miércoles, 31 de agosto de 2016

Investigaciones inconclusas - Primera parte "Teorías descartadas"

Perseus se removió dentro del grueso abrigo, intentando acomodarse otra vez para notar lo menos posible el frío de aquella mañana invernal. Los terrenos interiores del Instituto estaban blancos, árboles, tejados y estanques, pero bajo los caminos empedrados y la pista de aterrizaje las resistencias ambáricas habían cumplido su función, derritiendo la nieve. De esa forma caminar entre los edificios del enorme complejo ubicado en un promontorio a orillas del Elba, al este de la ciudad, era sencillo. Aunque tratándose del segundo día de enero, no había aún apenas docentes ni investigadores, por no decir ya estudiantes, y menos a una hora tan temprana. Pero ellos tenían que estar allí, Nevrakis y él, para recibir a su visitante. Bueno, realmente sólo él, como cabeza del Consejo Rector, pero el griego había insistido, y como no quería que le diera mucho la tabarra al respecto, él había accedido de mala gana, esperando que supiera comportarse adecuadamente ante alguien del nivel de Klaus Knudsen.

El empresario danés, dedicado al transporte aéreo y por vía férrea, era una persona muy influyente en los círculos de toda Europa, y su contribución económica al Instituto, en absoluto desdeñable. Estaban allí para acompañarle, puesto que los detalles sobre la muerte de su nieto, los pocos que tenían, ya se los habían proporcionado en su día. Perseus aún se debatía internamente entre darle el pésame al viejo mecenas o no, puesto que la verdad era que nunca habían encontrado el cuerpo del joven Jorgen, compañero de Nevrakis y de él en el Consejo. Técnicamente era una desaparición pero tras casi mes y medio desde el suceso, a finales de noviembre, no habían conseguido la más mínima pista del paradero del investigador. Tenían que afrontar la seria posibilidad de que algo grave le podía haber ocurrido. Se sentía como si tuviera que dar explicaciones, como si fuera culpa suya, y temía la reacción de Knudsen y las consecuencias que pudiera acarrear todo aquel asunto.

                -Veo que tiene buen gusto además de mucho dinero. - A su lado, Eleutherios Nevrakis parecía ajeno al frío, y sonreía no sin cierta amargura mientras señalaba hacia un punto en el cielo donde él aún no veía nada. Debía estar perdiendo visión, lo cual para un astrónomo no dejaba de resultar inquietante. - ¿Ves? El dirigible en el que viene es un diseño de los míos.

Perseus Dutschenfeld puso los ojos en blanco y se dijo que a pesar de todo, su acompañante se mostraba demasiado jovial para la situación en la que estaban. Sabía que lamentaba la pérdida de Knudsen y que había querido estar allí para decírselo al abuelo de éste en persona. Después de todo, había tenido más cercanía con el físico que prácticamente cualquier otro allí. Posiblemente porque ambos eran igualmente excéntricos, cada uno a su manera. Pero aunque su forma de comportarse habitual fuera ésa, había momentos y momentos…

Esperaron pacientes los pocos minutos restantes hasta que la aeronave privada, de barquilla plateada y bolsa decorada con filigranas doradas y rojas, se acercó a la posición de atraque. Los anclajes magnéticos bajaron y se ajustaron por sí mismos, de tal forma que ya sólo tenían que recoger los cables para terminar de bajar hasta el suelo con exactitud y suavidad. Ambos marcharon a paso ligero al tiempo que un autómata descendía por la escalerilla desplegable, seguido por otro idéntico que ayudaba a bajar a un anciano de cabellos blancos y ralos, anteojos pequeños, barba poblada pero cuidada que ocultaba un mentón fuerte, bien abrigado, y que sin duda era su ilustre huésped. Además, el parecido familiar era innegable, especialmente en los ojos claros. Como representante del Instituto, Perseus se adelantó levantando una mano e inclinando ligeramente la cabeza.

                -Bienvenido a Dresde, Herr Knudsen. - Algo encorvado, el otro devolvió el gesto, flanqueado por sus mayordomos metálicos. Uno de ellos le sostenía del brazo izquierdo. - Lamentamos enormemente que su visita sea motivada por este desafortunado acontecimiento. - Pensó que había sonado correcto, aunque no hubiera especificado demasiado.

                -Gracias, Presidente Dutschenfeld, Sternfänger. - Al oír que usaba su título honorífico no pudo evitar hincharse. - Me alegra verle a usted también, profesor Nevrakis. - Su voz sonaba serena, ajena a lo sucedido. - Mi nieto me habla de usted en sus cartas con admiración y mucho aprecio. - El presidente escuchó aquello y sintió un pinchazo por dentro. Aquel hombre se refería al joven en presente y eso no era un buen síntoma.

                -Es triste conocerle en estas circunstancias, señor. - El griego se acercó y le estrechó la mano con efusividad. - Permítame decirle que hemos buscado a su nieto, removiendo cielo y tierra, sin dar con él.

Era la primera vez que el danés pisaba el Instituto en treinta años, por lo que sabía Dutschenfeld. Hasta entonces sólo habían tratado con sus representantes. Aún recordaba el día en que, siendo él miembro novel del Consejo, éstos habían llegado, diciendo que el empresario quería contribuir al bien de la ciudad en la que había hecho su primera fortuna.

                -Les agradezco su esfuerzo. A ambos. - Tomó aire y se estiró un poco, ganando unos centímetros. - Pero creo que no merece la pena que continúen la búsqueda. ¿Podemos ir al alojamiento de Jorgen, caballeros? No tengo mucho tiempo para esto, me esperan en Praga para almorzar. - No esperó a que le respondieran y empezó a andar junto a sus asistentes autómatas, dejando al comité de bienvenida atrás. Perseus y Eleutherios se miraron, y los dos compartieron una mirada un tanto incómoda por la forma en que Knudsen había dicho aquello. Especialmente el griego, que parecía profundamente turbado, pero no dijo nada. Siguieron al industrial del transporte, limitándose a señalarle brevemente a él y a sus ayudantes el edificio donde los profesores regulares y algunos eventuales tenían sus apartamentos. Muchos evitaban así tener que desplazarse desde la ciudad cada día.

No tardaron en llegar a un pasillo del ala derecha del primer piso, donde se encontraba la residencia del investigador desde que había obtenido su doctorado en física teórica. Lo había logrado con una investigación sobre partículas que había impresionado al tribunal, suponiendo que hubieran entendido lo que el joven había bautizado como Efecto Knudsen. Perseus se sabía ignorante en muchos campos, pero por lo que el danés les había intentado explicar al entrar a formar parte del Consejo, era algo relacionado con la coexistencia de estados y posiciones de los componentes últimos de la materia bajo ciertas circunstancias hipotéticas. O algo así.

El alojamiento tenía su dormitorio, su baño privado, un salón destinado a las visitas y que estaba forrado de estanterías, muchas de ellas vacías, así como un estudio privado el cual estaba abarrotado de diarios de investigación y libros de notas. Las paredes de éste tenían varios tablones cubiertos de papeles pinchados, todos ellos llenos de fórmulas, diagramas y una escritura limpia pero muy pequeña, como si su autor quisiera usar el mínimo espacio posible. La doble mesa junto al ventanal que daba al tranquilo patio interior del edificio tenía encima un grueso libro y dos calculadoras de entrada microperforada, conectadas en paralelo, que Perseus supuso debían haberle servido a su dueño para efectuar simulaciones para sus experimentos. El viejo se detuvo frente a todo ello y se inclinó para mirar por la ventana a los árboles nevados que crecían dentro del espacioso claustro acristalado de la planta baja.

                -Jorgen encontró aquí la paz que necesitaba para hacer sus investigaciones, y por eso les he de estar agradecidos. - Hizo una pausa en la que ambos académicos se quedaron en silencio, no queriendo interrumpir los pensamientos del visitante. - Mi nieto quería entender por qué el mundo se comporta de la manera en que lo hace y no de otra. De niño siempre preguntaba por todo, y por eso cuando tuvo edad suficiente solicité su ingreso aquí. - Dutschenfeld recordaba que la petición para que el nieto de catorce años de su principal patrón fuera admitido había encontrado escollos, pero afortunadamente el chico había demostrado que pese a su edad, tenía nivel más que suficiente. Nevrakis asintió, como si él también lo supiera, pero lo hizo algo inquieto, muy alejado de su habitual despreocupación. El viejo seguía sin demostrar el más mínimo pesar, sólo una leve melancolía. A Perseus también le resultaba fuera de lugar esa falta de apego, pero no iba a pretender que la desaparición del joven le había afectado tanto como al griego. Knudsen se volvió hacia uno de sus sirvientes y empezó a dar órdenes con voz de mando, dejando atrás el tema. - Kiel, haz un inventario de todo lo que haya que enviar a casa y lo dejas en la conserjería de la entrada. - Recogió el libro del escritorio y se lo pasó al otro autómata. - Helm, por lo que veo éste no es de Jorgen, sino de la biblioteca del Instituto. Asegúrate de que vuelva a su lugar.

                -Yo me haré cargo de eso, señor. - La mano de Nevrakis saltó rauda y capturó el volumen antes que el mayordomo, el cual no dijo nada. - Si me disculpa, tengo obligaciones que me requieren en otro lugar, así que debo ausentarme. - Perseus conocía bien el carácter del afable diseñador de aeronaves y notaba perfectamente que estaba deseando irse de allí, arrepentido de haber conocido al mecenas. Sintió pena por su decepción. No obstante, el griego no perdió la cortesía, y se despidió con una breve inclinación. - Ha sido un placer, Herr Knudsen.

                -Gracias, profesor. No le retendré más. Aprecio que haya venido.

-Nuevamente, siento mucho su pérdida. - Y sin añadir más, con el libro bajo el brazo, salió del estudio y del apartamento.

El viejo danés encaró a Perseus de nuevo, y su mirada triste le sorprendió. Ya no sabía qué deducir de su indiferencia intermitente, ¿estaba afectado o no por lo que sea que hubiera pasado con su nieto?

                -Desearía ver el laboratorio de Jorgen, si es posible.

Dutschenfeld ya esperaba eso, así que recuperando la compostura le pidió que le acompañara. El autómata que había quedado ocioso volvió a ayudarle a moverse hasta los ascensores, y pronto estaban camino del otro extremo del complejo. Pasaron cerca del edificio de la biblioteca mecanizada que, dado que había sido financiada por él, tenía el nombre de Klaus Knudsen grabado en la puerta principal, por la que se accedía a su única planta sobre el nivel del suelo. Bordeando las construcciones de distintos estilos y tamaños, siguiendo los caminos sin nieve, finalmente llegaron al taller asignado al joven físico. Estaba aislado, ubicado a petición suya lejos de otras estructuras para tener las mínimas interferencias posibles. El comité de espacios no había visto problema en adaptar las viejas caballerizas del castillo medieval donde se había asentado el Instituto en su origen. Perseus abrió la puerta del laboratorio, preparado para mostrar aquel desalentador panorama al anciano.

                -Interesante. - Fue lo único que dijo éste al entrar, y nuevamente, el tono en que lo dijo le inquietó.

El suelo estaba cubierto de cristales que provenían de las ventanas rotas. Varios de los muebles que habían estado cubriendo las paredes yacían tumbados, como si alguien los hubiera tirado en un arrebato de furia. En el centro vacío de la estancia, del techo colgaban docenas de cables por todas partes, algunos del tendido para la iluminación, y otros que acababan en varias consolas con diales, palancas y accionadores. Todos estos aparatos estaban ennegrecidos, saboteados por quien quiera que había causado toda aquella conmoción al secuestrar a Knudsen y robar sus experimentos, o eso había deducido Perseus nada más entrar allí en noviembre.

                -No sabemos quién hizo todo esto, pero suponemos que fueron los que se llevaron a su nieto.

Knudsen le miró perplejo, soltó una breve carcajada mal contenida y se volvió hacia su acompañante metálico, mientras Dutschenfeld enrojecía de vergüenza por la reacción del viejo.

                -Helm, recoge los libros y notas que localices y llévalos al dirigible. - Luego le devolvió su atención, sin rastro de aquello que le había hecho tanta gracia instantes atrás. - Señor Presidente, Jorgen ya sabía cuidarse perfectamente cuando le recogí con siete años de las calles de Copenhague. - Sonrió brevemente otra vez. - No tema por él, de verdad, es un chico preparado y con recursos.

Perseus seguía mirando asombrado al anciano, que ahora le dio la espalda mientras contemplaba distraído el desastre que era el laboratorio de su nieto. El autómata terminó de examinar los muebles en busca de libros, pero apenas encontró nada. Cargando todo bajo un brazo y ayudando a su dueño con el otro, ambos pasaron al lado del astrónomo, que se quedó allí unos instantes más, a solas.

Estaba recordando que efectivamente sabía que Knudsen era adoptado, él mismo se lo había dicho en alguna ocasión. No sabía que había vivido en la calle, eso sí, pero lo mismo daba. Había quedado tan convencido del parentesco al ver al viejo por primera vez, que lo había olvidado.

Contemplando ahora cómo éste se alejaba del taller camino de su aeronave, Perseus Dutschenfeld frunció el ceño, planteándose todo tipo de absurdas hipótesis y tratando de encajar la actitud del empresario, absolutamente despreocupada, con la desaparición posiblemente violenta de su nieto. Como si supiera algo que ellos desconocían. Su risa de antes había parecido una broma privada.

Lentamente fue dando forma a una teoría de lo que podía haber pasado allí realmente, por muy rebuscada que le pareciera. Pero finalmente, después de darle vueltas, el viejo y respetado científico dijo para sí mismo, al tiempo que salía en pos del danés:


                -Imposible.

Continuará

Eric Rohnen

martes, 30 de agosto de 2016

Cómo escoger un chaleco y no morir en el intento

El chaleco es tal vez la prenda mas polifacética y usada en el vestuario Steampunk. Es fácil encontrar chalecos, pero no siempre es fácil saber qué estás viendo o cómo te quedará, así que aquí van algunos consejos y detalles que te ayudarán a seleccionar un chaleco.

Casi toda la información que vas a leer a continuación es para chalecos de hombre, pero mucha de ella es extrapolable a mujeres.
(Carlisle Darklight con chaleco marrón, corte regular, cuello en "V" y tapete frontal con 2x6)

Cuando seleccionas un chaleco has de tener en cuenta varias cosas: los botones, el tejido, el cuello y el corte, entre otras cosas

Corte es, el corte o abertura, que a un lado lleva los ojales y al otro los botones, éste puede ser regular, o asimétrico. Se denomina así por como separa las dos mitades del frontal del chaleco.
(Ángela Ramos- Chaleco Burdeos con cuello en "U" corte regular 3 botones, bajo recto)

Los botones pueden ser de cualquier material, pero pueden ir dispuestos de muchas maneras distintas y en distinta cantidad. El chaleco común de hombre es el de cinco botones de corte regular, pero un chaleco puede tener tan sólo tres botones, o incluso seis o mas, o en dos lineas paralelas de dos o mas botones que de abrevia como 2x2  cuando son dos lineas de botones, 2x4 cuando son dos lineas de cuatro y así sucesivamente.

Es recomendable en los chalecos de corte recto de 5 y 6 botones desabrochar el ultimo botón, el de mas abajo, para evitar abultamientos al sentarse.

El bajo del chaleco puede ser en punta, recto o con forma de "W" que es cuando la pechera de corte regular acaba con cada mitad en una punta.

El tejido, Algodón, Lana, Lino, Seda, y tejidos sintéticos son los mas normales. La lana es típica de los chalecos de invierno, el lino de los de verano, La seda es solo usado en los chalecos de vestir mas caros y es difícil de limpiar, y los tejidos sintéticos son aptos para invierno o verano indistintamente aunque a mi no me agraden especialmente.
(Capitán Hluot-wig - Chaleco Beige de 5 botones corte regular cuello en "V" bajo en "W")

El cuello puede variar, desde el cuello Mao o mandarín, hasta el corte en "U" pasando por cuellos mas comunes en "V" con solapas o sin ellas. El cuello Mao se llama así por que los uniformes de la china Maoísta llevaban este tipo de cuello que sobresale del chaleco rodeando el cuello y cerrándose en la parte delantera con un botón. Por otro lado el cuello en "U" traza un corte en las dos mitades de una pechera recta o regular, trazando una "U" que puede ir hasta la parte media media del torso (Linea que separa los pectorales del abdomen) o incluso mas abajo, en lo que llamamos vulgarmente una "U" profunda, que llega hasta dos dedos por encima del ombligo, Los cuellos en "U" se usan siempre con chaqueta; ésta es una regla no escrita del uso del chaleco, y se acompañan de lazos o pajaritas. Los cuellos en "V" son mucho mas populares y comunes; cada mitad de una pechera de corte regular lleva un corte en bisel que da una de las mitades de la "V".
(Eric Rohnen - Chaleco negro corte asimétrico, cuello Mao 5 botones)

Las Solapas son extensiones del cuello que crean solapas sobre la pechara, estas pueden tomar varias formas, simples o compuestas. las solapas simples son de una única pieza cada una, pudiendo ser con forma de "U" o de "V". Las compuestas están formadas de dos piezas, la pieza menor en la parte superior es la que surge del cuello y llega hasta la linea de la axila (línea que se traza al tirar una recta desde una axila a la opuesta y que cruza el pecho) y la segunda pieza va menguando hasta el fin del cuello, entre ambas piezas va un corte doble en bisel. Este tipo de solapa se considera de uso formal. En muchos lugares del mundo es común entre los camareros en los uniformes.

(Lord Alberot - Chaleco rojo, abotonadura 2x4 con solapa compuesta, cuello en "V" Corte regular y bajo recto)
Los Bolsillos, un chaleco puede también definirse por sus bolsillos interiores o exteriores, pudiendo ser estos sin bolsillos, o con un único bolsillo en la pechera derecha, o con múltiples bolsillos. Cuando sacas un chaleco de la tienda los bolsillos aun están cerrados, necesitas una herramienta llamada descosedor para abrir los bolsillos del chaleco, pudiendo abrir tantos de ellos como desees.

lunes, 29 de agosto de 2016

¡Motor y al aire!, de Steampunk Madrid en Cuatro Vientos

Contrastes en las quedadas de los días 1 y 8 de mayo del grupo Steampunk Madrid en el aeródromo de Cuatro Vientos.



La primera, con motivo de las jornadas que la Fundación Infante de Orleans suelen programar los primeros domingos de cada mes y que permite admirar de primera mano, si las condiciones meteorológicas los permiten, aviones tan icónicos de la historia de la aviación como el De Havillland DH89 más conocido como el Dragon Rapide, uno de los primeros aviones de transporte de pasajeros, el Polikarpov I-16 usado por el bando republicano en la guerra civil española o el mítico Polikarpov Po 2 avión que en su día usaron las heroínas Rusas “Las Brujas de la Noche” durante la segunda guerra mundial, en condiciones de vuelo, todo un placer para los amantes de los motores de explosión por sus increíbles sonidos, ecos ya del pasado. La primera parte de la jornada transcurrió entre la exposición estática de parte de la colección que la fundación posee, las explicaciones del experimentado speaker sobre las historias que cada modelo encierra y familias que acudían a nosotros solicitando un recuerdo fotográfico.



La parte de la exhibición en vuelo, siempre más vistosa, se inició con el arranque de los motores y la posterior rodadura de los aviones hacia la pista. Una vez en vuelo, el público accede nuevamente al lugar donde se encontraba la exposición estática para poder disfrutar de las evoluciones de los aparatos en vuelo y así poder admirar la maestría de los experimentados pilotos, auténticos profesionales del sector con miles de horas de experiencia en sus manos.



Nuestro grupo disfrutó de las formaciones y pasadas sentados cómodamente en el césped mientras los aficionados a la fotografía y vídeo lo hacían rodeados del resto de asistentes al acto.


Como apunte final, informar que la Fundación Infante de Orleans está abierta a cualquiera que desee pertenecer a ella. Hay que decir que el trabajo de los pilotos como de mecánicos y socios es todo un ejemplo a seguir en cuanto a la conservación del patrimonio histórico que defienden, una labor que la mayoría de ellos hace desinteresadamente y que logra que la fundación siga en funcionamiento a pesar de los difíciles tiempos que nos ha tocado vivir.


La segunda fecha tuvo su mayor diferencia en las condiciones meteorológicas, lluvia y viento a diferencia del soleado día del evento anterior. En cualquier caso, provistos de nuestras mejores galas y paraguas para combatir la lluvia, recorrimos los hangares del museo del aire que aunque de reducido tamaño guarda en su interior joyas de la historia aeronáutica y un sinfín de objetos relacionados con ella, un amplio abanico que abarca desde paracaídas, vehículos, instrumentos de navegación, motores y un largo etcétera.





La organización del evento incluía la participación de recreacionistas que junto a sus vehículos y pertrechos convertían el descanso de alguno de los históricos aviones en escenarios propios de películas y con los que se podía interactuar abiertamente.






Como punto fuerte cabe destacar la actuación de uno de los helicópteros de salvamento de nuestro ejército, que durante alrededor de quince minutos y con las condiciones antes citadas se mantuvo encima de la zona designada para ejecutar la siempre peligrosa maniobra de salvamento de un maniquí que hacía el papel de herido a la perfección, una labor en la que siempre existen riesgos para los profesionales que la ejecutan y por la cual damos gracias a su gran dedicación. La exhibición del SAR como así se les llama, terminó con una pasada rápida del helicóptero después de finalizar el ejercicio.




Como nota anecdótica y para concluir, contar el inesperado encuentro con el nieto de una de las figuras clave de la introducción de la aeronáutica en nuestro país, el señor Pedro Vives Vich. Su nieto nos contó en la breve conversación que pudimos mantener, sobre la figura de su abuelo, que fue el primer jefe de la aeronáutica militar Española y el pionero que introdujo la navegación aerostática en 1909 en España ¡símbolo icónico para todos los steamers! Sin duda un encuentro sumamente interesante.


Natham Cuesck

jueves, 25 de agosto de 2016

La familia Bauer. Primera parte - Rote Rose.

Henrrieta Bauer, hermana del ilustre naturalista Hans Hendrich Bauer, corre en su tercera carrera profesional en el hipodromo de QuadSee, a la orillas del lago, es una tarde de otoño lluviosa y con niebla, hoy veremos a una emocionante carrera.

pom pom pom... los pasos de los animales acercandose a sus cajones resuenan con eco ensordecedor.

-Con color verde Henrrieta bauer montando a lomos de un parasaroforus Hembra de dos años y unas cinco toneladas y media, Llamada "Orgullo Alpino", que corre por segunda vez en los circuitos profesionales, y que en su primera carrera quedo Colocado...

La voz del comentarista ceso, la lluvia paro, la niebla persiste y se hace mas densa y gris, el clamor del publico reunido en las gradas bajo los paraguas.



Sono la campana, los cajones se abrieron y la incesante voz del comentarista arremetio de nuevo.


- Gravedad cero va en cabeza, seguido de cerca por Tramposo y en tercer lugar Edelweis... pero parece que Orgullo Alpino va en ultimo lugar descolgado del peloton, y ahí llega el pelotón a la recta de contrameta... y alli esta Orgullo Alpino atajando distancia al pelotón, se acerca por los palos, y apcanza la tercera posición justo detras de Tramposo, que empieza a perder resuello, Gravedad Cero va en cabeza separandose por dos cuerpos del pelotón seguido de cerca por Orgullo Alpino que se acerca a la meta como alma que lleva el diablo, acercandose al primer puesto y dejando atras al Pelotón.

Un silencio breve, las nubes se abrieron, y en la recta final ya solo competian dos animales, Orgullo Alpino y el favorito Gravedad cero.

- Y ya estan en los ultimos metros de la carrera y es finalmente Orgullo Alpino el que cruza primero la linea de meta, seguido de cerca por Gravedad cero y Edelweis en tercer lugar. Damas y caballeros esta a sido una emocionante carrera en el circuito Helvetico de carreras.
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(Orgullo Alpino)




Orgullo Alpino estaba en su box del establo de la finca de Rote Rose, henrrieta bauer habia cambiado el traje de jokey por el Drinld verde con delantal de cuadros blancos y verdes, que solia usar en casa, dejo su sombrero de lana verde colgado en gancho en el exterior del box y cojio el cubo con agua y el cepillo en su interior, y entro en el box donde el animal esperaba su cepillado, cuando se disponia a empezar la tarea una mano la aferro por la muñeca, mientras una potente y grave voz surgia de su espalda, muy cerca de ella- Hermanita, deja eso, ya me encargo yo. Ella replico con voz algo mas aguda de lo frecuente me has asustado, Cuando has vuelto de tierra hueca?.

Se hizo una pausa breve, se miraron de arriba abajo un momento, el reencuentro de los dos hermanos, era emotivo, fue Hendrich el primero en recuperar la compostura.

Carraspeo, se aliso la camiso de cuadros rojos y blancos, y los Lederhosen marrones pendian de sus hombros, suspendidos por los tirantes de cuero, entonces su cavernosa voz sono de nuevo.- Acabo de regresar de la expedición, he traido algunos especimenes, Quieres verlos?

Henrrieta dejo el cubo en el suelo, y acompaño a su hermano, recogieron sus sombreros y salieron a la noche fria y humeda de la montaña, cruzaron hasta el siguiente edificio del complejo, entraron en el y avanzaron por el largo pasillo rodeado de Boxes de dinosaurios, llego hasta el ultimo un calor radiante de unas modernas lamparas de vapor calentaban cuatro enormes huebos de saurio, Hans Hendrich señalo los huebos. - Aqui estan los nuevos especimenes, son Protoceratops, o lo seran si llegan a termino.


Hans se dio la vuelta y empezo a caminar a buen paso hacia el establo principal, cogio el cubo y empezo a cepillar las escams de Orgullo Alpino, cepillo cuidadosamente el cuello del animal, canturreando una canción.

Henrrieta Bauer cogio un taburete, lo arrastro lenta y cuidadosamente el taburete hasta la entrada del box, y lo coloco cerca del muro de madera y se sento a mirar los huebos, pasaron varios minutos, y le parecia que victoria de las carreras del dia anterior habia ocurrido hacia mucho tiempo, y sin embargo no podia evitar pensar en cuando Hans habia vuelto de tierra hueca con el huebo que mas adelante se convertiria en Orgullo Alpino, el unico de siete huebos que no se malogro.
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Hans se desperto por la mañana en su cama, al primer toque del Alba. la noche habia sido larga. despues de cepillar al animal, volvio a mirar los huebos y aprobecho para hechar una manta sobre su hermana, que al amanacer sigue sentada y dormida en el taburete.

Camino por la casa, intentando recordar la ultima vez que estubo en ella, hacia cinco meses de su ultima estamcia y solo habia estado unos pocos dias, antes de volver a tierra hueca, y ahora los recuerdos le abrumaban.

 Recordo el accidente hace siete años, cuando sus padres murieron en aquel incendio, y el entierro en el jardin, aquel dia habia sido extraño, el habia regresado de africa, la expedición habia sido larga y muy peligrosa, y a su regreso se encontro con la marcha funebre, todos los asistentes vestian trajes de domingo y bandas de luto y el aun vestia sus sempiternos pantalones de cuero y su camisa de cuadros.

Avanzo algunos pasos por el salon de la casa de madera, llego a la chimenea y miro la repisa llena de premios, extendio la mano para tocar una placa conmemorativa, y recordo la entrega de premios en la sociedad de exploradores de Londres, todos aquellos caballeros y damas vestidos con galas de fiesta, y el con sun lederhosen mas largos medias gruesas y camisa blanca, su sempiterne sombrero alpino de color verde y la extraña estampa recibiendo aquellos honores por sus descubrimientos en tierra hueca, se sentia incomodo con el corbatin de lana negra y el chaleco de terciopelo negro.

La pelea que surgio en la recepción posterior fue memorable y no acabo hasta que el tumbo de un gancho a la mandibula al doctor Livinston, y este dejo caer la bola del mundo que sostenia con sus dos brazos sobre su cabeza.
(Protoceratops)

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Henrrieta se desperto con una manta hechada sobre sus hombros y un dolor corporal generalizado, dormir sentada en un taburete no era bueno para el, pero no podia evitarlo, ver incubarse huebos de saurio sacaba lo mas maternal de su ser, el olor del Early Grey inundo el aire de manera reconfortante, Hansel, el mozo de cuadra, venia con su habilual arrastrar de pies, cargaba con un cubo con agua, cepillos de puas de metal soga, riendas y alforjas, y en una de sus manos una taza de peltre con el oloroso y calido liquido, apoyo la taza, no sin dificultades, en la puerta del Box.

Henrrieta cogio la aun humeante taza por la encitada asa, dio un largo y calido trago, se levanto y estiro todo su cuerpo, deseando que las molestias de la mala postura desaparecieran por aste de magia, entonces, y solo entonces se dio cuenta de que los huebos se estaban moviendo, dos de ellos no paraban de entrechocar entre si, botar y agrietarse, rapidamente henrrienta dio un grito de aviso, y todos los ocupante de Rote Rose acudieron a ver el nacimiento.

Fin de la primera parte.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Etimologia y curiosidades varias Vol.2

Despues de casi dos años tenemos un nuevo capitulo de esta sección, hoy hablaremos del Trabajo.

La palabra trabajo probiene de la palabra latina Trepalium.

Esta palabra de origen romano se comenzo a utilizar en el siglo V. ac. y hace referencia a un metodo de Tortura consistente en amarrar a un a persona a una estructura con forma de aspa de madera hecha con tres palos a la que se atan el cuello los brazos y las piernas.

Así que el trabajo es torturta, eso podria ser una explicación de por que en epoca romana los Aristocratas no trabajaban y en el siglo III ac, se fijo una lista de trabajos que un aristocrata si podia desarrollar, si miramos la lista detenidamente vemos que todos tienen que ver con la administración de sus riquezas el desempeño de funciones politicas, religiosas y militares.

Si damos un salto en la historia a la epoca victoriana vemos que las profesiones que desempeñan los Aristocratas ingleses son, mas o menos,  las mismas.

Así que podemos inferir que el trabajo es una tortura para la clase media baja.

Que opinais vosotros?

lunes, 15 de agosto de 2016

Terror en el laboratorio: de Frankenstein al doctor Moreau

Aquí tenemos otra exposición de María Santoyo y Miguel Ángel Delgado. Fueron ellos quienes nos introdujeron al gran Nikola Tesla en la exposición “Nikola Tesla. Suyo es el futuro” y también nos abrieron las puertas al mundo visionario del genio Jules Verne, en la exposición “Julio Verne: Los Límites de la Imaginación”  Steampunk Madrid tuvo el privilegio de tener a Miguel Ángel Delgado como guía particular para la segunda exposición, una experiencia apasionante.


“Terror en el laboratorio: de Frankenstein al doctor Moreau” es una exposición intimista, en comparación a las dos antes citadas.  A través de bien elegidas explicaciones nos da  la oportunidad de contemplar los orígenes sociales y culturales de Frankenstein,  entre ellos, el ambiente agotado de la Europa luego de la guerra napoleónica y los efectos terroríficos de la erupción del Monte Tambora en Indonesia en 1815, que creó un invierno volcánico en el 1816. Justamente durante el julio de 1816  Lord Byron, John Polidori y Percy y Mary Shelley, una mansión a orillas del lago Lemán, Villa Diodati . Este encuentro de literatos llegó a ser un semillero de obras como Frankenstein o el moderno Prometeo.

Quien dice Frankenstein dice cine, y “Terror en el laboratorio: de Frankenstein al doctor Moreau” da una amplia muestra del paso de las criaturas artificiales por la gran pantalla.
Luego, casi al final de la exposición hay un juego visual que sorprende y provoca la reflexión sobre el significado de estas criaturas a la vez  fascinantes y repelentes.

fmdo:
Prof. Cecily Cogsworth



jueves, 11 de agosto de 2016

Los pretendientes de la Señorita Wolff

Todo había sido muy inoportuno. Todo había sido muy inconveniente. Una casualidad inocente producto de un embelesamiento doble que ambos pretendientes quisieron formalizar al mismo tiempo, de forma apresurada, y sin aviso previo al padre de la joven.
Había sido uno de los días más calurosos de uno de los años más calurosos que se recordaban. Agosto amenazaba con no remitir nunca mientras hasta los agricultores suspiraban por las nieves de invierno. Los habitantes de Stromboly se refugiaban en sus casas durante las horas centrales del día. Devoraban sandía, absorvían agua con avaricia, y dormían profundamente la siesta intentando paliar un calor tan intenso que se decía que volvía locos a los hombres. Una extraña afección veraniega que alejaba al género masculino del ser humano para acercarlo a las bestias. Las jóvenes del burgo nunca salían sin un pariente que las acompañara, conscientes de que en esa época los jóvenes ya eran hombres para amar, pero no para dominarse.
El sol se posaba sobre el horizonte, pintando el paisaje de tonos naranja intenso cuando el joven Volden Stenfelworth, acompañado de su padre, acudió sin haber sido invitado a la villa de los Wolff para tratar un tema importante en referencia a su joven y preciosa hija. La señora Wolff les recibió en la puerta pidiéndoles excusas por no poder atenderles ese día, aduciendo que no era un buen momento. Pero el joven Stenfelworth insistió en que debía hablar con el padre de la joven inmediatamente. Irrumpió en la casa que ya había visitado con anterioridad, avanzando como una exhalación hacia el recibidor principal mientras a su espalda la señora Wolff y su propio padre intentaban detenerle informándole sobre lo inapropiado de su comportamiento.
No fue hasta que llegó a su destino cuando comprendió los motivos de la madre de la joven para impedirle que entrara. En el amplio salón de la familia se encontró al señor Wolff sentado en su butaca patriarcal mientras el señor Niemann y su apuesto hijo parecían estar tratando un tema importante, mientras la joven Wolff se esforzaba en preparar y servir el té de esa forma tan atenta, servicial y recatada como su madre le había enseñado hacer durante toda su vida.
Los jóvenes Niemann y Stenfelworth habían sido amigos desde niños, lo que no impidió que las indirectas y los reproches velados dieran paso poco después a las acusaciones y los insultos. Los padres de los muchachos intentaban  calmarles sin ningún éxito mientras la señorita Wolff observaba a ambos pretendientes con gesto espantado para luego mirar a su madre, que contemplaba la escena con un gesto parecido, ambas conscientes de las consecuencias que ese exceso de temperamento podría traer consigo.
Los guantes no tardaron en volar de un extremo a otro de la sala. Los padres de ambos contendientes confirmaron  el duelo sin dilación, visiblemente orgullosos del valor de sus hijos y secretamente temerosos de la suerte que este podría llegar a traerles.
La joven Wolff intentó detenerles en un acto desesperado de salvar la vida a uno de aquellos hombres a los que apreciaba enormemente, así como de evitar tener que casarse con el asesino de un gran amigo.
Sin embargo los hombres que poblaban el salón la miraron con hostilidad. ¿Cómo osaba interferir en los asuntos de los hombres? ¿Quién era ella para decir nada respecto a lo que estaba sucediendo?
El señor Niemann y Stenfelworth establecieron la fecha del duelo para el día siguiente, pero los jóvenes no quisieron esperar ni un minuto para ajustar cuentas. Sus padres insistieron en posponer el duelo debido a que estaba oscureciendo, lo que dificultaría el poder apuntar al contrincante debidamente, pero sus hijos insistieron en llevar a cabo la satisfacción de su honor sin perder un momento.
Poco después y ya a la luz de los candiles, las pistolas estaban sobre la mesa plegable que se había colocado en una explanada cercana. Un pequeño bosque de abedules crecía adyacente al campo del honor. El viento hacía sonar sus hojas en una oscura letanía, tan melancólica como terrible. Los padres de los duelistas revisaban el instrumento del contrincante a modo de secretarios mientras los jóvenes se remangaban la camisa a la vez que se dirigían mutuas miradas del más profundo y sentido odio.
La señorita Wolff observaba la escena desde uno de los lados de la explanada, acompañada de su propio padre. Este había insistido en que no acudiera al duelo, pero ella, por primera vez en su vida, desobedeció la voluntad de su padre, aduciendo la esperanza de que su presencia allí pusiera fin a la barbarie. Nada más lejos de la realidad. Los duelistas no eran conscientes de ninguna otra cosa que no fuera la presencia de su abominable contrincante así como la salvaje e imperiosa necesidad de restablecer su honor. Aquella mujer ni siquiera existía para ellos. El romanticismo había sido vencido por el temperamento. La vida en aquellos instantes no era otra cosa que el rival, el poblado cielo nocturno y la omnipresente muerte.
Espalda contra espalda, los dos hombres comenzaron a alejarse el uno del otro contando los pasos con las pistolas en ristre.
Los candiles colocados sobre sendos palos clavados en el centro del campo apenas arrojaban luz suficiente sobre una noche sin luna que hacía que las estrellas brillaran con furia. Los duelistas se alejaban de la luz artificial y eran deglutidos por la oscuridad de la noche según se distanciaban el uno del otro. Al llegar al final de su corto trayecto, ambos se dieron la vuelta rápidamente e hicieron funcionar sus armas con estrépito, ansiosos de ver cumplido su más ferviente deseo. Sin embargo, ningún sonido de un cuerpo cayendo sobre la tierra se oyó tras la detonación de pólvora. La oscuridad en la que ambos estaban envueltos había hecho fallar el tiro tanto a uno como a otro.
Las reglas establecían que debía volverse a cargar las pistolas y repetirse el disparo. Sin embargo aquellos hombres, presa de una furia sin parangón, se lanzaron el uno hacia el otro dispuestos a matarse con sus propias manos. El señor Niemann era un experto en Boxeo y Bartitsu. El señor Stenfelworth, por su parte, era más del gusto de aquel estilo de pelea traído de las tierras de oriente basado en el uso de las piernas propio del populacho y tan mal considerado entre la aristocracia.
Pronto el combate cuerpo a cuerpo tiró al suelo los candiles, provocando que se apagaran. Las oscuras siluetas de los combatientes se recortaban sobre un manto de estrellas encima suyo que comenzaba a lanzar cuerpos incandescentes de un lado a otro del firmamento nocturno. Un gancho de izquierda del señor Niemann amenazó con noquear a su rival, pero este, poco dispuesto a dejarse vencer y aprovechando la distancia que el retroceso le había dado, lanzó una poderosa patada con vuelta a la cabeza de su rival, que tiñó el firmamento de rojo.
La señorita Wolff se sentía hipnotizada por la escena que se le presentaba. Las magnificas siluetas de aquellos jóvenes en la flor de la vida, recortadas por un cielo que lloraba por la suerte de aquella mujer, pretendida por unos hombres que lo único que pretendían era la destrucción de la otra persona.
Los expertos movimientos marciales de los contendientes así como la lluvia de estrellas que estaba contemplando hicieron que se sintiera excepcional por primera vez en su vida.
Abrazó a su padre con cariño mientras se acurrucaba en el calor que desprendía. Feliz como no recordaba haberlo estado jamás. Sabiendo que ninguno de esos dos idiotas moriría aquella noche, así como previendo los cambios que se iban a producir en su vida de allí en adelante.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Joyas ardientes

            -Estoy convencida de que disfrutaría más de esto si tuviéramos un poco de silencio. ¿No puedes hacer que esa cosa se calle? - Áine exclamó desde lo alto del carromato, tendida como estaba encima de los bultos, cubierta con una gruesa manta hasta el cuello. Sobre ella, el cielo despejado de aquella noche de noviembre habría llenado de pavor a toda persona de menor coraje, pero no a la mayor de las hermanas Moorlough.

            -¡La idea es precisamente esa! - La voz de Aislinn le llegó atenuada desde el interior del atestado interior del automotor que era todo lo que conservaban de su padre. - Pero antes necesito tenerlo encendido a ver si consigo ajustarlo.

            -¿Pero quién va a querer comprarnos esa chatarra?

            -Chatarra. Dícese de restos heterogéneos de metal, puede referirse tanto a despojos de fabricación como a piezas viejas o estropeadas.

Se oyó un golpe, una maldición, y finalmente algo hizo clic allá abajo. Áine se incorporó en su puesto de observación a la vez que Aislinn gritaba.

            -¡Ya está! Ya verás como en el próximo instituto que visitemos nos lo quitan de las manos. ¿Un autómata Wilkins perfectamente funcional a mitad de precio?

            -Precio. Dícese del valor asignado a…

El grito de rabia de Aislinn fue simultáneo a la risa incontrolada de su hermana y juntas eclipsaron la definición de la enciclopedia mecánica que habían encontrado defenestrada, nunca mejor dicho, en la acera de una cara escuela privada tres ciudades atrás. El conserje les había dicho que se lo podían llevar pensando que eran chatarreras, probablemente por el carromato motorizado con orugas que habían plantado ante la puerta, tan cargado de cacharros de segunda mano para vender como iba. Áine estuvo a punto de decirle unas cuantas palabras explicándole la diferencia entre unas buhoneras y unas recolectoras de basura, visiblemente ofendida, pero Aislinn fue más rápida y aceptó gustosamente aliviarles de la necesidad de llamar a alguien que viniera a recoger aquel trasto inservible. Sabía reconocer una oportunidad cuando la veía, y tenía una cierta experiencia con mecanismos como ése. Había estimado que sólo necesitaría un par de noches y una nueva carcasa para reemplazar a la abollada cubierta de aluminio al comprobar en el mismo lugar del crimen que los bancos de memoria y los relés de acceso a estos no habían sufrido daño. Agradeció su buena suerte a los revoltosos niños ricos que habían decidido comprobar si su nuevo profesor sabía volar. Al abrirlo había descubierto más daño del esperado, tanto por la caída como por la imaginación de los alumnos al introducir a presión unos cuántos lápices por una rendija lateral...

            -¡Déjalo por hoy! Ya lo arreglarás otro día. Si sacamos por él la mitad de lo que dijimos, bien merece la pena un mes de trabajo. ¡Coge la manta y sube, que cada vez se ven más!

            -¿Con el frío que tiene que hacer ahí fuera y quieres que salga a ver una lluvia de estrellas?

            -Lluvia de estrellas. Fenómeno astronómico que consiste en la acumulación en un período corto de tiempo de gran cantidad de…

            -¡Callate! - El autómata Wilkins aceptó el comando y no terminó la definición. Áine seguía riéndose de ella cuando se encaramó a lo alto del vehículo, que tenían aparcado a considerable distancia de las afueras del último pueblo que habían visitado, donde empezaba una turbera que ya nadie explotaba. No estaba segura de si seguían en Nova Eire o habían pasado ya a Nova Francia, los caminos allí no estaban bien rotulados, no digamos ya bien acondicionados para el tránsito de vehículos, pero por suerte el suyo era todoterreno. No había Luna en el cielo, pero no hacía falta. La más joven de las mellizas, si bien sólo por media hora, se acomodó al lado de su hermana y tuvo que reconocer que el espectáculo era impresionante. - Se ven más que ayer, ¿no?

            -Muchas más, antes me he puesto y he contado más de cuarenta en un minuto.

Sobre ellas, el cielo resplandecía aleatoriamente con el paso de las estelas, algunas de ellas bien brillantes y marcando caminos de fuego que recorrían todo el cielo desde ese punto en Andrómeda desde el que parecían salir.

            -No es normal. No suelen verse tantas - bajó la voz para no disparar el resorte sonoro de su desesperante némesis, que la aguardaba dentro del automotor - estrellas fugaces. ¿Te acuerdas de aquélla que vimos de niñas?

            -No sé si es normal, pero es hermoso. ¿Qué son exactamente? La abuela decía que eran joyas de los viejos dioses que caían a la Tierra.

            -¿Le preguntamos al montón de chatarra? - Aislinn le dió un suave codazo a su hermana, que estaba tumbada a su lado y se arrebujó aún más bajo la manta.

            -Ni se te ocurra. - Sonrió en la oscuridad y suspiró. - En el periódico decía que eran fragmentos de hierro. ¿Cómo va a caer hierro del cielo?

            -Ni idea. Igual es otro tipo de hierro. - Aislinn solía ser más pragmática que su hermana. - Me pregunto qué se podría hacer con algo así.

Estaban ambas planteándose aquella cuestión cuando una de las estrellas atrajo su atención, silenciosa y resplandeciente en su descenso, mucho más que las demás. La siguieron con la mirada sin decir nada, levantándose para no perderla de vista y comprobando que iba cayendo por el lado derecho del carromato, aparentemente tan cerca como si pudieran tocarla... El estruendo seco de su impacto y la luz que despidió por un instante las sacó del momentáneo trance en que habían caído, sobresaltándolas, pero todavía tardaron unos segundos en reaccionar. La primera en hablar, por supuesto, fue Áine, y su reacción fue absolutamente predecible.

            -¡Voy a ver cómo es ese hierro del cielo!

            -¿Pero estás loca? - Su hermana ya había puesto pie en el suelo junto al camino. - ¿Vas a meterte de noche sola en una turbera? - Para entonces ya había abierto la puerta trasera del carro, y el autómata la escuchó a la perfección.

            -Turbera. Terreno húmedo del que se extrae turba para distintos fines, principalmente fertilizante y combustible.

Áine se rió, espoleada por la emoción de encontrar una estrella fugaz, y buscó un par de raquetas de nieve de entre la mercancía amontonada en caja y paquetes. Agarró un par de candiles de los que sabía que tenían la batería cargada y se sentó en el borde de la puerta después de ponerse el abrigo más grueso que encontró.

            -Áine, de verdad, no hagas esto. No es seguro. - Había preocupación en su voz. - Podrías caerte en alguna zanja, y el terreno es irregular en estos sitios…

            -Tranquila, me llevo una de las linternas ambáricas, ¿vale? - Le sonrió mientras se terminaba de ajustar el calzado con el que esperaba no hundirse en el aquel barro espeso. - Tu súbete de nuevo al techo y coloca allí una luz para que vea el camino de vuelta, no tardo nada, juraría que no ha caído lejos de aquí. - Se levantó de un salto y empujó otra lámpara igual que la que iba a llevarse contra el pecho de su hermana. Antes de que esta pudiera decir nada, se perdió rápidamente en el barrizal, y lo único que la delataba bajo la lluvia de meteoros era el haz de luz de su foco portátil.

Aislinn se subió, sumisa o más bien resignada porque conocía a su compañera de viaje y socia de negocios desde que nació, a lo alto del automotor. Colocó la linterna apuntando a la turbera y se echó por encima la manta que había dejado allí al bajar. Luego se lo pensó mejor y cogió también la que había tenido su hermana mientras observaba el cielo. Intentó no perderla de vista, aunque pronto llegó al punto en que sólo veía luces remotas e intermitentes según se girara la aventurera. De vez en cuando una estrella fugaz más intensa que las otras atraía su atención involuntariamente, pero en general ignoraba el espectáculo, contando los minutos en su cabeza, y preguntándose si debía haber ido con ella y si estaría bien cuando dejaba de ver su luz durante demasiado tiempo. Áine era muy propensa a estas locuras, especialmente desde que su padre falleció. A su hermana le había afectado más, pensaba, pero lo exteriorizaba menos. Un nuevo vistazo del haz, seguido de otros más, le hicieron devolver su pensamiento al presente. Al poco estaba segura de que venía de vuelta. ¿Cuánto había estado ahí fuera? Un cuarto de hora, algo más si acaso. Tapó tres veces seguidas la luz a su lado, y desde el campo su melliza le respondió con el mismo código, queriendo decir que todo estaba bien. Aislinn respiró aliviada y bajó del automotor llevando aún encima ambas mantas. Unos minutos después volvían a estar juntas y pudo interrogarla con la mirada.

            -No he encontrado el hierro, pero hay un agujero enorme más allá. - Señaló vagamente en la dirección de la que había venido. - Lo que sí he encontrado son estos. - Metió la mano en un bolsillo y sacó algo que Aislinn identificó como canicas sucias a primera vista. - Estaban esparcidos por todos lados, he visto docenas más que no he cogido, destacan mucho al iluminarlos.- Su hermana puso la mano ante la luz y ambas pudieron comprobar que aquellas cosas brillaban. Pero no eran redondas, más bien parecían cristales pequeños, irregulares y cubiertos de mugre.

            -¿Qué son? Parecen trozos de vidrio.

            -Vidrio. - Sólido formado después de calentar arena de sílice, puede ser coloreado o transparente.

Ambas se miraron por un momento y Aislinn se dirigió al autómata.

            -¿Hay relación entre el vidrio y la turba? - Un cruce de términos sencillo como ese debía ser aceptado por la enciclopedia.

            -No hay correlación en la base de datos entre ambos conceptos.

            -¿Y hay relación entre el cristal y la turba? - Por si acaso constaba bajo otro nombre.

            -No hay correlación en la base de datos entre ambos conceptos.

Áine se unió a la conversación con el profesor mecánico, intentando dar con la pregunta que les aclarara aquel misterio.

            -¿Qué se puede encontrar en una turbera?

            -Una turbera contiene turba, mayormente compuesta de carbono, como resultado de la descomposición de materia orgánica. Puede presentarse junto con otros tipos de carbón.

Miró otra vez a su hermana, pero ésta tenía la vista fija de nuevo en los cristalitos, que le había cogido para verlos más de cerca, así que lanzó una nueva cuestión a la máquina.

            -¿Puede formarse cristal o vidrio en una turbera?

            -No hay suficientes datos para una respuesta específica.

            -¡Esto es inútil! - Áine echó los brazos al cielo y se alejó unos pasos rezongando. - Este trasto no va a decirnos nada que no sepamos ya.

Pero Aislinn no se dejó vencer por esa negativa, y llevándose un dedo enguantado a los labios, pensativa, intentó buscar la pregunta correcta. Todo se reducía a eso con las enciclopedias Wilkins, saber qué pedir para obtener la respuesta deseada. Aún sin levantar la vista de aquellas cosas que su hermana había traído, la mecánica autodidacta interrogó finalmente al autómata, con un tono de sospecha en su voz.

            -¿Hay cristales hechos de carbono?

            -Se ha teorizado que una gran presión y/o una gran temperatura puede hacer que el carbono cristalice, pero no ha podido comprobarse ni reproducirse en un laboratorio.

Aislinn se acercó rápidamente al escuchar aquello. Ya sabían qué pregunta hacer, y ambas se miraron con una mezcla de asombro, miedo y excitación.

            -¿Cómo se llama a los cristales hechos de carbono?

Una única palabra bastó para que Áine saliera corriendo de vuelta hacia la turbera y Aislinn hacia la trasera del automotor de su padre en busca de otras raquetas para lanzarse también a la caza de...


            -Diamantes.


Eric Rohnen

martes, 9 de agosto de 2016

Cómo fumar de manera retrofuturista y no morir en el intento

El tabaco era una realidad en el siglo XIX. Y hoy sigue siendolo, es por eso que hoy vamos a tratar el tabaco, como se consumia y por que, y como usarlo con nuestros alteregos.

Antes de todo has de saber que el consumo de tabaco es perjudicial para la salud, por eso desde SPM desaconsejamos su consumo.

Pero es una realidad que muchos miembros de SPM y de otras comunidades fuman y por ello lo incluyen en sus Alter egos, y en otros casos los consumidores de tabaco son solo los alteregos, en cualquier caso el tema a tratar es el mismo.

En el siglo XIX el consumo de Tabaco se habia extendido por toda Europa y la inmensa mayoria de las clases sociales, desde el obrero industrial hasta el aristocrata fumaban, y este es un vicio social, que se practica en compañia, y por lo tanto es normal que en algun momento de una reunión retrofuturista uno o mas miembros acudan a la llamada del tabaco.

por ello voy a exponer las correctas maneras de consumir la hoja de tabaco, tanto si consumes cigarros, pipa o mascas.

en primer lugar indistintamente de la extracción social de tu alterego, siempre se fuma en compañia, en exteriores y como acto social.

por ello antes de acudir a tu cita con la adictiva actividad que hoy nos traemos entre manos hay que anunciar tu deseo de retirarte a fumar, de modo que no ofendas a la compañia con la que estas, el modo puede variar, sobretodo si es tu Alterego el consumidor de tabaco, pero siempre has de invitar a tus interlocutores que te acompañen al lugar pertinente, ya sea un patio, la calle o un Fumoir.

Cigarrillos.

Para consumir cigarrillos necesitas:
  • Una pitillera
  • cigarros
  • cerillas
El uso de estos objetos es peculiar y existen unas normas sociales de su uso, por ejemplo al ofrecer un cigarro has de abrir la pitillera ofreciendo el lado del filtro a la persona a la que le ofreces el cigarro, para que de ese modo le resulte mas facil agarrar el cigarro y extraerlo de la misma.

el cigarro se puede agarrar de modos diferentes siendo el mas usual con la cara interior de los dedos indice y medio, usando el apoyo del pulgar, agarrando el cigarro por la zona denominada cuello, que es donde acaba el filtro y empieza el tabaco, suele estar marcadoa en los cigarros comerciales por un anillo de color, o ser diferente de color al resto del cigarro.

para encender la cerilla has de usar siempre el raspador de fosforo de la cajetilla nunca otra superficie, como suelas de zapatos, muros..., amenos que tu Alterego sea de extracción social muy baja y carezca de respeto por las buenas costumbres.

Agarraras el fosforo un centimetro por debajo de su cabeza y rasparas con un movimiento ascendente para ofrecer fuego a tus compañeros, encendiendo los cigarros de izquierda a derecha, y acabando por el propio.

Pipa de fumar.

Fumar en pipa es mas un arte que un vicio o eso dicen los expertos, para fumar en pipa de manera correcta, necesitas multiples objetos:

  • Pipa de fumar
  • Atacador de metal para limpiar la pipa
  • Cartera de tabaco
  • Tabaco
  • cerillas
Cuando abras tu cartera de tabaco, revelando en su interior el tabaco y el atacador que usaras tanto para cebar la pipa como para limpiarla cuando sea necesario, lo haras con cierta reverencia, abriendola con sumo cuidado para que las hebras de tabaco no se caigan, cebaras la pipa cargando la cazoleta del atacador tantas veces como sea necesaria, y ayudandote del indice para sujetar el tabaco en su camino hasta el interior de la pipa, para encender la pipa usaras fosforos del modo explicado con anterioridad

Tabaco de mascar.

Hoy puedes encontrar el tabaco de mascar en dos formatos, el clasico, en forma de barra gomosa de tabaco o en bolsitas individuales, en el primer caso necesitas una nabaja para cortar el tabaco, en porciones y en el otro cada bolsita ya biene medida como dosis individual, asi que solo tienes que meterla en la boca y mascar lentamente, y escupir cuando este pierda su sabor.

En el siglo XIX se consideraba el tabaco como un producto medicinal que eliminaba o reducia el estres y ayudaba con las irritaciones de garganta y los problemas del habla como el tartamudeo, ha dia de hoy sabemos que esto es falso, pero son estupendas escusas para sacar el tabaco en tu reunión retrofuturista.

Postureo: en caso de que tu alterego fume pero tu no seas consumidor te recomiendo que simplemente no lleges a encender el cigarro o la pipa, eso sera suficiente al fin y al cabo interpretas a un fumador, no estas fumando.

martes, 2 de agosto de 2016

Como afeitarse con navaja y no morir en el intento

El afeitado clásico o afeitado a navaja es uno de los rituales de aseo masculino mas antiguos del mundo, el ritual actual se estandarizó en el siglo XVII y las herramientas que usamos alcanzaron su apogeo en la primera década del siglo XX.

(Brocha de pelo de conejo)
Para el tutorial de hoy vamos a necesitar algunas herramientas que podrás adquirir en tu tienda de peluquería habitual.
  • Navaja Barbera.
  • Cuchillas.
  • Brocha de afeitar.
  • Cuenco para agua.
  • Jabón de afeitar en barra.
Hemos escogido la Navaja barbera sobre la de afeitar clásica por dos motivos, Uno de ellos económico, es considerablemente mas barata, pudiendo ser adquirida por entre 10 y 12 euros, mientras que la clásica ronda los 100, el segundo es puramente práctico, la navaja barbera es de cuchillas intercambiables lo cual la hace mas práctica, dado que puedes cambiar la cuchilla en cinco segundos en lugar de afilar y desafilar la navaja clásica hasta dejarla de tu agrado.

Las cuchillas pueden ser un sin fin de marcas distintas y a menudo las encontrarás en el supermercado; son todas bastante parecidas, aunque cambia la durabilidad de una marca a otra, con el tiempo encontrarás tu marca favorita.

(Cuchilla)
Para la brocha asegúrate de que ésta sea de pelo de conejo natural y el mango sea de madera, esto es muy importante.

(Navaja Barbera)
1. Preparación antes del primer afeitado.

Antes de afeitarte por primera vez llena el cuenco con agua e introduce la bocha en él de modo que el mango de madera quede totalmente cubierto, y déjala allí al menos ocho horas, si es mas, mejor; esto lo hacemos para que la madera absorba el agua y se cierren los poros de la madera, después durante su uso perderá menos cerdas.
(Caja de cuchillas)

Prepara la Navaja barbera. Para abrirla acciona la pestaña, entonces veras en la cara interior cerca del punto de bisagra un raíl, desplázalo y se abrirá revelando su interior, ahora has de poner media cuchilla. Para ello abre tu paquete de cuchillas, y sin sacarla del protector de papel dóblala longitudinalmente hasta cortarla en dos mitades, ahora desenvuélvela y pon una de las mitades en su sitio, usa las pequeñas pestañas para fijarla, ahora tira del raíl hacia el interior de la hoja, puedes ver como la cuchilla sobresale un poco, lo justo para afeitarse sin que se mueva.

2. Cómo afeitarse.

Para empezar has de poner la brocha en agua, y enjabonarse la cara, usa el jabón en bol con un poco de agua y remueve hasta que salga espuma, ahora puedes enjabonarte la cara, empezar a afeitarte.
(Certel barbareia vintage)

Para afeitarse has de usar el ángulo apropiado para no cortarte, un ángulo de unos 30 a 45 grados, en paralelo a la cara, para no cortarse, y conseguir el máximo rasurado posible.

3. Después del afeitado.

Para limpiarte usa abundante agua y una toalla, limpiar la bocha sumergiéndola en agua y agitando, limpiar el cuenco con un estropajo, secar con un trapo y guardar, comprobar la hoja de la navaja, después de varios afeitados necesitaras cambiarla, guardar cerrada fuera del alcance de menores.