordos como Jabba The Hutt?).

Segundo…. No son robots de verdad… Son humanos vestidos. 

MAL. ¿¿¿ES QUE NO HAY UN INVENTOR QUE ARREGLUE MI NAVE ESPACIAL ULTRAMODERNA??? Uy, pues sí, hay uno que arregla naves espaciales de ultimísima generación. 

Total, que al final me quedé un rato con ellos (llevaban comida para dar y tomar y cada uno engordaron más de DOS KILOS) y me los llevé a todos en mi nave a conocer mi familia y que les dieran de comer esa masa tan extraña (por cierto, a través del mismo agujero negro, por misterios de la vida seguía ahí y sin problemas espacio-temporales). No había ningún Jedi entre ellos. No estaban suficientemente evolucionados…

Total, al final me contaron que estaban de celebración en ese parque cuando yo llegué. Y siguieron con la fiesta en mi casa… 

Pero el maldito Sith, no sé cómo, logró presentarse en mi casa. Debí haberle seguido y no entretenerme en una fiesta con comida. Ya lo decían los maestros, la comida es tentación.

En resumen y sin querer extenderme mucho, nos estropeó la fiesta. Hubo un par de piernas rotas, un par de brazos cortados, un rodamiento de cabezas (solo hubo un decapitación, nada importante), entre lo más importante. Lo demás fueron heridas, mucha sangre y quemaduras, que se curaron rápida y felizmente. Y lo más importante, logré derrotar al Sith y enviarlo a la cárcel.

Pero mis invitados se lo pasaron bien. No hubo ninguna perdida que reseñar (quitando al de la cabeza). Eso sí, qué majetes, me ayudaron un montón. Al final sabían luchar con sus bastones en plan artes marciales y hubo un par de vestidos y camisas rotas, pero nada que se pueda coser. Nos hicimos muchas fotos e intercambio de recetas (me dieron todo tipo de recetas de esa masa amarilla llamada TORTILLA). Y me nombraron Juez Supremo de las Tortillas (ni idea de lo que es, pero comes un montón de tortilla).

Nos volveremos a ver el año que viene. Si siguen igual de “sanos”.

Por Marina González



Reflejos

Me estaba retrasando, tenía que llegar al Retiro. Era el III Aniversario de Steampunk Madrid y no quería faltar a la cita. Con las prisas, no sabía si me había puesto bien el sombrero y el pañuelo; me fui mirando en las ventanillas del Metro y el débil reflejo me hacía intuir que iba aceptable. Lo más importante era lo que llevaba en mi bandolera: un gran hallazgo en el Rastro por un precio razonable. Que qué era, eso ni idea. Lo llevaba para ver si entre todos lo podíamos averiguar y teníamos un rato entretenido.

Saludé al Ángel Caído, y juraría que me guiñó un ojo... Sería un reflejo del Sol de justicia que caía ya este mayo, pero me dio un susto, que atribuí inmediatamente a mi inflamada imaginación. Limpié mis gafas oscuras y dirijí mis pasos hacia el Palacio de Cristal, en cuyas inmediaciones me esperaba un grupo de aficionados. Estaban haciéndose notar agitando sus guantes y pañuelos. Tras los ceremoniosos saludos, ardía en deseos de mostrarles mi hallazgo.

Abrí mi bolsa y lo saqué. El instrumento, que eso parecía, constaba de una base broncínea con diversos orificios, también uno por debajo más grande, y de un soporte basculante para un cristal pulido de cuarzo ahumado que parecía una lupa. Algunos símbolos grabados nos intrigaron, al igual que sus ranuras y salientes, y nos lo pasamos de unos a otros, toqueteándolo por todos lados, comentando y especulando qué sería y su función. Hasta que a alguien se le ocurrió hacer girar el cristal en su eje, y una luz y un zumbido llenaron el aire, todo parecío temblar y vimos aquello inexplicable...

Frente a nosotros pareció abrirse un portal a otra dimensión, un círculo de bordes borrosos en el mismo aire y, dentro de él, un grupo de personajes nos miraba con cara de asombro... Al fondo, como si de un reflejo se tratase, aparecía un Palacio de Cristal, pero parecía diferente... Entonces, nos dimos cuenta.

Éramos cinco personas, como ellos. Uno miraba hacia atrás, justo como uno de nosotros. Tras ellos estaba su Palacio de Cristal, y tras nosotros el nuestro. Lo que veíamos era una suerte de espejo de nuestra realidad... Y, de pronto, el espejismo desapareció. Asombrados, discutimos brevemente, pero pronto decidimos volver a hacer girar el cristal como antes. Y volvió a aparecer el grupo de personajes, manipulando un objeto, como el nuestro. No éramos nosotros, de eso estábamos seguros, pero...

Nuestro colega más alto se reconoció en el más bajo de ellos, y su bombín se tornó en chistera en su cabeza. Nuestra amiga vio su alter ego masculino, y tan apuesto le pareció que se enamoró al instante. Barbado y con kilt morado, con bigote y kilt naranja. Y el cielo era verde, dos soles blancos y el lago era rojizo... 

El espejo abandonó su giro, y una nube de tormenta nubló el Sol. Corrimos a refugiarnos de la lluvia y los truenos, y el silencio nos llenó por dentro.

Por Madame Eloise

jueves, 18 de mayo de 2017

Pigmalion

-Te haré perfecta. Serás perfecta.

Un relámpago gris cruzó el cielo y se perdió en el horizonte. La habitación estaba inundada, olía a hededumbre y se desconchaban las paredes. En un gigantesco contenedor de cristal se erigía la estatua a medio hacer de una fémina: las cuencas estaban vacías, de su túnica bronceada escapaba un pecho redondeado. Sus manos eran pequeñas y afiladas. La boca se curvaba en un mohín delicioso, los pómulos parecían estar tostados por la lima de metal y los rizos estáticos caían como serpentinas por  unos hombros lisos y descubiertos. Su delicado semblante era admirado por un hombre bajito y robusto. Su espesa barba indicaba que había estado trabajando sin descanso durante días. Sus ojos negros brillaban con fuerza observando a su obra.

Resopló, y con ello chirrió la pierna mecánica sobre la que se apoyaba a duras penas. Rebuscó en una caja de herramientas y se dispuso a arreglársela. Saltó un tornillo, luego un muelle y después una tuerca que fue a dar contra la vitrina. Con mucho cuidado revisó que todo estaba bien, se colocó de nuevo la pierna y tomó el cincel electrónico. Se quedó un segundo mirando a los espacios sin ojos de la estatua y fue semicojeando a una sala contigua. Todas las paredes estaban cubiertas de dibujos y diseños de damas de todo tipo; bocetos de manos, bocas y pies y muchas cajas desordenadas. En una encontró lo que buscaba: dos órbitas impolutas ambarinas y de cristal. Satisfecho, se las ajustó a su creación y, desplazándose lentamente hacia atrás, contempló a aquella mujer inmóvil.

Se abotonó el cuello de la camisa llena de machas, se ajustó el cravat oscuro como la pez y se peinó la poca cabellera fina que le quedaba. Se acercó a la estatua y tomó su mano de bronce:
-Es usted hermosa, señorita.

Dijo sin esperar respuesta. Se sentó a su vera y le habló por cinco horas sobre lo idílica que podría ser su vida juntos. Exhausto por la jornada, se incorporó sosteniendo en todo momento los chapados. Fijando sus pupilas con las de ella, con cierta timidez, se atrevió a juntar sus labios con aquellos suyos. Riéndose como un chiquillo por aquel comportamiento se despidió de su amor imposible. Sin embargo, no se percató de que uno de los cables del circuito eléctrico tocaba los pies de la estatua. Pensando en el elaboradísimo trabajo que había tendido que realizar para llevar a cabo su obra maestra se durmió musitando: “Desearía que estuvieras viva”. En sus sueños aparecieron robos a empresas de chatarra, escamoteos de metales preciosos, contrabando de joyas increíbles… Todo por aderezar a su creación.

Fuera, la lluvia arreciaba. El depósito de agua para la turbina eléctrica colapsó y se desbordó. Lleno de energía, su motor viró rápidamente de tal forma que se preparaba una potente descarga. La luz corrió por los cables, imparable. Dio con el hilo que se enrollaba al dedo del pie de la estatua y se produjo el desastre.

El hombre se despertó asustado, se levantó con el corazón en la boca y avanzó lo máximo que le permitían sus piernas. Entró al laboratorio para ver el horrible espectáculo que se alzaba delante suya: todas las probetas, botellas y jarrones habían estallado. La mesa y el resto del mobiliario estaban ardiendo. Pero a él solo le preocupaba una cosa… ¡SU CREACIÓN! ¡SU DAMA! Sin importarle que el fuego lamiera su cuerpo se dirigió a la vitrina. Había cristales por todo el suelo, un humo negro subía  con lentitud. Bregó por apartarlo y… no había nada, solo cenizas.
No. No podía ser. Todos sus intentos, todo su empeño, la mujer que había amado desde que surgió en su imaginación… No. Todo reducido a la nada. Cayó de rodillas. Lloró. Gritó. Se arañó el rostro. Gimió y soltó hipos terribles. Y en medio de tanto dolor, vio cómo una mano pequeña se alargaba para coger la suya. Alzó los ojos empapados en lágrimas. ¿Podía ser…? No. Debía de estar muerto. Aquello era una broma pesada de su mente impregnada de humo.

Volvió a mirar. Unos rizos suaves caían y una voz dulcísima aunque metalizada dijo:

-¿Pig-pigmalión?   


Era ella. ¿Cómo no podía reconocerla su propio creador? La viva imagen de su estatua.


-Vi-va--- Es-es-estás vi…


-Salgamos de aquí.


Lo acomodó en su hombro desnudo y lo sacó afuera. Todo su cuerpo de metal era capaz de sostener el peso del artista y de arrastrarlo lejos de las flamas. Una vez lejos lo calmó con paños fríos y le dio agua del río cercano a la casa. Pigmalión intentó averiguar cómo había logrado que su estatua pudiese estar viva. Aterrado y muerto de miedo, se dio cuenta de que no era capaz de amar a aquella aberración producto de la naturaleza.

-Vete. –Le espetó.

-Tú me creaste y me deseaste.


-Vete. Eres abominable. Te amaba cuando eras una ilusión. Ahora… Ahora eres un engendro fruto del cielo sabrá qué…

-¿No soy lo que siempre has querido?


-Tú…


-¡Calla, estúpido! ¿Tus palabras fueron escuchadas y así es cómo me recibes? ¡Idiota!


-¡Márchate! ¿Quieres que te mate? ¡Maldito monstruo!


Pigmalión hizo ademán de agarrar a su criatura con intención de matarla, más era débil contra aquella mujer metálica. Sin remilgo alguno, ella lo empujó y abandonó a su suerte huyendo al bosque y perdiéndose en el follaje.

El hombre fue encontrado moribundo por los aldeanos de la zona. Convencido de que aquello fue una alucinación, murió poco después sin saber que su Afrodita no solo vivía en su recuerdo.

Angela Ramos

miércoles, 17 de mayo de 2017

Juegos de rol Steampunk Vol 2. Space 1889

Space 1889 es tal vez el mas antiguo juego de rol de temática Steampunk.

La idea es sencilla la exploración espacial empieza en 1889, con todo lo que ello significa.

En el juego puedes encontrar una serie de sencillas reglas, y ambientación de este mundo en guerra por la colonización del espacio.

Ej juego tuvo una revisión hace algunos años, el origianal tenia esta portada tan aparente y clásica.


Puedes interpretar a cualquier colono humano ya sea en la luna, venus o marte, desde un delincuente de poca monta, un periodista, un avezado cazador o una aventurera...

el juego tiene en su edición original un aspecto clásico, con un sistema de juego ágil, vivaz y equilibrado. Con unos pocos amigos, un lápiz hojas de papel y dados de seis caras puedes disfrutar de la exploración espacial y planetaria.



lunes, 15 de mayo de 2017

Tercer Aniversario de SPM

El tercer aniversario de SPM, Fue como marca la tradición un Picnic en el céntrico y esplendido parque del Retiro, coincidiendo con las fiestas de San Isidro labrador, patrón de la ciudad.
(Foto de grupo)

La jornada empezó a las once de la mañana con la llegada los primeros asistentes, antes de el comienzo oficial y para matar el rato se practico la pericia de los reunidos con un emocionante juego de disco volador, seguido por el inicio oficial del picnic, en el que se leyeron los relatos concursantes, de próxima publicación, en el concurso de relato, donde Antonio Torrico gano el diploma y el premio por aclamación popular, seguido a esto se realizo el concurso de tortillas de patata, y dio comienzo la comida, donde se compartieron viandas y se disfruto de la charla amena, el canto de una Aria de Madam Buterfly, maravillosamente interpretada por una de las invitadas al Picnic, antes de la realización del Juego secreto, el Rescate del adorable Fuagras, durante todo el día se realizaron numerosos duelos de Nerf, y se charlo amenamente, siendo esta una larga jornada que acabo con el Anuncio oficial por parte de la directiva de que la asociación a superado un nuevo hito, al convertirse en un colectivo legalmente constituido tras cuatro años de andanza.
(El rescate de fuagrás)


 Una de nuestras señas de identidad es un juego literario llamado un exquisito cadáver, y como no se realizo en el Pcnic, siguiendo la ancestral costumbre,

"Y aquí estoy en el parque del buen retiro, era un día totalmente primaveral. Todos estábamos alrededor de los manteles, mientras Úrsula, un pequeño pincher autómata corría de aquí para allá.

Todos tenían la sensación de que iba a ser un bien día. Lucían sus sombreros de copa, sus corsés, su elegante indumentaria. Solo uno se había percatado de un resplandor cobrizo que se intuía al fondo del lago. algo metálico, algo ¿normal?

No, desde luego normal no era. Uno de los asistentes dio la voz de alarma al destellar aquello desde el fondo en sus googles. ¡Y ya empezaba a asomar!

Ella fue la única en darse cuente, aunque evidente, el publico estaba aturdido, tras el espectáculo acontecido, sus ojos centelleaban ya. !Era inevitable ya estaba listo para hacer lo que en su retorcida mente planeo con antelación. todo estaba listo, Bien que empiece el espectáculo.

Las luces caían sobre el escenario y se hizo el silencio, mientras los actores salían a escena ella desenvaino la pequeña hoja que guardaba en su manga con la intención de teñirla de carmesí muy pronto, tenia intención de acabar de un vez con la fuente de su desgracia, con eso en mente acudió hacia la mesa de su víctima.

Lentamente le susurro al oído ha llegado el momento de mi venganza, introduciendo lentamente su hoja afilada en su nuca, deleitándose con su ultimo aliento. No titubeo, solo el recuerdo del lamento de su familia a manos de aquel actor vil, asesino de familias. Juro venganza, hoy llego el día en que se vengaría, al fin su familia descansaría en paz y por fin terminaría su dolor.

Sentencio con un portazo. fuera llovía copiosamente, el hombre amordazado bregaba por liberarse de sus ataduras, mas era inútil. El que empuñaba el cuchillo del que irradiaban chispas sonrió. Por fin iba a llevar a cabo su venganza. Aquel hombre había matado a su familia e iba a pagar por ello. Pero, entonces algo asombroso ocurrió...

El mecanismo chirriante, gruño, chirrió, y finalmente se rompió, hizo un simple CLACK pero el estrépito tremendo causo confusión permitiendo que hullera del demencial agresor del cuchillo y la sonrisa siniestra, la venganza se haría esperar un poco más, mascullo el agresor, solo la luna iluminaba el reloj de la torre , roto y solitario.

Y en esa misma torre un inesperado extraño se percato de la situación en el callejón, vio como el loco del cuchillo huyo a la calle principal, otro día, otro momento quizás, hubiera intercedido pero esa noche no le apetecía salvar a nadie. De hecho al volver a recordar el incidente sonrió tímida y cruelmente, y lamentó que no hubiera daños mayores, quizás un cadáver o dos, así al menos si hubiera decidido actuar hubiera estado a la altura de su gran ego. De todas formas quedaba mucha noche y la luna brillaba especialmente esa noche, así que el extraño cogió su gorro y pistola y salió en busca del maniaco. ¡que empiece la caza! se dijo al salir en su búsqueda.

Aquel loco era demasiado rápido para el, sin embargo no le perdió la pista. Llegaron hasta una casa abandonada donde todo estaba muy oscuro y silencioso. Éste ultimo solo se rompía por las pisadas de aquel tío del cuchillo que se mantenían constantes. El espía procuraba acompasar sus pisadas a las de su perseguido y, de momento, con bastante éxito hasta que detuvieron. la luz de la luna se filtraba por una de las ventanas de la estancia, con lo que se podía ver regularmente un altas donde se habían colocado una serie de elementos que indicaban que se había preparado para un ritual.

El espía quedo perplejo al observar los ídolos alienigenas dispuestos alrededor del sacrificio. Los celtistas iban llegando y uniéndose a los siniestros cánticos. la distracción fue suficiente para que el perseguidor lo alcanzase. El cuchillo del maniaco pasó a milímetros del cuello, pero el impacto le hizo rodar, hasta el propio altar. A los pies del sacrificio, el loco intento asestar la puñalada final a su víctima; el agente logro agarrar las manos y detener el ataque, comenzó a forcejear por el arma. mientras, los cultistas alrededor han cesado de cantar.

No se dieron cuenta de este hecho hasta que empezó a temblar el suelo. El espía y el maniaco homicida se miraron unos segundos a los ojos, justo antes que el suelo se agrietara y los cultistas que estaban alrededor recomenzaron sus canticos con mas fuerza, sabían que la derramación de sangre haría mas efecto ritual.

De la grieta salieron unas manos aferrándose al borde y al poco empezó a verse una cabeza. Los cultistas corrieron en su ayuda, lo habían conseguido. Habían traído al gran maesro, el sumo cultista y el mayor invocador que ha pisado este planeta.
Pues el era H.P. Lovecraft.


FIN.

(Roger el mecánico del buque Fenrrir)


(deliciosos bombones cortesía de Angela Ramos)

(Dos de nuestros bizarros capitanes)

(El exitoso rescate de Fuagras... Cuac)

(Bella y peligrosa)




miércoles, 10 de mayo de 2017

City Hall

Todo lo que se escribe en papel cobra vida y se vuelve realidad. Debido a ello, doscientos años atrás el papel y la escritura a mano fueron prohibidos después de que el mundo estuviera al borde de la catástrofe. En el presente, principios del siglo XX, en plena época del vapor, el fenómeno ha sido olvidado por la población general, a la que se le dijo que se prescindía del papel por motivos ecológicos, y sólo algunas autoridades conocen este secreto. Es entonces cuando un personaje misterioso que se oculta tras una máscara empieza a sembrar el pánico en Londres haciendo aparecer criaturas gigantescas mediante la escritura, y el alcalde decide recurrir a medidas desesperadas: llama al afamado escritor Julio Verne y le entrega papel y pluma para que con sus dotes creativas pueda hacer frente a tan peligroso criminal.



Este manga de origen francés plantea un mundo alternativo donde tienen cabida personajes históricos como Julio Verne, Arthur Conan Doyle, Amelia Earhart, Malcolm X, Abraham Lincoln, H.P. Lovecraft, Mary Shelley, Harry Houdini o George Orwell, en una ambientación steampunk donde sin embargo la tecnología digital ha sustituido por completo el uso del papel, que ahora es una reliquia. Siguiendo las pistas dejadas por Lord Black Fowl, el trío formado por Verne, Doyle y Earhart tendrá la misión de encontrarle, averiguar cuáles son sus objetivos, y detenerle.


La obra, ya acabada en versión original y que emplea el sentido de lectura occidental, está siendo publicada en castellano por la editorial Letrablanka, y se espera que esté completa para final de 2017. Sus siete volúmenes en francés están divididos en dos arcos argumentales de 3 y 4 tomos, relacionados pero independientes. Esta reseña corresponde a la primera parte (tomos 1 a 3)



jueves, 27 de abril de 2017

El fuego del Norte

Historias de Hluot-wig, Gunnar y un barco llamado Fenrir

Era el decimotercer día en ese islote en medio de la nada. La soledad había hecho que los días parecieran semanas. Suerte que había encontrado en la despensa unos cuantos tarros de encurtidos y salmueras y unas cuantas botellas de licores y jugos. Así había conseguido sobrevivir tanto tiempo en aquella roca en medio del Océano. Días atrás una bestia descomunal había destruido la embarcación en la que había salido a hacer una expedición. No debía haberle llevado más de 4 o 5 horas, pero aquello se había transformado en casi 2 semanas desaparecido. Hluot-wig calculaba que estaría a una 25 millas del lugar del naufragio pero no perdía la esperanza de ver aparecer a su maravilloso navío, el Fenrir, en busca de su capitán, así que tenia una hoguera encendida día y noche en lo alto del faro. Por el día alimentaba la hoguera con cualquier combustible que hiciera que el humo se volviera negro para que fuera visible a más distancia, y por la noche había creado con una rueda y varios espejos de pie sobre ésta, un artilugio que potenciaba el brillo del fuego y hacía el efecto de parpadeo.

Pasó el decimocuarto día y seguía sin recibir señales de vida. No podía hacer otra cosa que pensar en Hester, su amor imposible, en Gunnar, su hermano y mejor amigo y en el Fenrir y toda su tripulación. La comida casi se había agotado y los últimos días había tenido que usar sus dotes de pesca con una caña improvisada y recogiendo los moluscos que había aferrados a la roca del islote. Pero no podía subsistir así durante mucho tiempo y cuando llegó el decimoquinto día encerrado en la roca, divisó con el catalejo -que el antiguo inquilino del faro había dejado allí- un barco a vapor con lo que parecía unas marcas rúnicas en el casco... Sí, era el Fenrir y le estaba buscando. Quería encontrar a su dueño. Así que Hluot-wig no lo dudó un solo segundo y corrió hacia dentro del faro. Ese moribundo pero a la vez tan bello lugar había sido su hogar durante 15 días y ahora iba a ser lo que salvara su vida una vez más. El Capitán cogió cualquier cosa que veía que pudiera arder y lo apiló en la zona alta del faro. Seguidamente cogió toda botella de licor que encontró y bañó la pila de objetos  para más tarde incendiarla. Una gran llamarada surgió, pero no iba a ser suficiente. Hluot-wig bajó al sótano del edificio y comenzó a buscar hasta que dió con un par de latas de aceite. Las amarró y subió escaleras arriba hasta llegar a la hoguera y comenzó a derramar el aceite por las columnas . Rápido comenzó a extenderse las llamas por la habitación; tanto, que la trampilla de acceso acabó envuelta en llamas antes de que pudiera alcanzarla.

- Gunnar nunca me creerá cuando le cuente esto.

Hluot-wig suspiró profundamente y mientras corría hacia uno de los ventanales ya sin cristal gritó:

- ¡¡¡¡¡¡Por Njördr!!!!!!

Y ahí estaba, a unos metros del agua. Tomó todo el aire que pudo y se sumergió en al agua. El fuego empezó a devorar el edificio rápidamente, recorriendo la gran estructura de madera. Hluot-wig intentó alejarse lo más veloz posible del lugar pero las llamas avanzaban aun más veloces. Unos agonizantes minutos después un estruendo lleno de luz y calor hizo que el mar se estremeciera. El Capitán había vivido durante 15 días en aquel faro y había paseado por el islote muchas veces pero ese faro guardaba un secreto: una pequeña puerta que había en el sótano del faro y que daba a una pequeña cavidad en la roca. El antiguo inquilino había usado esa cavidad como un pequeño almacén donde guardaba todos los bidones de aceite para el faro que la guardia real de los estados flamencos suministraba cada 2 meses. 

Hluot-wig miró hacia donde antes estaba el faro, giró y fijó la mirada en el Fenrir que ya había virado y se dirigía a toda máquina hacia alli. 

- Por fin.

Hluot-wig dejo que todo su cuerpo flotara boca arriba y se dejó mecer por las olas. Cerró los ojos y durmió. Pronto un gran estruendo le saco de su duerme-vela. Su pequeño se había reunido con él. El Capitán se espabiló y pronto vio una cabeza que asomaba por la borda.

- ¿Vas a quedarte ahi todo el dia o puedo lanzarte una soga ya? - le gritó Gunnar mientras reía.

Hluot-wig le hizo un gesto con la mano invitándole a unirse a él.

- Ven hermanito, el agua está de muerte.

La cabeza desapareció un par de segundos y una soga se dejó caer . Hluot-wig se amarró a ella y comenzaron a subirlo.

Una vez arriba Gunnar se acercó a Hluot-wig con aspecto muy serio.

- Estaba muy preocupado, hermano - le dijo mientras posaba fuertemente su gran mano en el hombro del muchacho.

Hluot-wig sonrió pícaro.

- Hermano, tengo que contarte cómo he escapado de esa antorcha gigante. No me vas a creer.
Ambos comenzaron a celebrarlo mientras la tripulación del Fenrir miraba atónita a ese par de locos

Por el capitán Hluot-wig The Wolf Dubhghaill

jueves, 20 de abril de 2017

La familia Bauer. Quinta parte. Frau Muller.

Como ya hemos dicho muchas veces Hans era el cabeza de familia, pero rara vez se encontraba en casa para ejercer dicho papel, es por ello, que Frau Muller vivía en la pequeña casita de invitados, se había translado desde Viena, y era viuda, una señora de edad avanzada de rostro severo y plagado de arrugas, el como Hans conocio a Frau Muller, de nombre Karin Muller, es aun un misterio, solo puedo decir lo que se, y lo que se es que la señora se mudo a las dependencias que ahora ocupa después de la llegada de Obaba Bauer a la casa.

Karin Muller era una mujer vivaz, le gustaba dar paseos por el campo y tejer bufandas o esa es la impresión que me causo cuando la vi por primera vez, su función en la casa era muy sencilla, hacia todo aquello que Henrrieta no deseaba hacer, lo que incluia cocinar y limpiar la casa, y como muy pronto descubrió Frau Muller también la educación esencial de Obaba, en cosas de lo mas variado, no solo el idioma, si no también las Buenas costumbres, a las que Hans no parecía hecer caso alguno.

-Obaba. Ven aquí- Gritaba la Frau Muller sujetando la camisa de la Joven Obaba que aun no encontraba la necesidad de cubrir la mitad superior de su cuerpo de ébano- Hace frio y te resfiaras- la voz de Frau Muller sonaba cansada, llevaba varias semanas repitiendo lo mismo, encamino sus pasos por el soleado porche, hasta donde Hans estaba sentado, mirando hacia las montañas, y fumando en su sempiterna pipa de hueso.- Digale usted algo- le increpo- no se comporta como una señorita- Hans miro a Obaba que estaba descalza vestida con unos lederhosen saltando de roca en roca.

-Es cierto,-dijo Hans mientras se levantaba lentamente y limpiaba y vaciaba su pipa dando unos suaves golpecitos a la balaustrada del porche.- Ahora me encargo.

Y sin decir nada mas Hans entro en la casa, Frau Muller saco su labor de punto, y retomo el Jarsey por donde lo había tomado.

Hans salió de la casa cargando un bulto envuelto en una lona blanca, el bulto informe, fue deposiyado en el Paradisli (Paraiso, diminutivo), un terreno que estaba enmarcado entre el granero principal y el cercado de los Velocirraptores.

Obaba salio del granero principal, cargaba un cubo con carne recién despiezada, y se dirigía hacia el cercado de los Velocirraptores para darles de comer, cuando se paro para mirar por encima del hombre de Hans, este se encontraba montando alguna clase de estructura, una tabla de madera muy gruesa de a que brotaban dos apoyos adicionales, que la permitían mantenerse en pie apoyada sobre el canto.

Hans vio que Obaba se había parado, con suave toque en el hombro la llamo la atención, y con una severa mirada la regaño, sin usar palabra, Obaba que conocía esas miradas desde el dia que conocio a Hans en Africa, recogio el cubo que había dejado apoyado en el suelo y con largos pasos fue hasta el cercado de los velocirraptores, dio un potente silbido y las bestias salieron de sus cubículos.

Frau Muller se acerco a donde estaban Hans y Obaba, la acompañaba Henrrieta, la una llevaba sus agujas de hacer punto bajo el brazo, la otra su fusta de cuero, la primera vestia un sencillo vestido negro con capelina (Al estilo de ciudad de hace una década), la otra llevaba su ropa de amazona, Ambas miraron la diana recién puesta en la que Hans con una brocha repintaba los círculos rojos en en la palida madera de alamo.

-Vamos a tener una competición de tiro- Dijo Herrieta entre risasas- Hace mucho que no disparo.
-Vaya una diana, no veo como eso va a solucionar que Obaba vista como una Impudica- Dijo Frau Muller.

Obaba, ajena de a la conversación gritaba- Vamos Pilatus, ese trozo es para ti- mientras lanzaba un trozo generoso de carne de Diplodocus, el aludido daba un salto para morder la carne aun sangrienta del animal.

-Henrrieta, sabes donde guardamos las Armas de tiro- Pregunto Hans, sin siquiera levantar la vista de la diana que estaba repintando.
-Supongo que están en la armería,-contesto Henrrieta- Aunque eso ya lo sabes.
Hans termino de pintar la diana, le dio un ultimo toque de pincel, y se giro hacia las damas, miro a Frau Muller y después clavo la vista en su hermana.

-Ya voy a buscarlas, total tenia que cambiarme de ropa.-Dijo Henrrieta, que como de costumbre interpretaba mejor los silencios de su hermano que sus palabras.

-Trae también las jabalinas que hay tras la puerta de mi estudio- Añadió Hans, mientras recogía la lona que había dejado en el suelo y empezaba a doblarla, sin mirara a nadie.- Obaba se convertirá en una Dama instruida.

Frau Muller miro en rededor, Henrrieta ya marchaba hacia la casa, así que esa ultima frase solo podía dirigirse a ella. Miro a Hans, recorrió con la mirada a su benefactor, y empezó a pensar una respuesta que expresara lo exasperante que era que Obaba no se vistiera correctamente y que no conociera los principios de las buenas maneras.

Levanto la mano, se quito las gafas y las limpio con su pañuelo, volvió a ponérselas, aclaro la voz- Cof, cof- para llamar la atención de Hans que se alejaba de ella contando los pasos, poniendo la primera marca de distancia.- Este se levanto del sitio donde había clavado el primer banderín.- Vera, estoy muy agradecido por que me haya dado un hogar y un trabajo cuando nadie mas lo hizo- pauso para respirar con fuerza- Pero, como usted sabe fuera de estas puertas Obaba es vista...- Dejo la frase en el aire, la mirada de Hans Hendrich Bauer la perforaba fría como el hielo y dura como el acero.

-Fuera de estos muros, Hay un mundo muy basto-Dijo Hans- en buena parte de el Obaba va mas vestida de lo que las buenas costumbres marcan.

-Ya pero eso esos collares de cuentas evitan que los extraños puedan ver sus Senos- Dijo Frau Muller- y los chicos del pueblo...

Obaba canturreaba una canción mientras regresaba con el cubo vacío, paro antes de cruzar entre la línea de Visión entre Frau Muller y Hans. Era consciente de que interrumpía algo importante, pero aun así se acerco a Hans.

-Ya he dado de comer a los Velociraptores,-Dijo con una radiante sonrisa en la cara que marcaba sus ojuelos- Káiser casi le queita la comida a Pilatus, pero Maria Teresa se ha puesto entre ellos...

Hans levanto la mano, y Obaba cayo, conocía cada gesto de su padre adoptivo incluso mejor de lo que había conocido los de sus padres biológicos, y era consciente de que ocurría algo.

Hans la dijo con la mirada fija en su cara, que tal las lecciones de Alemán.

Obaba se relajo, -He practicado mucho y ya se escribir la Ipsilon,- dijo con una pizca de orgullo en su voz. y Miro Frau Muller para que ratificara lo dicho, esta asintió, parecía mas relajada.

-Bien, Mañana empezaras a leer- sentencio Hans, sin esperar respuesta se giro para seguir con la labor de clavar los dos banderines restantes.

Obaba ponte algo de ropa, que te vas a resfriar- Dijo Frau Muller, pero Obaba no la escuchaba estaba observando la diana, y tocando la pintura aun fresca.

Hans se aclaro la voz, lo hizo que tanto Obaba como Frau Muller se giraran hacia el,-Obaba, cuando salgas de la casa siempre has de llevar puesto una blusa, entendido.

Obaba miro a Hans y a Frau Muller y asintió.

Henrrieta venia acompañada del mozo de cuadra cargando las jabalinas, arcos, flachas, ballestas y los virotes...

Vamos, no te quedes parada, ayúdame- Dijo Henrrieta a Obaba que ya corría hacia ella.

jueves, 13 de abril de 2017

Viaje de papel

El evento literario/gráfico para el blog de este mes es un juego del tipo "Binomio fantástico". Participar es muy sencillo: sólo hay que aportar un texto o una imagen inspirados por la expresión "Viaje de papel".



Ángela Ramos

“Las cortinas se abren y saluda un nuevo día. Hoy me visten con el traje de exploradora, salakot incluido. Será un día divertido.
Mamá ya ha hecho el desayuno y papá pone los platos de papel. Me hacen tomar leche machada de los vasitos coloreados. ¿A dónde me llevarán hoy? Las gigantescas manos que controlan todos mis movimientos me sacan de casa. El salakot se cae, el folio es un material inestable. Nuestra diosa me deposita en su regazo y coge un libro enorme. Cierro los ojos y comienza el viaje.
Me sube a un entre con una sola ventanilla. El cielo es azul con motas blancas. Suena la locomotora y se pone en marcha. Ya he estado en la ciudad de la torre roja. Oigo varias voces alrededor. ¡Ah, viejo amigo Fog! “Buenos días”, “¡Buenos días””, me inclinan la cabeza a modo de saludo. Nos montan en el tren de nuevo. Oigo sin escuchar la conversación dictada por la diosa. Miro a William y me encojo.
Llegamos a un barco que cruza un mar en 2D. Me quitan mi traje y me ponen una escafandra un poco grande.
El mar no hace ruido, los peces ni se inmutan. Tenemos que entrar en un submarino. Dicen a lo lejos “¡Será un viaje de 20000 leguas!” Suspiro. Una travesía tranquila… ¡Oh, espera! ¿Qué es aquello? ¡Un gigantesco monstruo con tentáculos! La diosa lo mueve a través de una pestaña. Un caballito de mar pegado a un palo de polo nos rescata. El submarino sube y baja con parsimonia. Del capitán solo vemos su cabeza por el buey de mar.
Salimos a superficie, despedimos a la tripulación y, aún con escafandra, subimos a u globo aerostático que eleva la mano de nuestra dictadora. Sustituye la aparatosa ropa de buzo por un lindo vestido amarillo con lunares y un sombrero con un lazo, mi favorito. Pero el viento inexistente, vil y cruel, lleva mi sombrero lejos. Me pintan lágrimas y, de repente, un señor identificable ataviado como un aviador e una bicicleta extraña lo recupera. Lo impulsa una pajita, lenta cual oruga. ¡Qué amable caballero”
Bajamos del globo a tierra firme, a una pradera con flores y, bajo un árbol, tomamos el té. Las tazas son muy planas, pero nunca les falta infusión. Los bizcochos y las tartas están mejor.
Nos coge en sus delicadas manos y, flotando, llega la noche. Es hora de volver a casa. Fog recalca que el recorrido ha durado menos de 80 días y todos nos alegramos.
Por fin vuelvo a mi casa grande y cómoda. Doy un besito a mamá y papá y me depositan en la cama. ¡Qué día tan cansado! Apagan la luz y duermo”.
“-¡Cariño, la cena ya está lista! –Se oye a lo lejos.
-¡Ya bajo! –Una chiquilla pálida y de cabello escarola tostada apaga la lámpara del cuarto y despide a su casa de muñecas de papel”
Una voz femenina lee en voz alta. Un hombre de barba espesa blanca sonríe satisfecho. La mujer cierra y el libro y los dos se van a dormir. En la portada puede leerse: Viaje de papel.





Marina González

Viaje de papel a través del tiempo y del espacio


¿Qué es la invención humana sino el invento mejor guardado de la humanidad?
Eso pensó el decimoquinto acompañante del Décimo Doctor Who, el cual, desde que tuvo que dejar a su amor verdadero en la Tierra por problemas espacio-temporales con un doble suyo con un solo corazón que podría vivir con ella una vida humana, tenía la mala suerte de que los siguientes acompañantes murieran todos en extrañas circunstancias (y ya eran tres salvando a la primera que era su amor).
Por lo que el decimoquinto decidió tomar cartas en el asunto.
¿Cuál es la mejor solución para evitar su muerte? Crear su propia Tardis.
Y creó la más perfecta maquina de viajar a través de tiempo y del espacio que jamás un terrestre creó.
Pero no funcionaba. El truco de la Tardis era que funcionaba estando el Doctor consciente.
Pero en este caso la maquina del tiempo-espacio del decimoquinto acompañante era todo de metal: sus engranajes, su perfecta caldera a vapor, su asiento reclinable para los visitantes, su caldera de aceite de repuesto… todo en unos colores magníficos dorados y cobres.
Tras mucho divagar, estuvo a punto de preguntarle al Doctor cómo mejorar la maquina, pero supondría que se enfadaría. El Doctor siempre le tenía dicho que viajar en el tiempo y el espacio era una cuestión de seres superiores como los de su raza. Que los humanos estarían preparados para viajar en el tiempo por su cuenta cuando fueran más responsables. Y si viajaban a través de él era gracias al Doctor, ultimo espécimen de los suyos (en ese momento le gustaba autodenominarse espécimen).
Por lo que buscó por su cuenta diversos métodos, más materiales, aleaciones nuevas de cobre, hierro, metal, nuevos diseños de la maquina… Pero sin resultado.
Y de la forma más tonta, consiguió que funcionara. Solo le hacía falta un mapa de papel impreso con todos los lugares de la galaxia y con parte de la Tierra e incrustarlo en el salón de mandos de su máquina del tiempo.
Y consiguió poner en marcha la maquina del tiempo. Lo malo de la misma es que el mapa no era totalmente preciso, porque el pobre acompañante no se había interesado lo más mínimo de la geografía del espacio exterior. Podía viajar perfectamente a lo largo del tiempo, pero no en el espacio. Visto desde la distancia viajar en el tiempo de primeras es un logro, peor para el acompañante no, se convirtió en una obsesión.
Y no lo consiguió. El Doctor tenía razón.
¿Qué paso? Que el mapa se incendió al encender la máquina y saltar una chispa al papel.
El pobre hombre acabó perdido en un planeta de los confines del universo. Lo gracioso es que no podía volver porque la maquina estaba estropeada y ese planeta estaba vacío, en ruinas y no había nadie. Se notaba que una de dos: o los habitantes del planeta se habían muerto todos por una guerra o se habían largado a otro por una guerra. Y NO TENIAN PAPEL. No lo habían inventado. Por lo que el acompañante se quedó en ese planeta solo sin poderle pedir ayuda al Doctor.
Pero es aun más gracioso el hecho de que este acompañante rompiera la maldición de las muertes de todos los acompañantes del Doctor. Aun hay más, el Doctor conocía los planes del menda porque tonto no era y conocía al dedillo a todos sus acompañantes tras pasar muchas aventuras con ellos.
El Doctor le dejó expresamente en el planeta para que aprendiera la lección. Realmente no fue dejar, sino no ayudarle.
Si tan listo era como para inventar una máquina similar a la Tardis, sería capaz de arreglarla.
Aún así no le quitaría ojo por si acaso.





Madame Eloise

Aristoensueño

Mapa, libro, diario, billete... Con un dedo trazo sobre el mapa el recorrido de mi viaje de papel, aquel que nunca haré y sólo sueño, enclaustrada en mi casa de campo, reconfortada por el sol de primavera y la suave brisa perfumada que se cuela desde el jardín por la ventana. El mundo es demasiado peligroso y complicado para un ser tan frágil como yo, pálida como el mismo soporte sobre el que escribo mis desvaríos, esos que tan bien se pagan.
Ensueño que voy en tren desde el apeadero, al que he llegado en mi plateado caballo eléctrico, hasta la Estación Central de Terápolis. Por la ventanilla contemplo el ir y venir de los obreros especializados y los diseñadores de deseos, algunos adustos y elegantes, otros fornidos, destaca también alguno diferente y estrafalario, de los que modifican su cuerpo y se recrean a sí mismos. Ellos me compran el fruto de mis elucubraciones, y las de muchos otros, para construir el mundo que llegará a ser algún día. Todo acabará siendo justo como queremos, si el Futuro lo permite, esa es la esperanza.
Sin salir de la estación, subo a la plataforma que me lleva directa al drombús y, en él, de camino a los exóticos lugares que siempre quise visitar. Cualquier lado se me antoja tan distante... Empero, flotando en este suave vuelo y en mi clara imaginación, no sufre mi delicada anatomía.
Llego pronto a Nueva Persia, donde las maravillas cristalinas y geométricas florecen bajo la implacable radiación aprovechada por ellas, surtiendo al mundo de energía. Como setas gigantes, las torres fotoeléctricas son el orgullo de la nación, faliformes contra el cielo casi blanco por el excesivo brillo. El esplendor de antiguas civilizaciones renace entre sus arenas insoportables, candentes y resecas, de manos de sus universidades-convento. Allí está prohibido todo misticismo y distracción: sus entregados estudiantes y maestros depuran el conocimiento venga de donde venga, hasta llegar a la dureza de la Matemática pura, su única religión, si puede considerarse así. Su entrega y dedicación no tiene parangón en ningún rincón del Universo.
Desde allí vuelo a Indoasia, el gran vergel, semivacío tras la Gran Emigración al Planeta Lejano. La gente más pobre que se hacinaba, y es extraño imaginar tan gran extensión de tierra superpoblada, en esa porción del continente, vio su oportunidad cuando se descubrió un nuevo planeta habitable y el modo de llegar hasta él, y partieron todos a repoblar otras tierras e intentar prosperar... Ahora, abandonada a la Naturaleza, las selvas y sus criaturas vagan a su placer, estudiadas por algunos científicos aventureros que se atreven a internarse en su mundo de verdor sin límites, calor y agua, mosquitos y fieras. Perderse sería un hecho cierto de no ser por los localizadores subcutáneos, que nos controlan a todos y delatan nuestra posición en cada segundo de nuestras vidas. Sobrevolar esta extensión es una imagen de lo que fue y lo que podría ser la Tierra si no estuviésemos aquí... Pero estamos, y lo modificamos todo a nuestro antojo, así sea. Se cuentan historias de gentes que vagan desnudas por esas nuevas selvas, hombres que fueron como nosotros, pero que no se pusieron el localizador ni emigraron, y lograron prosperar como animales... No sé qué veracidad tendrá eso, no los han encontrado nuestros científicos y, si se escondiesen bien, ni los encontrarán...
Paso a gran altura sobre Japonisia, arrasada por el rigor nuclear, bellísimo museo inerte que no dudamos los viajeros en contemplar con nuestros instrumentos ópticos. Lo de allí es mutación, viscosa vida que se retuerce sin llegar a forma concreta, más caos que orden, más quietud que movimiento. Líquenes naranjas y de otros extraños tonos intentan existir bajo los antiguos templos y monumentos preservados por siempre, no sólo petrificados, solidificados al fuego invisible para los milenios, sin viento que los erosione ni lluvia que los desgaste ni seres que los dañen. Sobrecogedor recordatorio de los peligros de nuestra tecnología si no sabemos controlarla.
Después cruzo las escarpadas montañas Emergidas, nuevas tierras que el vulcanismo hizo subir cuando los mares se desbordaron y con su peso volcaron las placas tectónicas... Los seres de allí, neosaurios, nos miran sin maldad ni temor. Parecen ser como los antiquísimos dinosaurios, pues sus condiciones ambientales son similares y evolucionaron del mismo modo; la vida vuelve hacia atrás cuando un camino se le cierra, para recorrer, tenaz, el laberinto de lo posible por otro similar.
El Nuevo Océano ocupa lo que antes llamaban América, tierra mitológica que, se dice, se hundió en tres días. Ahora, de un purísimo azul, se muestra calmado, aunque es famoso por sus tormentas eléctricas, tan pavorosas que los viajes en barco fueron prohibidos por aquellas aguas, y extraños fenómenos ocurren en sus dominios.
Y, ya, de vuelta en Beoria y sus terrazas flotantes, que nos preservan del cambio climático y la inversión de los polos. El hogar de la calma y la civilización. Mi lugar. El mundo es muy hosco y complicado. Aquí todo está tecnificado y la vida es sencilla y placentera. Tengo mis libros, mis diarios, mi jardín y mi imaginación... Casi toda la población del planeta habitamos en Beoria, con su magnífica y abrumadora capital, Terápolis, y los castillos donde vivimos los aristos, clase a la que pertenezco sin yo desearlo... Me decidiría a modificar mi cuerpo y lanzarme a la aventura científica, en Indoasia... No es verdad. Me gusta demasiado estar sola, y mis vestidos negros, mi pálida piel y que me paguen por pensar. Mi caballo plateado eléctrico, mis cosas y mi tranquilidad. Ya es la hora de tomar el té... Luego elegiré un hermoso vestido nuevo para el encuentro lunar con los de mi categoría.
En otro momento, viajaré por Elefantia, la isla enorme que quedó del centro del continente negro al subir los mares, llena de elefantes gigantes y algunos mineros subacuáticos en sus plataformas costeras, con sus rituales, sus danzas y sus enormes máquinas...







Mikel Villafranca

Compre su viaje de papel- gritó el vendedor en el atestado mercado, mientras tiraba del pequeño carrito de chapa, en él decenas de pequeños libritos de papel se apiñaban en un revoltijo.- Cambio, Vendo, -bajo la voz- compro -Subió la voz a casi un grito- descubra la verdedara historia del Urrucula, el peligroso Vampyro en sus aventuras amorosas alrededor del mundo, Viaje en zepelín en las aventuras de Mr. Moor un pirata del aire, pasee por la India…
Brona se acercó al carrito, con tono dubitativo- Tiene alguna de Miss Fear- señalando el carrito.
El buhonero miró de arriba abajo a Brona, estaba sucia y harapienta, tendió la mano exigiendo el pago, Brona rebusco en su delantal y sacó un librito y una moneda de cobre, la entregó, el buhonero guardó la moneda en su bolsillo y rebusco en el carrito, tendió la mano con el librito y guardó el que Brona le había entregado.
Brona no tardó en empezar a leer el librito, tan pronto llegó a su hogareña caja de madera en la cual vivía, encendió un candil de sebo y empezó a leer.
-La valerosa Miss fear contra los Clérigos ortográficos.
-Miss fear despertó....
Aquello era una de las cosas que más le gustaba a Brona, Miss Fear se despertaba siempre en una cama blanda no importaba si había tenido un tórrido romance con un caballero matemático de Pi o habia`peleado con con correctores teatrales demenciales.
…. Miss Fear, Ha sido denunciada por errores de su pronunciación dijo el Clérigo que vestía una chaqueta negra con un botón por cada letra del abecedario.
-Arrepientete -grito la clerigo que acompañaba al alto sacerdote- o pasarás la eternidad de la otra vida corrigiendo la acentuación de exámenes de grado elemental.
Miss fear miró a su alrededor, se encontraba en la cantina de la universidad, abochornada por la pareja de ropas de sempiterno negro con la H con diéresis de la orden religiosa cosidas en sus ropas.
La mujer agitó con violencia un fajo de cartas, Miss Fear se levantó de sopetón, sus abundantes senos botaron bajo la holgada camisa, había reconocida su correspondencia con Anna Serman.
La mea pilas de Anna la habia denunciado...
Brona paro la lectura, el caldil titilaba. Penso para si, espero que no sean de la orden de la H muda, alargo la mano para apagar el candil, y cayo dormida…
:.. Miss fear se encontraba en atribulada con sus deberes literarios como alumna de la universidad flotante, aun estaba azorada por la encerrona de los eclesiasticos, pero tenia que seguir con sus labores como bibliotecaria, cogio el libro de la parte superior de la pila, en su portada salía un simio de pequeño fumando mientras presumiblemente escribía a máquina, Miss Fear abrió el libro y comenzó a leerlo.
-Mr Timons era el mejor escritor de la redacción, poco importaba que fuera un chimpancé, y eso era bien sabido, cogió el cigarro lo llevó a sus labios y lo encendió con un fósforo.
Uuuuk- Dijo Mr Timons entre caladas, el editor levanto la vista, cojie los papeles que Timons le entregaba y comenzó a revisarlos.
¿Que clase de nombre es Brona?- Preguntó el Editor- Compre su viaje de papel - leyó el editor, balbuceo en voz baja durante media página y devolvió el texto a Mr. Timons que fumaba sin parar, -Llevaselo a Miriam, dijo refunfuñando
-¿Uuuuuuuuuk?
-Si para imprimir, dijo el editor, mientras devolvía su atención a una pila interminable de documentos.
A Miss Fear le encantaban las historias sobre aquel chimpancé escritor y su personaje principal la pobre huerfanita Brona...





Hluot-wig The Wolf Dubhghaill

El avión salió desde su origen a gran velocidad. Después de unos metros de recorrido alzó su morro y realizó un "looping" en el aire que dejó a ambos boquiabiertos. Samuel ardía en deseos de contemplar que otras sorpresas les guardaba el vuelo del avión y Jeremy disfrutaba de cómo el niño moría ilusionado por cada quiebro y giro que este realizaba. Después de infinitos y asombrosos movimientos una pequeña brisa de aire hizo que el avión subiera varios metros de altura y acabar su travesia allá donde la vista no llegaba.
- Guau! Esta vez ha sido genial, eh Samuel?
- Siii papá, este ha debido de llegar hasta el cielo por lo menos.

El sol comenzaba a ponerse y Jeremy decidió que ya era hora de volver a casa. Una vez allí, Jeremy bañó a Samuel y preparó la cena. El hombre intentaba que a Samuel no le faltara de nada aunque su posición económica y familiar no era la mejor. Jeremy se ganaba la vida arreglando zapatos, trabajo que no hacia llegar mucho dinero a casa.
Pero en 1835 era muy dificil conseguir dinero sin recurrir a la mendicidad. Pero ellos eran felices y todo el tiempo que pasaban juntos lo utilizaban en jugar juntos con aviones de papel, la mayor pasión de Samuel. Iban juntos hasta un barranco que tenian a un par de kilómetros de casa y desde allí los lanzaban. Pero no eran aviones cualquiera. Siempre usaban algún papel en el que antes habiam escrito algún recuerdo.
Samuel siempre escribia sobre cualquier cosa que le hubiera pasado con algún amigo o con Katty, la amiga de la familia que se hacia cargo de cuidarle. Pero Jeremy era diferente. Siempre le escribia cartas a su difunta esposa Margaret contándola su dia a dia con Samuel.
- Por qué le escribes a mamá y luego lo lanzas como un avión?- le preguntó un día.
- Para que cuando el avión llegue al cielo mamá tengo noticias de nosotros y sepa que no la olvidamos.

Y así al menos 3 veces por semana iban a ese barranco a lanzar sus aviones.

Pero un dia Jeremy enfermó. Samuel ya contaba con 22 años, una esposa y un hijo, Tommas.
Durante los últimos 14 años padre e hijo habian ido a lanzar sus aviones, pero el 31 de Octubre de 1849 todó cambió. Sumuel había llegado a casa de su taller de calzado y se encontró con la dura noticia, Jeremy, su padre, había fallecido por culpa de su enfermedad. El muchacho se limpió una lágrima y fué directo a un pequeño mueble, sacó una llave y abrió el cajón. De allí sacó varios papeles ya escritos, llamó a su hijo y de la mano salieron en busca de aquel barranco que tantas veces les habia visto a su padre y a él.
Al llegar Samuel hizo varios aviones con los escritos y con la ayuda de Tommas los lanzaron disfrutando de los vuelos de cada uno de ellos.
- Papá, que había en esos papeles? - preguntó Tommas
- Nada hijo mío, solo son cartas para el abuelo, para que cuando lleguen al cielo sepa que le queremos y le echamos de menos.





Laura López Alfranca

Grullas de papel

El viento meció sus ropas raídas y mojadas. Se preguntó si estaría encerrado en un espejo y cuántas veces había razonado y olvidado aquella frase fugaz. Allí en su pequeña isla perdida en la inmensidad azul y gris formada por el cielo y el mar, no había mucho que hacer, tan solo mirar la vida pasar hasta la muerte. Por entre las olas, llegó la bandeja de madera con su comida, la tomó como cada día y comió con apatía. Miró las servilletas de papel de colores y, como cada día, las cogió y escribió en todas ellas la misma frase:

«Estoy solo.»

Las volvió a dejar en la bandeja y el mar se las llevó al acabar. A todas horas y siempre lo mismo. Solo escribía la misma frase una y otra vez, sin sentido, sin sentirlo, tan solo para poder decir que había cumplido con lo que correspondía aquel día.
Siguió mirando la inmensidad, hasta que se tumbó encima de la tierra húmeda, echándose a dormir. Ya no sabía distinguir el día de la noche o si alguna vez existió algo así.

Despertar, aguardar a que la bandeja de madera llegara flotando a su isla, escribir con barro en los papeles su mensaje y ver cómo se alejaban sin recibir respuesta. Nada que pudiera variar su aislamiento en aquel pequeño trozo de tierra. 

Alzó su mirada al cielo y, para su sorpresa, vio puntos negros volando muy por encima de su cabeza. No sabía qué especie podrían ser, tampoco podía escuchar su canto… pero esas pequeñas motas lejanas le resultaron maravillosas. Alzó las manos, las unió y comenzó a moverlas intentando convertirlas en unas alas. Sorprendido, se fijó en que sus manos estaban manchadas, arrugadas y las uñas rotas y blandas. No sabía si antes eran mejores, pero era extraño redescubrirlas, las acarició, se tocó los dedos, se agarró las manos con fuerza. Le gustó, las notó temblorosas y con ganas de hacer algo útil, ese cosquilleo escalaba por sus nervios abotargados hasta llegar a su corazón. Aquello le hizo sentir vivo.
Llegó la comida y la tomó, la removió. Percibía que debía hacer algo o el cosquilleo desaparecería. Cogió las servilletas de papel, escribió en ellas… y sus dedos, aleteando, las movieron, doblaron y rompieron hasta crear un pequeño pájaro. Tiró de su cola y este aleteó en sus manos sin alejar. Sonrió, el dolor por los labios cortados y los músculos desacostumbrados fue intenso, pero valió la pena. Alzó la mirada y vio que la bandeja se volvía a marchar, asustado por no haber dejado sus mensajes, se lanzó al agua para evitar que desapareciera. Se caló, se le escapó y vio cómo su isla desapareció a gran velocidad… Podría haber nadado para alcanzarla, pero no estaba convencido de tener tantas fuerzas. Además, le daba miedo enfrentarse al mar profundo, quién sabe que podía esconderse allí abajo.
Volvió a su isla, asustado por no haber hecho lo que debía. Enfadado, miró de reojo la pequeña ave de papel. Quiso destruirla, la tomó dispuesto a hacerlo, pero volvió a tirar de su cola y, al verla volar, se sintió mucho más tranquilo. Pensando que se sentiría sola, por lo que le construyó más amigos.
Poco a poco, el suelo de la islita se vio cubierto con papel manchado con mensajes cada vez más elaborados que aleteaban nerviosos. Amontonaba los pájaros formando grandes cordilleras que le protegían de la inmensidad verde, azul y gris que siempre le había rodeado. Se veía feliz por verse con compañía, tanto que el tiempo parecía ir más rápido.

Pero un golpe de viento arrastró a las pequeñas aves y trató de recuperarlas. Saltando, gritando y rogando porque las palabras regresaran, pero se perdieron en la eternidad.
Triste, retomó sus costumbres: sentarse en la isla y esperar a que la muerte llegase, lenta y pesadamente, dejando mensajes en las bandejas de madera y sufriendo indolente los caprichos de tiempo y su prisión.

No supo cuánto pasó. Tan solo sintió un golpe en la nuca. Al girarse, se encontró como sus pequeñas obras regresaban al hogar llevadas por el viento. Estaban muy dobladas y sucias, la curiosidad pudo más y las deshizo para echarse a llorar: cientos de mensajes similares al suyo, personas que hablaban de su vida y buscaban su compañía.
Cogió los papeles de cada una de las comidas y creó más grullas, como las llamó alguien de sus cartas. Y se dedicaba a mirar en cualquier dirección para verlas llegar y ver como aquellas personas le pedían que las buscase.

Tras mucho meditar, y aun a pesar del miedo, comenzó a separar comida de las bandejas y, con todas sus fuerzas, las retenía en la islita. Rompió sus desgastadas ropas y unió las bandejas para formar una precaria embarcación. Dispuesto a arriesgarse en la aterradora inmensidad para acabar con su soledad. Antes de zarpar, lanzó las últimas grullas al cielo, esperando que anunciaran una llegada feliz. Se tumbó en la inestable superficie que había creado y se durmió, soñando con un futuro mejor.





Cecilia Cuesta

   -Activando secuencia 726/3. Proceso completado al 27%. Actualizando 37 nuevos archivos.

   Adoro mi trabajo. Reconozco que no gano mucho dinero con él, pero al menos me da para pagar el alquiler y dar de comer al gato. ¡Y a mí, por supuesto!
   Veréis, yo trabajo en un taller de actualización de autómatas. No de piezas, sino de información. Me dedico a actualizar los programas de información y reconocimiento de aquellos autómatas que se quedan obsoletos. La mayoría de mis clientes son abogados, funcionarios del estado, dueños de una empresa de taxis, etc., y vienen cada cierto tiempo a que actualice la memoria de sus empleados: leyes recién aprobadas, nuevos formularios de solicitudes burocráticas, actualización de recorridos, callejeros y cambios de sentido…
   Claro, dicho así podéis pensar que os estoy mintiendo: ¿Regodeándose con gente de clase alta y no le llega más que para sobrevivir? Bueno, teniendo en cuenta que como pronto vienen cada seis meses y que no es que paguen bien precisamente… pero ese es otro debate al que no quiero entrar.
   Y por supuesto, tampoco es que este haya sido desde siempre el trabajo de mi vida. Yo empecé a trabajar a regañadientes en este taller cuando tenía dieciséis años. Me negué a ser como mis hermanas, sumisa y predispuesta a ser madre, así que mis padres decidieron meterme a trabajar a ver si cambiaba de opinión. No lo lograron, por supuesto.
   A lo que yo iba: sí, casi todos los autómatas de mis clientes son de servicio y/o asistencia y lo único que tengo que hacer es conectarle un nuevo cilindro pregrabado. Pero de vez en cuando trato con un autómata distinto. Es el caso de Vincent.
   Vincent es el autómata que un obrero compró para su hija. Ella es especial: con 8 años que tiene ahora apenas habla, no presta atención cuando se la llama ni tiene capacidad de socializar; sin embargo, ha creado un fuerte vínculo con el autómata, por lo que se pasa mucho tiempo con él, limpiándolo, engrasándolo y abrillantándolo. A pesar de todo esa niña es muy inteligente para su edad, hasta el punto de hacerle pequeñas reparaciones ella sola.
   Lo que más le gusta a la niña es que Vincent le cuente historias, pero el sueldo de obrero de su padre no da para mucho, así que tuvo que conformarse con comprar uno sencillo con órdenes básicas al que por desgracia no incluyeron compartimento ni anclajes para añadir cilindros de memoria nuevos; durante el tiempo que trabajo en él no puedo aceptar otros trabajos, pero he de reconocer que me sienta casi como si estuviera de vacaciones.
   Y es que le tengo que leer los cuentos uno a uno. Durante tres semanas lo único que tengo que hacer es conectar la grabadora al cilindro interno del autómata y leerle en voz alta. Ya le había leído Frankenstein, las novelas completas de Dumas y algunas de Edgar Allan Poe. Ahora mismo le estoy leyendo las novelas de un nuevo escritor que he descubierto recientemente: Arthur Conan Doyle, creo que se llama.
   Como ya he dicho, la pequeña tiene mucho apego al autómata. La primera vez que acepté uno de sus encargos no pasaron ni 24 horas antes de que el padre regresara a pedirme que dejara a la niña acompañarme en el taller, ya que había sufrido una crisis por la separación. Por supuesto al principio me opuse, pero cuando me explicó la situación y vi que durante el tiempo de nuestra discusión la niña lo único que había hecho había sido sentarse en silencio junto a Vincent, cedí un poco y llegamos a un acuerdo en el que me pagaría un extra por vigilar a la niña y se haría cargo de todos los desperfectos que pudiera ocasionar.
Así que me siento delante del autómata y leo en voz alta la pila de libros que el propio padre me ha cedido, más otra pila de los que tengo en mi pequeña biblioteca. Al principio lo hacía de manera monótona, pero cuando ví que la niña reaccionaba a las historias, comencé a darles entonaciones y cadencias, como si más que leerlos, los viviera. Hoy en día, casi 4 años después de su primer encargo, lo hago de manera automática.
   Si es cierto que comencé haciéndolo por ella, he de reconocer -y esto no se lo he contado nunca a nadie- que si lo sigo haciendo es por el autómata. La segunda vez que me trajeron a Vincent para ‘enseñarle’ nuevas historias, me pareció percibir por el rabillo de ojo un ligero movimiento. Le miré, pero seguía inmóvil, con la cabeza ligeramente ladeada y mirándome a la espera. No le dí mayor importancia, así que proseguí. Dos días después me ocurrió lo mismo. Me daba la sensación de que no me miraba a mi, sino que miraba por encima de mi, como si tuviera la mirada perdida. Sé que es difícil de entender: es un autómata, ¿cómo va a tener la ‘mirada perdida’? No dejan de ser unos receptores de imágen…. Pensé que quizá el cansancio me estaba jugando una mala pasada, así que lo dejé y me fui a dormir. Terminé el trabajo sin más sucesos extraños una semana más tarde.
   Apenas pasaron 5 meses cuando volvieron al taller. El autómata le había contado las historias docenas de veces y querían algo nuevo, así que me puse manos a la obra y le dediqué todo mi tiempo. Y esta vez volvió a ocurrir: durante algunas lecturas, el autómata movía ligeramente la cabeza y los receptores de imagen. Parecía estar… ¿imaginando? Llamadme loca si queréis, pero juro que desde entonces, siempre que le leo las novelas que me piden se mueve ligeramente. Ladea la cabeza en los momentos de mayor tensión, echa hacia atrás la parte superior del torso -apenas unos grados- en escenas de sobresalto, se queda con los receptores de movimiento fijos en algún punto en momentos de melancolía… Incluso lo comprobé una vez. Durante uno de los últimos encargos, en un momento en que parecía estar mirando más allá de mí, me moví ligeramente hacia mi izquierda. Vincent se quedó fijo durante unos segundos, y como si se hubiera percatado del silencio en ese momento, giró su cabeza hacia mí en espera de más.
   Quizá sólo sea que el pobre Vincent empieza a estar tan saturado de información que le cuesta reaccionar durante la grabación y yo sólo quiero creer que empieza a reaccionar de manera autónoma a las historias. Y en realidad prefiero creer que Vincent imagina las historias que le leo. Quizá así la gente empezaría a pensar en ellos más como iguales y menos como simples máquinas de servicio.