jueves, 26 de mayo de 2016

Los Hijos del cielo Parte III- Maelstrom

Su graznido no siempre había sido así, hubo un tiempo en el que hablaba sin problemas y no tenia que parar cada pocas palabras para que las palabras llegaran de su mente a su boca.
Aquellos habían sido los buenos Tiempos, cuando Maelstrom pensaba en ellos tenia que reprimir las lágrimas, eran los tiempos de cuando Brisa, su madre aun vivía.

Y cada año por estas fechas Maelstrom se tomaba un día libre, no importaba donde estuvieran, ese día era el día de recordar, y sabia que no estaba solo, su hermano recordaba, pero nunca hablaban de ello, era muy triste para los dos, Maelstrom miro al cielo, después al Mar, volvió a meter la cabeza en el dirigible y cerro la escotilla.

La mano de Estratolimbo aferro su hombro y le propino un fraternal apretón,  y eso era todo lo que hablarán ese día, pues era un día para recordar.

Un par de horas después el destartalado y diminuto dirigible aparcó en la plataforma numero siete, en puerto, ambos hermanos bajaron del dirigible, una vez en la bulliciosa estación se separaron, Estratolimbo fue a la cantina y Maelstrom compro una botella de licor de procedencia desconocida en puesto, y espero, la calma del cielo se trunco y el cielo se oscureció con negras nubes de tormenta, entonces Maelstrom activo sus botas de sustentación aérea y voló hacia la tormenta, cuando había alcanzado la tormenta miro al mar bajo sus pies, vio como las aguas empezaron a moverse al principio lentamente, después mas agitadas en enorme remolino que amenazaba con engullirlo todo, entonces abrió la botella mientras rememoraba un día como aquel años atrás, dio el primer trago, y su memoria se encendió, recordó aquel partido de Flying Derby y la tormenta, y lo orgulloso que estaba de que su madre le viere jugar, entonces se formo un remolino y la tormenta, entonces se acabaron los tiempos felices.

Estaba tan empecinado en ganar el encuentro que no se dio cuenta de lo que pasaba, el Relámpago refulgió con violencia y golpeo en la bandera a la que se aferraba, entonces quedo inconsciente, al despertar era huérfano, e incapaz de hablar, si no hubiera sido por Bóreas sin duda habría muerto, desde entonces cuando llegaba ese día buscaba en la tormenta aquello que le arrebataron, su madre y su voz.

Según la botella dejaba entrever su fondo su cuerpo se reflejaba, y empezaba a perder altitud, solo su fuerza de voluntad lo mantenía consciente, flotando en el cielo nocturno, buscando con sus ojos a su madre entre el cielo y el mar.

Un apretón en el hombro le saco de su ensoñación y le despejo, al girar la cabeza vio la congestionada cara de su hermano que apenas podía contener las lágrimas, en parte por el recuerdo pero sobretodo por el viento frío- Ya paso- dijo Estratolimbo.

Ya paso- Graznó Maelstrom, mientras asentia con la cabeza.

lunes, 23 de mayo de 2016

Noche del Libro Steampunk

El pasado día 21 de abril fue la Noche de los Libros, organizada por el Ayuntamiento de Madrid, y Nevsky Prospects, Desperate Literature y Steampunk Madrid se reunieron para crear un evento único en muchos sentidos.

En el pequeño local de Desperate Literature se reunieron decenas de personas hasta abarrotarlo, atraídos por la promesa de un evento literario para todos los públicos, en el que de manos de James Womack y con mi colaboración se realizó una lectura en inglés y castellano de varios fragmentos de relatos publicados en la Antología Steampunk "The Best of Spanish Steampunk" publicada por Marian y James Womack, editores de Nevsky Prospects.

A la par de todo ello se convidó a todos los presentes a participar en el popular juego literario "Un exquisito cadáver", que se ha convertido en una de las señas de identidad de SPM. En esta ocasión se catalizó en dos relatos escritos en inglés y castellano, con numerosos elementos distópicos y cómicos propios de los retrofuturismos.

Todo ello fue regado con una maravillosa cantidad de bebidas victorianas por cuenta de Desperate Literature, y los deliciosos y divertidos Duelos de Té, dirigidos por la maestra del Té Cecily Cogsworth.

(Duelo de Té)
(El vencedor hace gala de su condecoración)


(Exquisito cadáver a toda máquina... de escribir)
(Foto de grupo)


jueves, 19 de mayo de 2016

El valedor de acero - Primera parte "Caso y defensa"

Habían pasado dos semanas ya desde que la había conocido, y algo más de diez días desde que la madre de ésta, la experta en autómatas Serena Basel, había fallecido. Con su consciencia trasladada al cerebro mecánico de su hija, el cuerpo de la científica había decaído rápidamente, como ella misma había predicho, como una máquina que se queda sin corriente ambárica en sus baterías. En todo ese tiempo, Kassius no había llegado a estar ocioso ni un momento, ansioso por arreglar todo lo referente a la que había empezado a considerar su protegida. En parte lo hacía porque así cumplía la última voluntad de la científica, en parte porque había estado con ella en el crucial momento en que había comprendido quién era, y ahora se sentía responsable de acompañarla en su camino, pero también porque habían congeniado rápidamente. La chica, que originalmente era sólo un autómata sirvienta con un diseño innovador en su matriz de platino, había devenido en algo nuevo al recibir gran parte de los recuerdos y una porción de la personalidad de su madre. Al ingeniero le gustaba pensar que había pasado a ser una persona, independiente y viva en todos los sentidos salvo el biológico, y estaba dispuesto a defender esa postura desde su experiencia técnica y el conocimiento adquirido examinando los papeles y diarios de la afamada inventora.

Ahora regresaba de su nueva entrevista con Heinz Liedermann, el abogado de la familia, un hombrecillo calvo, de edad avanzada y con ambos ojos sustituidos por implantes ópticos al haber perdido la visión de manera paulatina pero inexorable. El experto en leyes de mirada inquietante venía a su vez de presentar el caso ante el Tribunal Superior de la República, al que habían escalado rápidamente al tratarse su reclamación de algo prácticamente inaudito: pretendían que Serena fuera reconocida como persona de pleno derecho, en parte porque si no nunca podría ser la heredera legal de su madre, pero también porque ambos sabían en su fuero interno que era lo correcto. Afortunadamente, los miembros de la corte se habían mostrado favorables y sólo habían puesto una condición, había dicho Liedermann. Sólo, pensó Kassius con sorna mientras el automotor conducido por su ayudante autómata Ruriek se detenía ante la casa de la Friedrichstrasse donde vivía la chica. El tribunal se sabía ignorante en materia científica, y había pedido un aval del máximo órgano técnico de la República, es decir, el Instituto de Investigación y Progreso de Dresde. Y más concretamente, de su Consejo Rector. Casi nada. Conseguir su atención sería fácil dada su posición dentro del Instituto, pero que dieran su brazo a torcer era otro tema...

Mientras Ruriek llevaba el vehículo a repostar a la estación de gas de roca junto a la orilla del Elba, Kassius entró a la mansión con la llave que ahora tenía. No esperó a encontrar a Serena para empezar a ponerle al día.


-Ya he hablado con el señor Heinz. Te manda recuerdos. - Dejó el abrigo largo en el brazo que el perchero le acercó. - ¿Serena? - Ante la falta de respuesta, se dirigió a la izquierda por el pasillo de la planta baja, más allá del suelo de mosaico del recibidor y el distribuidor al pie de la gran escalera. Seguro que estaba absorta leyendo en la salita, junto al fuego. Aquel comportamiento le fascinaba, ya que un cuerpo mecánico no necesitaba ni podía sentir el calor, pero ella aseguraba que le reconfortaba, y por supuesto, él no iba a contradecirla. Antes de llegar a la puerta vio el fulgor cambiante de la chimenea reflejado en la pared frente a la entrada y supo que estaba en lo cierto. - Bueno, ¿qué? - Se apoyó en el quicio. - ¿Demasiado ocupada para…? - No acabó la frase y saltó precipitadamente al interior de la estancia.


En su sillón de respaldo ancho, a un lado de la estantería que llegaba hasta el techo, la chica autómata se encontraba inerte, el brazo colgando muerto a un lado, la cabeza echada hacia delante y un libro caído a su lado, en el suelo.

-¡Serena! ¿Me escuchas? - Pasó la mano frente la delicada cara de su amiga, y alarmado ante la falta de respuesta siguió gritando. - ¿Qué te pasa? - Se arrodilló frente a ella para poder verle los ojos, apartando rápidamente los cabellos falsos de color cobrizo. Estaban cerrados, así que la incorporó contra el respaldo. Pensó en forzar la apertura del mecanismo de los párpados, decidiendo en un instante que si lo estropeaba ya lo repararía más adelante, pero para su sorpresa éstos se abrieron sin resistencia. El ojo tras de ellos tampoco daba señales de percatarse de nada, fijo en una postura neutra.

Dio un paso atrás mordiéndose el labio y luego restregándose la barbilla, sin saber qué hacer. No podía quitarle la vista de encima. ¿Había fallado algo en los relés de algún circuito principal? Después de tantos días estaba más que seguro que el proceso de carga de la consciencia de Serena Basel estaba más que asentado en su hija, que para diferenciar habían convenido en llamar Serena Marie al solicitar su registro formal en los archivos de la ciudad. Supo que tenía que ir rápidamente a por las notas de su madre, pero no quería dejarla allí sola. Se quedó bloqueado sólo unos segundos, pero volvió a salir a la carrera, pidiendo en silencio una y otra vez mientras subía la escalera de tres en tres a su amiga que aguantara. Cruzó el pasillo de la planta superior como una exhalación hasta el final, ignorando todos los dormitorios para entrar sin mayor ceremonia al laboratorio. A ciegas, sin encender la luz ya que ahora conocía bien el lugar, abrió el mueble de la derecha y cogió los dos volúmenes con los diseños de la científica a quien había pertenecido la casa. Antes de salir, se acordó en el último instante de coger el mando de diagnóstico y el cable de transmisión. A punto estuvo de tropezar al bajar los escalones de nuevo pero consiguió conservar el equilibrio de forma precaria, prácticamente volando hasta pisar la planta baja de nuevo y llegar a la salita de lectura.

Pero Serena no se había inmutado en lo más mínimo. Arrastró una mesita baja junto al sillón y descargó en ella su cargamento, abriendo un libro por el índice y el otro por el cuarto marcador que sobresalía en su parte superior, el cual él mismo había colocado para ubicar rápidamente el diagrama de los microtensores primarios. El diseño de la señorita Basel era original, intrincado, y endemoniadamente denso, hasta el punto de que había tenido que emplear proyecciones diédricas para reflejar todos los elementos. Le había costado una jornada completa aprender a navegar los planos con soltura, y eso que estaba acostumbrado a la terminología empleada, al menos. En un movimiento casi reflejo le pidió perdón en voz baja por descubrir el zócalo de conexión bajo la barbilla de la chica y conectar allí el cable hasta la consola que había traído del laboratorio. Se sentó en el suelo como pudo con el sillón a un lado y la mesa al otro. Su mirada iba de Serena al libro, y de éste a los accionadores. Empezó a probar las combinaciones básicas para provocar respuestas físicas, pero aunque recibía los códigos esperados, el cuerpo no reaccionaba. Rápidamente empezó a probar las más complejas, asombrado de que se activaran los indicadores de estímulo en el aparato pero no se produjera el más mínimo cambio en su amiga. No tenía sentido, y Kassius no hacía más que desesperarse. Tras media hora de probar todos los patrones imaginables y algunos que no estaban en el libro pero que suponía que podrían funcionar, dejó el mando en el suelo y se limitó a sostener con su propia mano artificial la de Serena.

Era de un modelo avanzado, más que las de Ruriek porque no tenían que ser fuertes y resistentes, sino delicadas y precisas. Estaba plagada de sensores de presión, y el ingeniero la estrechó desesperado, mirando el rostro mecánico ahora inexpresivo mientras él tenía la boca apretada. Tampoco dió resultado, y tras unos instantes, la dejó y se derrumbó contra el lateral del sillón, resoplando. Se restregó los ojos y dejó la frente apoyada en su palma sudorosa y fría, intentando pensar con claridad, aunque le estaba costando. ¿A quién podía recurrir que conociera o pudiera entender los diseños de Fräulein Basel? ¿Se atrevería a probar con la Doctora Alsmun? ¿Podía confiar en ella para ayudar a…?

-¿Kassius? - El joven dio un respingo asustado por la inesperada voz de Serena. - ¿Qué pasa? ¿Por qué tengo conectado esto? - Ella misma tiró del cable que partía de su mandíbula nacarada y cerró la pequeña compuerta. Le miró desde el sillón, visiblemente desconcertada. - Oye, ¿estás bien? 

El ingeniero se levantó con trabajo sin decir una palabra ni quitarle la vista de encima, demasiado aliviado al principio, pero rápidamente se sobrepuso.

-¡Llevo un buen rato tratando de reanimarte! Cuando he llegado de ver a Liedermann estabas desconectada, no sabía que te pasaba, yo… yo… - Ante la mirada divertida de Serena volvió a quedar mudo, sin saber qué decirle.

-Bueno, no pasa nada, estoy bien, cálmate. - La chica se levantó de su asiento con un movimiento airoso y dio una vuelta a la sala, deteniéndose de espaldas al fuego. - Me ha pasado algo muy curioso que no había experimentado antes. - Parecía contenta. - He estado hablando con mi madre, ¿sabes? - Luego ladeó un poco la cabeza. - ¡Y contigo! También he estado volando por encima de las nubes, como un ave. ¡He llegado hasta Praga, creo! - Torció el gesto. - No lo entiendo. Estoy segura de que no he salido de casa en todo el día. Tú estabas fuera. - Apartó la vista. - Y madre ya no está, tú mismo me acompañaste a su funeral. - No lo entiendo. - Repitió, parpadeando rítmicamente y clavando su mirada, inquisitiva, buscando una explicación en él.

Kassius sí que lo entendía, pero su gesto de incredulidad era innegable. Al final respondió, en voz tan baja que era prácticamente sólo para él.

-Estabas soñando. - Soltó una carcajada involuntaria y negó con la cabeza mientras volvía a morderse el labio y sonreía. - En el Consejo no se lo van a creer.

Continuará...

Eric Rohnen

miércoles, 18 de mayo de 2016

El Dirigible

Es una divertida Novela de genero negro, en la que su autor Joseph Remesar nos invita a descubrir un Londres victoriano donde la tecnología a evolucionado considerablemente, y con ello los problemas, el Protagonista James Usera-Blackpool se meterá en considerables problemas mientras intenta solucionar sus casos.

Es una emocionante novela de ciencia ficción en la época victoriana con cariz policíaco.
He de aplaudir a modo personal el gusto del autor al representar a los personajes y los lugares y su fidelidad a los principios del Steampunk, especialmente al frecuente olvidado mulriculturalismo que es una de las bases ideológicas del movimiento, y que se ve claramente representado por la trama y las palabras escogidas para contarla.


Y solo tengo una pregunta al respecto. Sr. Remesar, si lee esta critica contesteme, ¿Hay mas aventuras de James y sus compañeros? y si es así cuando podremos leerlas?

jueves, 12 de mayo de 2016

Los Hijos del cielo Parte II- Cirrocumulo.

La ley de los nómadas del cielo es sencilla de comprender, pero difícil de cumplir, eso es una certeza de la que nadie duda.

Solo poseen dos leyes, la ley de respeto y la de fidelidad. La ley de respeto dice así "Todo nómada del cielo tiene que respetar a cualquier hijo del cielo o de la tierra" y la ley de fidelidad reza "como nómada de los cielos has de ser fiel ti mismo".

Cirrocumulo intentaba cumplir ambas leyes al pie de la letra y como casi todos los demás Nómadas fracasaba en su intento, pero a diferencia de ellos, esto la afligía.

Ella respetaba a los hermanos, incluso los admiraba, se conocían desde niños y ella admiraba la astucia de Estratolimbo y el despreocupado coraje de su hermano Maelstrom, por eso no podía permitir que ese truhán dijera que Maelstrom no tenia cerebro, y que su hermano pensaba por ambos, aunque pudiera ser cierto, ese cazador de nubes no mostraba el debido respeto.
Por eso le planto cara. Y ese fue su gran error.

la joven pastora aérea no dio demasiada importancia al intercambio de insultos, ni a las bravatas alcohólicas del cazador de nubes, y marcho del local, cuando salio bajo el cielo abierto sobre la plataforma voladora, se sentó en un banco a ajustar las botas de sustentación aéreas con hebillas, después subió los calentadores de lana cruda, estiro del pantalón sobre sus delgadas piernas, intentando la imposible labor de que el Pantalón de lana le quedara bien, ajusto los tirantes de cuero y des arremangó la mangas de la camisa de cuadros rojos y negros, saco de su mochila el ajustado chaleco de lana y se lo puso, lo que dejo claro al mundo entero la ausencia de busto que la había acomplejado en el pasado, finalmente se puso la bufanda y el gorro de lana bien ceñidos, y emprendió el vuelo, ascendió suavemente entre las corrientes de aire cálidas, en un leve arco, suave y muy practicado mientras sacaba de entre las múltiples capas de ropa un silbato atado a una cuerda entorno a su cuello, al soplar el silbato este produjo una ausencia de sonido, o mas bien un sonido que solo las aves podían percibir, y entorno a ella cerca de un centenar de palomas se amontono, inicio el movimiento con un giro lento, y las palomas en bandada comenzaron a seguirla, como animales amaestrados siguiendo a su pastor, pues eso exactamente lo que eran.

Hay que admitir que los pastores aéreos son todo un espectáculo cuando inician el vuelo acompañados de sus aves, llevándolas de un lugar a otro a por comida, agua o al mercado...
No vio la sombra del pequeño  dirigible hasta que fue tarde, cuando vio la sombra tomo altitud, pero el dirigible era mas rápido, y la atajo, así que se vio arrinconada, incapaz de descender o pararse en el aire, por que de hacerlo perdería a su rebaño, y sin poder ascender por encima del dirigible que cada vez la empujaba mas cerca de la superficie del mar, cuando ya se encontraba solo a una decena de pies de la superficie del mar, dio dos toques largos a su silbato y las palomas se desbandaron a los cuatro vientos, aprovechando la confusión bordeo el dirigible en un ascenso controlado y supero la altura de la cabina del dirigible, y se dispuso a ganar altitud a gran velocidad, el arranque fue súbito, pero también fue súbito el fin, el cazador de nubes y sus compañeros volaban tras ella, intentando empujarla hacia las corrientes frías, intento huir, cambiando de dirección varias veces al azar, pero los cazadores de nubes no cejaban en su intento, tras unos minutos de huida se vio en el limite de la capacidad de ascenso de sus botas, y los cazadores de nubes la rodearon por fin, el primer golpe conecto en su abdomen, los nudillos enguantados están curtidos y eran nudosos.

El impacto la empujo varios metros hacia su espalda, donde recibió un fuerte golpe en la espalda y la hizo descender un buen trecho, allí al borde de la inconsciencia, y aun falta de oxigeno pensó, su cerebro bullía, como harían los hermanos para librarse de una situación como aquella, estaba claro que Estratolimbo sabría que hacer, un plan genial, pero a ella no se le ocurría nada, así que pensó en Maelstrom y actuó, desactivo sus botas de sustentación aérea al golpear los talones entre si, y se dejo caer...

diez pies, veinte pies, cincuenta pies, doscientos pies, entonces cuando el romper de las olas y las gotas de agua de las olas la hicieron recobrar la consciencia reactivo sus botas en súbito choque de talones, haciendo una dolorosa parada aérea, se quedo quieta sobre las rompientes olas del enorme mar.

Miro a su alrededor, y solo vio como las nubes se desplazaban por el cielo, y el dirigible de los cazadores de nubes se alejaba, entonces ascendió con lentitud, girando sobre si misma como un tornillo al ser extraído con sumo cuidado, y cuando se supo sola, saco su silbato y soplo un largo pitido.

Era hora de reemprender el viaje, aquellas palomas no irían solas al matarife.
Pese al dolor que sentía en su cuerpo, se sentía alentada a seguir, pues había sido fiel a la ley, entonces recordó algo que le había dicho una vez Estratolimbo, "Respetar es importante, pero ser fiel a uno mismo es esencial para ser nómada, eso en mi caso significa que quien me la hace me la paga, es la tercera ley"- Entonces como salido de la nada la voz de Maelstrom graznó- "Recuerda cada afrenta y vengate."

Pero primero tendría que volver a reunir a su rebaño.

jueves, 5 de mayo de 2016

Isla a vapor

En vista de la tremenda acogida que tuvo el "Día del Kraken del Aire", propusimos un juego creativo a todos, en este caso con una fórmula distinta. Se trata de un “Binomio fantástico”, en el que se fijan dos palabras que han de inspirar todos los trabajos presentados. Se trata en esta ocasión de “Isla a vapor”, estando abierto a todo tipo de colaboraciones literarias y gráficas. Los textos de cualquier tipo han de hacer mención o incluir la idea, aunque no se mencione explícitamente, de una “Isla a vapor”, con una extensión no superior a 1000 palabras, y en el caso de los relatos, con un final cerrado. En el ámbito visual, se acepta cualquier montaje, ilustración, fotografía o similar que esté inspirado por el tema propuesto.

¡Muchas gracias a todos los participantes, esperamos que os hayáis divertido siendo creativos!

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Greetings to all steamers around the world! In light of the splendid reception we had for our literary celebration of Air Kraken Day, we at Steampunk Madrid decided to open our traditional literary game of “The Fantastic Word Pair” to the retrofuturistic world. What is “The Fantastic Word Pair” literary game and how do we play it? A pair of words related to Steampunk are chosen by popular vote at the Steampunk Madrid Facebook page and then everyone is invited to participate with a contribution of either texts of up to 1,000 words, or poetry or graphic arts which illustrate or depict the “The Fantastic Word Pair”. A “Steam Powered Island” won the hotly contested election as the subject of the game.

Thanks to everyone, we hope you had have fun being creative and above all, being splendid!




Janacek Jadehierro


Does freedom beckon,
Flying free of Earth’s embrace?
No regrets? No pain?

Haiku inspirado en la ilustración de Janacek Jadehierro, por Cecily Cogsworth



Natalia Marea Irisada

Allí estaba yo. En un mar de brazos alzados con un mechero encendido en la mano. La noche era oscura, por supuesto, porque a la noche lo mismo le dan estrellas que mecheros, pero ha de ser necesariamente oscura en un concierto. Y yo, al fin, estaba en el momento adecuado en el lugar adecuado; con una cerilla encendida amenazando quemarme el pulgar y el índice en los cinco largos minutos que duraba la canción. Mi canción. Nunca nadie mereció compartirla conmigo. No entiendo cómo pude olvidarme el mechero. Y suerte que tenía aquella caja de cerillas perdida durante tres años en las profundidades del bolso. Y suerte que, ahorrando para el concierto, no había cambiado de bolso en siete años.

Me concentré en tu voz, me concentré en el sentido de las palabras, pero un beso de calor construía un aura alrededor de la yema de mis dedos. O apagaba la cerilla o la dejaba encendida. Una suerte de parálisis me impidió decidir, mientras tú cantabas, cantabas,tu voz sonando repentinamente vieja, como con catarro temporal; una infección de años. Pero aún era mi canción.

El fuego comenzaba a quemarme, el dolor era tan insoportable traspasando la inocencia de mi piel con su indiferencia, que la letra de la canción se me hizo profundamente estúpida, o triste como una vida sin retorno, o anodina, o lejana, mientras el fuego de la cerilla se extendía al pelo de la mujer llorando de emoción a mi lado: me sacaba una cabeza.

Y las historias desarrolladas en castillos suecos improbables, y los callejones tendidos como ropa en las explanadas de mi cerebro, y los sueños negándose a marchitarse ante el avance del desierto, fueron convocados por el latido de la muerte a reivindicar su oportunidad. Y tu voz, y tu voz, convertida en una isla a vapor cuando chocó el agua de las mangueras contra el incendio.

Me costó tanto escapar de los bomberos...Hacer del desastre un hogar. Navegar sobre este terreno incierto,resbaladizo, hecho de mí, donde no siempre me reconozco. Con el combustible limitado.Porque de nada me sirve talar los árboles de mis entrañas para prender calderas: el vapor se convertirá en agua, apagará el deseo. Mientras por ti muero.



Cecily Cogsworth




J.J. Soto C.

La Isla Mecánica


Velas hinchadas al viento, la proa corta las olas, el agua golpea la cubierta, el horizonte es solo una línea, solo veo agua y cielo.

El balanceo me desestabiliza, mis pies se mueven sin cesar, cuando no estoy sujeto a algo estable, mi estómago se resiente en ocasiones, mi cabeza nota el vértigo, a esto le llaman marear, quizás por la sensación que produce.

Cuando las olas elevan el barco pierdes peso, parece que flotas en el aire, pero al bajar, parece que una mano invisible, te comprime hacia abajo.

Estaba en la cubierta cuando de improviso alguien gritó.

-Humo por estribor.

Todos instintivamente miramos hacia allí, viendo una columna de de humo, en la lejanía.

Solo podía tratarse de algún barco incendiado en apuros, pues todos los barcos estaban construidos de madera, impulsados por velas; o simplemente se trataba de algún islote.

Me dirigí en busca del capitán, y los encontré revisando las cartas de navegación, de aquella zona, junto con el timonel del barco, por ellos pude saber que en aquella zona no había ninguna isla ni islote.

El capitán mandó poner rumbo hacia donde se veía el humo, y al rato pudimos ver desde cubierta algo que nos pareció extraordinario.

Se trataba de una pequeña isla, en la cual se veía en su centro, un volcán activo, que desprendía una gran humareda.

El capitán decidió volver al rumbo anterior, después de más de una hora de navegación, nos alejarnos a prudente distancia.

Pero sorprendidos vimos que la isla parecía estar a la misma distancia, y seguir nuestro rumbo, aquello era muy extraño, pues las islas no se desplazan, y menos a la velocidad a la que navegábamos.

Nuevamente el capitán pidió cambiar de rumbo, después de navegar a toda vela durante dos horas, curiosamente la isla se encontraba detrás de nosotros a la misma distancia, y nos seguía.

Finalmente el capitán decidió reducir la velocidad, e investigar aquel extraño fenómeno, arriamos un bote, y el segundo de abordo y tres de nosotros recibimos la orden de bajar a la isla a averiguar lo que ocurría.

Remamos a buen ritmo rumbo a la extraña isla, pronto llegamos a una playa, de fina arena, donde poder desembarcar.

Bajamos a tierra y varamos el bote, la isla tenía una espesa vegetación, con altos cocoteros y plantas típicas de zonas tropicales.

Seguimos hacia el interior, abriéndonos paso con machetes por la vegetación, después de notables esfuerzos, llegamos al pie del volcán, desde donde salían espesas columnas de un humo denso y negro.

Rodeamos la base del volcán, y encontramos unas extrañas ruinas de piedra, con extraños signos y figuras labradas, también vimos unas escaleras, que conducían a un recinto superior, en el que había una puerta, para acceder al interior de la montaña.

Al cruzarla, descubrimos que el interior, estaba perfectamente iluminado, por una luz azulada que no pudimos identificar, ni tampoco su procedencia.

Fuimos avanzando intrigados y llenos de curiosidad, había un largo pasillo, al fondo se escuchaba un ruido constante, como de una máquina en funcionamiento.

Recorrimos el pasillo, y llegamos a unas escaleras que conducían al interior de la montaña, el ruido había aumentado, y el calor empezaba a hacer su aparición, continuamos descendiendo, la curiosidad había hecho mella en nosotros, bajamos con prudencia, el oficial había sacado su revólver, y lo empuñaba firmemente, detrás le seguíamos los demás.

Al llegar al final de la escalera, encontramos una enorme sala, repleta de maquinas y tuberías, en el centro de ella, se veía lo que parecía ser una enorme caldera, con un fuego intenso, alimentada por algún tipo de combustible, procedente de un grupo de tuberías.

Aquello nos dejo paralizados, quien había hecho posible, que aquella isla fuera impulsada mecánicamente, y dirigida por alguien, con suficientes medios, para instalar toda aquella maquinaria, y simular inteligentemente, un volcán en el centro de la isla, por donde salían los humos de la caldera que la impulsaba.

Alrededor de la sala había gran cantidad de puertas metálicas, finalmente nos decidimos por abrir la que parecía mejor conservada, penetramos por ella, encontrando un corredor poco iluminado, desde donde se veía una intensa luz al fondo.

Recorrimos el pasillo con prudencia, llegando a una sala de mando, repleta de tuberías, válvulas, manómetros, y un panel repleto de grifos de control, con extrañas inscripciones que desconocíamos.
En una de las paredes había un ventanal, desde donde se divisaba el mar, y a lo lejos se veían nuestra nave, que navegaba a buen ritmo con todas las velas desplegadas.

En aquel momento creo que todos pensamos lo mismo, había que detener aquella maldita isla como fuera, y regresar a nuestro barco lo antes posible.

Una euforia nos invadió y empezamos a cerrar válvulas y mandos para detener aquella máquina infernal, la presión en los manómetros de control empezó a subir peligrosamente, pero vimos que perdía velocidad.

Entramos en las otras salas, donde también había mandos y válvulas que cerramos, las maquinas se detuvieron progresivamente, cesando el sonido, y pudimos ver que se reducía la velocidad, hasta parar.

Después salimos corriendo hacia la playa, donde teníamos el bote en el que habíamos venido, lo empujamos hacia el mar, y el oficial que nos acompañaba lanzo una bengala de señales. Vimos como el barco disminuía la velocidad, hasta acercarse a nosotros, remamos intensamente y al poco lo alcanzamos, pudiendo subir a bordo.

La isla había dejado de humear, el barco se alejó a toda vela, pero al rato nuevamente se vio una columna de humo, en la dirección donde habíamos dejado la isla, y pudimos ver que nos seguía, esta vez a mayor velocidad.

Pero la suerte estuvo de nuestro lado, pues pronto empezó a anochecer, así que apagamos todas las luces y en la obscuridad, cambiamos nuevamente de rumbo, navegando a toda velocidad, al día siguiente vimos con alegría que la isla había desaparecido, y con ella el peligro y misterio que encerraba.


Tony Rottenaple

Sus hijos le decían que tenía que ser más sociable o acabaría solo en la vida. Él contemplaba su inocencia con una mueca de preocupación cuando hacían oídos sordos a sus advertencias sobre la naturaleza humana y las consecuencias que podrían tener los cada vez más alarmantes acontecimientos diarios. Quizás su intento por aislar a sus pequeños del salvajismo y la crueldad que para él suponía la humanidad había tenido más éxito del deseado.

El hambre y la tragedia en su propia infancia habían hecho de él un amargado misántropo, más concentrado en su trabajo de ingeniero en las forjas estatales que en formar parte de una sociedad a la que despreciaba profundamente. Sin embargo, tras la muerte de la madre de los pequeños poco después de su nacimiento, se juró a sí mismo que no permitiría que sus hijos se convirtieran en lo que era él. Los niños crecieron en un entorno amable y protegido y con el tiempo, los pequeños se convirtieron en unos jóvenes vivaces, ambos grandes profesionales en sus oficios, buenos ciudadanos y aún mejores personas. Sin embargo temía que esa dedicación para alejarles de la secreta infelicidad crónica de su progenitor hubiera hecho de ellos personas demasiado ingenuas, y temía que eso les dejara demasiado expuestos a un mundo cada vez más violento.

Sus advertencias empezaron a intensificarse. Advertencias acerca de la corrupción del ser social o la temible influencia de la figura del emperador del pueblo, un eufemismo de dictador que había acuñado el órgano de comunicación de la Nueva República para denominar el puesto del nuevo regente totalitario.

El padre de los jóvenes les advertía acerca de cómo las órdenes de trabajo en la forja en la que trabajaba habían pasado de turbinas de vapor domésticas a dirigibombarderos y lanzallamas acorazados a reacción. Ellos le tachaban de alarmista, le besaban en la calva y le deseaban buenas noches antes de irse a la cama.

Con la mirada fija en las llamas danzantes de la calefacción por combustión de leña que ardía en el centro del salón de su casa, comprendió que su labor de padre había fracasado estrepitosamente.

Mientras la gente en las calles de ciudades cada vez más decrépitas y oscuras se apuñalaban por una hogaza de pan negro, mientras naciones enteras eran aniquiladas a manos de militares rabiosos a las órdenes de políticos endiosados y la beligerancia internacional se convertía en un espectáculo de gladiadores para un público cada vez más desprovisto del más mínimo sentido moral, sus hijos seguían siendo el más claro ejemplo de ignorante felicidad. Tan solo eran víctimas, como tantos otros, del engaño nacional acerca de que la terrible situación que atravesaban pronto terminaría. Que tras la victoria sobre el reino vecino y su consecuente anexión de sus ricos terrenos de cultivo y sus vastos recursos naturales, nadie volvería a pasar hambre y toda la población sería resarcida por aquellos momentos de acuciante necesidad. Y sin embargo la guerra no parecía acabar nunca.

Él ya era mayor para ir al frente, pero sabía que no pasaría mucho tiempo hasta que reclutaran a sus hijos, o hasta que su estúpida ceguera les empujara a alistarse voluntariamente.

Unos brillantes científicos, tal vez compartiendo su preocupación por la situación que atravesaba todo el Planeta Tierra crearon una máquina capaz de abrir agujeros dimensionales capaces de conducir a la población a otro mundo. Un mundo virgen y nuevo donde se podría volver a empezar de cero, aprendiendo de los errores cometidos en la Tierra. Un mundo maravilloso que la ilusión de los colonos denominó como Lejana. La población se movilizó en masa huyendo de un mundo cada vez más acabado. Aquella emigración de la que pasó a llamarse Vieja Tierra en favor de Lejana se denominó Gran Éxodo.

El viejo ingeniero no tardó demasiado en comprender, como tantos otros, que aquella era la vía de escape para él y sus hijos que tanto tiempo llevaba esperando. Vendió apresuradamente todo aquello que no podía transportar, y compró tres permisos de viaje para atravesar el portal a Lejana. Sin embargo pronto la ilusión por una nueva vida se convirtió en horrible decepción. El ingenio que permitía el viaje ínter dimensional fue destruido producto de una enorme explosión. Nadie supo cual fue la causa de la misma ni qué fue de quienes inventaron el portal. Algunos culpaban en voz baja a la cúpula de la Nueva República, acusándoles de temer que el Gran Éxodo de Vieja Tierra les dejara solos en un mundo que ellos mismos habían dejado morir. La versión oficial era que habían sido los mismos habitantes de Lejana quienes habían dinamitado la comunicación entre ambos mundos con el fin de no compartir las riquezas del Nuevo Mundo.

La decepción de los que quedaron en Vieja Tierra se tornó en rabia. Rabia hacia los habitantes de Lejana. Una rabia que al no poder descargar sobre estos se tornó en un resentimiento interno que convirtió la guerra internacional en una vorágine de violencia total que se extendió por toda Vieja Tierra.

El anciano ingeniero no necesitó mucho más para quitarles la venda de los ojos a sus hijos. Privados de la posibilidad de huir a Lejana no les quedaba más remedio que hacerlo hacia el único territorio de Vieja Tierra que aún no había sido víctima de la guerra: el océano.

Juntos recuperaron y se pusieron a trabajar en un antiguo proyecto que el viejo ingeniero guardaba en secreto. Una enorme plataforma flotante móvil auto suficiente, equipada con el radar más eficaz que existía y que albergaba en sí misma su propia flora y fauna. Se impulsaba con un reactor que evaporaba agua de mar para hacer funcionar los motores, dejando tras de sí una característica nube de vapor salino. La última y más importante aportación del viejo ingeniero: La isla que no aparece en ningún mapa. El atolón que huye del ser humano. El último reducto de cordura de un mundo asesinado por el Hombre.

Marina González

Isla a vapor

Las luces al fondo del horizonte impulsaban a seguir adelante en el viaje del misterio. Las islas colgantes del cielo iluminaban el atardecer como estrellas, mientras el barco volaba entre ellas.
La niña salió a la cubierta, cogió una cuerda y la tiró fuera del barco para acercarse a una de las islas y con una enorme casa de bienvenida a los extraños.
Dentro de la casa había extraños aparatos donde había uno impresionante: ¡un gran robot!
A la niña le encantó, pero no supo darle vida girando las llaves que tenía en la espalda. Hasta que sus padres cabreados y muertos de miedo aparecieron en busca de ella. La niña lloró y lloró por el pobre robot abandonado.
Los padres, ante la insistencia de la niña, decidieron llevarse el robot de la casa. Pero es malo llevarse un robot si no se ha leído su manual de instrucciones previamente y se ha tocado sin más sus llaves de funciones….
Continuaron con su viaje entre islas colgantes del cielo. Y de casualidad, tras muchos intentos por hacerlo funcionar, un día descubrieron cómo funcionaba realmente el robot al dejarlo abandonado en una esquina del barco. Tuvieron un escape de vapor, que dio en la boca del robot y empezó a echar aceite por ella, se abrieron sus ojos….y se presentó por su nombre (su nombre era un montón de chirridos) y explicó que lo habían creado para demostrar la existencia de la vida más allá de la materia orgánica.
Avanzó lentamente por todo el barco para conocer su nuevo hogar, mirando brevemente por la borda al mar, y se tiró al mar. Había una caída libre desde las alturas al mar de unos dos kilómetros, por lo que había pocas posibilidades de sobrevivir a la caida y al golpe con el agua, aun siendo robot.
Resulta que el mayor sueño del robot era buscar al kraken, lo que no sabía es que las caidas libres de dos mil metros al mar no ayudan a estar enteros para buscar al kraken ni que el agua salada oxida el metal... Y, por supuesto, el robot necesitaba vapor para sobrevivir… Lo tenía todo.
La niña fue detrás de él. Y así es cómo intentaron prohibir los robots pensantes…



Guacimar de la Hoz

-Lorza, no te va a doler, criatura. No vas a notar nada. Pardiez, si llevas el caparazón cubierto de un bosque de buen tamaño.
La tortuga se agitó, movió las patas angustiada y se formó un pequeño oleaje junto a los acantilados donde trabajaban los ingenieros. Uno de ellos gritó:
-¿Aún protestas? No he visto ser más irracional... ¡Vamos, que se nos va la luz!
Las poleas volvieron a moverse, y poco a poco la máquina fue bajando sobre una amplia zona de caparazón, la más despejada de arbolado, y más cercana a la popa de la tortuga. Tras aceptar la nueva carga sin haber dado muestras de haberla sentido, la inmensa criatura permaneció quieta un buen rato.
Poco después, el sonido de pistones, bielas y hélices moviéndose a buena velocidad se impuso sobre los murmullos de trabajadores e ingenieros.
-¡Ya está, Lorza! ¡Hemos acabado! 
La tortuga se movió al principio lentamente, pero en seguida ganó velocidad y se perdió de vista rodeando el cabo.
-Ya llegado el primer mensaje, señor - avisó el telegrafista desde su mesita. Uno de los ingenieros se volvió. - La tortuga parece encantada con su nueva velocidad, y los pilotos se muestran satisfechos con la estabilidad de la turbina.
- Excelente, excelente. Señores, hay que celebrarlo. Las islas a vapor son un hecho.



José Antonio Sancho Sánchez



Reflejos no son
de la isla de vapor,

Sino recuerdos.

Haiku inspirado en la ilustración de José Antonio Sancho Sánchez, por Cecily Cogsworth

Madame Eloise

La isla a vapor galáctica

Según nos acercábamos a la costa, el silbido era cada vez más intenso, urgente, agudo, inquietante, como si una pava al fuego hubiera llegado a su punto de máxima ebullición, pero nadie la retirara del fogón, aunque era mucho más fuerte y profundo, y más grave y terrible. La costa, por añadidura, se iba retirando más y más lejos, mostrando como tierra seca el fondo marino, descubriendo los secretos de las olas y los refugios de las criaturas de Neptuno, ya por millas y millas. Me podía el espanto al ver la magnitud de lo que habíamos provocado, la cabeza me daba vueltas intentando encontrar una solución, pero nada era tan grande y efectivo. Nos habíamos condenado sin remedio.

En este hemisferio con cénit en la brecha, la nubosidad y la bruma dejan ver aún menos el Sol, empequeñecido y en disminución según nos vamos alejando de él, y el calor húmedo es sofocante. Nos llegaban noticias de tormentas eléctricas tremendas y sin fin cerca del enorme geiser. La apabullante magnitud de la columna de agua no ha llegado a comprobarse, sólo tenemos cálculos y estimaciones, puesto que el mar entra en ebullición mucho antes de acercarnos siquiera, y las corrientes que se forman arrastrándolo todo al abismo son insuperables. Numerosos peces y cetáceos escapan desesperados en dirección contraria al centro del vórtice hasta vararse y perecer... Es una catástrofe a todos los niveles.

Nunca imaginamos que perforar en el centro del océano Atlántico tendría tan terribles consecuencias. Sólo queríamos construir la primera plataforma petrolífera oceánica del siglo... Y nuestra ambición nos costó cara. No podíamos imaginar que esa fosa de magma llegaría tan cerca de la superficie del fondo marino. Todos nuestros estudios geológicos resultaron inútiles. Pinchamos la Tierra, como un niño pincha un globo y lluego llora al ver el resultado. Nuestra minúscula perforación fue a dar en el lugar más vulnerable, que se agrandó enseguida por la presión. Sólo pudimos huir mientras contemplábamos la enorme energía que se abría paso, primero como ralentizada, después en brutal y cósmica fuga. Las enormes olas fueron las que nos arrastraron muchos kiómetros tierra adentro, en un tsunami gigantesco que asoló países hasta bien entradas las montañas... Ahora que se han calmado las aguas, porque están siendo expulsadas al vacío, ahora que ha pasado tanto tiempo, estamos volviendo...

Ahora suponemos que el centro del planeta es en gran parte líquido y, al romper la corteza dura que separa nuestro mundo sólido del magma ardiente, hemos desencadenado algo similar al estado primigenio de la Tierra, la era de los grandes volcanes, pero de modo artificial e imperfecto. El chorro de lava que pugna por salir se enfría en los bordes de la grieta con el agua del mar lo suficiente para no vaciar nuestro mundo en una columna de fuego y rocas derretidas, pero en su lugar, un chorro de vapor de inimaginable temperatura y fuerza sale despedido a la estratosfera... En suministro eterno hasta que se agoten los océanos, y lo harán, porque nuestra preciosa agua se pierde en el espacio, con parte de nuestra atmósfera... Y nos impulsa fuera de órbita, cada vez más lejos del Sol... Y se irá perdiendo la energía y temperatura del núcleo... Nada volverá a ser como antes, ya no tiene sentido hablar de día o de noche, de estaciones o años... De momento vamos arrastrando a nuestra Luna con nosotros, pero con graves desajustes gravitacionales, no sabemos si se alejará de nosotros también... Y el planeta, la Tierra, se desliza fuera del Sistema Solar y pronto fuera de la galaxia como una isla a vapor de vida entre la oscuridad del Cosmos... ¿Pereceremos a manos de la justa Naturaleza, crudelísima con los que se pretendían sus tiranos, o su magnanimidad nos llevará cerca de otra estrella, otro Sol que nos ilumine y nos haga ser mejores?



Ángela Ramos

Isla a vapor

Cuando la noche se cierra y hace tanto frío que incluso las articulaciones de los autómatas se congelan, entonces, aparece en la bahía aquel monstruoso complejo; que yo llamé “la isla a vapor”.
Corrían mis tiernos treinta cuando la vi por primera vez. Al igual que mi padre y que mi abuelo yo era pescador en el tranquilo pueblo de Gammel. No me había casado ni tenía intención de hacerlo, pese a la insistencia de mis progenitores. Mi único amor era el mar. Las aguas añiles despertaban en mí los más dulces pensamientos y, muchas veces, me escapé de la escuela cuando no era más que un chiquillo para jugar con la espuma.

En fin. Aquel helador  mes de enero me encontraba intentando pescar un escurridizo drøm, de esos de color plata que parecen desaparecer en la arena. Pese a mi experiencia, no advertí que mi barcaza de madera se alejaba silenciosamente de la costa. En el momento en el que me quise dar cuenta era demasiado tarde: mi bote había pasado la línea pesquera y se acercaba a los peligrosos hijos de Malstrøm. Ni que decir tiene que la inmensa tranquilidad de nuestra aldea se debe a la incapacidad de los marineros para salvar sin daños aquel cinturón de mortales corrientes. Por otro lado, las abigarradas montañas nos guarecían desde el interior.

Entonces recé a todo lo que pude sabiendo que mi vida estaba perdida, mas fue justo en ese momento en el que asomó la impresionante isla a vapor. En mi imaginación se cruzó la imagen de una gigantesca tortuga carey que porta en su caparazón la Tierra, leyendas de infancia. Cerré los ojos esperándome lo peor.

Algo que se me antojó pegajoso aunque no del todo desagradable me despertó. Di un respingo cuando mis ojos se cruzaron con las gigantescas pupilas de un animal similar a un calamar, aunque bastante más grande de los que estaba acostumbrado a ver. Sus ojos negros saltaron para atrás y una voz me habló:

-No se asuste, caballero. Está usted a salvo. ¡Ha sido un milagro que pasáramos por aquí! -Un hombre alto, algo rechoncho y con un bigote más amplio que su cara me tendía la mano- Soy el coronel Roger Frelser, ¿usted? –Su sonrisa era tranquilizador.

-Lyam… Lyam Wrestler. Mucho… mucho gusto.

Me incorporé sin saber adónde mirar. Ante mí se abría un vasto paraje cubierto de césped y algunos árboles. Varias casas rurales se distribuían a lo lejos. El cielo se nublaba al pasar varios dirigibles pequeños. Aquella criatura de ojos saltones y boca amenazadora seguía mirándome, curiosa.

-¿Dónde estoy? –Pregunté asombrado.

-¡Qué descortés por mi parte! –Se disculpó Frelser- ¡Sea usted bienvenido a nuestra Isla! -Entonces caí que estábamos sobrevolando el mar. El coronel pareció leer mis pensamientos.-La Isla funciona con varios motores a vapor. Es totalmente autosuficiente. Nos abastecemos del agua marina después de tratarla. Aunque en verdad, es más un refugio que una ciudad al uso.

-¿Un refugio?

-Sí. Mire, Lyam –y señaló al calamar aquel extraño- Aquello que usted ve es un kraken, para ser exactos una cría de kraken de aire. Es una especie de calamar, pero mucho más fiero e inmensurablemente más grande. –El bicho gelatinoso y tentacular distaba mucho de resultar peligroso, con ese rostro donde solo había espacio para los ojos.- Hace tiempo encontramos un nido de krakens de aire, con la mala fortuna que la madre había muerto intentando proteger a sus retoños de unos cazadores. Tomamos a los bebés y los cuidamos. Cuando hayan crecido lo suficiente, los devolveremos a su entorno natural. Esta es la misión de la Isla. –Y abrió los brazos en una acción orgullosa.

Aquella noche cené al calor de un buen vino y mejor compañía. La gente que vivía en la Isla venía de todo el mundo. Se habían ido sumando poco a poco, desde que el viejo Skaber creó el complejo. Además de humanos, en la Isla los autómatas tenían un papel muy importante a la hora de ayudar en el cuidado de los seres que recogían. Mientras dormía a la intemperie soñé que me quedaba allí por siempre. Era lo más bonito que me había pasado jamás.

Pero a la mañana siguiente desperté en la orilla de mi aldea. Vivo y con una resaca horrible. Nunca le conté a nadie lo que había visto, me habrían tomado por loco. Y muchas veces pensé que todo aquello había sido una alucinación causada por la caída a los remolinos.

Han pasado más de veinte años, y no ha habido día en que no haya soñado con la Isla a Vapor. Todos los colores, olores y recuerdos se mezclan en mi memoria como un onírico calidoscopio.

Esta noche todo cambia para mí. El viejo Lyam Wrestler ha visto a un señor drøm. ¡Menuda captura! Me he acercado al borde del agua y el pez parecía jugar conmigo. Me incitaba a seguirlo. Le he sonreído y me he adentrado en el agua. ¡Hacía tanto que no sentía ese frío tan sereno! El pez trotaba como un caballo. Me salpicaba. Quería decirme algo. Entonces la vi: la Isla a Vapor caía como una pluma sobre la espesa negrura. El drøm relinchaba eufórico. Percibí una silueta: era la mano firme del coronel Frelser. El tiempo se había cobrado algunos dedos que ahora relucían metalizados bajo los rayos lunares. Me eché a reír y subí a la Isla a Vapor. El drøm flotaba a nuestro alrededor. 
Me despedí con una última mirada de mi pueblo natal y me uní a la tripulación. ¡Ah! Poca gente sabe que fui una de las pocas personas en coger a un drøm, que quiere decir “sueño”.




Denis Morozov


Объявления в газете «Северная почта, или Новая Петербургская газета» 1878 года

5 апреля 
Здесь на днях откроется магазин товаров с Парового острова, о коем в свое время подробно будет объявлено. 

19 апреля 
В минувший понедельник, 17 апреля, открылся здесь, в доме господина Кусовникова, противу Адмиралтейства, магазин
механических диковин с Парового острова. Содержатели сего магазина есть известный инженер Александровский и здешний купец Кузнецов.

26 апреля 
В магазине механических товаров с Парового острова инженера Александровского, открытом ныне в доме Г. Кусовникова против Адмиралтейства, продаются также и скобяные товары других отечественных фабрик. Продажа всех сих изделий отечественной промышленности идет с великим успехом, не взирая на то, что их не выдают за иностранные, как то доселе многими продавцами делывалось и делается еще из одного напрасного опасения, что будто бы Русских товаров не станут покупать. Сколь несправедливо такое предположение, доказывает нам между прочим упомянутый новый магазин. Таким образом, можно наверное надеяться, что если только неуместная скромность и предрассудок перестанут свое рукоделие выдавать за чужеземное, то вскоре и общий вкус переменится: тогда может быть случится и иностранное называть Русским, для удобнейшего сбыту. И будет это касаться не только новомодных диковин с Парового острова, прилучивших всемирную известность, но и простых товаров. 

20 мая 
В новооткрытый здесь магазин инженера Александровского привезены были на первый случай часы карманные с месячным заводом, фонари электрические и батареи к ним, шкатулки музыкальные на 50 мелодий, и прочие предметы отличающиеся тонкостью исполнения и дешевизной. Равномерно ожидаются вскоре новые товары Островного изделия. Таким образом, вопреки мнениям некоторых, не может быть у нас недостатка ни в количестве, ни в качестве всякого рода собственных механических изделий, коими наполняются уже здешние магазины. 

1 июня 
В открывшемся недавно магазине инженера Александровского продается светоскоп и диски к нему, с изображением новейших событий в дальних странах. 

1 июля 
В здешний магазин механических товаров инженера Александровского, на сих днях в продажу выставлено новое чудо произведенное на фабриках Парового острова – самобеглая коляска. Сие новшество вызвало небывалый ажиотаж у здешний публики. 

9 августа 
В магазин механических товаров инженера Александровского  поступили на сих днях в продажу новые товары, как то: механические игрушки, новейшие электрические ледники,  паровые машины для замеса теста. Сверх того, в оный магазин вскоре получены будут разные скобяные товары  лучших Тульских и Московских фабрик. 

19 августа 
В открытый недавно инженером Александровским магазин  механических товаров поступили в продажу полученные на сих днях из Тулы с тамошней фабрики купца Грачева новые замки превосходной доброты, как для лабазов, так и для домашних  сундуков. 

7 октября 
В магазин механических товаров инженера Александровского  состоящий в доме Г. Кусовникова, получены вновь с Парового острова самобеглые паровые коляски в количестве пяти штук.



Capitán Hluot-wig "The Wolf" Dubhghaill y Cecilia





Mikel Villafranca

Geraldine sentía adoración hacia su hermano, no la típica adoración fraternal, sino la que profesa en las iglesias.

Heindrich era un dios en vida, eso era indiscutible, incluso para ella, el había transgredido las leyes de la física, solo con su ingenio, había hecho un milagro.

Cuando mirabas a cielo podías ver su gran milagro, y maravillarte.

Las islas De vapor, eran un archipiélago, que flotaba, las 12 islas Tenían en su interior unos mecanismos de relojería muy complejos, que las hacia flotar geoestaticamente , regulándolas se las podía hacer ascender o descender a placer, y Heindrich era el monarca de ese reino de los cielos.

El archipiélago no era muy grande, en la isla de mayor tamaño tan solo cabía un pueblo pequeño, con casa bajas de madera y techos a dos aguas, plagado de depósitos de agua en los patios, tenia un aspecto muy rustico, y en el vivían personas muy rusticas, el resto de islas Eran muy pequeñas en ellas solo había en el mejor de lis casos una hectárea de huertos o un campo para que las cabras pastaran, pero en la menor de las islas Estaba la meca de los relojeros, el monumento de Hendrich Al mundo, la piedra de propiedad, una losa en la que el Relojero había puesto sus ultimas palabras y deseos.

"La relojería es la ciencia de controlar el tiempo, y si controlas el tiempo, todo esta bajo tu dominio"

al leer estas lineas Geraldine no pudo reprimir una lágrima, que abrió el caudal de sus ojos, perdió el equilibrio y dejo que su cuerpo aterrizara sobre sus frágiles rodillas.

Tras agotar las lágrimas de sus ojos limpio sus gruesas lentes con su pañuelo de seda y prosiguió la lectura.

"Estas islas son el testimonio de ese hecho. Es mi deseo que en ellas todas las buenas personas puedan vivir en paz, pero no sera así mientras otros Deseen esta técnica para fines bélicos.

En este texto que es mi epitafio  se encuentra el secreto de la relojería de levitación, para que los futuros relojeros den buen uso de la mecánica para la paz."

Estas eran las palabras del dios de relojería, algunos dicen que salto al vacío y su cuerpo se encuentra enterrado por efecto de la naturaleza, otros dicen que el Ejercito de Prusia le atrapo y se encuentra encerrado en algún lugar, la verdad es distinta, y yo que la conozco no puedo decírselo a Geraldine, lo cierto es que hay un relojero que viaja por todo el mundo arreglando desde los mas sencillos hasta los mas complejos mecanismos, pero nunca arregla aquellos que se usan para la guerra o la violencia, y yo se que ese relojero es el que un día fue llamado el dios del engranaje, el rey de las manecillas, el amo del tiempo.

Y aunque yo lo se, y el fue mi amigo no puedo ayudarle, ni siquiera ahora que su hermana aun le llora, y al no poder cumplir con su deseo de protejarla, te pido a Ti que me ayudes, joven relojero, no repares armas ni vehículos de relojería, no participes en el guerra, y mira a la muchacha leyendo La inscripción y dime,Quieres ayudarme a que la paz dure?


Eric Rohnen

Alba Terra
[...] La primera mención de que se tiene constancia referente a ella se encuentra en una copia parcial de la Geografía de Estrabón que se conserva en Gotinga. La ubicación por supuesto es prácticamente aleatoria, pero su descripción apenas deja lugar a dudas: una masa de tierra alargada, el doble de ancho que de largo, con un único pico en el centro de un característico tono blanco, despojado de vegetación como una montaña nevada. La naturaleza real de esta tierra en cambio no llegó a Europa hasta que los viajeros y comerciantes del siglo XIV trajeron de Arabia y la India relatos fantásticos sobre las maravillas de Oriente, popularizándose éstos con rapidez.

Aparentemente, todas las culturas de orillas del Índico, tanto en África como en Asia, cuentan con narraciones ancestrales en torno a una isla mágica que aparecía y desaparecía, a capricho de sus respectivas deidades. Coinciden habitualmente en su carácter sagrado, y en la totalidad de los casos, en su color. Los relatos de aquellos aventureros hablaban sobre “una Alba Terra que vaga incesantemente por el mar meridional”. Actualmente, además de ese nombre genérico en latín y sus variantes en diversos idiomas, se suelen emplear otros populares como la Perla de los Mares del Sur o la Isla de los Tres Emperadores.

Esta última designación le viene del peculiar incidente acaecido en 1689 cuando navíos pertenecientes a la Corona Ibérica y al Zar de Todas las Rusias emprendieron la competición por ser los primeros en reclamarla para sus respectivas naciones. Siguiendo cartas navales y rumores de avistamientos en los últimos años, ambas expediciones acabaron siguiendo una ruta convergente que provocó que desembarcaran en la isla de manera simultánea. El enfrentamiento no duró demasiado, ya que ambos contingentes se vieron sorprendidos por uno considerablemente mayor, enviado en su persecución por el rajá de Jaffna y Madrás, que se mostró naturalmente sorprendido al enterarse de que dos monarcas extranjeros pugnaban por el honor de haber descubierto un lugar que tradicionalmente y desde hacía siglos se asociaba con la realeza tamil.

Ambas potencias europeas desistieron rápidamente en sus intentos expansionistas, pero ciertamente los diplomáticos rusos fueron más hábiles, ya que solicitaron al rajá la constitución de una misión comercial y científica permanente en la isla, que supuso la primera población estable de la misma. A estos investigadores se les debe la determinación de la naturaleza de la isla como una gran masa flotante de la roca porosa que se conoce como piedra pómez. Sus dimensiones, 34 km de largo por 15 km de ancho, y con una altitud máxima sobre el nivel del agua en la cima del cono central de 626 m, dotan a Alba Terra de una estabilidad sobre el movimiento marítimo que hacen sencillo olvidar que cuando se está sobre ella, los pies no están sino sobre una gran balsa natural. Académicamente, las hipótesis sobre su origen son aún variadas, pero se sospecha que puede ser una escisión de un gran campo de pumita que el devenir geológico ha sumergido, eventualmente saliendo a flote por sí mismo, posiblemente hace milenios. Esto se ve apoyado por los restos de animales marinos y los depósitos de sedimentos que cubren parte de su extensión, y que constituyen el suelo sobre el que crece en ella la vegetación tropical característica del océano Índico.

A lo largo de todo el siglo XVIII, distintas potencias y empresas privadas lograron concesiones por parte de la monarquía tamil para crear asentamientos en la roca, pero no fue hasta 1796, tras más de cien años de presencia en ella, cuando se creó la Compañía Comercial de la Isla Errante como fusión de las distintas empresas extranjeras ubicadas en ella: compraron la isla al entonces rajá de Jaffna, que aunque había retenido la propiedad tácita de la misma, se hallaba en guerra con sus parientes continentales, por lo que se encontraba necesitado de fondos. Los representantes de la Compañía se declararon como estado independiente del control de sus respectivas metrópolis, y empezaron el proyecto por el que hoy goza de mayor fama.

La isla siempre había seguido un recorrido vagamente periódico y en forma de lemniscata, llevada por las dos corrientes circulares del Índico, la más pequeña delimitada por India y Arabia, y la meridional ubicada entre el ecuador, África, Madagascar, y la Tierra de Kerguelen al sur, donde se encuentran las ruinas de Lemuria. [Para detalles sobre esta ubicación, su descubridor, y el papel que tuvo la Isla Blanca, dispone de otros materiales de nuestra editorial] Con las actuaciones llevadas a cabo por la Compañía en la primera década del siglo XIX para la cartografía de la porción submarina de la roca gracias a un barco sumergible de fabricación Ibérica, se determinó la existencia de una hendidura longitudinal, posiblemente provocada por un choque con una cumbre bajo la superficie en algún punto de la vida de la isla. Rápidamente se aprovechó este hecho para iniciar un ambicioso proyecto por el que se instalaría un propulsor sumergido en la parte posterior de la misma, el mayor del mundo con gran diferencia. El diseño corrió a cargo de un equipo de ingenieros de las universidades de Calcuta, El Cabo y San Petersburgo.

Tras más de un lustro y descartarse distintas opciones, algunas por su coste, otras por las limitaciones técnicas y de fabricación de la época, en 1816 se inició la construcción de la que sería la primera instalación de potencia térmica, más adelante expandida y sustituida varias veces, y el primer juego de hélices direccionales en la popa de Alba Terra, las cuales tardaron siete años en estar operativas. Inicialmente servían para controlar en los momentos adecuados la orientación pero poco podían afectar a la rapidez. Desde la segunda ampliación se pudo dotar a la isla de una velocidad distinta a la que las olas le conferían, en 1847, a la vez que se mejoraba su pista de aterrizaje de dirigibles [...]

Extracto de la guía de viajes “Maravillas de los Mares del Sur”, de la editorial Marco Polo (Roma, 1889)

miércoles, 4 de mayo de 2016

Girl Genius

Cuando eres la última descendiente de una familia noble de científicos locos temidos y odiados en toda Europa, heredera natural de la ciudad más inexpugnable de la región, y según el gobernante absoluto del Imperio que abarca desde París hasta el Mar Negro, la reencarnación de la persona más peligrosa y manipuladora que ha conocido (que casualmente es tu madre), la vida no es fácil.

Agatha Heterodyne, la protagonista del webcómic Girl Genius, dibujado por Phil Foglio, guionizado por él y su mujer Kaja Foglio, y pasado a color por Cheyenne Wright, no ha tenido un momento de respiro desde que esta historia echó a andar hace quince años (dentro de la historia han pasado unos tres en total, pero dos y medio de ellos no cuentan realmente… es complicado) Y sus autores tampoco. Lo publican totalmente gratuito con una periodicidad de tres páginas a la semana (lunes, miércoles y viernes) que mantienen de forma casi religiosa pase lo que pase (incluido infarto al colorista, hecho verídico) Y después de todos estos años, su base de fans es prácticamente inabarcable, al igual que su fama en el mundillo del steampunk, aunque ellos se definen como Gaslight Fantasy en realidad.

Agatha Heterodyne y Gilgamesh Wulfenbach

Girl Genius empezó en formato papel, y sus autores lo vendían en el circuito de convenciones de los Estados Unidos (residen en Seattle, por cierto) Un día sin embargo tuvieron una idea: colgarlo enteramente en internet, al alcance de todos. De eso hace más de diez años ya. Y lo que podía parecer un suicidio artístico, eliminando una fuente de ingresos razonable, resultó ser el mejor movimiento comercial posible: multiplicaron sus ventas ya que de repente llegaban a un público mucho mayor. Claro, cuando una obra tiene esta calidad, estás deseando que saquen el tomo recopilatorio del último año en formato árbol muerto (también conocido como impreso) para que ocupe un lugar de honor en tu estantería. Sus campañas de crowdfunding para financiar la impresión de los tomos suelen alcanzar el objetivo en las primeras 48 horas, y de ahí en adelante superan todas las metas adicionales que se les van ocurriendo a los autores. Cuando les tocó lanzar el tomo 12 y reimprimir los anteriores si recaudaban lo suficiente, sacaron casi 400.000$, que se dice pronto.

Mechanicsburg y el Castillo Heterodyne (muy necesitado de reparaciones)

En estos años (yo lo sigo desde 2011 más o menos) los Foglio han creado un mundo vasto, profundo, y con una diversidad y una imaginación desbordantes. El escenario, a grandes rasgos, es una Europa alternativa, en gran medida decimonónica, donde existen los llamados “sparks”, gente con una habilidad especial para entender las leyes de la naturaleza y retorcerlas a su antojo, en esencia científicos locos, creadores de las más disparatadas ocurrencias, y con una tendencia a la megalomanía bastante acusada… lo cual ha llevado a que el mundo se encuentre gobernado por dinastías completas de casas nobles donde esa cualidad para la ciencia se pasa de padres a hijos. Así por ejemplo los Heterodyne construyeron una ciudad fortaleza en torno a su castillo, que es un ente consciente, capaz de actuar sobre sí mismo y toda la población (no está muy claro donde acaba el castillo y dónde empieza Mechanicsburg), y con un sentido del humor a la altura de sus sádicos amos. Todo un encanto, os lo aseguro (de hecho, en ausencia de sus dueños, el barón Wulfenbach lo ha usado como prisión para delincuentes de la peor calaña) El citado caballero, harto de las continuas guerras que asolaban la zona, dibujó un círculo en el mapa en torno a las ruinas de su castillo familiar y dijo “todo esto es mío”. Y pobre del que le desafía. Desde entonces su imperio ha crecido hasta abarcar medio continente, imponiendo la “Pax Transylvana”, un período de estabilidad razonable bajo su peculiar lema, que viene a ser “no des lugar a que vaya para allá”. El Barón, cuyo castillo ahora es un gigantesco dirigible, no se anda con tonterías.

El Barón Klaus Wulfenbach

La cosa no acaba ahí. Los ferrocarriles son gestionados por una orden religiosa (no queda claro ante cuál de los siete papas que hay responden) de monjes para los cuales la impuntualidad es pecado mortal y que consideran sus trenes santuarios para todos (pero hay que confesarse para subir, claro) París está gobernada por Voltaire desde hace 200 años. Es imposible llegar a las Américas, pero nunca han llegado a explicar el motivo de que la travesía del Atlántico sea imposible por aire o mar. Uno de los sparks más reputados fue Van Rijn (os sonará más si os digo que su nombre de pila es Rembrandt) Los Heterodyne crearon su propio ejército de monstruos, los Jäger, personas que tras tomar una droga creada por sus amos mutaron para convertirse en criaturas en ocasiones con cuernos y con dientes afilados, bastante vello corporal, un habla como si un alemán cerrado de pueblo intentara usar el inglés, y una extraña afición por los sombreros peculiares. Debajo de París hay razas completas de hombres topo y una biblioteca que presta libros a cualquier capaz de llegar hasta ella. De las Islas Británicas no queda gran cosa, están casi sumergidas, Londres es una ciudad bajo una cúpula cubierta de agua, y a la reina se le refiere como Su Inmortal Majestad Albia de Inglaterra. Y así hasta el infinito, el universo creado por los Foglio crece con cada página nueva.

Esto resume la filosofía de un Jäger:
"Recuerda, un plan en el que pierdes tu sombrero, es un mal plan"

La longevidad de la obra además permite ver la evolución del estilo de dibujo, y un punto que a mí me resulta sorprendente: el largo plazo con el que planean algunas cosas. En el tomo tres se menciona por primera vez a la orden de monjes ferroviarios, de pasada, pero no es hasta el décimocuarto volumen en que aparecen. Las primeras páginas muestran a un personaje misterioso sobre el que los Foglio nos han tenido especulando durante años… hasta que hace no demasiado tiempo, ya en 2016, han dicho de quién se trata, complicando todavía más la historia de paso. Otro punto muy a su favor son las docenas de referencias a otras obras de ficción, personajes históricos, e incluso personajes actuales (¡Patrick Rothfuss sale como personaje recurrente!)

En resumen, Girl Genius es una obra difícil de definir con pocas palabras, pero que engancha rápido y que no deja de crecer y complicarse, pero conservando la frescura y la novedad, saltándose clichés a menudo: la protagonista es una chica fuerte, inteligente, y que no necesita ser salvada, y que de hecho acaba salvando ella varias veces a sus dos pretendientes (a pesar de lo cual, el triángulo resultante no es el principal eje de la historia, y eso se agradece) Si estáis dispuestos a leeros del orden de 2000 páginas para poneros al día, Girl Genius es de lo mejorcito que hay en cómic de temática Steampunk. Ah si, y se me olvidaba: ha ganado varias veces el Premio Hugo.

Phil y Kaja Foglio, Cheyenne Wright