jueves, 31 de marzo de 2016

Recuerdos

La Real academia de las ciencias de Madrid estaba repleta, todos los que habían podido entrar lo habían hecho y en las cercanías periodistas y ciudadanos de todas las cataduras esperaban expectantes. 

Precisamente por eso Enriqueta había convencido a Máximus, para acudir por la mañana, y pasar el día allí, a Máximus no le gustaban las muchedumbres, pero desde que él había llegado a España allá donde acudía se llenaba de gente.

Máximus era un científico y como tal impartir una charla no debía ser algo tan excepcional, aunque lo excepcional según el público era el propio Máximus.

Máximus era oriundo del Congo, y era un soberbio varón, grande fuerte, con pelo negro y rizado, con las manos fuertes, y los pies ágiles, él así mismo se consideraba muy normal, donde él vivía en la jungla del Congo, todos los muchachos eran como él...

Máximus recordaba cuando conoció a Enriqueta y al resto de sus compañeros de expedición, eran humanos, y Máximus solo sabia de los humanos lo que las leyendas decían de ellos, así que supuso que eran guerreros y asesinos que venían por la jungla para matar a alguien pues lo que dice la leyenda. 


“Los humanos son extraños, y vienen cada año,
traen fuego domesticado y truenos enlatados,
contrasellen trampas para atraparnos,
pues de nuestros huesos destilan fórmulas malignas,
orgullosos exhiben nuestras cabezas en sus hogares.”


Pero algo andaba mal, aquellos hombres no se fueron, instalaron sus nidos de tela cubiertos, en un claro del bosque y domesticando al fuego lo confinaron entre piedras para calentarse y cocinar, cada día un puñado de ellos salía de su asentamiento y se internaba en la jungla, buscando algo, tal vez a los miembros de su clan, Máximus les espiaba, con curiosidad, y descubrió que lo que hacían era observar a los miembros de su clan y tomar notas, eran científicos como Máximus, así que decidió entrevistarse con ellos, pero primero debía aprender su lengua y costumbres, durante varios meses observó a los observadores, descubrió que varios de ellos eran guerreros con armas que arrojaban truenos, y que uno de ellos era una mujer, que se dedicaba a convertir todo lo que veía en dibujos y palabras escritas sobre el papel.

Pasaron los meses y la mayor parte de los humanos se marchó, quedaron unos pocos, incluida la mujer, fue en uno de sus paseos, cuando ella se quedó sola que decidió presentarse ante ella, lo había preparado todo, había preparado el lugar, y aprendido que ellos tenían una tradición de sentarse a beber agua ensuciada con raíces y hojas de plantas, así que en una de sus observaciones del campamento encontró donde la guardaban y la tomó para estudiar su contenido, averiguó como adiestrar al fuego para que no saliera de su cerco de rocas, usando astillas con cabezas pintadas de fósforo, y aprendió a hablar el idioma de los humanos, era una lengua rara, se comunicaban con conjuntos de gruñidos articulados, y movían mucho las manos como para llenar el vacío de sus charlas, su lenguaje parecía constituir algo de especial orgullo para esos humanos, la primera palabra que aprendió fue Gorila...

Enriqueta aun recordaba su primer encuentro cercano con Máximus. Lo había visto muchas veces, siempre de lejos, altivo y acechante, observando entre la maleza o desde lo alto de los árboles, ella lo había etiquetado como “Espécimen 01, Gorila Pardo Varón, Peso y altura desconocidos” Fue en aquel paseo en que alejó de sus compañeros para ir hacer algo que una señorita no puede hacer en una letrinas comunales cuando todo ocurrió. Había encontrado un lugar apartado y casi limpio, y se encontraba acuclillada con la enaguas bajadas hasta los tobillos cuando Máximus apareció desde un lateral descendió de entre los árboles, el susto que se llevó fue tal que el complejo acto que una mala dieta había provocado se dio casi por si solo, a causa de la sorpresa. El resto de la escena no fue mas estremecedora, el Gorila la tomó por la mano, agarrando con fuerza su muñeca, y tiró de ella, al poco ya estaban de camino hacia algún lugar, no sentía su mano y apenas podía sujetarse las enaguas y el pantalón, que se le resbalaban de la mano, y la mano que había agarrado el Gorila estaba dormida, tal vez rota por la fuerza del animal, entonces el Gorila la subió a una oquedad en un árbol, el hueco era enorme y dentro de él había una hoguera encendida, algunos trozos de madera hacían de taburete y dos tazas de peltre, una lata de té y una tetera descansaban junto a la hoguera, ella se quedo estupefacta mirando el lugar, que era aquello, por que el Espécimen 01se comportaba de aquella manera... este fue el último pensamiento antes de desmayarse.

Máximus cerró la puerta del mueble bar, no había nada en él que le apeteciera tomar, y ya se acercaba la hora, Enriqueta tomaba una Soda sentada en el sofá, el resto de catedráticos y científicos se habían abstenido de entrar al ver a Máximus, solo Charles, estaba en aquella habitación, como decía él dando un repaso a física elemental de los objetos esféricos, un eufemismo muy largo para decir- Jugar al billar. Carles era el Hermano de Enriqueta, y no parecía tener miedo de nada salvo de su hermana, así que meses atrás cuando Máximus llegó a España y él había ido con el coche a recoger a su hermana le estrechó la mano en público, y le hizo las preguntas irrelevantes de rigor, que era la especialidad de Carles, era un Astro-físico mediocre, pero un gran conversador, sabía de casi todo un poco, y gracias a ello podía conversar de casi todo, hoy había escogido sus mejores galas, lo que significaba que llevaba un traje de paño casi aceptable para estar en aquel lugar con pajarita, se había quitado la chaqueta para jugar y arremangado la camisa, y jugaba al billar con mas vehemencia que habilidad.

Máximus se dirigió a la mesa de billar, cogió el taco y uno de los palos y frotó el extremo con mucho cuidado, después calibró durante muchos minutos su jugada, retrocedió el palo para conseguir impulso y golpeó la bola blanca que picó contra la mesa y calló al suelo sin golpear a ninguna en absoluto.

Enriqueta carraspeó, lo que hizo que tanto Carles como Máximus se dieran la vuelta atentos.- Es la hora del Té- Anunció.

La hora del Té- recordó Enriqueta- Máximus el gorila la había secuestrado, ella se había desmallado después de recorrer media milla de selva intentando que sus enaguas y sus bombachos no se cayeran, despertó. Su mano había recuperado su color saludable y no parecía rota, aunque sí dislocada, estaba apoyada sobre un lecho de hojas, semejante a un nido, como los que hacen los Gorilas para dormir, el fuego de la oquedad, hecho sobre un circulo de rocas estaba casi apagado, y por la puesta de la cueva se veía el amanecer. Tenía una sed atroz, y considerable hambre, se había saltado la merienda, la cena y puede que una picada nocturna, y no había bebido nada en mucho tiempo, vio las astillas para avivar el fuego y una caja de cerillas, y no le costó hacerlo, tampoco calentar agua en la tetera y preparar el Té, mientras el agua se calentaba observó el lugar, parecía una pequeña guarida, estaba plagada de objetos diversos el conjunto que más le llamó la atención fue unas pintadas en las paredes, era un diagrama, o un calculo de algún tipo, tras observarlo debidamente, ya con la reconfortante taza de peltre en sus manos, empezó a encontrar sentido al diagrama, era un diagrama de como preparar el Té, allí había una tetera dibujada, y allí lo que probablemente seria hebras de Té...

Máximus, recordaba sus primeros intentos de preparar el Té, había adquirido todo lo necesario para fabricarlo, en el campamento humano, y lo había llevado a su estudio, había hecho fuego, y calentado agua, añadido las hierbas primero muy pocas, después muchas, lo había hecho varias veces hasta que olió como el que hacían los humanos, y como científico que era había dibujado el proceso en su estudio para poder consultarlo cuando quisiera, entre los estudios de los astros y las muestras de tierra de la selva, allí lo había hecho, y por fin había llegado el momento de invitar a la dama a tomar el té y entrevistarse con ella, pero todo había salido mal, se había desmayado y no sabía que hacer. La había acostado en el lecho y había ido a dar un paseo para despejarse, y por el camino recogió algo de fruta, al volver a su estudio, olió el Té, y sus pasos se vivieron mas rápidos, su huésped debía de haber despertado, trepó por el árbol hasta el enorme hueco en el que tenia su estudio. Allí estaba su huésped mirando a su estudio exhaustivo de como hacer el Té...

Carles, No sorbas el Té, es de mala educación- Dijo Enriqueta. Mientras recordaba el Primer Té que había preparado en aquella oquedad en el árbol, y como Máximus había reaparecido allí llevando algo de fruta... Máximus entro en el hueco apoyó un atado con grandes hojas de árbol en el suelo, sobresalían algunas frutas y raíces, después se acercó al fuego y lo alimentó, a Enriqueta le pareció que el Espécimen 01 estaba intentando ser hospitalario, sirvió la taza de peltre con la tetera de hojalata abollada y bebió el contenido de un único trago. Máximus la miro abiertamente y dijo “¿Té, bueno?... Esta pregunta cambio el mundo de Enriqueta, ya no quería salir de allí y volver con sus compañeros ahora quería saber.

Máximus estaba orgulloso de su primera frase le había costado mucho componerla, recordar el conjunto de sonidos que convertía una afirmación en una pregunta, por eso le extrañó que ella no respondiera, por eso repitió la frase, esta vez mas fuerte, sacando el sonido desde el fondo de sus pulmones, la reacción de Enriqueta no se hizo esperar, se hizo un ovillo en el suelo presa del mas absoluto miedo, Máximus no supo que hacer, nunca nadie le había temido, así que preparó otro Té, mientras pensaba en que hacer a continuación. La respuesta no se hizo esperar, la humana se levantó y caminó casi a gatas hasta la tetera, la apartó del fuego- El agua no tiene que llegar a hervir- dijo, sirvió las dos tazas, se sentó el asiento de madera improvisado y empezó a beber a sorbos cortos, Máximus la imitó, entonces surgió la conversación, era una conversación con muchas pausas, Enriqueta hacia pausas para reflexionar sobre lo que estaba pasando y Máximus para elegir las palabras, la charla fue larga y lenta, muy lenta.

Máximus palpó su chaleco buscando en qué bolsillo había colocado su reloj, Un relojero había diseñado aquel reloj de bolsillo ex profeso para él, sus dedos eran demasiado gordos para usar uno mas pequeños y todos se veían ridículos en su grotesca mano simiesca. La cadena se enganchaba en el botón del bolsillo y caía tan solo un poco era eficiente, y se usaba con una excepcional economía de movimientos, el chaleco era nuevo, también a medida, gris de raya ejecutiva, con su camisa blanca y su pajarita roja, parecía sacado de una atracción de feria, o eso es lo que le parecía al contemplar su reflejo en la mesa de mármol pulido. Ser una atracción de feria era bueno, las atracciones de feria eran inofensivas o eso le habían dicho. Y él deseaba parecer inofensivo, aunque en las discusiones científicas quisiera levantar por los aires a su contertulio y comprobar si podía arrojarlo contra la pared a más de veinte metros de distancia. Pero se contenía.

Enriqueta miro a Máximus, sabia que Máximus estaba nervioso y lo que mas nervioso le ponía era no ser tratado como un científico sino como un animal, es cierto que era un gorila, y para ser más exacto un gorila parlante, pero él se consideraba sobre todo, un científico, un científico pluridisciplinar.

Ya es la hora- Dijo Carles, y salió a abrir paso por el pasillo. Abrió la puerta de par en par, fulminó al público que esperaba en el pasillo, como tan solo un hombre con semejante desparpajo como Carles podía hacer, después giró el rostro lo justo para ver como Máximus, y su hermana Enriqueta le seguían, vio como el camino se despejaba a cada paso que daba. Caminó hasta el rellano, y se paró para contemplar su aspecto en el reflejo, pero sobretodo el de Máximus que estaba tras él. Se giró, dio el alto a Máximus con un gesto, se puso de puntillas delante de él y le arregló la pajarita. Procedió a examinar todo lo demás, y finalmente dio su visto bueno al aspecto general de su colega y amigo. 
Máximus contemplo su reflejo en el espejo, Carles era muy detallista con el aspecto ajeno, y el se alegraba de poder llamar a Carles amigo. Miro al grueso cortinaje burdeos tras el que se encontraba el estrado, se despidió de Enriqueta y Carles, vio como él ocultaba una sonrisa picara, mientras musitaba unas palabras de animo, y ella intentaba ocultar su disgusto por no poder acompañarle hasta el mismo estrado. Carles y Enriqueta tenían que ir a sus asientos en la tribuna real, y Máximus les vio marchar, contó hasta diez, y ya relajado, cruzo el grueso cortinaje.

Tras la debida presentación de algún académico, al que Máximus no conocía, caminó hasta el estrado, apoyó las manos sobre él, se aclaró la garganta con un carraspeo y exclamó con la voz tan alta como era capaz, -¡Excelsior!

Carles- Recordó como hace tan solo unos días había aceptado una apuesta, con aquellos catedráticos, la tesis de Carles es que Máximus era capaz de ser más civilizado que cualquier catedrático de los que se reunían en aquel caro salón a discutir, a los gritos, científicamente, y que cuando no podían demostrar su tesis o rebatir los argumentos, arrojaban objetos- dobló el periódico del día anterior, en el titular se leía - ¡Simio científico asombra el país! - miro a sus contertulios y dijo- ¿Creo que sus científicas eminencias me deben una bonita suma?, Máximus dio un discurso y además nos enseñó algo, - contuvo su risa socarrona- y no mató a nadie, ni arrojó ningún objeto- dedicó una risita al Sr. Núñez, aceptó el pagare de este, y tendió la mano para coger los talones y cheques de varios caballeros más- Máximus agradece sus donativos para la publicación de su primer estudio- dejo caer la carcajada que llevaba tiempo queriendo lanzar.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Steampunk

Hola a todos nuevamente.

Hoy quiero hablarles de un libro que ya hemos citado varios veces, Steampunk, una antología de relatos Steampunk publicada en castellano.

Este libro es el primero de una colección cerrada por su hermano Retrofuturismos, del cual ya hablamos en una reseña anterior.

Este libro tiene el honor de abrir el campo en castellano a los retrofuturismos de la mano de grandes autores en su visión particular de este género, algunos de ellos relatos de fantasía, otros con componentes más Punk, con crítica social de fondo.

Relatos de: Óscar Esquivias, Fernando Marías, José María Merino, Juan Jacinto Muñoz Rengel, Andrés Neuman" , Luis Manuel Ruiz, Care Santos, José Carlos Somoza, Ignacio del Valle, Pilar Vera y Marian Womack.

Como de costumbre la selección de autores y relatos es excepcional y como ya carecteriza a Nevsky, la encuadernación en rústica es de enorme calidad, que facilita la lectura en conjunto con edición sobresaliente que hace que sea un libro muy recomendable.

lunes, 28 de marzo de 2016

Steampunk Madrid en Madrid Otaku y en la Exposición Julia Margaret Cameron

El día 19 de marzo yo paseaba por el Madrid Otaku en el Pabellón de Cristal, motivada por algo que leí en Facebook:

“…partimos de una base distinta a la de los eventos convencionales, somos visitantes asiduos a éstos y muchos hemos colaborado personalmente de forma habitual, creemos que los eventos de hoy en día han perdido su esencia y han dejado de tener en cuenta al visitante. Por eso decidimos poner en marcha este proyecto para recuperar la esencia y frescura, queremos demostrar que existe otra forma de hacer las cosas y nuestro objetivo principal es pasárnoslo bien y compartir lo que nos gusta con los asistentes. Como no tenemos ánimo de lucro nos podemos permitir ofrecer más contenido y calidad a mejor precio, no solo cultura japonesa sino también una planta entera dedicada al gaming.”

Grace Sylvester, foto de Prof. Cecily Cogsworth
No era nada decepcionante. Hubo un linda mezcla de artes marciales, videojuegos, artesanía a la venta (con bastantes elementos retrofuristas, por cierto), soft combat, el típico merchandising, actividades culturales japonesas, concursos de cosplayers y comida japonesa a muy buenos precios.
Me llamó mucho la atención el ambiente distendido de Madrid Otaku, donde pude pasear y charlar con los amigos de steampunk y cosplay, ver a familias paseando por el área de juegos tradicionales japoneses, a los góticos y los cosplayers luciendo sus galas dentro de un marco relajado y divertido y con el olor de ramen y chocolate caliente.

Total, una experiencia muy agradable y una que recomendaría y además, repetiría.

El día 20 tocó un cambio de tercio contundente: una visita organizada por Steampunk Madrid a la exposición de la fotografía de Julia Margaret Cameron en la Sala Bárbara de Braganza de la Fundación MAPFRE. Esta exposición, hecha en colaboración con el Victoria y Albert Museum, nos brindó una oportunidad de ver las obras de una mujer, para mí, enigmática y hasta inquietante.

La señora Cameron nació en 1815, en Calcuta, viajaba por el imperio británico y Francia, y empezó su carrera cómo fotógrafa a la edad  de 48 años. Sin embargo, su obra no refleja en absoluto sus vivencias tan variadas-  son estáticas expresiones de una vida domestica apacible, retratos tanto de visitantes ilustres, como Charles Darwin, como de los hijos de los vecinos. Luego hay toda una vertiente alegórica y melodramática de su producción fotográfica, representado por sus ilustraciones fotográficas de La Muerte de Arturo de Alfred, lord Tennyson, y numerosas obras con títulos como La Primavera y La Paz.

Los años que abarcaban la producción de la señora Cameron están marcados por grandes cambios en la sociedad y cultura inglesa. Tras haberse consolidado, junto con Rusia, como el ganador de las guerras napoleónicas, Inglaterra experimentó los estragos brutales de la industrialización de lo que era un país básicamente agrícola. Sin embargo, nada de eso se ve reflejado en la fotografía mostrada en esta exposición.

¿Rechazo deliberado? ¿Escapismo naíf?

Me quedo con la duda. Desde luego, me alegro mucho de haber visto esa exposición, y en la buena compañía de steamers de Steampunk Madrid, aunque ahora no puedo evitar pensar, cuando veo una buena foto:

¿Qué habría hecho la señora Cameron con esta temática?

El público madrileño podrá acudir a la cita con las obras fotográficas de Julia Margaret Cameron hasta el 15 de Mayo, 2016.

Fdo.:
Prof. Cecily Cogsworth

jueves, 24 de marzo de 2016

El lobo de Bohemia - Tercera parte "El rastreador"

Odio la lluvia, pensó nuevamente Lev Kozhemov para sus adentros. Prefería una y mil veces una nevada infernal con el viento gélido de frente, que aquel interminable aguacero que llevaba soportando todo el día. Con ese humor de perros, volvió a asegurar la lona de hule sobre la endeble estructura de varillas para evitar que el agua acumulada la hundiera. Afortunadamente el fusil no iba a dejar de disparar por mojarse, ese problema había pasado a la historia junto con la pólvora, pero lo que quería evitar a toda costa era tener que pasar las horas muertas, esperando a que su presa se mostrara, sentado sobre una roca y completamente empapado. Y menos a su edad, mal que le pesara.



El rastreador ruso había cazado tigres del Amur desde antes de ser un hombre, aprendiendo de los tungúes, acompañándoles en sus partidas e impregnándose de sus técnicas y sus tradiciones, por lo que entendió muy pronto que debía poner toda su alma y todo su coraje para ser un digno oponente de dichos animales. Eso quería decir que aunque acechara a sus presas con trampas, y les disparara desde lejos, consideraba que lo honorable era acabar cuchillo en mano como muestra de respeto. Mientras vendía la piel de uno había conocido a Shao’uan, y siendo hombre de no echarse atrás, nadie había sido capaz de convencerle de que su amor por ella no era posible, ya que era una mujer de origen manchú. Entonces era joven, pero incluso ahora, tantos años después, tampoco hubiera vacilado en estar con ella. Habían tenido a Jishan en una cabaña perdida en el bosque y allí habían sido felices,… durante un tiempo.

Llevaba dos jornadas bajo aquel clima húmedo y desagradable, pateando senderos embarrados, siguiendo un rastro que se desvanecía a cada pocos pasos, y persiguiendo a aquella cosa por un terreno desconocido pero a la vez idéntico en esencia a todos los que había pisado. Él y la señorita von Soltau decidieron sin mediar palabra pasar la noche junto al abuelo de ésta y al pozo donde yacía el ayudante de él, velando los dos cuerpos en silencio, antes de reemprender la caza. Nada podían hacer por ellos ya, y no queriendo perder más tiempo, decidieron dejarles allí hasta que completaran su misión tras una brevísima conversación a la mañana siguiente. Pero a pesar de conocerla desde hacía tan relativamente poco, menos de un año, Lev sabía que el remordimiento por actuar así quemaba a la chica por dentro desde el momento en que habían abandonado la cueva. Por eso, cuando a media tarde había dicho que tenía que volver y hacer las cosas bien con el viejo y el chico, él había mostrado su acuerdo y había asumido la tarea de hostigar a la criatura hasta el regreso de ella, siguiéndole la pista sin abatirla. Ella se había negado, siendo muy explícita: cuando le tuviera a tiro, quería que le volara la cabeza. No dijo nada a aquello, porque la fiereza en sus ojos había vuelto a traicionarle. Helga era la hija que Lev no había tenido, y a la vez también el hijo, por decirlo de alguna forma.

Jishan ya dejaba de ser un niño cuando su madre falleció, en mitad del invierno siberiano, sin que a él le diera tiempo a traer un médico a verla. Se vio obligado a volver a Khabarovsk para que su hijo pudiera estar a cargo de alguien mientras él salía de cacería, y eso había hecho que la relación entre ambos quedara herida de muerte. El chico se acostumbró rápidamente a las comodidades de la gran ciudad, como la llamaba Lev, y gracias a un familiar de su madre aprendió lo necesario para leer y escribir. Pronto se percató de que podía vivir cómodamente aprovechando su herencia mestiza para trabajar como intérprete, y estudió mucho para conseguir un puesto en la administración local, al servicio de un zar que vivía a miles de leguas de distancia y para el que Siberia era sólo el confín de su imperio. En retrospectiva, no debía haber sido tan duro con él por elegir una vida desahogada frente a la ruda existencia de un cazador, pero en aquel momento en que aún tenía la oportunidad de aprender a ser un hombre Lev se había sentido traicionado y se había aislado de todo, volviendo a una vida solitaria en los bosques.

Para cuando se había despedido de la señorita, ya habían vuelto a ubicar el rastro del animal entre los árboles. Tenía que ser endiabladamente resistente si había aguantado no una, sino la descarga de dos trampas galvánicas. Pero eso no era lo único que les desconcertaba, puesto que además habían llegado a la conclusión de que éste ya no sangraba a pesar de la herida que Helga le había hecho en su primer encontronazo. La amplia experiencia de Lev no le servía para saber detrás de qué corría. Había pasado todo ese tiempo, más de un día, explorando el terreno para hacerse al menos una idea de las rutas que podía seguir. No era tan abierto como parecía, ya que cuanto más se alejaban de Kraslice, más abruptas se volvían la quebradas y empezaban a aparecer barrancos que rompían los caminos que la fauna podía emplear. Y luego claro, estaba el agua. Todos los animales tarde o temprano buscan las zonas bajas para encontrar agua fresca. Tras un breve descanso subido a un árbol en las horas antes del alba, ubicó dos arroyos y una presa artificial pero aparentemente olvidada donde dedujo que el monstruo podía ir a beber. Lo que le hizo decantarse por el último punto y plantar su reducido puesto de observación en un lugar elevado con vista directa sobre el mismo fue su instinto.

También estaba apostado esperando a que su presa llegara, al abrigo de un saliente del terreno nevado, detrás de unos arbustos y cubierto con pieles de animal para que su olor no delatara su presencia, cuando su intuición le avisó de que no estaba solo. Un rey de las nieves, como llaman los tungúes a los tigres del Amur de mayor tamaño, había logrado acercarse sin hacer ruido y se encontraba a escasos pasos de Lev, la mirada fija en él, muy quieto. El cazador supo que a esa distancia le daría tiempo a girarse bruscamente y a dispararle de frente una única vez antes de tenerle encima, aunque eso le impediría usar el cuchillo como acostumbraba, pero la vida es lo primero. No queriendo darle la iniciativa a su oponente, ejecutó su ataque sin dudar más, pero la diosa de los cazadores no le acompañaba: su vieja arma no disparó y apenas pudo hacer otra cosa que lanzarla a la cara del tigre que rugía en pleno salto y tratar de zafarse, pero sin éxito. Al instante tenía encima al espíritu vengador de toda una raza, que descargó su zarpa sin piedad sobre su rostro. Pero los reflejos de Lev no habían estado ociosos y éste contaba ya con el largo puñal ceremonial en su mano, por lo que el hombre fue el primero en morder el cuello de su contrincante, asestando un golpe mortal.

Algo atrajo la atención de su ojo restante, un movimiento en el follaje más abajo, cerca del agua embalsada. Sonrió bajo su barba cerrada y se llevó el catalejo sobre el rifle de gas a presión a la cara. Desde un mando colocado bajo el cañón ajustó la distancia a la que enfocaba esa pequeña joya hecha por artesanos de Kiel. No quería cerrar mucho el campo sino tener una visión de conjunto del posible abrevadero. Fijó su atención en el borde del claro, cerca de donde había creído ver moverse las ramas bajas. Tenía desde luego curiosidad por contemplar finalmente al monstruo ya que tenía que ser una criatura formidable y extraña. No sólo era invulnerable a la electricidad, sanaba increíblemente rápido y había desnucado como si nada al abuelo de la señorita, sino que sus huellas eran del todo inusuales. Las pocas pisadas medio borradas por la lluvia que había encontrado no eran de garras ni pezuñas, recordando más a las de una persona que sólo apoyara las punteras, cargando todo su peso en la parte delantera del pie. Para andar así, alguien tendría que llevar las rodillas flexionadas constantemente, y para conservar el equilibrio no podría erguirse por completo. La postura era del todo antinatural para un humano, y eso no hacía otra cosa que reforzar la impresión de estar persiguiendo algo inquietantemente parecido pero a la vez tan diferente… Quizá, después de todo, los hombres lobo sí que existieran.

Lev había llegado a Sajonia también persiguiendo algo, pero en este caso era el fantasma de un rumor. Existían en el lejano occidente, le habían comentado, médicos capaces de restituir el ojo que el rey de las nieves le había arrancado. Cruzó medio mundo, desde la boscosa y nevada Siberia, en una sucesión de dirigibles y trenes, hasta los confines del imperio del zar, para llevarse una decepción tras otra. Resignado, había seguido el último rastro que le indicaron en Moscú, el de un cirujano hijo de emigrantes de la madre Rusia que había logrado fama en tierras extranjeras con sustitutos mecánicos para soldados cegados en la guerra. Así acabó en Dresde, en el viejo edificio del Instituto, hablando con el tal doctor Lavrovich, que resultó ser un hombrecillo que tras examinarle apenas por encima se atrevió a afirmar categóricamente que nunca volvería a ver por ese ojo. Que el nervio era irrecuperable. Toda la rabia del cazador frustrado por no poder nunca más retomar su vida anterior explotó en ese instante, y acabó saliendo del despacho a voz en grito, conteniendo apenas las ganas de emprenderla a golpes con el pobre desgraciado. El pasillo rápidamente se despejó de una docena de supuestos genios buenos para nada que huyeron apresuradamente al verle, pero alguien se quedó y le encaró, atraída por su arrebato de ira. A pesar de no compartir idioma en aquel momento, Helga supo hacerse entender lo suficiente para acabar compartiendo unas más que decentes jarras de cerveza germana. Una semana más tarde, después de varias conversaciones dificultosas, la señorita von Soltau le había ofrecido acompañarla en una expedición de caza en las estribaciones meridionales de los Cárpatos. Al volver de allí ya eran compañeros prácticamente inseparables.

El cazador reconvertido en maestro de expediciones y jefe de cuadrillas de aquella muchacha salvaje con afán de investigadora de todo tipo de fauna desconocida y sus posibles usos, seguía con su ojo pegado a la mirilla cuando oyó a su espalda un movimiento apresurado entre los árboles. Casi de un salto dejó el arma de largo alcance, salió del refugio y desenfundó un par de sus cuchillos, echando una rápida mirada a su espalda para tener bien calculada la distancia al borde del saliente por si tenía que forcejear con el monstruo, fuera lo que fuera, si es que no estaba allá abajo como había creído. Pero no hizo falta, ya que rápidamente apareció la señorita desde la espesura, empapada y embarrada, sosteniendo un rifle también. Sus miradas se cruzaron y una pregunta flotó muda en el ambiente. Lev negó rápidamente justo cuando ella se detenía, recuperando el aliento a duras penas, a su lado.

           -Llego a tiempo. – Jadeaba trabajosamente, pero con visible alivio. Debía haber subido hasta allí a toda carrera siguiendo las indicaciones que había dejado para ella siguiendo el código de costumbre.

           -Exacto. Está allí abajo, bebiendo. – Señaló por encima de su hombro, haciéndose a un lado.

            -Pues dispárale, pero con éste. – Y le puso el arma que traía contra el pecho. Lev bajó la vista y distinguió munición sedante en la cámara de carga.

            -Pero esto… ¿no querías que disparara a la cabeza? - No entendía el repentino cambio de intenciones. - ¿Ya no le quieres muerto o qué? - Helga seguía tratando de recuperarse.

            -No preguntes. - Se enderezó e inspiró hondo. – No tenemos tiempo que perder.

La miró con fijeza, pero no quiso cuestionar de nuevo a la señorita, que solía tener un buen motivo para todo lo que hacía, según le demostraba su experiencia. Rápidamente volvió a apostarse no sin antes echarle la tela impermeable de su refugio a ella por encima, lo cual le agradeció con una sonrisa tenue y triste, pero también apremiante. No había hecho más que ajustar la mira del arma cuando la bestia apareció en su campo de visión. Soltó una maldición entre dientes a la vez que levantaba la vista hacia Helga, buscando confirmación de que aquello que había contemplado acercándose al agua tenía algún sentido. Ella se limitó a asentir. No necesitó más. El catalejo tocó su ojo, el dedo apretó el gatillo, y el dardo se clavó en un costado de aquella cosa de apariencia innegablemente humana que tenía una mano de metal.

Continuará...

Eric Rohnen

martes, 22 de marzo de 2016

Corbatas, pajaritas y pañuelos

En los atuendos Steampunk Masculinos y el los femeninos en menor medida se usan estos elementos, son unos complementos sencillos que protegen el cuello del frio, y complementan un vestuario haciendolo mas vistoso.

Como escoger? 

Existen muchas posiblidades entre pañuelos pajaritas y corbatas, para ello hemos de escoger segun varios criterios entre los que destaca los siguientes. Que rol interpretamos, la estetica del elemento y nuestras filias personales.

La corbata es un signo inequivoco de roles de clase media e intelectual, mientras que los pañuelos como el Ascot son habituales en personajes de procencia noble o aristocratica y las pajaritas de origen mas humilde o incluso parte del uniforme profesional, este criterio historico lo dejaremos como secundario dado que en el Steampunk no buscamos la corrección historica.

Los pañuelos son elementos muy interesantes y faciles de hacer, existen varios modelos y nudos al igual que las de corbatas, permiten albas el uso de alfileres de corbata.

Finalmente las pajaritas son mas baratas y fáciles de hacer, permiten una enorme variedad de combinaciones, y son a titulo personal mis favoritas.

Una misma estética puede combinar con una varias y por ello la determinación final se tomara por el aspecto que deseemos trasmitir.

(Maese Iditxa, Obrero con pajarita)
Como seleccionar la idoneidad de una pajarita?

Historicamente las pajaritas son elementos elegantes que se usan o bien como parte de uniformes o en ocasiones concretas tales como coctails o reuniones informales, sus materiales varian de lana a seda y su dibujo varia a su vez de lisas a estampadas.

Como seleccionar la ideneidad de una Corbata?

Las corbatas al igual que las pajaritas son prendas de uso formal, y relacionadas con algunas profesiones de corte mas intelectual o burgués que las pajaritas. su material predilecto es la seda, y a diferencia de la pajarita existen numerosos modos de atarla. cada nudo es diferente, desde el nudo de corbata simple hasta el doble Windsorth, varían en elegancia y complejidad, a la hora de escoger el tipo de nudo piensa en el rol de tu Alter-ego, si este es ingeniero usara un nudo mas sencillo que si es por ejemplo el director de un banco. Usaran un critirio semejante a la hora de escoger el dibujo y color de tu corbata, considetando mas sobrios los lisos y estampados menos recargados, puedes completarla con alfileres o pinzas de corbata.


Como escoger la idoneidad de un pañuelo?

(Maese Iditxa el catedrático, con Ascot)
Los pañuelos de cuello son elementos de uso elegente, y no de uso laboral, no es habitual su uso por segun que clases profesionales siendo frecuente su oso por burgueses muy ricos y aristocratas de todos los tipos. La tela predilecta es la seda, y se pueden usar alfileres, broches y pasadores para complementar su aspecto aristocrático.

Conclusiones.

La elección de uno de estos elementos  es a gusto del consumidor, indistintamente de las normas sociales de época victoriana. y para su selección has de basarte en las filias personales y la estetica que desees dar a tu personaje.




lunes, 21 de marzo de 2016

Steampunk Madrid en la exposición Cleopatra y la fascinación de Egipto

Cleopatra, de J.W. Waterhouse 1888 (Wikicommons)
El domingo 13 de marzo un nutrido grupo de steamers entró el intrigante laberinto que compone esta exposición en el Centro de Exposiciones de Arte Canal en el paseo de la Castellana, 216. En esta ocasión contamos además con un nuevo amigo, Eladio Bergondo. La exposición está compuesta por siete áreas dedicada cada una a una temática diferente: Egipto, tierra del Nilo; Los Ptolomeos, reyes de Egipto; La última reina de Egipto; Egipto en Roma; Cleopatra, inspiración de artistas; Cleopatra y las artes escénicas; y La fascinación de Egipto en España. Cada área formó una unidad artística e historia independiente, con accesos a la siguiente área delimitada por cambios de iluminación y audiovisuales.

Muy sencillo, muy lógico.

Pero no. 

El guardían. Foto: Eric Rohnen
El hechizo de la reina Cleopatra supera la suma de las partes de su historia. Por eso, me pareció muy acertado que la exposición dedicó tiempo y espacio a la influencia de esta figura y su amado Egipto en la cultura occidental, tanto de la época del nacimiento del Imperio romano hasta nuestros días actuales. Cleopatra, ella misma, era de una estirpe macedonia, faraones de Egipto desde tiempos de Alejandro Magno.

Es decir, era hija de una mezcla cultural de muchas influencias, tantos siriacos, fenicios, griegos, persas, hindús, italianos, todo lo que caracteriza la época helenista.

Desde luego, los hechos de la vida de Cleopatra son espectaculares, inmortalizados desde hace dos mil años en lienzos, esculturas, ensayos, poesía, música, ópera, teatro, películas y hasta en los dibujos de Astérix y Obélix.

Y aun así, es difícil explicar el estado embriagado en que salimos de la exposición luego de casi dos horas envueltos en la magia de la última reina de Egipto.

¿Padecíamos el Síndrome de Stendhal, combinado con el hambre? Puede que sí.

O puede que quedamos cautivados por la más cautivante de mujeres, Cleopatra.

El destacamento de Steampunk Madrid antes de llegar a tierras egipcias. Foto: Eric Rohnen

Fmdo:
Prof. Cecily Cogsworth.

viernes, 18 de marzo de 2016

Concurso Cosplay Steampunk

Este año Steampunk Madrid participa con Expomanga en la realización del primer concurso Cosplay Steampunk en el Expomanga.



En el inferior de estas lineas pueden encontrar los enlaces a las bases, inscripción e información adicional.

Bases.
Inscripción.
Mas información aquí.

Esperamos vuestra participación y disfrute.

jueves, 17 de marzo de 2016

Día Internacional del Kraken del Aire 2016

Con el motivo del Día internacional del Kraken del Aire, 17 marzo, Steampunk Madrid lanzó una convocatoria libre para todos los steamers del mundo a participar en nuestro primer tributo literario a la criatura más emblemática de nuestro mundo retrofuturista. La respuesta nos ha dejado encantados, ya que han participado incluso compañeros de México, hay textos en inglés, y ha habido un par de colaboraciones conjuntas que reflejan perfectamente la universalidad y la creatividad mutua que supone el Steampunk. A continuación presentamos todas las colaboraciones recibidas:

Eladio Bergondo

Ilustración por Eladio Bergondo


Janacek Jadehierro
Ilustración por Janacek Jadehierro



Miriam Trébol

En la calma, tensión.
Nos rodean sus señales.
Crujidos en el silencio
indican el inminente ataque.
Un destello y...
un tentáculo centelleante!
Con velocidad calculadora
ha quebrado nuestro mástil.
La lluvia disipa la euforia, la confianza
de la mayoría ya desaparecida.
Juguetes de trapo al vacío lanzados,
la Criatura nos ha engañado.

Ilustración por Miriam Trébol


Prof. Cecily Cogsworth

Selección de haikus

Majestic, they sail
on the upper airs, through clouds
and mist, so deadly!


¿Quién dice que sólo
es una broma tonta de
los Steamers? Yo, ¡No!


On a kraken’s maw
Sunset’s gilded reflections-
The last thing they saw

Recorte de periódico proveído por la profesora Cecily Cogsworth


Accelina Jolie
He encontrado una cría de kraken de aire, la fotografía esta tomada a cierta distancia y la criatura parece tener un aspecto inocente e inofensivo. A. Whittle, informando para todos ustedes desde *interrupción del mensaje *
Fotografía por Accelina Jolie


José Antonio Sancho Sánchez
Ilustración por José Antonio Sancho Sánchez


Natalia Marea Irisada

Quedó atrapado en una red de nubes, Sopló y la deshizo. Siguió flotando en un vuelo sin alas.
Quedó atrapado en una red de ondas de platino. Onduló hacia los lados y la deshizo.
Estuvo a punto de ser cazado por una traficante de viento.Le mintió un poco y siguió su camino.
Pensó con silencio de tormenta.
Nadó por el reflejo del sol en la luna.
Gritó confundiendo su grito con la lluvia.
Amenazó al cerezo en flor por ser hermoso,
por ser dolorosamente hermoso,
por haberle atrapado en una red de pétalos que, junto a la primavera,
le deshacían

Ángela Ramos
K’ comer: Entrantes
Hoy, en “K’ comer”, proponemos tres recetas con un producto de excelente calidad que no es fácil de comprar: el Kraken de Aire. Para empezar, vamos a hacer unos aperitivos con la zona superior del Kraken de Aire.

¡NOTA! Tened en cuenta que el Kraken de aire no tiene el mismo sabor que el de mar, y que se recomienda limpiarlo bien y con guantes de goma (¡nunca se sabe cuándo puede dar una descarga, incluso después de muerto!)

ADVERTENCIAS
Comprad el Kraken de aire a alguien de confianza, es mejor incluso que vayáis a las lonjas y os lo den bien cortadito (aunque a mí me gusta limpiarlo a mi manera ^^) e impecable. Para esta primera receta vamos a usar la parte de arriba del animal (la llamada “punta de flecha”).

Ingredientes
Hojas de parra rellenas de Kraken de aire y verduras
Para 10-15 personas
7 kilos de punta de flecha de Kraken de aire
40 patatas pequeñas
33 zanahorias normales (o una docena de paquetes baby)
8 cebollas
Todos los dientes de un ajo
Entre 3-4 kilos de hoja de parra
Queso feta al gusto
Sal, pimienta

Modo de preparación
1) Precalentar el horno a 180ºC

2) Pelamos todas las verduras y las cortamos en juliana. Cocemos unos minutos para que se ablanden. Reservamos

3) Trocear el Kraken (por si acaso con guantes de goma) y salpimentar. Marcar ligeramente en una sartén con muy poco aceite (entre uno o dos litros) y el ajo

4) Ir colocando en cada hoja de parra una base de verduritas (yo usé babys), un poco de kraken (no abuséis, qué tiene que dar para todos ;) ) y queso feta por encima

5) Colocar en una bandeja de horno y hornear por 30 minutos (en cada bandeja os entrarán entre 5 y 6 hojas, así que paciencia)

6) Dejar enfriar un poco y… ¡LISTO!

Salpimentad bien la carne de Kraken, a diferencia del de agua, el de aire es más dulce, aunque con un sabor ligeramente explosivo.

K’ comer: principales
Para continuar, vamos a hacer un delicioso plato de kraken de aire donde el punto estrella reside en que se utiliza parte del cuerpo de este fabuloso ejemplar. Hay que tener en cuenta que está justo aquí el mecanismo semiaerostático mediante el que se impulsa el kraken para moverse. A la hora de tratar este delicado producto, os ruego que lo hagáis con un cuidado extremo, pues puede dar algún calambrazo o espasmo y os creáis qué está vivo (pero no…). Es perfecto para cuando tenéis a toda la familia a comer.
Tenéis que hacer al cuerpo un corte transversal y vaciarlo (como a los chipirones o a la sepia). El relleno lo podéis reservar para hacer un caldito que os quedará riquísimo.

Ingredientes
Kraken de aire en su (falsa) tinta
Para unas 30-40 personas
 19-20 kilos de cuerpo de kraken de aire (yo pedí solo esto, pero vamos, que podéis mandar al cazador de krakens que os traiga el cuerpo completo ^^)
7 litros de salsa de soja
14 cucharadas (soperas) de miel
9 cebollas grandes o 13 cebolletas (si preferís un sabor más oriental utilidad mejor las cebolletas)
Sal, pimienta
Especias al gusto. Como lo quería con un toque oriental le he puesto jengibre –un paquete entero-, comino –una bolsa entera-, pimienta negra y roja, tomillo –un matorral-, romero –un ramo-, laurel –un árbol chiquitín pelado- y perejil –el máximo que os den en la tienda-
Ron/coñac/vino de oporto para darle sabor (no os paséis con el alcohol ;) )
8 kilos de almendras o cualquier otro fruto seco
Un poco de harina
Un chorro de zumo de limón

Modo de preparación:
1) Una vez que tenéis bien limpio el cuerpo del kraken, tras salpimentar, lo metéis en la cazuela (yo cogí la del record guiness de la Paella, pero podéis coger alguna más profunda) y, a fuego muy lento y con un chorretón generoso de aceite, dejáis que se cueza

2) Pelad las cebollas y doradlas en una sartén. Cuando estén un poquitín quemadas, las añadís a la cazuela con el Kraken

3) Rellenad el animal con los frutos secos y devolverlo a la cazuela

4) Mezclar la soja con la miel en un bol a parte y verter sobre el kraken (que empezará a burbujear. Eso es normal)

5) Juntad bien el kraken con las especias y el alcohol. Tapad la cazuela y cocer a fuego medio durante 1hora y media y durante otros 45 minutos a fuego lento. Si veis que sigue quedando algo duro lo dejáis otros diez minutos.

6) Rociad el limón y en 15 minutos… ¡Listo!

K’ comer: postres
¡Y queda mi parte favorita! ¡Los postres! Y, como no podía ser de otra forma, para conmemorar el día del Kraken de aire hay que hacer un rico postre en su honor. ¿Cómo, con el Kraken? Sí. Recordad que nos quedan aún los tentáculos, la parte más blandita a la hora de cocinar.
Podéis comprarlos sueltos, yo decidí coger el pack completo ;)

Ingredientes
Pudding chispeante de chía y Kraken de aire
Para unas 10-20 personas
Todos los tentáculos de kraken que tengan (entre unos 10 los “gruesos” y unos 12 los “finos”)
8 paquetes de chía (es esta semilla redondita parecida a la de amapola, pero más gorda. La podéis comprar en herbolarios)
15 litros de leche (bien vegetal bien animal, la que queráis)
Si os gusta dulce, añadid miel, sirope de ágave, sirope de arce/maple, melaza al gusto
OPCIONAL: especias dulces como canela o algo de cacao o algarroba le da un toque exquisito ;)

Modo de preparación
1) Trocear en cachitos muy pequeños el kraken y reservar

2) En diversos boles (o jarras de cristal) mezclan bien las semillas de chía con la leche. Agitad intensamente. Si tenéis una batidora manual o la thermomix usadla. Lo importante es que las semillas se mezclen de la manera más homogénea posible

3) Agregar el endulzante y las especias dulces. Volver a batir por 25-30 minutos y reposar en la nevera. Repetir el proceso otras dos veces y dejar, al menos, 5 días para que se enfríe todo bien

4) Antes de servir, calentad (a ser posible en el microondas) unos 13 minutos cada tentáculo (no deben superarse los 700 gramos de kraken en el microondas, pues hay riesgo de que explote). Incorporar al pudding de chía frío y servir con un poco de canela o cacao espolvoreado por encima

¡Más fácil imposible!


Nicolas Rodriguez

El armero y el pulpo

Día 32 de navegación.
Hoy encontré un cefalópodo sobre uno de los cañones mientras hacia mis rondas, lo llevé a la armería, se encariñó mucho conmigo, decidí tenerlo de mascota.

Día 33 de navegación.
El pequeño animal es muy listo, decidí llamarlo Drake le gusta subirse a mi brazo y observar todo, suele apretar fuerte cuando hay cambios de vientos.

Día 36 de navegación.
A Drake le gusta jugar con las herramientas del taller y al parecer sabe manejarlas con gran precisión, pensé en enseñarle a usar cuchillos. Podría ser útil cuando vayamos al abordaje.

Día 42 de navegación.
Drake asimiló demasiado bien el manejo de las dagas que hice para él.
Quisiera ver si llega a ser tan listo para poder usar un arma de fuego.

Día 48 de navegación.
Pude hacer una pistola de chispa pequeña para que usara, entendió bien que sólo debe usarla en casos importantes.

Día 50 de navegación.
Hoy Drake me salvó la vida. En medio de un abordaje a un airship mercante, le disparó a un hombre que estaba a punto de apuñalarme por la espalda.

Día 60 de navegación
Estamos a punto de tocar puerto. Drake está algo inquieto, nunca salió de las naves, se calmará cuando le consiga algo para comer.

Fotografía por Nicolas Rodriguez


Carlisle Drabek

Cuaderno de aéreo-bitácora.
 John Howard, Capitán del HMS halcón intrépido.

En noches oscuras de tormenta y fuertes vientos de marea embravecida, mi incansable tesón y desesperada obsesión por cazar a ese monstruo aéreo-marino, mientras escribo estas últimas mis palabras cuento cómo empezó lo que parece media vida y tres años en estos extraños mares del aire detrás de la criatura más extraña que ha podido dar el cielo.

Una brillante mañana según surcábamos sobre nubes del Pacífico sur descubrimos en un pequeño islote flotante, enterrados los restos de un naufragio con violentas marcas de feroz ataque y entre ella un superviviente, marinero que en su aspecto y raídos ropajes mostraba estragos de haber vivido largo viaje hasta, según los restos, ser sorprendidos del ataque.

Le recogimos y alimentamos mientras le pedimos que nos narrara lo ocurrido de los hechos acontecidos, así pude deducir lo que en mis más profundas pesadillas se había hecho realidad, inmediatamente fui a escudriñar mis cartas de navegación y trazar una ruta hasta un profundo páramo donde pude otear que estaría allí; El Gigantesco Kraken Albino; una bestia abismal surgida de no se sabe dónde que de dedica a vengarse de los hombres y que en su duro y cavernoso cuerpo muestra las marcas de más de un millar de arpones y redes que en su empeño han fracasado estrepitosamente en su captura.

Es pues mi deber alcanzar, capturar, asesinar y desollar en justa vendetta y reclamar la pierna y medio torso que perdí en furor batalla con él en muestro ultimo encuentro y del que ahora poseo ambas extremidades cibernéticas, con gran beneplácito en que será el épico combate singular del que espero salir vencedor….
….
….
Cuaderno de aéreo-bitácora.
Marinero de primera Smith, único superviviente del HMS Halcón Intrépido.

Aquí relato lo sucedido la noche del martes 19 de abril del 2655;
Soy uno de los poco supervivientes de la mayor locura cometida por el ser humano, seré muy escueto y resumiré en pocas palabras lo que el miedo y los nervios me dejen redactar.

Surcábamos en las coordenadas_ Longitud 52 Norte, latitud 23 Sur-Suroeste_ tal como había detallado en las cartas el Capitán Howard, persiguiendo a esa “monstruosidad” de calamar gigante que ya había conseguido matar a una veintena de la tripulación en uno de nuestros botes en un intento de agotarla y desangrarla, cuando el teniente de derrota lanzó con todas sus fuerzas un acertadísimo arpón justo en la loma del Animal, el Capitán dio orden de atarla al casco de la nave, pero juro por dios que esa criatura tenia la fuerza y el ánimo de un millar de ballenas voladoras y parecía incansable.

En un momento de locura irracional violenta, Howard agarró como poseído al segundo de abordo y gritando, “que nada ni nadie impediría que lograra acabar con ella y si era necesario iríamos hasta las mismísimas profundidades del Davy Jones si con ello y nuestras almas fuera necesario”, mataría al Kraken diabólico.

En ese justo instante la nave dio una finta repentina junto con un gran tirón y como si del mismísimo dios Thor se tratara con un rotundo trueno se desquebrajó por la mitad de la quilla enganchando en ese instante al Capitán, al segundo y a la parte de la tripulación que quedaba en la nave;

Sólo pude otear antes de estrellarnos en unas marismas cómo el loco Capitán Howard maldecía entre gritos y sollozos con el puño en alto mientras el calamar lo llevaba a las profundidades oscuras entre sus fuertes tentáculos…

Y así es como acabó la terrible historia de esta tragedia marina de la cual solo se puede culpar el egoísmo y la locura de los hombres en logar lo imposible que lo único que se consigue es llevarse con ello las vidas de inocentes y que solo quedará de ellos el recuerdo



Madame Eloise


ALTO SECRETO. FUERZAS AÉREAS.

A la atención del Excelentísimo Señor Presidente 

Don Antonio Remón Zarco del Valle y Huet

Sección de Naturales

Real Academia de Ciencias
Museo Nacional de Pinturas

Madrid a 17 de julio de 1847

Excelentísimo Señor Presidente:

Se presenta el Comandante Julio Torres, de la 4.ª Compañía del Batallón de Telégrafos, Señor. 

Me atrevo a dirigirme a Su Excelencia para relatarle el muy extraño suceso que acaeció, apenas hace un mes, en las cercanías de Aranjuez; tras este tiempo de reflexión, he decidido ponerlo en Su conocimiento, como sensatamente me recomendó Su Ilustrísima Don José Rafael de Silva Fernández de Hijar y Portugal, Conde de Aranda. Siguiendo su sabio consejo, le ruego dedique unos momentos de su valioso tiempo a leer esta misiva, pues creemos que pueda contribuir a la seguridad y fiabilidad del futuro Servicio Militar de Aerostación que está en ciernes, pendiente de creación, como bien sabe, para mayor gloria de nuestra Reina Isabel II y la gloria de España. Sin más preámbulo, paso a relatarle del modo más conciso posible lo acaecido, aunque continúo bastante afectado por la experiencia, pues peligró mi vida, confio en que sepa perdonarme si me excedo en detalles.

El día 22 de junio del corriente año, nos dispusimos a realizar un vuelo de exploración en uno de nuestros globos aerostáticos en la cercanías de Aranjuez, como ya indiqué. Esta nueva tecnología, que tan gratas satisfacciones nos está generando cada día, nos ofrece nuevas experiencias de pilotaje en cada trayecto, y por lo visto aún no comprendemos ni dominamos las leyes que rigen los cielos, sus corrientes y sus secretos.

Nuestro globo constaba de una gran bolsa de seda fusiforme, de color grisáceo y con escudo de armas en un pendón lateral, llena de aire caliente y sujeta por un cordaje entrelazado, al modo marinero, que sostenía el conjunto a la sazón a un armazón metálico, hueco para aligerar el peso, pese a ser más endeble. Del armazón pendía un quemador de queroseno que podíamos accionar a voluntad, para calentar más el aire del interior y así ascender o dejar de hacerlo y mantenernos a la misma altura. En lo alto de la bolsa de seda también habíamos practicado un orificio del tamaño apropiado, sellada con una portezuela de tela en un bastidor que la presión del aire mantenía cerrada, y con un ligero mecanismo por el cual, al tirar de una cuerda desde la cabina, se abría dicha portezuela y nos permitía bajar al ir perdiendo el aire caliente que nos mantiene a flote. Ni que decir tiene que esta maniobra ha de realizarse con gran precisión para evitar pérdidas fatales de nuestro salvavidas aéreo. Para concluir, disponíamos bajo el quemador de la susodicha cabina, que más bien era una cesta de mimbre, ligero también, pero muy resistente, entretejido al efecto para contener a los pilotos y viajeros. De ella pendían pequeños sacos terreros para mantener la estabilidad y un ancla para facilitar las maniobras. Y eso era todo: tan simple y tan liviano como era posible, pero buscando la seguridad personal dentro de lo razonable.

En el interior de la cesta aquel día fuimos cinco personas, cuatro testigos que aseguran que no estoy loco, puesto que una locura me parece aún la terrible pesadilla del vuelo. Omitiré sus nombres en lo posible y mientras no sea obligatorio desvelarlos, pues  quisiera salvaguardar su honor y dejar en sus propias manos la decisión de contar su experiencia o no, como yo he hecho con total libertad. Sólo apuntar que había dos mandos militares a bordo: uno del Colegio Naval Militar de San Fernando de Cádiz y otro de la Academia de Artillería de Segovia; y un meteorólogo experimental de la Real Academia que Su Excelencia preside, de la sección de Físicas; y una pintora paisajista que pidió el favor de acompañarnos y a la que se le acabó encargando que tomara instantáneas de vuelo. Ella portaba una cámara del tamaño más pequeño que pudimos proporcionarle para tal fin, y cada uno un pequeño petate con los instrumentos de medida y visión telescópica que estimó oportuno, limitando el peso, claro está; y yo mismo.

Dispusimos todo lo necesario para nuestra misión, sobrevolar hasta llegar a El Escorial y estudiar y planificar posibles métodos de defensa y ataque aéreos, amén de cartografiar el terreno y fijar las constantes atmosféricas a gran altura, y despegamos despidiéndonos del pequeño equipo en tierra que nos proporcionaba logística. El día se presentaba despejado, con condiciones atmosféricas óptimas, y el ascenso fue suave y sin contratiempos. Cuando llegamos a la altura prevista, apagamos el quemador y nos mantuvimos suspendidos en el aire, comenzando de inmediato con nuestras mediciones y estudios. Todo transcurría con normalidad, incluso excesiva, diría ahora, y una cierta euforia y satisfacción por la aventura henchía nuestros corazones.

Al divisar el monasterio de El Escorial, un escalofrío me recorrió el cuerpo. Era como un presentimiento de que algo oscuro nos acechaba allí, en ese lugar, pero en realidad todo continuaba como anteriormente, nadie más notó nada ni los instrumentos mostraron nada anormal. Y lentamente, nos acercábamos al monte Abantos... Mis vellos se erizaron.

Un extraño frío nos rodeó, ahora sí que lo mostraban los termómetros, y los compañeros nos miramos unos a otros sorprendidos. Al bajar las temperaturas tan intensa y rápidamente, nuestro globo ascendió del mismo modo, rápida y bruscamente, tanto, que nos caímos dentro de la cabina y no podíamos mantenernos en pie ni hacer más que sujetarnos fuerte al primer asidero que hallábamos. En un arrebato de lucidez, intenté buscar la cuerda que accionaba la abertura superior para vaciar un poco del aire caliente y dejar de ascender, pero todo se movía mucho y no era capaz siquiera de saber dónde se encontraba la dichosa cuerda, tan relajado había estado hasta ese momento que no recordaba ni en qué esquina se hallaba. No soy capaz de saber cuánto tiempo duró la sacudida y el ascenso, puede que segundos, o minutos, no sé, pero entonces un mareo, no sólo causado por la velocidad, sino por la falta de oxígeno, me nubló los sentidos, y me aterró, espoleando mi decisión de encontrar la cuerda salvadora... Y antes de hallarla, nos detuvimos.

Recomponiéndonos, lívidos, empezamos a tomar conciencia de la situación. Miramos por la borda: sólo un manto de nubes grisáceas bajo nosotros, no sabíamos dónde estábamos, aunque creíamos que en el mismo lugar, pero más arriba. Nos costaba respirar, aunque ahora la atmósfera se nos antojaba extrañamente cálida y pegajosa, como cargada de humedad, densa. 

Apenas empezábamos a tomar notas y mediciones, divisamos algo difuso que no supimos describirnos. Estaba lejos, y mucho más arriba de lo que estábamos nosotros. El cielo allí también estaba grisáceo, como si contuviera una capa de niebla sucia y continua, mientras que nosotros permanecíamos en una corriente de aire algo más limpia y clara. Y, entre aquella especie de humareda, algo se movía. Yo sudaba y a la vez tenía la carne de gallina. Estaba acostumbrado a los peligros y aventuras, pero esto era nuevo y aterrador por momentos. 

Volvíamos a ver de tanto en tanto a la sombra desplazarse a lo lejos, como un objeto alargado y mate. Volaba por propia voluntad, sí, y se iba desplazando en zigzag. Se acercaba. Se puso sobre nosotros a hacer amplios círculos a gran velocidad. El meteorólogo no conocía ningún fenómeno comparable. La pintora hizo alarde de valentía y se mantenía expectante. En realidad, ninguno sabíamos qué hacer, puesto que un impulso de terror nos impelía a la huída, pero el ansia de conocimiento y la curiosidad también nos mantenían paralizados e indecisos.

Entonces ocurrió la alucinación: la sombra se acercó volando y, conforme se acercaba a nosotros a gran velocidad, o eso me pareció a mí, íbamos comprobando que se trataba de una gigantesca figura, que ora se hinchaba, ora se expandía como alargándose, y que de su extremo final una suerte de tentáculos flotaban a su alrededor. Según se acercaba, el aire comenzó a electrizarse, especulamos si por la propia velocidad del monstruo o por alguna cualidad inherente que poseyera. Nuestro globo comenzó a generar unas fosforescencias tales como los fuegos de San Telmo, y eso pareció espolear al ser, que acabó suspendido muy muy cerca de nosotros.

Se dispuso verticalmente, con sus tentáculos hacia abajo. Vi un ojo enorme. Su pupila dibujaba una especie de eme invertida, que le dotaba de un aspecto maligno y profundo. El tamaño era descomunal, calculo que unas tres veces nuestro globo aerostático desde la barquilla al copete. La actividad eléctrica continuaba y el malestar que sentíamos se iba agravando, con mareos e incluso vómitos. La situación se prolongaba y la sensación de ansiedad era insostenible, pero allí seguimos, nosotros sin saber qué hacer, la criatura, impávida. Entonces, su piel, que era de aspecto gelatinoso y turbio, comenzó a cambiar de color, como si de un camaleón gigante se tratase, y a mostrar patrones tan llamativos y variados, que a una puesta de Sol tropical se asemejaban. Primero se volvió rojizo, de un color oscuro como la sangre, con lunares negros; ese color nos alarmó en extremo, y hasta alguno de nosotros exhaló un grito ahogado. Luego se fue volviendo verdoso y por olas amarillo. Patrones azulados en espiral y luego anaranjados se sucedían, y casi llegamos a creer que era una especie de código de comunicación, similar al de las banderas de los barcos. ¿Albergaría inteligencia aquella mole?

La artista se atrevió a sacar algunas fotografías mientras tosía y permanecía acurrucada en un rincón. Pero pronto todo cambió de nuevo. Dos tentáculos enormes, con unas ventosas gigantes en su extremo, más ensanchado, casi como dos remos gigantes, y que no habíamos apreciado antes, se abalanzaron en torno de nuestro globo, como un abrazo inmenso, y lo cercaron en todo su contorno. Yo creí que reventaría nuestro ingenio y caeríamos al vacío, pero la criatura fue delicada y no ejerció la suficiente presión. Pareció vacilar un instante, y de pronto otro apéndice más corto fue lanzado como un arpón sobre la seda, esta vez sí dañándola, rasgando brutalmente la tela, y al momento un olor como a amoniaco impregnó el ambiente y una fina lluvia de algo pegajoso y perlado nos cayó encima...

Entonces, el desastre. El monstruo se retiró con urgencia, pero nos observó un instante más... A la vez, nuestra nave, irremediablemente dañada, comenzó a desinflarse y a caer sin freno. El horror, esta vez sí, fue para con todos implacable, y gritábamos de puro terror sabiendo que íbamos a morir y que nada podíamos hacer más que asirnos desesperados para no alejarnos unos de otros, pues la inercia nos mantenía más arriba de nuestra barquilla, en un vuelo irreal. Atravesamos la capa de nubes grises y la tierra se acercaba salvajemente hacia nosotros. Lo veíamos con claridad, puesto que se había inclinado la cesta e íbamos embalados de lado hacia precipitarnos y perecer destrozados... Aún transpiro cuando lo recuerdo, y me despierto con pesadillas en medio de la noche, tardaré un tiempo en integrar esas sensaciones en mi mente, si es que lo consigo algún día, pero nunca, nunca podré olvidar semejante impresión.

A algunos metros del suelo, no sabría decir cuántos, algo nos sujetó de súbito, salvándonos de la muerte, pero propinándonos un fuerte choque al cambiar nuestra trayectoria. Uno de los compañeros se fracturó un brazo y las costillas, pues los demás le caímos encima, y todos sufrimos contusiones y hematomas. Pero no morimos. No morimos. Y fue porque el monstruo había vuelto a apresar a nuestro flácido globlo con su largo par de tentáculos y parecía inspeccionarlo con sorpresa... Una mirada más con ese ojo gigante suyo me transmitió esta vez un cierto pesar o tristeza, y la electrizante sensación de ambiente cargado volvió a nosotros. Nuestra acompañante, sumida en el llanto, gritó: «¡déjanos en paz!» 

Fuera por su grito o por su propia decisión, el ser nos soltó, y continuamos cayendo, pero ya eran escasos los metros hasta el suelo, y la caída fue frenada por algunos árboles y matorrales... Ni que decir tiene que todo nuestro equipo y material quedó destruido o irreparablemente dañado, y nosotros en un estado lamentable, sangrando por numerosas laceraciones y abrasiones, y nos quedamos gimiendo por largo tiempo en el suelo. Mirando hacia arriba, pude ver que la abominación parecía también tener dificultades en su ascenso, como si la densidad del aire no fuese la adecuada para él y su hábitat natural fuesen las alturas. En un momento dado, abrió sus tentáculos y pude ver una especie de pico, y un rugido como un trueno retumbó en el espacio. Escupió una nube gris a su alrededor y desapareció, con un fuerte impulso supongo, hacia lo alto... Y no lo vimos más.

Malheridos, nos arrastramos como pudimos hasta que un pastor nos encontró y nos pudieron socorrer, pasando varios días hospitalizados. Tardamos en poder hablar y contar nuestra historia en voz baja entre nosotros. Llegamos a la conclusión de que el gran animal confundió nuestra aeronave con otro de sus congéneres, tal vez una hembra y, confundido, iniciara el cortejo con tan lamentable resultado.

Pongo en Su conocimiento estos hechos para posibles futuras investigaciones sobre una hipotética fauna de las capas superiores de la atmósfera, algo desconocido hasta la fecha y probable responsable de numerosos avistamientos y anomalías climáticas.

Sin más, se despide atentamente, Su abnegado subalterno:

Comandante Julio Torres, 

para servir a Dios y a la Reina.

Nota de la autora: Diviértanse buscando información sobre los personajes e instituciones de los que hablo, puesto que fueron reales. A continuación les suministro alguna información que me parece relevante y que está al alcance de todos.

Fuente: Wikipedia, así de fácil.

«Primer vuelo con fines militares de la historia

En noviembre de 1792 culminan con éxito una serie de pruebas realizadas previamente en Segovia, con una demostración ante el rey Carlos IV de España del vuelo de un globo aerostático con la finalidad de obtener información relativa a las defensas de una plaza o al dispositivo de ataque a una plaza sitiada. En esta demostración participaron los capitanes D. Pedro Fuertes, D. Manuel Gutiérrez y D. César González, los cadetes D. Gesualdo Sahajosa y D. Pascual Gayangos y un grupo de artilleros, todos ellos dirigidos por Louis Proust; y constituye el antecedente más antiguo de lo que, casi 100 años más tarde, sería el Servicio de Aerostación del Ejército.
De ello da fe la carta del Conde de Aranda, por aquel entonces secretario interino de la guerra, dirigida al comandante del Departamento de Artillería de Segovia, D. José Pedraza, informándole del éxito obtenido en el primer vuelo de prueba realizado en El Escorial, en presencia del rey.
No obstante, los ensayos realizados en el Real Colegio de Artillería de Segovia y después ante el Rey, fueron los primeros realizados en el Mundo en el aspecto militar, y de hecho supusieron el nacimiento de la Aerostación Militar, que no se vio concretado hasta 92 años más tarde con la creación del Servicio Militar de Aerostación, afecto a la IV Compañía del Batallón de Telégrafos de Ingenieros.»

Ilustración proporcionada por Madame Eloise.


Miss Charles Chickens

Aquel día me encontraba en la orilla de la proa relajándome y formando ilusiones sobre mi amado quien con habilidad asombrosa envolvía mis caderas y arrancaba ferozmente mi corsé.

Pronto mi imaginación aterrizó en la materia. Pues cual sería mi sorpresa, que al buscar una mirada conocida, encontré en cambio dos ojos de langosta que brotaban de un enorme encéfalo. 

Había permitido a la criatura estrujarme y acariciarme toda con su voluptuoso misterio.

Resultó ser mi cuerpo deliciosa embarcación. 

Quien supuestamente era cazador, terminó por ser cazado.

Entre mi confusión y vergüenza saqué de mi bota una daga, pero al intentar asestar a la criatura me di cuenta que en verdad estaba agradecida con semejante bestia, que con sus babas y tentáculos me había hecho sentir como sirena en la mar.

Imagen proporcionada por Miss Charles Chickens


Capitán Hluot-wig "The Wolf" Dubhghaill y Cecilia Cuesta

"Querido Hlout-wig:

 ¿Cómo está mi hermano favorito? Espero que le estés dando duro a esos Krakens marítimos, si no quieres que vaya a quitarte el negocio (jajaja).

 Como prometí encontré la tierra de los Kraken de aire, aunque su tiempo me ha llevado. Catorce meses, ni más ni menos. He descubierto cosas maravillosas sobre los Kraken  de aire. ¿Recuerdas cuando de pequeños pensábamos que estos monstruos del cielo volaban gracias al movimiento de sus aletas? ¡Estábamos equivocados! Utilizan su cuerpo a modo de zeppellin. Llenan sus inmensos interiores de aire y se dejan arrastrar por las leves corrientes de aire. Y cuando quieren desplazarse más rápido o hacia una dirección concreta, utilizan sus tentáculos a modo de hélice. Deberías ver alguna vez uno, son tan espectaculares como los que tú  cazas, hermanito. Su forma de atacar es impresionante. Si quiere jugar con su presa se lanza impulsado por esas monstruosas patas como si fuera una flecha una y otra vez. También puede rodear a su presa con los tentáculos y engullirlo. Pero lo más espectacular es cuando usa la electricidad de las tormentas para abrasarlo. ¿Y su boca? ¡Oohhh! Es lo más terrible  que nunca he  visto, más incluso que tus tortillas de algas. Y su piel…. Tiene una piel que pareciera una armadura, dura como el mismísimo acero. No estoy seguro de que tu tridente haría mella en él.

 Hermano, aquí no me aburro, pero sí que me gustaría que estuvieras aquí y volver a ver tus métodos de caza. Quizás algún día puedas acompañarme en alguna aventura con los Kraken de aire.

Espero verte pronto

Un abrazo

Mayor Gunnar Dubhghaill

P.D:  Te adjunto una foto de mi último encuentro con un monstruo de estos.  La foto la hizo el autómata queme regalaste, el M.O.N.O. 10000.

P.D2: Salí con vida por los pelos…… ¡PERO FUE DIVERTIDO!


Texto por el Capitán Hluot-wig "The Wolf" Dubhghaill

Ilustración por Cecilia Cuesta


Mikel Villafranca

Kraken Alpino

A la Atención del redactor en jefe:

Ha mi llagada a Davos a ocurrido el mas extraño acontecimiento que he presenciado jamas y por eso es, muy ilustre señor mio, que le escribo para comunicarselo, Helvetia es un regios pacifica, donde las granjas las montañas y el bosque se extienden por kilometros, desde hace unos meses las cabras de la regios desaparecen y los granjeros organizan partidas de búsqueda casi diarias, sin éxito, hasta ahora, ayer encontraron un collado entre dos peñascos donde los cadaveres de varias decenas de cabras se agolpan, medio comidos por algun depredador.


Gracias a mis habilidades me di cuenta de la incomidad que sufria James Gooner, otro foraneo, como yo, que se habia ofrecido voluntario para la busqueda, tras interrogarle con severidad con ayuda de algunos de los pastores afectados, y al marjen de la ley, el señor Gooner ha confesado la verdad y adquirido sus primeras heredas de guerra, aunque dudo que este orgulloso de narrar como unos pastores en la senectud le apresaron y golpearon hasta hacerle llorar.


Confeso que el causante de todas las perdidas en un animal exotico que trasportaba hasta Reino Unido para un zoo, Un Kraken de Aire.


La caceria subsiguiente sabiendo ahora lo que buscamos ha dado resultados, cubrimos las montañas, sabiendo de sus habitas depredadores y con las escopetas lo abatimos, su cuerpo media unos doce metros de largo, la mayor parte de ellos tentáculos, cargados de potentes ventosas, en estos momentos y debido a la pracmaticidad de los lugareños estamos buscando una marmita de tamaño suficiente para poder cocinar tan extraña criatura.


El Sr. Gooner ha de viajar, escoltado hasta la capital, donde un juez le espera para tomar declaración...


PD. Creemos que lo maceraremos en vino durante dos semanas para reblandecer la carne usando una receta local.

Prometo comunicarle las próximas buenas nuevas.


Att: Maese Iditxa


Eric Rohnen

Espíritus celestiales

Queridísima madre:

Finalmente los esfuerzos de padre por complacer al Khan de Kokand dieron sus frutos, y nos permitió acompañarle en la ceremonia anual de bienvenida a los dioses, una tradición que data de tiempos inmemoriales en la que los pueblos nómadas de la región guían, montados a caballo, el vuelo de los enormes krakens de aire en su tránsito desde las montañas de Asia Central hacia los fríos desiertos polares siguiendo los fuertes vientos del verano que se aproxima. Cada año el soberano permite que un reducido grupo de dignatarios le acompañe en la barquilla de su dirigible personal volando junto a estas criaturas que los pueblos de las estepas veneran como espíritus celestiales ya que jamás tocan la tierra. A diferencia de la cabalgata, esta costumbre es relativamente reciente, ya que fue instituida a finales del reinado de su antecesor en el trono, cuando aparecieron las primeras aeronaves y el entonces Khan encargó el que fue su buque insignia para, en un alarde de valor y vanidad, situarse al mismo nivel que sus deidades.

Nunca había visto un espectáculo tan sobrecogedor. Ojalá pudiera transmitirte la sensación de humildad que se siente al contemplar tan de cerca un kraken del aire, con su enormidad y majestuosidad sin comparación, y más aún cuando se trata de toda una procesión de ellos. Guiándose por las corrientes que se encauzan con fuerza por los anchos valles que se abren hacia tierras kazajas, éstos se deslizan no como veloces pájaros, sino aprovechando su flotabilidad natural y propulsándose con movimientos coordinados de todos su tentáculos. Su tenue y liviano cuerpo cuenta con varios órganos llenos de gas que actúan como tanques de flotación que estos seres dilatan o contraen a voluntad para cambiar su densidad en comparación con la del aire. Las personas no hemos inventado nada en realidad, todo ha sido antes creado por la Naturaleza.

Los especímenes más habituales superan los ochenta metros, con los más ancianos y por tanto mayores, ya que nunca dejan de crecer en su vida, rozando el medio millar de metros, unas dimensiones que se me antojan irreales por completo en cualquier caso. Muestran una coloración verde y una superficie rugosa que recuerda a rocas cubiertas de musgo, en lo que muy probablemente sean colonias de algas simbióticas que nutren al cefalópodo a cambio de la humedad de las nubes que puede atravesar sin acusar los impactos de los rayos, y de la luz del sol que recibe a las fantásticas alturas que es capaz de alcanzar, por encima de cualquier globo o artefacto ideado hasta la fecha. Esto daría una explicación a la ausencia de boca en la base de sus extremidades de que se tiene constancia por los únicos dos cuerpos que han podido estudiarse, aunque no de manera rigurosa, en lo que va de siglo. Lo que por desgracia nunca ha podido ser descubierto es su método de reproducción.

Pero lo más sorprendente, y eso es algo que no podía entender hasta haberlo presenciado, es que no son meras bestias salvajes, como se afirma por analogía con sus parientes marinos. No, hay un brillo en sus ojos que denota una inteligencia profunda y antiquísima, y miran con una extraña mezcla de curiosidad e indolencia. En el momento álgido de la ceremonia, en la que padre, mis hermanos mayores y yo misma tuvimos el honor de participar, la nave del Khan se eleva rápidamente hasta alcanzar la altura excepcionalmente baja a la que vuelan las criaturas al pasar sobre las praderas, y entonces, como si éstas la reconocieran como una de ellas, cesan su movimiento y únicamente flotan a su lado, dejándose acompañar por el dirigible, que no es mucho mayor que la más pequeña de ellas. Quizá por estar pintado en colores similares a los suyos, dorado y verde, lo identifican como una cría y pasan a moverse con suavidad a su lado, para evitar hacerle daño. O quizá realmente reconocen que esa nueva figura en el cielo es algo ajeno a ellas pero que igualmente tiene derecho a compartir sus dominios. Puede que únicamente nos toleren como una persona puede no molestarse por una hormiga que sube por su mano, lo cual es inquietante, pero lo cierto es que ninguno de los krakens hizo ademán de atacar o acercarse demasiado a nosotros. Luego simplemente, después de ese momento de armonía, la nave desciende de nuevo y los dioses, como dijo el Khan siguiendo la plegaria ritual de agradecimiento, continúan su camino después de bendecir una vez más a su pueblo.

Te escribo estas líneas desde Taskent con la esperanza de que te lleguen a través del correo imperial del Zar, ya que nosotros debemos continuar camino hacia Isfahán, desde donde espero volver a enviarte noticias de nuestro viaje, y donde muy probablemente me encontraré para mi decimoquinto cumpleaños. Yo mientras tanto soñaré cada noche con estos reyes celestes, las más magníficas criaturas que jamás vi.

Tu hija que te echa de menos,
Helga.

Crelonte Crelon

El encuentro marino

Aquellos enormes tentáculos me oprimían, cortándome la respiración, sus ojos no dejaban de mirarme, como su presa preferida, de improviso aquellos lazos poderosos dejaron de sujetarme, y pude respirar a pleno pulmón, recuperándome del abrazo mortal, que momentos antes me envolvía. 
A través de mis gafas de buceo, pude ver cómo la enorme bestia se alejaba de mí, pues había descubierto una presa más apetecible para él, aunque la lucha seria épica, entre el calamar que me había sujetado, y el enorme pulpo que se acercaba con intención de conseguir su alimento del día. 
La envergadura de los dos animales era similar, y su fuerza y pericia haría que uno de ellos fuera el vencedor, yo por mi parte me oculté en una oquedad, entre dos rocas, pues el vencedor quizás no se sintiera del todo satisfecho, y decidiera acabar con migo, como premio final.

El principio de la lucha fue bastante equilibrado, pero en un momento dado el calamar empezó a desprender una gran cantidad de tinta, que obscureció el agua, el pulpo se sintió desorientado, desplazando sus tentáculos en todas direcciones, buscando a su enemigo, pero el calamar se había desplazado inteligentemente, fuera de su radio de acción, donde él no podía llegar.

Desde mi sitio protegido veía todas aquellas maniobras, y las estrategias de lucha de ambos, con todo lujo de detalles, pero paralizado por el miedo a ser descubierto.

Nuevamente sus tentáculos se encontraron enzarzándose en una terrible y violenta lucha, así que aproveche el momento para nadar rápidamente, alejándome del peligro mortal que me acechaba.
Salí hacia la superficie del agua, tan deprisa o como me fue posible, nadé hacia la nave que me trajo hasta allí, subiendo a ella, después me sentí liberado del peligro, y puse los motores en marcha, saliendo a toda velocidad de aquel horrible lugar, poniendo rumbo a tierra firme, y dando gracias a Dios por la suerte que había tenido.

El monstruo

Me desplazaba por aquel estrecho pasillo mal iluminado, por culpa de aquellos fluorescentes que se encendían y apagaban, intermitentemente, a causa de las caídas de tensión, mientras el suelo se movía por los temblores de tierra que producía el terremoto.

Lo peor era aquella sensación de pánico que se había apoderado de mi alma, llegaba ya al final del pasillo donde se bifurcaba en dos direcciones, cuando un fuerte crujido hizo que mirara tras de mí, viendo un horrible cangrejo gigante al fondo del pasillo, grité aterrado, y ello hizo que se fijara en mi, viniendo rápidamente a mi encuentro, corrí todo lo rápido que me fue posible, hasta que aquel deforme ser me alcanzó, justo cuando intentaba abrir una puerta del pasillo, una de sus pinzas agarró mi chaqueta por el borde, por suerte no me alcanzó solo cogió mi ropa, por suerte para mí la manga se rasgó y me liberé, pude abrir la puerta y cerrarla rápidamente.

Sus pinzas reventaron parte de la puerta, clavándose en ella haciéndola vibrar, por suerte la puerta resistió por el momento, a mi espalda escuché un grito femenino desgarrador, que me heló la sangre, y me dejó paralizado.

Mi cabeza se giró en busca de la persona de la cual provenía el grito, viendo una mujer con sus ropas desgarradas, pánico en el rostro y encogida y temblorosa en un rincón de la sala, escondida bajo una mesa.

Los golpes en la puerta se hicieron más intensos, parte de la puerta estaba ya destruida, y aquel deforme y monstruoso ser estaba penetrando en el interior, mis ojos buscaron una salida, pero la habitación no tenía ninguna salida, quedé paralizado por el miedo, y una de las pinzas se agarró a mi cuello, después perdí el conocimiento.

Unas voces humanas me despertaron, estaba encima de una cama de lo que parecía un hospital, rodeado de personas que por su atuendo parecían médicos y enfermeras, toqué mi cuello y no pude apreciar señal alguna de daño.

Uno de ellos dijo con voz pausada y tranquila:

--Creo que lo peor ha pasado, una intoxicación de cangrejos en mal estado, puede ser fatal para según qué personas, por suerte la fiebre ha remitido, aunque hubo momentos que nos hizo temer que era el final, fiebres tan altas acostumbran a producir alucinaciones de pánico, tan profundas como si fueran reales.

Viktor von Krupp

Ilustración por Viktor von Krupp