miércoles, 28 de diciembre de 2016

La República Pnemática


Una Aventura en los tiempos de la Pax pneumática

Título: La República Pneumática: Baile de Serpientes
Autor: J. Valor Montero
Editorial: Fantascy
Formato: Tapa blanda con solapas
Páginas: 464
Fecha edición: 19 de febrero de 2015
Idiomas: Español y Catalán.


Me encantan las ucronías. Una ucronía implica un cambio, una divergencia entre la historia como lo conocemos y una realidad alternativa. En esa realidad alternativa, cabe dejar volar la imaginación y en La República Pneumática, el lector tiene una ucronía muy entretenido. Valor Montero toma como punto de bifurcación entre estas dos pasados,  el real y el imaginado, una fecha entre 45 y 54 AD, cuando el Emperador Claudio supuestamente fomenta la tecnología basada en la eolípila de Herón de Alejandría. y restaura una nueva versión de la república antigua romana.

La novela arranca en el año 246 d.C., y la invención de aquella máquina de vapor se ha convertido en el motor de una revolución industrial romana cuyo único rival económico es el imperio Ch'in. Con este trasfondo ucrónico, el joven Marcus Novus comienza un viaje desde su Caesaraugusta (Zaragoza) natal para salvar a su padre, quien ha sido llevado preso y encarcelado injustamente en Barcino Magna (Barcelona). Solamente lleva en su zurrón un misterioso colgante con tres serpientes, un cuaderno donde hace apuntes de las cosas que ve en sueños y Hoc, un pequeño gladiador, un autómata de juguete.

Marcus moverá en un mundo marcado por los resultados del uso masivo del carbón como combustible, con ciudades sucias y contaminadas, un mundo con cielos grises rebosantes de humo y cenizas de las fábricas y los vehículos. Es un mundo igualmente marcado por las consecuencias sociales de esta revolución industrial, con saboteurs Luditas (un nombre basado en el Nero Ludus, no el Ned Ludd del siglo XIX de ‘nuestro’ pasado) provocados por las injusticias sociales, los adeptos de la Via Virtutis, una filosofía traído del Ch’in.

En su camino, contrará a personajes tan entrañables como la maestra de artes marciales (Vía Virtutis) Jiàn, una tabernera anciana de Ch’in, Megistos, un geógrafo griego, y el praetor Caius Verus Pertinax. Habrán malvados malísimos también en su camino, desde Garrote, un caput-vicinia a quien se enfrenta durante un episodio de supervivencia callejera dickensiana para luego hallarse en los opulentos salones de los dirigentes romanos, donde tendrá que vérselas con el Pontifex Pneumático, Kyrilos Aranides, cabeza de una conspiración nefasta contra la República.

El personaje más relevante de la novela bien puede ser la Barcino Magna misma, cuyos vicinae y ampliatio, calles y edificios están retratados con auténtico amor visionario por el autor. Fiel a su formación como arquitecto, J. Valor Montero se dedica a deleitarnos con los aspectos singulares del urbe, fruto de las tecnologías pneumáticas. En la sección del Glossarium et Dramatis Personae hay información y detalles que harán las delicias de los lectores, como yo, que siempre quieren saber algo más respeto a la narración.

V. Montera nos presenta un steampunk que va más allá de una mera estética en la que se envuelve a los personajes con artilugios cubiertos de engranajes y llenan a los cielos urbanos con avistamientos de dirigibles; estamos ante una exploración de las consecuencias tantas sociales como políticas, culturales y económicas de una civilización que es toda una alegoría a la revolución industrial europea del siglo XIX.

Altamente recomendable, La República Pneumática es de fácil lectura. Desde luego la combinación de acción de ritmo trepidante y reflexión social es capaz de enganchar los lectores, tanto los fans de novelas históricas, de la fantasía, y de steampunk.

J. Valor Montero (Barcelona 1965) y la mallorquina Laura Llimós están publicando la serie de novelas multimedia «Ømni», que giran alrededor de un videojuego ficticio, «Barcelona Roman Steampunk», basado en el mundo de La República Pneumática.

Fmdo:
Profesora Cecily Cogsworth

jueves, 22 de diciembre de 2016

Una aventura de juventud de Maese iditxa

Ya hace muchos años, yo Maese Iditxa, aun ocupaba una plaza de profesor asistente en la Universidad de Avalon y desconocía mi extraña afección mágica, La muy mortalidad.

Fui invitado a dar una conferencia en Edimburgo sobre los peligros de las hadas y la magia, estando yo en el gran salón de la facultad de Letras, empecé mi discurso.

"Las hadas son seres eternos, han estado aquí mucho antes de que nosotros llegáramos y seguirán aquí cuando nos marchemos...

... Pero pese a todo han de saber que las Hadas son seres perniciosos y crueles, y que su magia es tremendamente peligrosa, y lo afirmo yo, que soy bien conocedor de ambas cosas.- percibí como un grupo de mujeres entraba en la sala, en su mayoría viudas, portaban consigo carteles y pancartas...


Las Hadas se han infiltrado en todos los niveles de la sociedad, desde las pequeñas Pixies de las rosas que son una plaga que infesta los jardines, hasta las grandes Hadas, que pueden parecer humanos, La propia reina Titania, esta emparentada con la Reina Vict...

-Mis palabras quedaron en suspenso, el grupo de mujeres empezó a montar escandalera coreando y cantando eslóganes, la voz de los asistentes se sumo en gritos de indignación por la intromisión, y a golpe llegaron un nutrido contingentes de guardias urbanos uniformados con sus porras en ristre, la muchedumbre jaleaba a los agentes que descargaban golpes con fuerza en las ancianas y no tan ancianas manifestantes, de súbito mi mirada se cruzo con una de ellas, una anciana arrugada, vestida con un vestido sencillo y varios abrigos. Algo en su forma de quejarse, y agarrarse con fuerza con fuerza a una de sus camaradas Sufragistas me hizo recordar a mi difunta anciana madre, y no pude resistir el impulso.

Lleve la mano hasta el bolsillo interior de mi chaleco, enarbole la Varita mágica que portaba en el y salte hacia la refriega, mi Fez callo de mi cabeza, me abrí paso entre los espectadores de tan dantesco espectáculo, agite mi varita señalando al Agente de la ley mas cercanos, este salió propulsado contra la pared, donde se dio un buen golpe, sin parar de moverme apunte contra una de las señoritas que era arrastrada hacia el exterior y lance otro de mis conjuros , la señorita avanzo por el aire hacia mi con gran velocidad como si tirara de una cuerda invisible, el tirón arrastro a sus captores que perdieron el asidero y el equilibrio, la sujete cuando llego hasta mi la coloque tras de mi, según avanzaba hacia la Anciana que se parecía ,remotamente, a mi madre.

Los Agentes de la ley aun enfrascados en reducir a las ancianas y no tan ancianas sufragistas y sus simpatizantes, empezaban a ser conscientes de que algo no marchaba bien, con ayuda de mi fiel Varita mágica empuje a un agente contra otro y ambos quedaron en el suelo. Un agente algo mas perceptivo intento reducirme a mi, así que rodamos por el suelo, al final yo acabe encima y le propine suficientes puñetazos para que me soltara, a la par que me dio buena cantidad de ellos, se arrastro para coger una de las porras caídas, talvez suya, y en ese momento de hechice para que sus ropas encogieran hasta inmovilizarlo, grito de sorpresa, algunas decimas mas agudo que antes cuando su ropa interior paso a estrangular su cuerpo.

Con ese rival inmovilizado, y mi nariz sangrando por un buen derechazo, camine un par de pasos y separe a un agente que estaba sobre una de las sufragistas, que yacía vencida sobre el suelo, y lo empuje con toda mi fuerza lejos de ella.

este agente que portaba los galones de capitán, se incorporo con facilidad y desenfundo una pistola, abrió fuego contra mi, y me impacto en el pecho caí redondo.

Se hizo el silencio, los agentes esposaron a las sufragistas, y se disponían a conducirlas al exterior del vehículo cunado recupere mi vida, No me pare a pensar en lo ocurrido hasta mucho después, pues me incorpore como una fierra aferre la mano del capitán en la que llevaba mi Varita y la enarbole contra el techo, la araña de luces se apago, y la hiedra del la pared del edificio invadió las ventanas, la oscuridad era total menos por la luz del corredor al otro lado de la puerta, un Agente huyo, y el resto le siguió, con un movimiento de mi varita deshice el conjuro y la hiedra volvió a su lugar, la araña de luces volvió a encenderse, Las sufragistas aterradas seguían allí...

Me dirigi al Atril donde unos minutos antes había empezado mi conferencia, me agache tras el recogiendo mi maletín y el resto de mis pertenencias, al levantar la cabeza pude ver como aquellas intrépidas señoras me observaban con una mezcla de Admiración y Miedo, mucho miedo.

Y Así es como, vario meses después recibí un paquete. Envuelto en papel marrón, y con un cordel atándolo todo. Lo desate, con cuido, dentro encontré este Maravilloso Kilt que tanta admiración le ha causado y esta nota que ve enmarcada.

"Gracias.
Att: Isobel McRae"

Bueno, Mi estimado colega, ahora que ya esta resuelta su curiosidad cuénteme que ha averiguado sobre el artefacto que se le di en su anterior visita. Por cierto, ¿Le gusta la hidromiel?- el sonido de dos vasos al llenarse con el espumoso y claro liquido amarillento lleno el aire, acompañad de un olor dulzón a miel.



jueves, 15 de diciembre de 2016

Un sabotaje refrescante

Un chorro de agua se elevó triunfante en vertical, compacto y con bastante presión aún, al otro lado de la ventana. Unos metros más arriba colapsó abriéndose como una palmera y salpicando la sobria y austera fachada del edificio de la Compañía de Aguas de Dresde, conocida popularmente como el Canal de Semper por el arquitecto civil que sentó sus bases. Cuando el líquido alcanzó la calle tres pisos más abajo en forma de lluvia, los gritos de alegría de los chiquillos que habían salido para disfrutar de aquella diversión alcanzaron los cristales de la sala donde la joven Victorique Leclerc estaba sobrellevando con aplomo y casi indiferencia un aburrido interrogatorio.

Un sabotaje refrescante por Ilustre Zurda

-¿Pero usted cree que eso es normal, señorita? - La voz de aquel burócrata sonaba contenida a pesar de que el dedo apuntando al exterior era claramente acusador. Ella le dirigió una mirada inexpresiva que el hombre recibió con frustración. - ¡Inaceptable es lo que es! ¡Y altamente irresponsable! - No estaba consiguiendo amedrentarla en absoluto.

Otra de las bocas de riego cercanas abrió repentinamente su válvula principal y proyectó un surtidor hacia el cielo unas cuantas casas más abajo. Tan pronto alcanzó su máxima altura se cortó en seco, y siguiendo una coreografía cuidadosamente estudiada, otros dos tomaron el relevo más allá, en extremos opuestos del muro de piedra y acero que cercaba la Escuela Independiente de Alta Enseñanza, como si ésta hubiera instalado fuentes decorativas. Toda la ciudad estaba equipada ahora con ellas gracias a Victorique.

Un autómata con su traje de mayordomo entró en el despacho en el que estaban y se quedó estático en un rincón tras dejar una carpetilla sobre una mesa auxiliar. Era de los que no podían hablar, un modelo dorado de manufactura napolitana altamente especializado en protocolo, de los que gustaban los aristócratas. Ella apartó la vista del espectáculo en la calle y sonrió socarrona en la silla.

-Ciertamente no es normal, Monsieur Gleiser, las temperaturas que hemos sufrido a lo largo de este verano son preocupantes. - Su pronunciación estaba bastante influenciada por su lengua materna. - Es una suerte que alguien haya decidido aliviar la situación, ¿no cree? - Señaló por encima del hombro hacia la amplia ventana tras la cual los chiquillos corrían de un surtidor a otro con gritos y risas tan pronto aparecían, en lo que se había convertido rápidamente en un juego para ellos. - Por lo que oigo, la idea ha sido bien recibida por la ciudadanía.

-¡Guárdese sus comentarios ingeniosos, señorita Leclerc! - Se estiró tras el nuevo exabrupto, más indignado que enfadado, y recogió los papeles que le había traído su sirviente. - Sabe perfectamente que esto tendrá consecuencias. - La miró con seriedad, apretando los documentos. - Y a pesar de eso, ha venido usted directamente a entregarse y ha confesado ser la autora de tan despreciable sabotaje.

-Porque veía que no habían puesto remedio desde la Compañía a pesar de haber dispuesto de un día y una noche completos para ello, empezaba a preocuparme por la imagen de ustedes. - Se inclinó a un lado para hacer contacto visual con el autómata. - ¿Sería tan amable de traerme una taza de café, por favor?

-¡No! - Franz Gleiser se volvió en redondo para anular la orden dada antes de que la máquina se pusiera en marcha obediente, pero el gesto sardónico en la redondeada cara de Victorique le hizo titubear. - Que sean dos. - Y luego mirando a la chica a los ojos. - Pero sólo si me explica por qué lo ha hecho.

Ella hizo ver que se lo pensaba llevándose un dedo a los labios con bastante teatralidad. Finalmente accedió con un asentimiento, cuando el mayordomo mecánico ya había salido.

-Estaba intentando poner a prueba el sistema, Monsieur Gleiser.

Éste seguía de pie, ahora hojeando los documentos uno tras otro, con aire concentrado.

-¿Con qué finalidad haría eso? - Levantó la vista sólo un instante para mirar por encima de los cristales de sus gafas antes de seguir hablando. - Es mi responsabilidad mantener todo en funcionamiento y en perfecto estado por si se declara un incendio; al haber afectado a las bocas que usan los bomberos, ha puesto usted en peligro a toda la ciudad. - Bajó los papeles. - No me puedo creer que sea usted tan irresponsable y tan necia como para no entender eso.

Victorique suspiró. Aquel hombre no iba a entenderla dijera lo que dijera, pero quizá si alargaba el interrogatorio todavía conseguiría lo que quería. Le pareció ver el sello del Instituto en uno de los documentos, y eso le dio esperanzas. Quizá aún saliera todo como ella esperaba. Intentó seguir confundiendo a Gleiser un rato más, tentando la suerte.

-Las calles son ríos que devuelven el agua al Elba, de donde el Canal la toma corriente arriba en cualquier caso. Todo está tan empapado que no hay manera de que algo prenda fuego. Relájese. - El surtidor de la fachada detrás de ella volvió a izarse con fuerza y a caer sobre los niños. - Además, en el caso de que fuera necesario usar el sistema, de la forma sincronizada en que se producen las descargas no hay una pérdida de presión apreciable en las conducciones, me aseguré de ello. Y usted también lo sabe, Monsieur, la ciudad no está en riesgo. Lo que no acepta es que les haya dejado en evidencia, ¿verdad? - Le dedicó una sonrisa angelical e inocente que consiguió el efecto deseado, desquiciar de nuevo a aquel caballero.

-¿¡Pero se puede saber por qué se lo toma a broma!?¿No se da cuenta del problema en que se ha metido? - Agitó la carpetilla que tenía en la mano y luego la plantó no muy delicadamente en la mesa que se encontraba entre ambos. - No va a salir fácilmente de ésta, ¿me entiende? El Instituto nos ha indicado que había presentado usted candidatura para realizar su tesis en hidráulica avanzada con el profesor Havilland. ¿Qué cree que decidirán cuando se enteren de esto? - Eso es precisamente lo único que preocupaba a la chica. - Porque, y esto puedo garantizárselo sin el más mínimo atisbo de duda, se van a enterar si es que no lo saben todos allí ya. - Clavó un dedo en el fajo de documentos, confirmando su sospecha.

De repente, la puerta del despacho se abrió sin previo aviso y una mujer de rostro serio y vestido gris oscuro y largo apareció bajo ella. Su cabello rubio iba recogido por detrás en un peinado elaborado típico de los Países Bajos, haciéndole aparentar mayor edad de la que tenía en realidad. Victorique perdió en parte el color al momento, reconociendo a la cabeza del departamento al que había solicitado acceder como investigadora. Por fin había llegado la hora de la verdad tras tanto preámbulo.

-Señorita Waas - Gleiser se acercó apresuradamente y le dedicó un saludo cortés, reverencia y beso en la mano incluidos, pero ella no perdió su gesto adusto. - Gracias por venir con tan poca antelación.

-Franz, necesito unos minutos a solas. - La recién llegada no demostró haberse percatado del habla untuosa del burócrata. En su lugar, le encaró bajando algo la vista hacia él. - ¿Puede esperar fuera, por favor?

El oficial se mostró confuso, intentando resistirse a que le echaran de su propio despacho pero sin poder presentar oposición dado el tono de voz empleado. Le dedicó una última mirada a Victorique, y se ausentó excusándose ante Chloe Waas. Ésta, que además de ejercer en su puesto docente en el Instituto también era consultora habitual para el Canal de Semper, tomó asiento frente a la joven, que trató de mantenerse serena. Cambió el alemán por el francés, pero no perdió su frialdad.

-¿Sabe por qué he venido? - Asintió. - Bien. - Su voz acerada no le iba a dar un respiro, y lo demostró ordenando sin mayor preámbulo. - Va a emitir una disculpa formal a la Compañía por esto. Va a elaborar una disertación sobre cómo lo ha hecho y cómo se puede prevenir para que nadie lo repita, y por supuesto tendrá que presentarla ante todo el departamento de planificación y control de la red de aguas. - Vio su aire contrariado y añadió, mucho más inflexible de lo que sus palabras daban a entender. - O si lo prefiere puede hacer frente a una cuantiosa multa y regresar a Toulouse. - Un nuevo asentimiento, más rápido y pronunciado de lo necesario, fruto del miedo. La holandesa tenía perfectamente claro lo que había venido a decir, y la chica temía lo que aún no le había comunicado. La estudiante notaba sus manos congeladas. - Bien. Por si le quedaba alguna duda, señorita Leclerc, Havilland no va a aceptar su candidatura después de este incidente, por supuesto. Dice que es usted demasiado impredecible y temeraria. - La chica maldijo en silencio, entendiendo el error de cálculo cometido, ya que esperaba que su audacia fuera apreciada positivamente por los germanos. Su monólogo acabó con una confirmación. - Igual que opinan todos los demás bajo mi responsabilidad.

La catedrática se levantó sin hacer ruido a la vez que el autómata de Gleiser regresaba y depositaba una bandeja con dos tazas de café sobre la mesa. Victorique se quedó contemplando la bebida sin rastro del descaro que había mostrado anteriormente, sabiéndose derrotada. Una levísima sonrisa cruzó la boca de Waas antes de desaparecer sin que la chica se percatara en absoluto.

-Tiene usted talento, señorita Leclerc, y sería una pena que se desperdiciase o peor aún, que se emplease con malas intenciones. - La estudiante francesa levantó la cabeza con brusquedad. Waas hizo una pausa deliberada, cruzando la mirada con ella. Pareció satisfecha de que no le rehuyera, y con un atisbo de sonrisa sentenció. - La espero al inicio del semestre, yo misma dirigiré su tesis. - Y sin añadir nada más, se dió la vuelta y salió del despacho.

El programa creado para su sabotaje eligió aquel instante para abrir a la vez todas las válvulas de la calle, y luego nuevamente, en varias pulsaciones sucesivas cada vez más cortas, para acabar la rutina de apertura con una explosión simultánea de máxima presión que hizo que lloviera literalmente sobre todos los transeúntes y vehículos.

Victorique se quedó allí en silencio, respirando hondo varias veces, tratando de calmarse. Tomó un sorbo de su café elevando la taza con manos progresivamente menos temblorosas, y permitiéndose un mueca de alegría se dijo a sí misma que tanto trabajo había merecido la pena después de todo. En la calle los niños y su alborozo estaban muy de acuerdo con ella.

Eric Rohnen

martes, 13 de diciembre de 2016

Como preparar Agua de Colonia y no morir en el intento.

Hay muchas recetas de Agua de colonia, la que presentamos hoy es una receta de 1880, proveniente de un manuscrito escrito en Sevilla.
Ingredientes: Esencia de bergamota 3 onzas, Esencia de Cidra 3 Onzas, Esencia de Limón 3 Onzas, Esencia de Romero Onza y media, Esencia de Azahar Onza y media, Esencia de Espliego Onza y media, Esencia de Canela 6 dracmas, Espíritu de vino 32 libras de a 12 Onzas, Alcohol de Melisa compuesto 4 Libras, Alcohol de Romero 2 Libras.

Proceso:

Disuelve las Esencias en los Alcoholes, deja reposar ocho días, sin destilarse.

Este proceso seria fácil, si encuentras todos los componentes. puedes encontrarlos en droguerías industriales, para realizar las medidas necesitaras una pipeta, un vaso de precipitados y una botella con cierre. un estante en un lugar seco y fresco.

Traducción:

Espíritu de vino es Alcohol Etílico de 40 Grados.
1 Onza equivale a 28gramos.
1 Dracma equivale a 60 Gramos.
1Libra equivale a 0,45 kilos

Pero si quieres hacer una receta algo mas moderna, estas suelen usar un alcohol de mayor gradación, la receta que viene a continuación, que es una receta de Agua de colonia para mujer.

Agua de colonia receta moderna

Ingredientes: 7ml de aceite de lavanda, 3.5ml de aceite de romero, 3.5ml de aceite de naranja, 3.5ml de aceite de bergamota, 7ml de esencia de almizcle, 10 gotas de esencia de rosa, 475ml Alcohol (por ejemplo vodka).

el procedimiento es el mismo que en la receta decimonónica.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Steampunk en la hoguera de Santa Lucia 2016

Con motivo de las hogueras de Santa Lucia, un pequeño pero bien avenido grupo de miembros de Steampunk Madrid nos desplazamos a Alcalá de Henares para responder a la invitación a celebrar que nos hicieron la asociación Hijos y amigos de Alcalá.

(Miembros de SPM con la pancarta)
Hijos y Amigos de Alcalá es una veterana asociación cultural que hace mas de veinte años rescato este festejo, que consiste en la procesión y quema de un "trasto viejo" delante de la iglesia de Santa Lucia, todo ello acompañado de música, en esta ocasión Don Miguel de Cervantes fue el prendedor de la Hoguera y el Trasto viejo fue de un modo algo metafórico "El abuso escolar"

La jornada acabo con la quema del trasto viejo, y el Asado de patatas en las ascuas de la pira, que estaban deliciosas.

Los Amigos e hijos de Alcalá, se especializan en recuperar festejos y costumbres, este festejo es origanario de la década de los noventa del siglo pasado.
(El trasto siendo prendido en la Pira)

en origen esta hoguera servía para celebrar el final de la siembra y el principio del año agrícola. La víspera del 13 de diciembre, cuando las noches se van acercando a su máxima duración, en la puerta de la ermita de Santa Lucía, se encendía una hoguera en la que se quemaban todos aquellos trastos que a lo largo del año habían ido quedando inservibles, trastos viejos que molestaban.


Por eso todos los años, Hijos y amigos de Alcalá, quema de forma simbólica en esta hoguera un “trasto viejo” algo que no nos gusta y que les gustaría que desapareciera.

(El trasto arde)

Por ultimo solo nos resta decir que nos enorgullece enormemente hacer participado en las hogueras de este año, que disfrutamos enormemente del festejo, la celebración y especialmente de la compañía de todos los implicados y asistentes, y que estamos deseosos de participar en mas y mejores actividades.

(Miembros de SPM en las hogueras
con el Honrrado prendedor Don Miguel de Cervantes)




miércoles, 7 de diciembre de 2016

La literatura Popular

El origen de la literatura marginal.

El antepasado de la literatura popular: Los Romances de Ciego
Si hablo de Penny Dreadful, lógicamente, lo primero que os vendrá a la cabeza es la serie de terror inspirada principalmente en las novelas que surgieron de cierto año sin verano en Villa Diodiati, pero hay mucho más detrás y su origen es más lejano de lo que creemos, pues los Penny Dreadful eran solo una de las muchas revistas de temática sensacionalista que se vendían en Inglaterra.

¿Dónde empieza todo?

Bueno, sin duda podríamos remontarnos a las cantigas de ciego como precursor, tanto por temática como por popularidad y a quien estaban destinadas.
En el s.XIV los juglares fueron sustituidos paulatinamente por otro tipo de artistas itinerantes con minusvalías físicas, habitualmente ciegos o  cojos, que movían a la piedad para conseguir limosna, frecuentemente en sitios con mucho tránsito como puentes, iglesias (si tenían un trato con el cura a cambio de un porcentaje de los beneficios) o lugares de peregrinación.

Estos cantan, acompañados de algún instrumento como la guitarra o la zamfona, gestas de genero épico, milagros, fabulas moralistas, cotilleos y, desde luego, las historias truculentas de crímenes, venganzas y castigos. La gente modesta se paraba a escuchar y disfrutaban de las aventuras y sobretodo, de las desventuras que les recordaban que había gente que estaba peor que ellos.
A partir del s.XV, tras la creación de la imprenta, comienzan a vender sus romances en lo que llamaban aleluyas de papel, historias en verso, ilustradas y que se llamaban de cordel porque los colgaban de una cuerda y al cantar, iba señalando las escenas de la historia.
Aunque muy poca gente sabía leer en aquel momento, mucha gente los compraba por las ilustraciones y porqué así recibía algo por dar una caridad, aun así, este será el antecedente más lejano que encontramos… y que más tiempo perduró ya que hasta entrado el siglo XIX se podían seguir encontrando a los ciegos cantando y vendiendo sus coplas.
Ejemplo de un Romance o Cantiga de ciego
Los romances de ciegos solían comenzar con una llamada de atención similar a ésta
"Hombres, mujeres y niños, mendigos y caballeros, paisanos y militares, carcamales y mancebos. El que ya no peina canas porque se quedó sin pelo, y el que el tupé se compone con bandolina y ungüento..."
Si la narración era larga, para evitar que se le marchara la clientela, hacían intermedios que a veces aprovechaban para vender medicinas, o chucherías y anunciaban la continuación de la siguiente manera:
"Fin de la segunda parte, éstas dos no pintan nada, la tercera es la que vale..."
El final irremisiblemente solía ser una invitación a la compra del pliego, si les había gustado el recitado
"Y aquí se acaba el romanceque en el pliego escrito está,sólo dos céntimos cuesta  a quien lo quiera llevar"

El nacimiento de la literatura popular: El Folletín

El folletín como tal surge durante el romanticismo francés como iniciativa para alfabetizar a las clases humildes. ¿Cómo? Pues siguiendo la idea de las cantigas de ciego pero con una salvedad, la historia no terminaba ese día sino que lo dejaba en suspense, lo que hoy conocemos con el anglosajón termino de “cliffhanger”, creando así la necesidad irresistible de saber qué iba a ocurrir. Un poco como Sherezade en las Mil y una Noches.
Como tenía que ser algo económico, originalmente se publicaba en el tercio inferior de los periódicos, idea que se copió más adelante en otros países, incluido España.
Las historias se alternaban y en cada país triunfaban más un tipo que otro, pero todas se caracterizaban por la simplicidad psicológica de los personajes y un argumento escapista, poco verosímil, plagado de islas misteriosas, aventuras, hipnosis asesinas, héroes enmascarados, científicos locos, misterios irresolubles y monstruos imposibles. El editor tenía muy en cuenta lo qué vendía en cada momento y aconsejaba a los escritores los temas y cómo resolverlos. A veces estaban de moda los finales trágicos, en otros que el bien siempre triunfase, momentos de historias detectivescas o de horror sobrenatural.
Si bien existe la queja de que servía para unificar el pensamiento de la masa popular y mantenerla aborregada, también inició revueltas como la provocada por Victor Hugo y su Notre Dame de Paris, en motivo de la noticia de que querían derruirla. La emotiva historia creó una conciencia social que acabaría con la salvación del templo.
A la larga los periódicos dejaron de ponerlo en la parte baja de las páginas y lo incluyeron en cuadernillos. Si la historia tenía éxito, después se recopilaba y publicaba en un libro.

El “Boom” de la literatura popular

Resumiendo el anterior articulo; nos encontramos que a principios del siglo XIX algunos editores de periódicos tuvieron una visión que cambiaría la cultura escrita tal como la conocíamos. Nos encontramos en un mundo aburrido e industrializado, donde el trabajo es agobiante, las condiciones de vida insalubres y que las personas aprendían a leer, pero no tenían ninguna oferta atrayente o asequible para seguir leyendo.  Los libros en ese momento eran caros y estaban pensado para la clase social dominante, por lo que no resultaba muy atractivo para la clase obrera.  Como la clase obrera la conformaba una masa enorme de gente a los editores de algunos periódicos se les ocurrió fidelizarlos añadiendo historias en el tercio inferior de los diarios, con tanto éxito que al final sacaron cuadernillos o folletos con las historias aparte.
Hoy hablamos del siguiente paso lógico, la creación de revistas especializadas ilustradas, que publicaban varias historias de 16 o 32 páginas con mucho diálogo, ritmo ágil, simplicidad psicológica, poca verosimilitud, temática sensacionaista y finales de capítulos que dejaban enganchado al lector. De esas historias no todas se publicaban después como libro, pero se calcula que, en Europa, en solo 50 años se imprimieron cerca de 3000 títulos de ese tipo de novelas.
Volviendo a las revistas salieron muchas, muchísimas revistas en cada país bajo nombres que solían anunciarse por su precio y temática, como por ejemplo los famosos Penny Dreadful (Penique Pavoroso), cuya temática era el horror y se vendían por un penique.
Tenían que competir entre ellos, por lo que lanzaron portadas llamativas, incluyendo ilustraciones a toda página o añadiendo la portada con un color de papel distinto o a una tinta y manteniendo los precios lo más ajustados posibles usando el papel más barato.
A pesar de esa explosión mediática de literatura, empieza a tener detractores ente la burguesía y la clase alta, con lo que la misma palabra folletín pasa a ser sinónimo de literatura de mala calidad, basta. ¿Es cierta esa afirmación? Sí y no. Había autores muy buenos escribiendo en ellas. Dostoievsky, Verne, Dumas, Poe, Salgari o Bécquer son algunos de los que aún se conocen que ganaron dinero en este tipo de revistas populares. Por otro lado, recordemos que el editor metía baza en cómo tenía que ir la historia, qué temas tocar y sobretodo, que pagaba por palabras, así que aunque se podían encontrar perlas de la literatura, también había mucha que no era tan buena.
Cada país tenía sus nombres, sus revistas ilustradas y sus temas favoritos, veamos algunos.
En Francia había muchas revistas de literatura, como Le Chat Noir o Le Nain Jaune (El Enano Amarillo). La primera era más global de arte, aunque dedicada a un público popular, la segunda era una revista satírica y de literatura general. Publicaba poemas, noticias y opiniones sobre libros recién salidos y escritos por entregas de temas variados pero pegadizos. Así se mezclaban apasionantes historias sobre luchas en la época del Rey Sol o héroes independientes que luchan por un ideal en tiempos lejanos que se alternaban en las hojas con historias de cariz costumbrista, protestas escondidas y bellos romances que, tras aventuras y desventuras, acaban bien.
Otra muy conocida era La Lune, de género fantástico y de ciencia ficción. Aunque aún no se usaran esos términos a los franceses les encantaban las máquinas, viajar a lejanos mundos o explorar lugares que nadie había visitado jamás.
Autores destacados fueron Rachilde -Marguerite Vallette-Eymery- (Monsieur Venus), Eugène Sue (El judío errante), Alexandre Dumas -y sus 73 “colaboradores”-(Los tres mosqueteros)
En Italia el folletín se llamaba romanzo d’appendice (historia por entregas), lo cual tiene sentido, porqué en vez de publicar una revista con varias historias publicaban solo capítulos de una sola. Primaban las aventuras y las historias moralizantes con toques trágicos como podemos ver en sus máximos exponentes: Emilio Salgari (Sandokan), Carlo Collodi (Pinocho), Francesco Mastriani (El pequeño Diablo), Matilde Serao (Fantasía) o la prolífica Carolina Invernizio (El beso de una muerta).
En Rusia aparece por primera vez en 1820 en el periódico  “Europa Bulletin”, más adelante salieron revistas literarias como “Diario de Deb” y “El Mensajero”, de carácter general popular, con adivinanzas, poemas, artículos, trivia literario y, por supuesto, historias por entregas. Dos autores conocidos en estas revistas fueron Fedor Dostoievski (Crimen y Castigo) y León Tolstoy (Guerra y Paz), así que podemos ver que les gustaban principalmente los dramas morales.

Literatura folletinesca en España

En España a los autores se les conocía como “escritores a vapor” por la velocidad con la que escribían por lo que el estilo literario a veces se conocía como “escritura industrial”. A pesar de eso, hubo varios problemas con la censura. Fue un siglo convulso, lleno de cambios políticos…y religiosos. Recordemos que la santa Inquisición sigue vigente en España hasta la década de 1830.
Es un momento en que empieza a haber escuelas para todo el mundo (mujeres sobre 1850), que aparecen sectas extrañas y organizaciones secretas, que llega comunicación más rápidamente de otros países junto con sus influencias.
Una época en general llena de altibajos, pobreza, el retorno de los bandoleros, la creación de cuerpos de policía, las plagas…
Por todo ello la gente necesitaba evadirse y una manera era la literatura por entregas que llegó a partir de 1820 de la mano de El Heraldo y que se consolidó 15 años más tarde con la mejora del grabado y la imprenta.
La revista más famosa fue el Semanario Pintoresco Español, las historias que eran rechazadas en este medio iban a La Ilustración, El Curioso Parlante, El Laberinto, La Alhambra o el Observatorio Pintoresco. Y por una vez tenemos estadísticas para saber qué temas estaban más de moda. En general eran dramas históricos (a menudo poco o nada investigados) donde el autor arreglaba la historia o añadía algún elemento sobrenatural. También se creó todo un género alrededor de bandidos y bandoleros.
Al contrario que sus versiones inglesas o estadounidenses, estas revistas pretendían no solo entretener sino educar e inculcar unos valores, con lo que contenían artículos de tradiciones y lugares del mundo o incluso de distintas zonas de España.
Otra cosa en la que el Semanario difiere de otras revistas o periódicos es que estos últimos incluían en sus páginas novelas en el sentido que hoy aplicamos al género; es decir, extensos relatos que solían figurar en las correspondientes secciones llamadas folletines. El Heraldo, La América, Revista de España o El Imparcial sí incluían esta modalidad narrativa, de ahí que con frecuencia el lector o estudioso de la obra de un determinado autor perteneciente a la segunda mitad del siglo XIX recurra al periódico como único medio de dar a conocer el texto literario en su primera publicación, como es el caso, entre otros, de Fernán Caballero, Galdós o Valera. En el Semanario Pintoresco Español es frecuente la publicación de un relato que, aun subtitulándose novela, no puede calificarse como tal, pues una vez leído el lector aprecia que se trata de un cuento o relato breve.
Una anécdota curiosa fue que a raíz de permitir que la mujer aprendiese a leer, no sólo se añaden más tipos de historias(con esquemas exaltando la familia, la maternidad y el sacrificio), sino que aparece una profusión tal de escritoras que algunos articulistas empezaron a escribir que les estaban robando el trabajo y promoviendo la imagen de que las escritoras eran unas marisabidillas, lo cual desembocó en una “guerra de opinión” entre las diferentes revistas, incluyendo aquellas que no eran literarias-educativas.
Algunos autores conocidos en ese momento fueron Clemente Díaz (El matrimonio masculino), Benito Pérez Galdós (Fortunata y Jacinta), Enrique Pérez Escrich (Las Garras del diablo), Manuel Fernández y González (Los siete infantes de Lara), Ramón Ortega y Frias(El Capitán Relámpago),  Torcuato Tárrago y Mateos(A doce mil pies de altura),  Gertrudis Gómez de Avellaneda (Oráculos de Talía ), Concepción Gimeno de Flaquer (El doctor alemán) y Matilde Cherner (Las tres leyes) entre muchos otros.
Accellina Jolie

martes, 6 de diciembre de 2016

Encuadernación Vol.1 Manual con hilo europea

(Portada decorada)
Hoy vamos a explicaros como encuadernar un libro o una libreta, para ello vamos a iniciar el proceso explicando que existen múltiples tipos de encuadernación los nombres de estas suelen ser auto descriptivos, en este caso, la encuadernación es manual, así que se hace a mano, con hilo, y de estilo europeo en vez de Japonesa o Copto, esto ultimo hace referencia a como va cosido, la costura europea es talvez la menos laboriosa.

Para realizar la libreta necesitamos los siguientes materiales: Papel 10 Din A4, Papel decorado 2 hojas de distinta decoración, Pegamento para papel, Cartulina, Hilo, Aguja, Dedal, Corta-hilos o tijera, Punzón, Pinzas de papelería. y opcionalmente Cinta de tela y laminas decorativas de Scrapbooking.

(Lomo)
Proceso:


(Costura libretos)
Empezaremos por fabricar los librillos que son el cuerpo de nuestra libreta. Para ello empezaremos doblando nuestros Din A4 por la mitad, a lo ancho, uno a uno, y los colocaremos en dos libros de cinco, lo que dará un total de diez paginas a cada libreto, ahora sujetaremos el primer libreto con las pinzas, y marcamos dos puntos en el lomo del libreto a cinco y seis centímetros del canto superior respectivamente, reptamos la operación con la parte inferior. una vez marcados los cuatro puntos en el lomo del libreto los perforamos con nuestro punzón, Ahora es cuando cosemos, yo prefiero usar hilo del mismo color que el papel, para empezar a coser enhebraremos una aguja con una hebra de hilo de unos 20cm, haremos un nudo al final de la hebra, y empezaremos a coser introduciendo desde el exterior por el agujero interior de cada libreto atravesando el agujero gemelo de todas las hojas del libreto, y extrayéndolo por el par inferior, es decir el colocado a un centímetro de el que acabamos de coser, daremos así dos vueltas mas antes de cerrar con un nudo de costura. Cortamos el hilo mas cerca del nudo posible y repetimos el proceso de costura con los dos agujeraos del otro canto del lomo. Una vez acabado este libreto hacemos lo mismo con el otro. hasta tener dos libretos idénticos.

(Bolsillo de la tapa interior)
Ahora vamos a realizar las tapas. Para ello recortamos cartulina hasta el tamaño de un folio. y con mucho cuidado extendemos el pegamento por una de sus caras, en esta ocasión hemos usado dos papeles con motivos florales pero pueden ser distintos. y adosamos la cartulina al papel, alisamos para evitar burbujas, ten en cuenta que el papel exterior ha de ser mayor que la cartulina, al menos un centímetro por cada extremo, cuando este pegado y sin burbujas damos la vuelta a la cartulina, de este modo la cartulina queda hacia nosotros, con cuidado doblamos el sobrante de papel de la cubierta exterior sobre la cartulina y los pegamos pegamos, te recomiendo antes de pegarlos que cortes las esquinas antes de pegarlas. ahora pegamos el papel en el interior, esto tapara las junturas, una vez seco el conjunto pasaremos a coserlo del mismo modo que antes, pero esta vez cosemos las tapas a ambos libretos.

Ahora ya tienes una libreta lista, para decorar y usar.


(Ejemplos varios)



domingo, 4 de diciembre de 2016

Día internacional del Niño 2016 Vol.3

Hoy presentamos un único relato de los participantes de el Día internacional del Niño, una maravillosa versión trabajada no solo en su relato sino también en su vertiente pictórica.


EL CUENTO DEL ZAR SALTAR DE SU HIJO EL PRINCIPE DE GUIDON, GLORIOSO PALADIN, Y LA INGENIERA CISNE.

(Versión de Accelina Jolie)





























miércoles, 30 de noviembre de 2016

Chikara. El poder de la naturaleza

'Chikara. El poder de la naturaleza', coordinada por Giny Valrís y Josué Ramos, nace de un certamen convocado en el 2015 con el propósito de “recopilar una serie de relatos de género fantástico con ambientación greenpunk y que sean fieles a la filosofía de Hayao Miyazaki”   
http://antologiasnc.blogspot.com.es/

 Editado por Taketombo Books, este libro está constituido por nueve historias que nos invitan a entrar en distintas visiones de este género tan sugerente que es el greenpunk.  
El greenpunk es un término inventado por el publicista literario Matt Stagg en 2009 y quizás la mejor definición de greenpunk que he leído hasta ahora ha escrito Guillermo Moreno en 2011
“[greenpunk] ...se puede entender como un movimiento que propone ...darle una vuelta de tuerca al consumismo al favor de un mundo verde. A diferencia del nihilismo del Cyberpunk o la distopía romántica del Steampunk, el Greenpunk se dirige a revisar la sociedad y recrearla a través de una convivencia en consonancia con lo natural. Green sin duda alude al ecologismo, y punk podría entenderse como el ir contra el sistema, pero ojo no confundir con el extremismo, y tampoco piensen en el Greenpunk como una evolución del movimiento hippie. El punk representa el hazlo tu mismo, el revertir los elementos del sistema para traer un cambio revolucionario. “
http://www.cuevadelobo.com/que-es-el-greenpunk/
Y desde luego, hay que destacar el estética gráfica de Kabuki 56, cuyo trabajo delicado y sensible matiza y subraya los relatos de esta colección.


La antología abre con HANYOU, de Daniel G. Castro, donde elementos sintoistas se mezclan con el temático del amor y la resistencia al egoísmo institucionalizado.
Isabel Hierro y Javi Araguz, coautores de UN CARAMELO PARA MARIE,  evocan una atmósfera misterioso con una ambigua máquina expendedora de bolas de chicle en una tienda de golosinas.
KIANO, escrito por Santiago García-Clairac, sigue el viaje de Kiano mientras descubre el orígen de la peste insidiosa y mortífera en su ciudad.
Óscar Navas, en EL SILENCIO DE KOKONE nos ofrece un relato corte fantástico sobre el amor.
LA DAMA GRIS, de Covadonga González-Pola cuenta el largo viaje de un pueblo para entender el mensaje del bosque.
 Gloria T. Dauden evoca el ambiente de los leyendas japoneses en AMATERASU: LA CIUDAD DEL SOL donde el futuro de dos reinos están en las manos de Midori y Hiruko
Con el título sugerente de TAQUICARDIA,  Sachiko Ishikawa nos brinda un relato futurista intrigante.
Roberto Marquino, autor de EN UN BOSQUE DE SUGI,  narra la historia de Akira, quien quiere recuperar su contacto con la naturaleza y las costumbres ancestrales de su amado país, Japón.
Para cerrar la antología de CHIKARA, tenemos SHIZEN NO CHIKARA por Giny Valrís y Josué Ramos, un relato onírico del poder del sacrificio.  

Fmdo:
Prof. Cecily Cogsworth

domingo, 27 de noviembre de 2016

Día internacional del Niño 2016 Vol.2

El pasado dia 20 due el dia internacional de niño y nosotros propusimos un juego literario, debido a la extensión de estos los hemos tenido que dividir en varias entradas, y sin mas preámbulos les dejo con la segunda parte de los relatos.




El Gato y el Ratón hacen vida en común.
(Cuento original de los Hermanos Grimm, Versión de Mikel Villafranca)

En la ciudad de Gearburgo todo es mecánico, es tal vez por la que humanidad jugo a ser dios y lo hicieron mediante la relojeria y la fuerza del vapor.
Sea como sea allí todo es una copia mecánica creada por el hombre y por eso ocurren historias tan lamentables como esta que voy a narraros.


En esa ciudad vivían toda clase de personas y animales alimentados por sus calderas y con sus mentes mecánicas rigiendo sus actos, y como todas las creaciones humanas, no funcionan como se espera, siempre hay características inesperadas.
Así fue como empezó esta extraña relación un Gato con un ronroneo mecánico y unas algentes y silenciosas patas hidráulicas que solía repantingarse al sol, fue a ver al ratón que con la velocidad de su mecanismo de cuerda autónomo se puso en marcha y se oculto tras la puerta, el gato insistió en su amistad mutua, ese día y el siguiente y muchos, muchos mas. Hasta que el ratón la tomo por cierta y el gato aprovecho esa circunstancia para pedirle irse a vivir juntos.
Pusieron su casa en común en el interior de un cálido reloj-árbol de péndulo, era tan espacioso que cabían los dos cómodamente. Un día el ratón insto en que tenían que recoger combustible para alimentar sus calderas durante el invierno, dado que los mecanismos y las calderas sufren mucho con el frío intenso, ambos recogieron alimento durante todo el otoño, y decidieron esconder sus reservas de invierno dentro de una cazoleta de cerámica muy grande en la antigua y ruinosa fabrica de relojes de cuco, y así lo hicieron.
Pasadas algunas semanas el Gato le dijo al ratón,- No te lo puedes creer pero mi hermana menor por parte de tuerca lumbar ha sido madre he insiste en que se padrino de uno de sus cachorros- y con alegre agilidad se marcho, volvió muchas horas después, y le dijo al ratón – pese a mis protestas mi hermana ha llamado al cachorro que apadrino Empezado. El ratón contesto- pues me parece un nombre muy inusual. Y ahí quedo la conversación.
Varias semanas después el gato regreso de la calle con noticia similar, aunque esta vez era su hermana por parte de engranaje maxilar la que experimentaba los rigores de la maternidad, y se marcho a ser padrino con igual agilidad y alegría, al volver se repitió la conversión, aunque esta vez el curioso nombre del recién nacido era Mediado.
Unas pocas semanas después otra de las hermanas del Gato fue Madre de nuevo, aunque esta vez se trataba de una hermana por parte de bisagra de pata anterior derecha, y el gato abando con alegre y silenciosa agilidad la casa para cumplir con sus obligaciones como padrino. Aunque en esta ocasión el ratón en vez de quedarse en casa salio a pasear y por cerciorarse decidió pasar por la fabrica y comprobar que la cacerola seguía intacta, pues pensaba que la necesitaría en el futuro próximo.
Cuando llego a la antigua fabrica fue al lugar donde habían escondido la cacerola y la encontró vacía, entonces empezó sospechar que el Gato se había comido todo el contenido a escondidas, algo que corroboro el Gato que con enorme agilidad se descolgó de una viga del techo, y dijo al ratón- que feliz coincidencia acabo de volver de ver al cachorro y no te vas creer el nombre que le han puesto- dijo el Gato con la mas melosa voz que era capaz de usar.
El Ratón empezó a huir y el gato le siguió, primero despacio después corriendo, a la par que decía- el cachorro a sido nombrado como Acabado. Un elástico salto acompañado de un fuerte mordisco puso fin a la huida del Ratón.
Y así acabo esta amistad.

El Reflejo.
(Una versión steampunk de un cuento clásico: El soldadito de plomo.
Por Janaceck Jadehierro)

-. Señorita, no se acerque al quitamiedos, ese tramo es peligroso.
La joven a la que el suboficial de a bordo increpaba se mantenía en un precario
equilibrio, encaramada a uno de los eslabones de la cadena del ancla y se inclinaba,
sujetándose apenas, sobre uno de los autómatas apilados en la proa, mientras el barco
avanzaba ligero rumbo a la costa de Tarifa y el sol del atardecer arrancaba destellos
dorados de las armaduras de bronce y acero ametralladas.
-. María siempre se ha comportado como una amazona arriesgada, dijo una voz
masculina tras él. La voz parecía burlona pero el rostro del hombre estaba serio y
acompañaba el comentario con otra calada al recio puro cubano recién encendido.
Observaba a la mujer con una mirada intensa, la misma que la de un ave rapaz sobre una
presa potencial.
-. Es muy peligroso, apuntilló el suboficial. Debe salir de ahí, madame.
El acento del marino era francés, por supuesto. El barco estaba abanderado con
la tricolor y el intento de ingerencia de la nación gala en la guerra hispano marroquí era
de sobra conocido a nivel internacional, aunque al mismo tiempo se toleraba lo que se
había dado por llamar de forma eufemística, “misiones de apoyo humanitario” en la
zona.
España ocupaba todos sus barcos en operaciones militares, bien para el traslado
de tropas, bien para el hostigamiento de las fuerzas rebeldes en suelo africano. Así que
los franceses, buitres amistosos aparentemente neutrales, se encargaban del transporte
civil entre la península y las ciudades costeras de la costa mora, aún bajo dominio
europeo.
La mujer vestía un traje de lino blanco muy vaporoso a la última moda levantina
y alzó la mano que sujetaba el sombrero para hacer ver que lo había entendido, pero se
demoró agachada junto al pecho de uno de los guerreros metálicos fascinada tal vez por
su imponente coraza abollada, inerme, despojada de la artillería.
El barco, un vapor ligero de trescientas toneladas, transportaba al continente los
restos de los recién adquiridos soldados metálicos que España estaba probando en suelo
africano y a algunos pasajeros y militares españoles de permiso.
De fabricación alemana, los impresionantes autómatas habían puesto en jaque
durante un breve tiempo a los independentistas norteafricanos, pero, al cabo de algunos
enfrentamientos y escaramuzas, se habían demostrado torpes y vulnerables ante las
tropas irregulares magrebíes que usaban la arena como escondite y dejaban una trampa
a cada paso. Ahora, más dañados que gloriosos, los devolvían a sus bases en Andalucía
para revisión y readaptación a las nuevas condiciones bélicas del conflicto.
-. A éste la falta una pierna, dijo la joven, pero más para sí misma que para los
dos hombres que la observaban. Es… imponente, frágil y hermoso.
El suboficial, inquieto por la inminente tormenta que se estaba formando al
oriente de las Columnas de Hércules y que ya espumaba las crestas de las olas del
estrecho, hizo el ademán de avanzar para tomar el brazo de la mujer, pero el otro le
sujetó por el hombro impidiéndole dar el paso.
-. Déjela. Se está divirtiendo.
-. Corre peligro.
-. Lo se. Es mi mujer. Dijo él con un deje de sarcasmo.
Ella tardó aún un rato en volver a la seguridad de la cubierta.
-. La cena se sirve en el salón en diez minutos, informó el suboficial una vez
estuvo a salvo, algo molesto por el incidente y por ver menoscabada su autoridad, por lo

que a todas luces parecía una pareja de comediantes irreverentes, de vida disoluta, lejos
de su posición social y sus valores morales.
-. ¿Te lo has pasado bien, querida?, le susurró el marido mientras la tomaba de la
cintura y la empujaba suavemente hacia la popa por la galería de poltronas de estribor.
Ella todavía volvió la vista una vez más antes de apartar la mano que la sujetaba
y taconear altiva en dirección al pequeño salón que hacía las veces de comedor para los
pasajeros y la tripulación de grado.
-. No me trates como si fuera una niña. Yo soy quien tiene el dinero,
¿recuerdas?. Lo dijo en voz baja pero firme.
-. Cómo olvidarlo, querida. Soltó con ironía. Me lo repites en cada ocasión.
Más tarde, ya en la mesa, el capitán, a comentarios del suboficial, se interesó por
las aventuras de ella.
-. Es fascinante. Ese metal brillante y pulido hasta parecer un espejo. ¿No cree
que resultan un blanco fácil para el enemigo?, preguntó ella con fingida inocencia.
Quiero decir, bajo el sol del mediodía.
Los hombres se rieron abierta aunque educadamente, de la ignorancia de la
dama. Le contestó un atractivo teniente de artillería, de nombre Guzmán, que regresaba
a la península con un corto permiso.
-. Imagine una docena de esos gigantes artillados con un cañón de treinta
milímetros y dos ametralladoras, luciendo como Apolo en su carro solar surcando el
cielo del Olimpo. Créame, esas máquinas meten mucho miedo tal y como están.
-. Sin embargo las derrotan. Todas tienen desperfectos. Apuntó ella dulcemente.
La sonrisa de los varones presentes se difuminó un tanto. Un puñado de ellos
eran veteranos de las guerras coloniales y no aceptaban bien las críticas. Mucho menos
si venían de boca de una mujer. Las sufragistas resultaban insufribles para depende qué
círculos masculinos, en especial si eran conservadores.
Su marido se vio en la necesidad de dar explicaciones.
-. Disculpen a mi mujer. Es bailarina de profesión y eso, -rió- , la obliga a estar
siempre dándole muchas vueltas a la cabeza.
Todos secundaron condescendientes la broma.
En otra ocasión ella le hubiera fulminado con la mirada. Pero estaba distraída.
Mientras los presentes celebraban la chanza con un alzado de copas, ella intentaba
descifrar la extraña sensación que le había producido verse reflejada en el pecho
bruñido del soldado metálico.
Durante aquellos escasos minutos que había durado la visión, se había
enfrentado a un rostro desconocido. Mas hermoso que el de ella misma, más brillante.
María se había encontrado a si misma frente al espejo y se había asombrado de
su propio reflejo al sol del ocaso.
La joven adolecía de una tristeza autoinfringida. No poseía una belleza que la
distinguiera del resto y toda su vida había echado de menos las muestras de admiración
y de envidia que otras recibían de hombres y mujeres de forma natural. Había hecho de
la danza una forma de expresión, pero incluso en ese terreno había fracasado y la
solvencia de la que económicamente disfrutaba, se debía más a la herencia de unos
familiares desaparecidos prematuramente y la venta afortunada de unas propiedades que
a su valor en las tablas.
Su matrimonio con Alberto Arribes era una farsa y sabía que la única razón que
le mantenía a su lado era porque le costeaba todos sus caprichos y, aunque a veces
tiraba de las riendas, se sentía cabalgando el caballo desbocado de una vida que no la
pertenecía.
En el pecho pulido del autómata había visto otra cosa.

La extraña luz dorada del atardecer había tornado su cabello castaño en rubio y
sus ojos le habían parecido verde esmeralda. Pero sobre todo, su rostro, habitualmente
delgado y anguloso, se habría vuelto dulce y proporcionado, el rostro de la mujer que
siempre había deseado ser. Y al alzar la vista sorprendida, se había encontrado con los
ojos del autómata que parecían observarla con intensa admiración.
En concreto parecían decirle, -así es como yo te veo-.
Por primera y única vez en su vida se sintió hermosa y deseada. Por eso se había
demorado. Por eso se había quedado tanto tiempo hipnóticamente hechizada junto al
extraño admirador.
Espejito, espejito, ¿quién es la más bella?.
Y ahora deseaba desesperadamente volver a sentir la misma sensación.
-. Esos autómatas, se atrevió a preguntar interrumpiendo la conversación que
había tomado otros derroteros, ¿están apagados?... dormidos, ¿verdad?.
En el fondo hubiera querido preguntar si el soldado la había estado hablando con
la mirada realmente.
De nuevo fue el teniente Guzmán quien galantemente se ofreció a responder.
-. Lo cierto es que permanecen en suspensión de funciones. Mientras que no se
les de una orden explícita, descansan. A estos se les ha ordenado que se dejen llevar
dócilmente hasta el desguace. Bromeó con un exceso de humor negro.
Ella no hizo intentos por disimular la decepción.
-. Creo que me estoy mareando, quiero acostarme un rato, dijo como pretexto
para abandonar la mesa. En realidad planeaba regresar a la proa para ver de nuevo al
bello autómata sin pierna.
Alberto, su enigmático marido, ni siquiera se molestó en fingir que quería
acompañarla a su camarote y la despidió alzando la copa de coñac con indiferencia.
La mar, como había predicho el suboficial, se estaba encrespando y las olas
hacían cabecear el buque escorándolo un tanto a babor. A pesar de eso, ella avanzó
agarrándose a la amura dejando que la espuma atomizada por el viento la mojase el
vestido y la cara. Pero al acabarse la barandilla de madera se encontró con una
prolongación de cable de acero que hizo que se sintiese insegura. Entonces dudó si
regresar al salón, pero el brillo metálico de los soldados amontonados, ahora más
intenso por el insalubre rocío, la atrajo como un canto de sirena.
No esperaba el golpe de la ola. En un instante pareció que el barco había
chocado contra un muro y se detenía por el impacto. Trastabilló y perdió el equilibrio.
No se precipitó al agua porque su vestido se enganchó en un tolete y sintió pánico. Una
cortina de agua cayó sobre ella y la empapó completamente. Respirar el agua salada la
aturdió y perdió el sentido de la orientación. De repente notó que un brazo tiraba de ella.
Una voz familiar la urgía a agarrarse fuertemente y salir de allí. Era el teniente Guzmán
que la había seguido para disculparse.
Lamentablemente ella se había quedado paralizada. No acertaba a mover las
piernas ni a ponerse en pie.
El teniente, no obstante, resbaló cuando la siguiente ola barrió la proa y fue
arrastrado por la borda.
Ella le vio desaparecer entre la espuma gritando socorro. A continuación el agua
se apoderó de su cuerpo desmadejado y la empujó también.
En ese momento, uno de los soldados autómatas se abalanzó hacia ella y
agarrándola por la cintura la arrojó como si fuera una muñeca de trapo a la zona de
poltronas. Era el soldado sin pierna.
Un segundo después vio que se había lanzado al agua en busca del teniente, o
eso la pareció en su conmoción, mientras otros soldados se levantaban en desorden

tropezando unos con otros y se interponían entre ella y el mar. A continuación se
desmayó.

*****

Pasaron varios días mientras se recuperaba de la tremenda experiencia en un
balneario cercano a la ciudad de Cádiz. De poco sirvió que la intentaran convencer de
que el suceso había sido fortuito. Los enganches que sujetaban a los autómatas militares
se habían soltado con el golpe de mar y uno de ellos cayó al agua siguiendo al
desdichado teniente que se había ahogado en el suceso. El resto, desordenados por la
fuerza de la ola, afortunadamente, la protegieron de un mal mayor al interponerse entre
ella y la fatídica barandilla.
Ella recordaba las cosas de manera diferente y aunque reconocía que la fiebre la
había mantenido en un estado de turbación prolongado se negó a cambiar de versión.
Con el tiempo llegó a olvidarlo y terminó por vivir en Madrid, en una casa de campo de
las afueras en compañía de su arribista marido.

*****

Mientras tanto, unos años más tarde, un barco de pesca sacó a la luz un extraño
pescado. Más de dos toneladas de bronce y acero al que la acción corrosiva del salitre
había dejado en un estado lamentable.
El peso de la máquina estuvo a punto de destrozar las redes y los pescadores
decidieron venderla para resarcirse de las pérdidas por la reparación.
La máquina estuvo a punto de ser fundida en varias fundiciones andaluzas pero
siempre, el origen militar de las piezas, echaba para atrás a los fundidores que temían
multas de la administración por destrucción de material del ejército.
El caso es que el ejercito tampoco llegó a reclamar al autómata de forma oficial
por lo que quedó olvidado en una especie de limbo administrativo oxidándose
lentamente en la trasera de una chatarrería.
Finalmente fue adquirido al peso por una compañía de variedades que pretendía
usarlo como parte importante del decorado de una zarzuela a estrenar. La Africana. Del
Maestro Guerrero.
Aquella circunstancia fue determinante para que María y el soldado se volvieran
a reunir.
A veces es muy fuerte la tentación de creer en el destino, y para María esta fue
la ocasión más significativa de su vida.
En el estreno de la zarzuela en la capital, la primera de esa temática tras la
dolorosa defección de España en el Magreb, ella ocupaba un palco en el Teatro
Calderón junto a su marido, quien ya entrado en canas trataba de disimular lo mejor
posible su condición de mantenido con una apostura exagerada y más teatral que la de
muchos de los actores que pululaban por allí.
Cuando vio la chatarra restaurada del autómata, de nuevo brillante y abollada,
adornada de guirnaldas y coronada por una bandera española, sedente y claramente
huérfana de su pierna derecha, la bailarina no pudo reprimir un grito ahogado.
Al final del primer acto bajó al escenario y sobornó a un tramoyista para que la
dejara curiosear en bambalinas. Cuando la enfrentó cara a cara ya no tuvo dudas. Era el
mismo autómata, olvidado en sus pesadillas, renovado contra todo pronostico en una
realidad que cada vez más, se la antojaba irreal. La de su propia vida.

Convertido en la caricatura del soldado orgulloso que fue, desarmado y
denostado por la España que no quiso superar su propia derrota y que ahora convertía
en comedia la tragedia del abandono de las colonias, el espejo de su alter ego le pareció
el ser más indefenso del mundo.
Sintió la imperiosa necesidad de salvarlo, de devolverle el favor que un día fue
crucial para superar la espiral de sinsentidos de su existencia. Le pareció mágico el
reencuentro, dudaba entre saber más o tan solo dejarse llevar por la sensación de
milagro y optó por la segunda, convencida de que tal arreglo metafísico debía significar
el comienzo de otro gran cambio para su vida.
Y así fue. Pero no como ella lo esperaba.
Tras unos meses de incertidumbre y una cantidad no despreciable de voluntad y
dinero consiguió que la chatarra terminase en su casa de campo. Depositada sin remedio
en el sótano de la leñera, en el único lugar que podía albergar tal enormidad sin llamar
la atención de vecinos ni llamar en exceso la de su marido, quien por aquellos días
amenazaba con frecuencia con poner en duda su sano juicio y su capacidad para
administrar ante un notario.
Tal vez el destino sí existía, o tal vez los planes ya estaban maduros para cuando
ocurrió. Tal vez, incluso, se concatenaron los hechos en favor del peor de los
protagonistas de la historia, como suele ocurrir vaya usted a saber por qué locura o
maldad divina, y el marido, harto de ser segundón, harto de rogar por algo que ya
consideraba suyo, decidió matarla.
Después de años de tener que conformarse con su paga, después de soportar
giras por España viendo cómo su prestigio social se veía minorado por los fracasos
profesionales de su mujer y ver alejarse la posibilidad de pertenecer al nivel de sociedad
al que creía tener derecho, había urdido un plan infalible.
María había pasado cada rato libre de aquel lluvioso otoño mirándose en su
espejo particular. Pensaba, entre otras cosas, en lo curioso que resultaba que su propio
nombre significase espejo en hebreo. Pensaba en su destino.
Pero qué veía en ese espejo es algo que sólo podemos imaginar. Lo que sí es
seguro es que la conectaba directamente con sus sueños, con sus más secretos anhelos y
sus más inconfesables fantasías. Con un yo atemporal y hermoso de espíritu que la
reconciliaba consigo misma.
Había desmontado cada pieza y la había restaurado como había podido y aunque
nunca consiguió devolver la vida a aquellos oscuros ojos, había reconstruido la
maquinaria y había descubierto un espacio vacío que antaño debió ocupar la munición y
en el que gustaba de acomodarse de vez en cuando para imaginar que viajaba por su
mundo de fantasía dentro de él.
Una tarde, ya cerca de los primeros fríos que teñían de blanco la sierra
madrileña, Alberto, su marido, la buscó insistentemente.
Ella, que no quería verle, como tantas otras veces en que huía de su cada vez
más detestada presencia, se escondió, y él, sabiendo donde y qué es lo que hacía, mandó
descargar el camión de carbón para la caldera sobre la figura recostada del autómata.
Las seis toneladas de carbón tardaron pocos segundos en llenar la leñera hasta el
techo con la provisión para la calefacción de todo el invierno.

*****

La policía primero, los voluntarios después, nadie con el paso de las semanas, se
encargaron de buscar a María. No apareció.

Aunque hubo sospechas, nada se probó, así que él heredó lo que quedaba de las
rentas, antaño bien administradas, y poniendo mar de por medio, emprendió viaje a las
américas de las que no volvió. La casa de campo quedó abandonada. Huelga describir el
horror de la muerte de María.
Años más tarde, algunos chavales del pueblo, aleccionados por sus padres,
entraban de vez en cuando a la abandonada finca en busca del carbón.
Así descubrieron poco a poco el cuerpo del soldado sepultado bajo las negras
piedras bituminosas, y cuando los mayores, codiciosos de tanto metal, comenzaron a
desguazarlo para venderlo por piezas, encontraron la pequeña cavidad en su pecho, tan
cerca de la maquinaria que los huesos se habían mezclado con los engranajes. Creyeron
que eran astillas y los usaron para encender una hoguera, hasta que encontraron también
el cráneo.
El temor al mal fario les asaltó y decidieron dejarlo allí. Y así fue que quedaron
los últimos huesos de la bailarina y los engranajes del soldado, juntos, que sepamos,
hasta nuestros días. Enterrados y olvidados para siempre entre la leyenda y la
superstición.

EL FLAUTISTA DE LONDRES
(Basado en el relato de EL FLAUTISTA DE HAMELLIN.
Versión de Marina González)

Érase que se era, hace no mucho tiempo, en el inicio de una era de grandes inventos a vapor, donde estar a la vanguardia era lo último, ocurrió lo inesperado.
Gracias a la celebración por todo lo alto de la coronación de la Reina Victoria, se amontonaron toneladas de basura por las calles (véase botellas, inventos que iban a ser regalados a la recién nombrada Reina, pero que no salieron a la luz por no funcionar, sobras de comida, ropa recién estrenada y manchada de aceite de los inventos fallidos y de comida, etc.), proliferaron las ratas, tanto robóticas (éstas tenían un nivel de inteligencia mayor que la de los robots al haber aprendido a reparar sus piezas rotas, lo que aumentaba su nivel de resistencia y de vida útil, termino poco adecuado al referirnos a rata), como reales. Por lo que los 3 autómatas que había en la ciudad de Londres no daban abasto para limpiar la basura ni eliminar las ratas.
La reina estaba en su luna de miel, que había aprovechado para visitar su vasto imperio y que la conocieran allende los mares en aquellas tierras lejanas que le pertenecían por legítimo derecho y ver cómo estaban los virreyes, por lo que el problema le tocó solucionarlo al gobernante de la ciudad, un señor acaudalado y más proclive a la organización de fiestas y eventos (se le daban de fábula, había que haber estado en la coronación para ver su manejo de la fiesta y tendríais que ver la que organizaría por la boda de la reina con su futuro marido Alberto).
Total, que el encargado de resolver el problema no tenía ni idea y decidió hacer una subasta pública para encontrar a alguien que pudiera solucionar el tema de las ratas por una buena bolsa de monedas de oro (y llevarse el mérito él por supuesto). Mandó mensajeros por todo Londres y por los pueblos cercanos para que en tres días se presentaran los mejores exterminadores de ratas mecánicas y de carne y hueso.
Se presentaron muchos rufianes, mentirosos, predicadores que se basaban en dioses de la mecánica (lo que no solucionaba cómo erradicar las ratas de carne y hueso) y muchos mentirosos.
En total, el proceso de selección duró tres días con sus tres noches. Todos los pretendientes fueron rechazados. Al alba del cuarto día, cuando ya habían despachado al ultimo, inventor de las piernas protésicas a vapor y que por la pintura casi parecían reales, al cual le faltaba una pierna y que se negaba a usar sus propias prótesis por pertenecer a la raza de inventores raros, y que parecía el mas adecuado, pero que proponía como solución lanzar veneno que deshiciera todo tipo de carne y metal en el Tmesis y ríos cercanos y en los edificios de Londres (idea brillante en cuanto a exterminar todo tipo de ratas, en lo demás…. no); se presentó un muchacho de 16 años, con un ojo azul y el otro marrón, todo de negro (la moda es victoriana no ir de funeral durante la luna de miel de nuestra señora la reina) y con sólo una bolsa alargada y fina por equipaje.
El muchacho les propuso que eliminaría todas las ratas en menos de 3 horas. Al preguntarle la corte real cómo, les respondió que con su flauta, la cual llevaba en la bolsa. Los nobles se rieron de semejante plan, ya habían tenido mucha paciencia los tres días anteriores como para que viniera un joven plebeyo panoli y paleto con su flauta, que seguro que no sabía ni cómo usarla. Le dijeron que le contrataban. Que era el mejor plan que habían visto hasta ahora.
El muchacho no se inmutó. Copio su flauta, empezó a tocar y todas las ratas de palacio fueron a su encuentro en el vestíbulo (las caras del gobernador al ver tanta rata fue alucinante). Salió al exterior, donde reunió a más de 15.000 ratas sin contar las de palacio y mientras recorría la ciudad iban uniéndose más y más ratas (el gobierno británico dice que no fueron más de 20.000 ratas, pero la verdad es que fueron más de 500.000 ratitas adorables, negras de suciedad y malolientes, pero adorables al fin y al cabo).
Tuvo que recorrer más de 190 kilómetros hasta llegar a la costa de Bristol para echar las ratas a ese mar (las focas que hay entre Irlanda y RU tienen como pasión comer todo tipo de ratas, sus preferidas son las que se han puesto ceporronas de banquetes y fiestas). Ojo, el viaje lo tuvo que hacer andando y sin parar de tocar la flauta día y noche
Al volver (andando) a Londres, se habían olvidado de él al haber organizado una fiesta por el fin de las ratas (ahora no había ratas).
Y al exigir al gobernador el pago de sus servicios, éste se negó porque no iba a pagar a un simple flautista por “deshacerse” de unas pocas y míseras ratas flacas que no habían hecho nada.
El muchacho se enfadó, sí, por fin tuvo una reacción. E hizo lo más sensato. Coger su flauta y empezar a tocar otra vez… ¿Quién apareció esta vez? Los tres hijos rollizos del gobernador seguidos del resto de niños de Londres.
Y desapareció.
Dicen gente sencilla de pueblo que los vieron caer por la costa de Bristol como ratas. Otros que el flautista abrió por arte de magia el interior de una montaña cercana a Londres y metió los niños ahí.
Nadie sabe dónde fueron.
EL gobernador perdió la cabeza. Literal. Se la cortaron y la pusieron en una pica en lo más alto de la más alta torre del castillo (que no era muy alto, así que se veía bien) para que los sucesivos gobernadores no hicieran lo que hizo.
Por eso la reina Victoria fue tan dura durante su mandato.
La historia oficial es que hubo enfermedades, hambrunas y demás “cosas de la época” para dar explicación a por qué no había niños.


Peer Gear Gynt
(Relato versionado por Victoria Firefly )

En las montañas de Noruega, vivió una vez un joven llamado Peer Gear Gynt. Desde la repentina muerte de su padre, el joven vivía con su madre en una granja destartalada junto a un arroyo, pero aun vendiendo todos los inventos de su difunto padre, vivían en la miseria, y Peer había dejado que se arruinaran debido a su comportamiento perezoso y holgazán. Durante el verano, nuestro protagonista se fue varias semanas con un grupo de científicos e inventores recorriendo Europa en busca de nuevas investigaciones que realizar, y amistades que tratar.  Os preguntareis cómo pudo permitir el lujo de viajar con ellos. Se presentó ante ellos como si se tratase de un humilde y servicial “Passepartout” llevando sus equipajes y más pesados paquetes en todo momento. El viaje no le duró demasiado por en un momento de debilidad decidió inconscientemente robar a uno de ellos. Se trataba de un reloj de bolsillo capaz de predecir la temperatura del día siguiente utilizando pequeñas ráfagas de luz según los grados indicados. Era de noche y su amo dormía plácidamente junto a él. Justo en el instante en que toco la esfera, se activó una alarma por sensor y le produjo un calambre. Gritó con todas sus fuerzas por el dolor que le produjo y despertó a todo el equipo. El día siguiente tuvo que regresar como pudo devuelta a su casa, avergonzado por sus actos y con apenas dinero para sobrevivir hasta su regreso.
Cuando regresó, su madre le reprendió duramente
-¡Eres un granuja! Te marchas sin si quiera avisar a tu pobre madre y vuelves con las manos vacías…
Peer, avergonzado por lo sucedido, decidió guardar silencio, algo que su madre interpretó como un acto de cobardía por su parte.
-Por tu culpa somos pobres y miserables. ¿Piensas cambiar de actitud algún día? ¿Esperas que la suerte caiga del cielo?
- No, pero algún día me casaré con una hermosa y rica científica. Entonces viviremos una vida majestuosa y el dinero ya no será un problema para nosotros.
-¿Quién querría casarse con un ocioso y perezoso chiquillo que se dedica a soñar despierto y malgastar su tiempo haciendo aquello que más le conviene? Deja de construir castillos en el cielo Peer Gear Gynt y dedícate a lo que mejor nos vendría en este momento: ayudarme con las tareas de la granja. Te hago saber que mientras viajaban en globos y demás medios de transporte infernales, Mads Moen consiguió enamorar a una joven adinerada y hoy mismo es la ceremonia.
- Entonces no tengo tiempo que perder. Debo impedir que se casen y así obtendré mi valiosa recompensa.
Antes de que su madre pudiera detenerle, Peer atravesó colina abajo entre los arboles del bosque otoñal y desapareció de su vista.
En el patio de la granja más rica de Heggstad, se congregaban todos los invitados. Había un violinista que tocaba alegres melodías mientras los jóvenes y mayores bailaban al son de la música. Cuando llegó, todo el mundo se le quedo plantado ante su apariencia desaliñada y sucia, y aun sabiendo que no había sido invitado, decidió invitar a la mismísima novia, que yacía sentada cerca de una de las mesas principales junto a su actual prometido. La joven se llamaba Solveig y a pesar de su timidez, encandilaba a cualquier chico que pasara cerca suyo. La madre de la novia observó que se trataba del mismo Peer Gear Gynt y escuchó como la gente comenzaba a murmurar sobre la pareja. La madre la llamó pero nuestro protagonista se percató y decidió sostenerla firmemente en sus brazos. La joven le rogo que le soltara, pero él insistió y decidió llevársela consigo, amenazándola de que si no cumplía con sus deseos, se convertiría en troll y la amanecería cada noche mientras durmiera. Ella intentó escabullirse de la situación pero salió perdiendo. Peer la arrastró hasta las profundidades del bosque ladera arriba. Viendo que el resto de los invitados salían corriendo tras ellos, le dio un beso de despedida como si se tratara de su amante y se escabullo entre unos matorrales. Tuvo la mala fortuna de caerse ante un precipicio pero unos lechos amortiguaron su caída. Una vez pudo recuperar la consciencia, se encontró ante una doncella vestida de verde. Se presentó como la hija del Rey Brose Machine de Drove, y él se hizo pasar también por príncipe  de la Reina Aase de Gudbrandsale, tierra de los mejores inventores. Observó que la joven no parecía humana, y sus ropajes eran un tanto peculiares, pero no quiso parecer maleducado tratándose de una princesa. La princesa le invitó a conocer su reino, no muy lejos de donde se hallaban. Peer se moría de curiosidad por el ver el palacio de la princesa y la cantidad de inventos e instrumentos que debía poseer. De repente, apareció ante ellos un gorrino robusto y rosado que poseía el comportamiento de un corcel. Se montaron en él y llegaron a una cueva muy profunda donde apenas se concebía un ápice de luz, y lo único que podía verse brillar ante tal oscuridad, eran los ojos hambrientos de cientos de trolls deseosos de conocer al forastero. Al fondo de la sala estaba sentado en su trono el Rey de la Montaña, y al ver al joven muchacho exclamó:
-         Querida hija mía, nos traes un suculento manjar como postre. Estoy deseando probar sus exquisitos y escuchimizados dedos.
-         Esperad padre-exclamo la joven troll- este joven, de nombre Peer Gear Gynt, dice ser el hijo de la Reina Aase de Gudbrandsale, y yo deseo desposarme con él.
-         ¿cómo decís? –exclamaron el joven Peer Gear Gynt y el Rey al unísono-no toleraré que mi única hija heredera al trono, se case con un vulgar príncipe que apenas posee una cola como debiera tener un troll.
-         Disculpad noble Rey –Intercedió Peer Gear Gynt-si solo se tratase de llevar ante mis espaldas una cola troll, accedería encantado a casarme con su hija.
El rey, dudoso de nuestro joven protagonista, decidió ponerle a prueba.
-         De acuerdo joven Príncipe. Accederé encantado a aprobar la unión de este matrimonio si antes eres capaz de sobrellevar ante tus espaldas, y más concretamente en la zona del coxis, una cola digna de un príncipe troll.
Peer no dudo un segundo y accedió a dejarse colocar una cola troll si así conseguía casarse con la princesa y vivir rodeado de artilugios e inventos de lo más asombroso.
Pero, a penas pasaron unos segundos, y nuestro joven protagonista no podía soportar llevar consigo la desdichada cola que parecía pesar como una tonelada, y que le hacía sentir incómodo con su persona. Miraba a su alrededor, y la vida le parecía una incongruencia. La princesa se encontraba de lo más tranquila, y el Rey parecía verdaderamente dispuesto a su cumplir su palabra. Solo habían pasado 2 minutos, y nuestros protagonistas ya habían contraído matrimonio a través de una ceremonia un tanto peculiar y  corta. A medida que pasaba el tiempo, Peer se percató de que no había visto ningún invento ni artilugio de valor que poder atesorar o al menos llevarse consigo cuando pudiera escaparse de su actual esposa troll. En un momento de distracción, decidió quitarse la cola y huir de aquel infierno donde los monstros de alimentaban de la miel de los cerdos. Los trolls se percataron al instante de su huida, y gritaban despavoridos tras él: 
-¡Príncipe Peer Gear Gynt, cuando te atrapemos, te arrancaremos los ojos de sus cuencas y devoraremos de cuerpo poco a poco por haber deshonrado a la princesa y el Rey de la Montaña!
El joven, estuvo a punto de caer en las redes de los trolls, pero la suerte le aguardaba una segunda oportunidad. La joven Solveig, se había pasado toda la noche intentando buscar a su amado porque tenían que reconocer que él beso que le plantó, había sido de amor verdadero, no como el que le dio su prometido aquel mismísimo día. Tras mucho andar por el bosque, escuchó los gritos de Peer que provenían de la misma cueva donde se hallaba nuestro joven protagonista, y al instante volvió corriendo al pueblo para tocar las campanas de la Iglesia de Heggstad para ahuyentar a los monstros. Ya a salvo, nuestro joven se pregunto quién había sido su salvador, y en ese momento apareció ante él la joven Solveig confesándole su amor verdadero. Peer se encontraba atónito, y lo único que pudo hacer en aquel momento fue darle las gracias a Solveig correspondiéndole con un beso de amor verdadero. Los amantes decidieron escaparse del pueblo, más allá de las montañas que rodeaba su tierra, y buscar un nuevo asentamiento dónde poder vivir su amor en paz. Pasó el tiempo y un día nuestro protagonista Peer Gear Gynt, mientras se hallaba diseñando nuevos inventos que pudieran revolucionar la humanidad y además ayudaran a su mujer con las tareas del hogar, apareció ante él una bruja de aspecto familiar. Era la princesa troll que le había estado buscando durante semanas y meses para sucumbir a su venganza. Le advirtió de que si no iba con él en ese preciso instante le arrancaría los ojos a su mujer y nada le serviría si intentaba acabar con la vida de la princesa troll. Peer, sintiéndose culpable de no haber podido cumplir su promesa de vivir con la princesa troll, accedió a acompañarla y le dijo a su mujer que no tardaría en regresar porque iba a la ciudad para comprar material para sus últimas creaciones.  Pasaron los años y Solveig ansiaba su retorno como agua de mayo. Se pasaba los días cuidando de la granja e ideando nuevas formas de mejorar los inventos de Peer. A menudo se paraba a contemplar el paisaje vacio que rodeaba a su hogar, hasta que un día ya no fue capaz de ver más allá de él. Un día, nuestro ya no tan joven protagonista pudo regresar a su hogar tras muchos avatares intentando vencer al troll que había convertido su vida en una desdicha. Nada más escalar una empinada montaña estuvo a punto de decidir acabar con lo que ya le quedaba de vida, pero en ese instante pudo escuchar a lo lejos una mujer cantando una canción conocida. Se dirigió hacia donde provenía la voz, y de pronto se encontró ante una cabaña de madera y hojalata. Junto a la perta estaba sentada una mujer de pelo blanco, con ojos dulces pero ciegos. La reconoció al punto, y gritó el nombre de su amada. La mujer levantó la cabeza de golpe tras oír el grito de su amor y comenzó avanzar lentamente hasta que se fusionaron en un abrazo que terminó en el suelo, apoyados en un viejo pino. Se quedaron juntos mucho tiempo en silencio; lo único que se podía escuchar eran los sollozos que temblaban en el aire. Peer le preguntó que si sabia donde se había encontrado todo el tiempo desde la última vez que se había visto, a lo que ella contestó que en todas partes. En su fe, en su esperanza, en sus materiales más preciados, pero sobretodo en su corazón mecánico, corrompido por el malgaste del tiempo. Peer ocultó su cabeza, empapada de lágrimas, en sus suaves manos, y cuando este pudo exhalar su último suspiro, ella le murmuró dulcemente
-         No deseo que me repares. Mi viaje y el tuyo acaban aquí,  y por fin yo descubrí que más allá de la ciencia, no hay corazón que pueda sustituir al natural en su esencia de amar. Tú también llegaste a entender la verdad de la vida: la verdadera felicidad está aquí, en compartir tu amor con la persona a la que amas, creyendo en ti mismo, así como trabajando duro y esforzándote por conseguir mejorar cada día, amando lo que haces, sin necesidad de aspirar a una vida material rellena de objetos inanimados que destruyen la esencia del ser humano.
La Bella y la Bestia
(Ángela Ramos González)


Mi nombre es Jean L’Oublié. Soy mercader y hoy llegó a mi posesión un extraño artefacto. Venía en una vieja caja de madera, marcaba que su contenido era frágil y nadie pareció darle importancia.  Eran los últimos despojos del barco que a duras penas arribó a la costa.
Lo he perdido todo, pero aún me quedan mis hijas.
Espero casar a las dos mayores, pues es lo que piden con insistencia día tras día, alegando que quieren huir de esta “casucha” a la que tuvimos que mudarnos y que ansían tener muchas joyas y no mueven un dedo. Me duele saber que piensan eso. Lo he intentado todo, solo tengo el curioso aparato de la caja.
Sin embargo, Bella es mi consuelo y motivo de mayor orgullo. Es tremendamente lista y humilde, ha estudiado en las mejores escuelas y toma clases en la Sorbona.
Es inteligente. Sé que no acabará con ningún patán. ¡Me hace gracia cómo esos paletos del pueblo le muestran sus músculos, sus brillantes melenas, sus piezas de caza! Ella los rechaza con un ademán respetuoso y vuelve a encerrarse en sus libros. Además trabaja en el huerto y cuida de las dos cabras ancianas que nos mantienen.
He querido vender esa suerte de urna extraña, más a nadie le interesa.
Escuché que llegaba una flota mercante, quizás pueda hacer negocios y aprovechar algunos inventos de poca monta que guardo. Deseaba hacerle un regalo a mis niñas, así que les pregunté que querían: las mayores pidieron collares  y brazaletes de piedras preciosas y Bella… Bella se conformaba con una rosa.
Con apenas unas migajas por los cacharros vendidos monté en el percherón peludo y emprendí el camino a casa. La noche era oscura, un aire frío acuchillaba el cielo negro.
No recuerdo en qué momento me perdí en el bosque. La lluvia arreciaba con violencia y me impedía ver nada. Con los ojos entornados  y calado  hasta la médula escuché aullidos cercanos: lobos. El percherón respiraba con miedo y, antes de que uno de los canes se arrojase sobre nosotros, echó a galopar tan deprisa que no me dio tiempo a agarrarme bien a las bridas y caí.
La luna ululaba y caminé con mucho dolor hasta que aprecié a lo lejos una silueta amorfa. Un rayo de luz dibujó el contorno de un castillo. ¡Aleluya! ¡Estaba salvado! Corrí hacia allí y llamé varias ocasiones a la gigantesca puerta.
Se abrió y, sin dudarlo, me introduje en un pasillo cubierto de moqueta blanda. De repente, se encendió una llama, y vi donde me encontraba.
Ante mí se erigía una vertiginosa sala, otrora ostentosamente decorada, de la que restaban muebles carcomidos y sábanas raídas. Ese ambiente regio estaba moribundo.
A gritos pregunté si había alguien en aquel lugar, pero solo me respondió el eco de mi voz. Con paso tímido entré en el comedor y cuál fue mi sorpresa cuando vi una mesa kilométrica servida de los más preciados manjares hasta rebosar. Esperé de pie, pues pensé que la persona ama de esta casa estaría a punto de bajar a cenar.
En eso, apareció un curiosísimo personaje: era muy alto, larguirucho más bien, con un cuello excesivo y los brazos curvados en una incómoda posición. Vino hacia mí y pude verle las facciones: era un autómata color bronce que recordaba a la forma de un candelabro. ¡Y vaya si lo era! No tenía manos, en su lugar se ramificaban lámparas que infundían a toda la estancia de un resplandeciente tono amarillo. Sobre su cabeza se caía a un lado una peluca barroca, absurdamente colocada. El ser de bronce me dijo con un acento parisino muy marcado:
-Buenas noches, monsieur. Pohhg favohhg, tome asiento y disfhhgute de la cena. El señohhg de la casa lo invita.
Me da un poco de vergüenza admitirlo, pero devoré unos cuentos platos con hambre de seis semanas. El autómata me dijo que se llamaba Lumiére, y me presentó a un compañero opuesto a más no poder a él: Ding-Don. Era una criatura rechoncha, como fabricada con un tonel, no tenía casi cabeza, y apenas le brotaban los brazos y las piernas que parecía que iba rodando. En su vientre se apreciaba que era un enorme reloj de cuco, y al dar las horas, de su barriga salía un carrousel fantástico. Ambos droides me acompañaron a una habitación donde pude descansar y me aseguraron que mañana estaría lista mi montura para partir.
Después de un desayuno idílico me dispuse a abandonar aquel palacio onírico, pidiéndoles a los buenos sirvientes que dieran mi más sentido agradecimiento al amo de la morada. En mis bolsillos había joyas en abundancia que me regalaron para mis hijas. Mas, ingenuo de mí, cuando estaba a punto de subir a mi percherón (¡Sabe Dios donde lo trajeron!), vi la rosa más majestuosa que jamás mis ojos percibieron. La tomé en mis manos, ¡a Bella iba a encantarla! Y entonces…
Un rugido horrible inundó todo el jardín destartalado. Vi una sombra que me empujó al suelo y unas fauces babeantes encima de mi boca. Apenas entendí un “¡¿Por qué lo ha hecho?! ¡¿No lo he tratado bien?!” y aquellos ojos amarillos me provocaron pavor. Pedí mil disculpas y le expliqué el porqué de mi acción. Era demasiado tarde, estaba a punto de recluirme en sus celdas. Pedí, ¡triste de mí! Ver a mis niñas por última vez.
En tres días debía volver a mi futuro cautiverio. Marché apesadumbrado.
En casa conté mis andanzas y Bella dijo algo que me partió el corazón:
-Padre, iré yo a quedarme con esa bestia –pues así habíamos apodado a aquel ser monstruoso- A fin de cuentas, la culpa de todo fue mía por pedirte la rosa.
Si en algo ha salido a mí es en la tozudez. Era imposible persuadirla para que no lo hiciese. Así que tres días después nos presentamos en la mansión. Ding-Don y Lumiére nos recibieron, sorprendidos por la presencia de Bella. Fue entonces cuando pude apreciar con qué aberración iba a quedarse mi niña:
Mediría dos metros, era fornido y desproporcionado. Un pelaje grueso y oscuro cubría todo su cuerpo, dándole el aspecto de un lobo erguido meneando la cola, también peluda. Tenía garras como de acero en las zarpas y en los pies. Aun así, con cierta ironía, vestía una casa roja tipo militar y unas calzas blanco roto. Pese a su aspecto amenazador, sus ademanes eran caballerescos y no tuvo problemas en aceptar el cambio. Sé que Bella es una mujer fuerte, pero tengo miedo de dejarla con ese engendro.
Parto con el corazón en un puño, le he pedido a Bella que me mande cartas de cómo se encuentra. Mi percherón se mueve con la misma tristeza que yo… y lloramos juntos.
Mi querido padre,
Sé que tiene miedo de que la bestia me maltrate, pero debo decirle que apenas lo veo. En su lugar, paso las veladas leyendo en mi alcoba (¡qué escritorio, qué plumas! ¡Es todo bellísimo!) y bajando a la biblioteca de la Bestia. ¡Ah, padre! ¿Cómo puedo describirle aquel lugar mágico? ¡Jamás he visto un santuario de los libros más repleto! Sabe que estar ahí me hace feliz y puedo acceder en cualquier momento. También paseo con esos autómatas tan simpáticos por los jardines, que me entretengo en cuidar, aunque tengo prohibido acariciar las rosas.
Espero que todo vaya bien en casa. Un dulce abrazo a mis hermanas y mi más cálido beso para ti.
Bella
Los días van pasando y siento que me apago. Apenas puedo moverme del sofá a la cama, no logro activarme nada. Mis hijas están preocupadas, no saben qué hacer y por casa pasan a todas horas varios pretendientes que me aplican remedios de lo más asquerosos e inefectivos. Creo que estoy muriendo de pena.
Bella debe de estar preocupada. Hace semanas que no respondo su última misiva, y es porque no tengo fuerzas para más… Solo espero poder verla antes de morir…

            ¡Bella! ¡Ha vuelto! ¡Ha venido a verme! Dijo que pudo observar cuán enfermo estaba a través de un espejo que tiene la Bestia que permite encontrar a cualquier persona. ¡Tan diligente ella! Tiene un permiso de ocho días en los que me cuida con el alma en los pies. ¡Me estaba muriendo de pena! No quiero que se marche… Mas ella me dice que debe regresar, que si no caerá un castigo sobre ella y no puede romper su promesa… Poco a poco mejoro. En apenas una semana estoy repuesto. Sus hermanas están contentísimas de tenerla aquí, no quieren que se marche. Pero ella insiste en que debe partir.
Avanza el tiempo, creo que ya ha debido de terminar el plazo que podía quedarse… Y ella lo sabe. Mis otras niñas la han forzado para que se quedase, mas esta noche he oído al percherón galopar con dirección al palacio. Espero volver a verla…

            Ha venido Lumiére a casa. Quiere que los tres vayamos al castillo y que lleve aquel curioso artefacto, que el amo conoce su uso. Ellas, con miedo en el cuerpo y yo, entretenido por el autómata, nos hemos presentado allí.
Todo parecía diferente. La nieve cubría como una colcha suave todo el jardín, aunque las rosas seguían luciendo su bello color rojo como gotas de sangre en el firmamento. Nada más abrirse la puerta vi a Ding-Don en una animada conversación con la que supuse que era la ama de llaves (autómata, claro), aunque más bien podría decir que era una estación de té con patas de pollo.
En una sala que desconocía estaba Bella y la Bestia, quien sostenía con muchísimo cuidado una rosa a medio marchitarse entre las garras.
Le entregué el artefacto a Bella, quien introdujo la flor en la superficie de la urna.
Un chisporroteo sacudió el aparato, y comenzó a abrírsele un ojo en la punta. Las otras dos chicas se habían quedado muertas de miedo en la entrada, y yo me moví con precaución hacia atrás. Un chirrido espeluznante nos obligó a taparnos los oídos, salió un rayo de luz y apareció una señora abombada por un lado y estilizada por otro, con dos rostros, uno joven y otro anciano. La Bestia le rugió. El ser con aspecto femenino le sacó la lengua (la cara vieja) y miró a Bella. Sonrió (la cara joven) y dijo:
-Veo que por fin has encontrado quién te librará de tu maldición, Bestia. –y la abuela añadió- ¡Y aquellas dos niñatas! –De repente mis otras dos hijas estaban allí- ¡A las que las corroe la envidia… -Sentenció la joven- serán petrificadas por toda la eternidad para ver la felicidad de su hermana!
Dicho y hecho. Con la boca abierta y lombrices escarbándoles la base, quedaron esculpidas como ángeles llorosos y rabiosos.
-¡Aunque creo que yo también saldré ganando! –Dijo la mujer mayor mirándome a mí y guiñándome un ojo que casi me produjo arcadas- Entonces… Esto debería de haberse quitado ya… ¿no? –Replicó la mujercita- ¡Espera! –Ambas se alternaban y lanzaban hechizos a la Bestia, que fue hombre en algún momento. Mas nada surtió efecto… - ¡Tonta! Si han pasado diez años ya no hay garantía… -respuesta- ¿Pero qué garantía? –vieja- ¡Zote! Si la maldición no se deshace en menos de lo que dura la garantía, ya nada… -Chica- ¡Eso no puede ser! –Anciana- ¡Estúpida! ¡Respeta lo que dicen tus mayores! ¡Así es! Yo no puedo hacer más. Se queda Bestia como Bestia. –Muchacha- ¡Esto es intolerable! –Ambas girándose hacia nosotros- ¡Pues no puedo deshacerlo! Ajo… ¡Lo siento mucho! Yo… Y agua. ¡No pasará nada porque te quedes así! Total… Trataré de recompensaros de alguna manera… ¡Ya te quiere la rata de biblioteca esta!... ¡Vámonos, vieja chocha!
            Un destelló inundó la habitación y todo comenzó a cobrar vida. ¡Todo el castillo se movía! Lumiére y Ding-Don llegaron a paso apresurado y pudimos salir justo en el momento en que todo el complejo se arrodilló a la Bestia entendiéndola como su señor.
Mientras todo esto ocurría, Bella me llamó aparte y me dijo:
-Padre, sé que no quieres que me separe de tu lado, pero quiero venir a vivir con la Bestia y… bueno…
-¡SOLO CON LA CONDICIÓN DE QUE PUEDA ESTAR YO TAMBIÉN!
Me abrazó entusiasmada y entramos en nuestra nueva morada.

            Han pasado tres años. Bella se casó con la Bestia, yo me vine a vivir con ellos y ahora me dedico a ser el mecánico del castillo. Pues vamos pueblo por pueblo con la biblioteca a cuestas. Somos una escuela ambulante. Creo que nunca podría haber soñado con una pareja mejor para niña… Si no fuera por todos los pelos que suelta…
-¿Más té, Monsieur?
-Desde luego, Lumiére, desde luego…