jueves, 31 de diciembre de 2015

Feliz 2016

MEMORIA DEL 2015 Y BIENVENIDA DEL 2016

Este año ha sido un gran año para Steampunk Madrid. Hemos crecido como un grupo de amigos y conocidos mucho mas allá de lo que podíamos imaginar.

Hemos colaborado con empresas culturales como Fnac, La Casa del Libro, Fundación Telefónica, Editoriales Nevski y 2.0… entre otras para la difusión de los retrofuturismos, especialmente del steampunk.

También hemos tenido la suerte de poder participar en varios medios de comunicación como la revista digital “Engranajes, vapor y lámparas de gas”, blogs, radio “El estado mental, Benelux” e incluso televisión en un programa de difusión nacional de TVE1 “Alaska y Segura”.

Celebramos por San Isidro nuestro Primer Aniversario en un fabuloso picnic en El Retiro que ninguno olvidará. Rompimos todas las expectativas de aforo en la Primera Feria Retrofuturista de Madrid, como parte de los eventos de la Eurosteamcon de este año, donde además de venir mucha gente estuvo llena de grandes momentos, duelos de té, talleres, coloquios, sorpresas y el broche final de oro con el concierto de Duendelirium.

Por supuesto ha sido un año con muchísimos eventos. Hemos pasado de la idea inicial de por lo menos un evento al mes, a realizar hasta cuatro o cinco. Todo ello sin dejar de aportar momentos únicos y nuevos amigos en cada visita a museo, talleres, cine-forums, conferencias, paseos... y muchas tartas de zanahoria en el café Ajenjo. Todo ello sin cobrar con fines lucrativos por nuestra parte a los participantes y sin exigir un <Dress Code>.

A lo largo del año hemos creado grandes lazos de amistad con otras asociaciones. Empezando por nuestros amigos The Golden Gear en nuestra ciudad, a los amigos de otras ciudades como Valencia, Mallorca, Zaragoza, Andalucía... Y una mención especial para Barcelona por como nos han acogido y por permitir que la Profesora Cecily y Lord Alberot pudieran disfrutar participando en la organización de la maravillosa Eurosteamcom que celebran ahí.

Y por último, y no menos importante, queremos darte las gracias a tí que nos estas leyendo. Ya seas un lector ocasional, un conocido de alguna quedada o una de las personas que más participas en el grupo, queremos darte las gracias porque sin vosotros todo lo que hacemos no tendría ningún valor.
Durante el 2016 seguiremos luchando porque Steampunk Madrid no sólo sea un medio de difundir los retrofuturismos, sino porque siga siendo cada vez un grupo más grande de amigos, con ganas de expresar su creatividad artística y pasarlo bien. Porque recordemos que ante todo esto NO ES UN DISFRAZ, ES UNA ACTIDUD.

Directiva de Steampunk Madrid


Cuando miro a todo lo que hemos hecho en Steampunk Madrid durante el año 2015, veo que todo ha sido el producto de colaboración, organización, empeño y amor por el Steampunk.

Desde los comienzos del año con nuestra participación en la mesa redonda de la conferencia sobre Steampunk en la Fundación Telefónica y nuestra participación en las Primeras Jornadas de Steampunk en la Casa del Libro, ¡no hemos parado!

Hemos estado en la televisión nacional. Hemos tenido visitas a museos y exhibiciones. Hemos celebrado nuestro primer aniversario a lo tradicional, con una merienda en el Retiro. Hemos organizado sesiones de cine-forum. Hemos mostrado lo que somos capaces de armar para organizar nuestras jornadas dentro del marco del Rolutaku 2015.

Luego vino el EuroSteamCon 2015, un evento que consagró Steampunk Madrid cómo entidad retrofuturista. Y luego, más visitas a museos, incluyendo una visita guiada por don Miguel Ángel Delgado a la exposición: Julio Verne. Los límites de la imaginación.  

Eso es solo un catálogo parcial de las actividades del grupo. Los miembros individuales también han mostrado creatividad y compromiso. Los artículos escritos para la revista Engranajes, Vapor y Lámparas de Gas, la actividad en el blog de Steampunk Madrid, las visitas a los eventos de otras comunidades de los retrofuturismos en España y las presentaciones de libros escritos por miembros de Steampunk Madrid son testigos a una creatividad impresionante.

¿Qué nos espera hacer en 2016? ¡Mucho más y a todo vapor! Invito a todos a venir con nosotros a explorar los horizontes del mundo retrofuturista y deseo a todos un año lleno de bienestar y felicidad. Y steampunk. Mucho mucho steampunk.

Prof. Cecily Cogsworth


La Navidad, más que ninguna otra celebración, condensa el espíritu Victoriano, no sólo en su parafernalia, sino en el deseo ya expresado por Dickens y sus contemporáneos, de devolver a la sociedad la esperanza perdida y la dignidad que nos diferencia a las personas de la simple naturaleza. Hoy, en este nuevo mundo por construir, cobra de nuevo sentido celebrar la Navidad, una Navidad de ilusiones y deseos de un mejor futuro. Feliz sea, por tanto, para todos vosotros.

Janacek Jadehierro


Feliz año nuevo a todos. Que este 2016 os haga un poco más felices a todos. Que este año nuevo saque lo mejor de todos y que todos saquemos lo mejor del 2016. Que vuestra compañía sea siempre igual de enriquecedora. Que sigamos brindando por nosotros y por Steampunk Madrid. Y sobre todo que el crecimiento personal no cese, que aprendamos los unos de los otros y nos convirtamos en mejores aún si cabe. Os deseo de todo corazón que 2016 sea nuestro año, el año del Steampunk.

Cap. Hlout-wig Duhbghaill


Tanto si al cerrar los ojos contemplas las maravillas de un mundo que respira vapor y come carbón, plagado de las sinfonías del repicar de martillos sobre yunques, o puedes ver a los metálicos habitantes de la barriada de chapa, como si sólo disfrutas de la estética y el recuperar prendas u objetos y dotarles de una nueva vida. Si ya te preciamos entre uno de nuestros entusiastas jinetes del vapor, o domadores del metal. Si gozas explorando las posibilidades de un pasado que nunca ocurrió... como si acabas de conocernos, bienvenido. Feliz Año.

Mikel Villafranca


Ojalá pudiera
empezar de nuevo.
romper con todo
arrancar de cero.
El año que viene
irá mejor.
El año que viene
conseguiré que funcione.
Se repite cada ciclo
como golpes de martillo.
Sudo sobre las piezas de metal
en busca de un error.
Me sumerjo en la maquinaria
a la caza del fallo.
Los pistones me golpean
el vapor quema mi piel
los engranajes giratorios me hacen cortes.
 Porqué adelanta
porqué retrasa
porqué no consigo
que dé la hora exacta.
Un ajuste…
otro…
en invierno
en verano.
Hay quien dice
que estoy obsesionado.
Hay quien se atreve a usar
la palabra loco…
No pido tanto
solo ambiciono
el mecanismo perfecto.
Sé que puedo conseguirlo.
Sé que soy capaz de hacerlo.
El año que viene
el próximo ciclo.
Me lo susurra el engranaje
me lo recuerda el pistón
me lo silba el vapor.
Antes de que el mundo acabe
antes que mi vejez me mate.
El año que viene…
sí…

Antonio Torrico


Este año mi felicitación va a Steampunk Madrid. Casi un año entero juntos y que sean ¡¡muchos más!! ¡Os deseo un feliz año nuevo a tod@s! Espero que este año 2016 esté cargado de engranajes y futuros retro futurismos. ¡¡¡¡¡Feliz año 2016!!!!!

Silvia Abiol

En este nuevo año que viene asomándose por la ventana, ya escuchamos esos ecos de felicidad, no bien todo es risa y alegría, también pena y dolor lo acompañan, pero, espera un poco, no me pongas esa cara de llanto, pon tu mejor cara, tu mejor sonrisa, esa que tienes guardada tantos años en tu cajón, porque ya es fin de año, es hora de ascender a un plano de fiesta, porque es momento de hacer cosas, de todas esas cosas que año a año decimos que vamos a hacer, pero esta ocasión, vas a intentarlas, vas a otear el firmamento y cortar el velo del destino para hacer tu propio futuro, tu propio dos mil dieciséis y empezar con los pies en el suelo para llegar a lo alto de las montañas, las montañas de la satisfacción, la aurora de la dicha y así por fin poder gritar a los cuatro vientos, muchas gracias por todo lo que he aprendido hasta hoy porque tuve la fuerza de intentarlo y lo lograse o no, estoy aquí, en mi casa, en mi sitio favorito, con los que quiero y me lo estoy pasando de lujo, con ellos, por ellos y siempre adelante.
MUY FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!

Vuestro ChristoffV


A miles de pies del mundo y cientos de millas de distancia, entre mis balsámicos y cálidos vapores se puede ver el mundo como una magnífica maqueta con sus pueblos, ciudades, campos. Zonas civilizadas y salvajes. Sus habitantes se me antojan pequeños seres vivos, deseandoles a todos un próspero y feliz 2016. Los sueños son alcanzables, lo difícil es saber cuáles son.

Caronte


Hoy quiero sumar a las de mis compañeros una felicitación para el año entrante, pero también una invitación. A que os unáis a esta comunidad, abierta e incluyente, igual que he tenido yo el placer y la oportunidad de hacerlo en 2015; a que disfrutéis del Steampunk y dejéis que llene vuestra vida de una estética distinta y una ilusión desbordante; y a que seáis creativos y busquéis cosas nuevas en 2016, porque sólo así es como se crece y se aprovecha el tiempo al máximo. Gracias a todos los que habéis estado ahí este año que acaba y lo habéis hecho tan maravilloso, y gracias de antemano a todos los que tenéis el firme propósito de que el año nuevo sea mejor en todos los sentidos.

Eric Rohnen


La frontera borrosa - Primera parte "La esposa al borde de la muerte"

La lluvia martilleaba contra el amplio paraguas negro bajo el que el autómata le esperaba al salir de la casona que un día había sido el hogar de Alexia y Denis. Ahora él estaba muerto y ella… probablemente también, ¿quién podía afirmar algo así a ciencia cierta? Cabizbajo, revisó que el maletín estuviera bien cerrado y enfiló los escalones exponiéndose por un segundo al chaparrón, pero Ruriek se apresuró a cubrirle.

-¿Nos marchamos, amo? – Su voz mecánica aportaba un contrapunto al repiqueteo de las gotas sobre la lona.

-Sí, estoy cansado. – No tenía ni ánimos para bregar con ese rizo persistente en sus circuitos vocales por el cual se empeñaba en designarle así. Por más que fuera un sirviente, él se resistía a que nadie le llamara de esa forma, ni aunque se tratase de una máquina, pero no había logrado encontrar la manera de modificar lo necesario para lograrlo; siempre que reactivaba a Ruriek tras haber revisado meticulosamente su cerebro de platino y reajustado los relés de los microtensores, la palabra volvía a aparecer al poco. Como si estuviera vivo.

La sola idea le hacía estremecerse, pero luego se recriminaba la estrechez de miras. Al fin y al cabo, la ciencia moderna estaba desdibujando el esquivo concepto de lo que es la vida día tras día. Se miró su mano derecha, reluciente y bien engrasada, y flexionó aleatoriamente los dedos, más estilizados y resistentes que los originales, que el maestro Hoffman le había construido años atrás. ¿Estaba viva su mano? Poco importaba mientras pudiera controlarla con su mente y moverla gracias a su propia sangre, pero era un pensamiento inquietante. Se movía con tanta fluidez… quizá la esencia de lo que era la vida había penetrado en ella al instalarla en su lugar.

-Una chica ha estado aquí hace treinta y cinco minutos. – La voz de Ruriek le sacó de sus reflexiones ociosas. – Ha dejado una carta para usted y se ha marchado. La he colocado en su asiento para evitar que se mojara. – Se inclinó para abrir la puerta trasera del automotor, ante el que acababan de llegar.

-¿Quién era? ¿La conozco? – Entró al vehículo y tiró de la puerta. Cuando el conductor ocupó su lugar, le respondió.

-No sabría decir. Me ha resultado imposible verle bien la cara, y se ha marchado apresuradamente, justo antes de que empezara a llover. ¿A casa, amo?

-Espera un momento, por favor. - Cogió el pequeño sobre y lo abrió junto a la ventana para leer bajo la luz de la farola de gas. Tuvo que apretar los ojos para conseguirlo, ya que la escritura era limpia pero tenue, de trazo muy fino, como hecha sin inclinar la pluma.

A la atención de Herr K. Folkvanger, Dr. Ing.

Le ruego tenga la bondad de venir a la mayor brevedad posible a nuestra residencia, mi madre está gravemente enferma y necesita que alguien con experiencia la ayude. Sé que usted conoce bien el trabajo del recientemente fallecido doctor Lavrovich. Por favor, no se demore, es una cuestión de vida o muerte.

Serena Basel.

Abrió mucho los ojos al leer el nombre. ¿Serena Basel, la pionera de los cerebros artificiales? Luego otro detalle ocupó su mente al instante. ¿Cómo que su madre? Estaba más que seguro que ésta había fallecido tres o cuatro años antes, la noticia de la muerte de la soprano lírica había conmocionado a todos los círculos musicales de Centroeuropa. ¿Eso significaba que la nota la había escrito otra persona que se llamaba casualmente igual? ¿O una hija? Pero Fräulein Basel no se había casado nunca, devota como pocas personas a su campo. Quizá había sido madre igualmente, o pudiera ser que fuera adoptiva. Comprobó la dirección en el membrete al pie de la cuartilla. ¿En la Friedrichstrasse? Tenía que ser esa Serena Basel, no cabía duda.

-Ruriek, tengo que ir a ver a nuestra misteriosa remitente. - Le indicó las señas y se echó contra el respaldo, resoplando y llevándose la mano a la frente momentáneamente.

Él no era médico, nada más lejos, pero la carta hacía referencia directa al trabajo de Denis, así que la paciente, fuera quien fuera, tenía que estar pasando por lo mismo que había sufrido Alexia. Si ese era el caso, por más que le pesara reconocerlo, había acudido a la persona adecuada, lo cual no era mucho decir. Aunque conocía de arriba a abajo los diarios y diagramas donde su fallecido amigo relataba sus investigaciones sobre la extraña dolencia de su mujer, ni éste ni mucho menos él tenían una idea clara de cómo se la podía salvar, si es que esto era factible.

Alexia había empezado sintiéndose débil de forma ocasional a principios de año, luego de manera más habitual, y para mayo había quedado postrada en cama y le costaba mucho hablar. Pero la cosa no había quedado ahí, por desgracia. Progresivamente, su actividad había decaído hasta entrar en una especie de coma, para desesperación de Denis, que había probado todo para evitar llegar a ese punto. Pero sus esfuerzos habían sido en vano. La enfermedad no parecía estar en ningún lugar concreto de su cuerpo, en órgano, hueso o fluido alguno, sino en todas partes a la vez, como una fuerza misteriosa que drenaba la energía de su esposa. Sin embargo, a pesar de su inmovilidad y su aparente falta de respuesta a todo estímulo imaginable, él seguía empeñado en creer que su función mental no se había visto afectada. Bendito amor, que en última instancia había llevado a su amigo a aislarse del mundo y recluirse en casa para cuidar día y noche de ella, buscando desesperadamente una cura… y transgrediendo toda barrera física y moral por el camino. Cuando una mañana a finales de julio encontraron su cuerpo defenestrado frente a la casa y la familia de ella llegó hasta Alexia, no podían creer que tras aquel espectáculo dantesco de máquinas, tubos y válvulas se encontrara una persona viva. Y él también se resistía a creerlo.


Acababa de regresar de Krakensport una semana antes tras meses de trabajo frenético y no era consciente de lo rápido que habían empeorado tanto ella como él, pero ya en el mismo funeral de Denis una hermana de Alexia se le había acercado, conocedora de su relación con el médico, para pedirle consejo. Le habían cedido todas las bitácoras de éste, y tras la conmoción inicial al entender todas las cosas que había llevado a cabo en su progresiva locura, había accedido a supervisar la maquinaria, que por lo demás era totalmente autónoma, en tanto que la familia tomaba una decisión. Era una situación muy delicada y no les envidiaba en absoluto. Ahora, tres semanas después del suicidio de Denis, que en su última anotación indicaba que era lo que la voz de ella le pedía constantemente para así reunirse de nuevo, parecían estar convencidos de que era mejor dejarla ir. Si Serena Basel realmente iba a sufrir el mismo destino que Alexia, él no iba a aconsejar replicar las acciones del doctor.

            -Hemos llegado, amo. - Ruriek detuvo el automotor en la puerta de una mansión de aspecto señorial, la dirección exacta que le había indicado.



            -Acompáñame con el maletín, por favor. - Abrió la puerta él mismo, y comprobando que había dejado de llover se acercó al porche cubierto de la casa. Ansioso por salir de dudas pero lleno de aprensión por la perspectiva a la que podía tener que enfrentarse, presionó el botón del timbre.

Como si hubiera estado esperando detrás de la entrada, una muchacha de mirada seria la abrió de inmediato.

            -Señor Folkvanger, muchas gracias por responder a mi petición. - Atónito, su mente tardó unos momentos en encajar las piezas. - Por favor, pase rápido, mi madre necesita su ayuda.


La chica era, para su sorpresa, una autómata.

Continuará...

Eric Rohnen

jueves, 24 de diciembre de 2015

Un bocata de tuercas

Uno de los más complejos juegos hechos hasta el momento.

Un bocata de tuercas es complejo debido a su sencillez, las reglas son sencillas, el relato ha de contener un objeto descrito, o citado, este es "Un bocata de tuercas" tener una extensión de 2000 palabras y ser una historia con un final cerrado.

Los relatos participantes.

Anécdotas mecánicas 
(Eric Rohnen)

El viejo caballero se aclaró una vez más la garganta y terminó su explicación:

-Total, que cuando me quise dar cuenta, llevaba horas enfrascado en ello y seguía sin conseguir que la vieja tetera de mi tía funcionara como era debido, ¡pero con todo lo que le había hecho, al menos ahora servía para preparar unos gofres deliciosos!

El resto de los presentes rió la ocurrencia preguntándose qué tendría de realidad y qué parte eran imaginaciones del mariscal Stenovic, que solía pasar días enteros en la sala común del Instituto compartiendo recuerdos inverosímiles con cualquiera que se pusiera a tiro. En esta ocasión tenía tres acompañantes, descontando al autómata sirviente de uno de ellos, el cual esperaba pacientemente de pie cerca de su amo.

    -No imaginaba que ocurrieran esas cosas durante los ejercicios de campo de su regimiento de fusileros pneumáticos, mariscal. - La alta voz de madame Cherneshevsky, con su acento eslavo, contrastaba con la vacilante y rasposa habla del militar retirado. Sus ojos azules se clavaban en cualquiera que recibiera su atención.

    -Uy, si yo le contara, milady. - Volvió a toser con un puño ante la boca. - Un hombre tiene que hacer frente a los retos allá donde se presenten, y además…

    -Me disculpará si le interrumpo, mariscal, pero me veo obligada a añadir que no sólo los hombres. - La menuda jovencita de pelo moreno corto y pantalones de taller con tirantes alzó una mano para acompañar sus palabras desde su sillón, enfrente al del viejo. - Sin ir más lejos, yo tuve que arreglar hace unos meses el carrillón del reloj de la torre del ayuntamiento de Módena de prisa y corriendo con lo que tenía a mi alcance, que era únicamente un juego de levas en su eje y una reductora de velocidad múltiple.

    -Hummm, ¿y cuál era el reto, señorita Mutti? - El mariscal parpadeó repetidamente al preguntar, intrigado. - Con esa maquinaria debería bastar seguramente.

La mecánica de corta estatura se echó hacia delante sobre su asiento, apoyando las manos en ambos reposaderos y marcando los músculos de sus hombros y espalda, acostumbrados al esfuerzo físico, por debajo de la camisa.

    -Pues que eran descartes de una hilatura, el conjunto medía 34 pies de largo, !y pesaba 6 toneladas!

    -Oh. Entiendo.

Los demás volvieron a reír. En esta ocasión, el único que no había hablado aún intervino.

    -Estoy seguro de que el mariscal no tenía intención de ofender, Roberta. - Miró a ambos conciliador. - Todos aquí hemos enfrentado problemas complejos en más de una ocasión. - Alzó casualmente su mano derecha, cuya historia ya conocían los demás.

    -Gracias, Herr Folkvanger, muy cierto, muy cierto. - El viejo se volvió hacia ambas mujeres y se inclinó aparatosamente a la vez que se levantaba brevemente. - Les ruego disculpen la falta de cortesía de este viejo.

    -No se preocupe, mariscal Stenovic. No sería la primera ni la peor ocasión en que un hombre me pone en una situación comprometida. - La mirada de madame Cherneshevsky y el discreto movimiento para asegurarse de que no había nadie más cerca de ellos, les decía que iba a ser una confidencia que no debería contar pero que de todas formas iba a relatarles. - ¿Recuerdan ustedes al último Duque de Oro?

    -Claro, incluso tuve la ocasión de conocerle antes de jubilarme. Un personaje curioso, algo obsesivo. Reconozco que no me sorprendió demasiado la forma en que acabó. - Mutti y Folkvanger asintieron, corroborando las palabras del hombre mayor.

    -El caso es que vino a verme para proponerme que trabajara con él. ¡Pretendía que yo modificara un huevo de Fabergé para esconder en él un explosivo! Menuda desfachatez. Tenía en mente, por supuesto, atentar contra el zar. Como pueden imaginar, le dí largas y avisé de inmediato al servicio secreto imperial.

    -Ah, eso explica lo que le pasó entonces. - El viejo inspiró hondo y se hinchó como una paloma. - Qué orgullo y alegría ver que es usted una fiel defensora del orden tradicional, mi querida dama.

Madame Cherneshevsky soltó una risa elegante pero muy sonora a la vez que volvía la cara de nuevo para mirar a su alrededor, bajando ahora la voz.

-¿Monárquica yo? Me ha malinterpretado usted, mi querido mariscal, el principal motivo para negarme fue que no podía permitir que alguien destrozara una obra de arte, ni yo ni ningún otro. - Ladeó la cabeza con picardía al ver el gesto de sorpresa en los demás. - Además, la zarina organiza unas fiestas espléndidas, lamentaría no poder volver a casa de los Romanov.

En esta ocasión sólo Folkvanger se rió, aunque por lo bajo, conocedor del gusto por las fiestas de la alta sociedad de la profesora invitada por el Instituto para compartir su experiencia durante ese año.

    -Veo que tú me entiendes, Kassius. - La dama y él eran ya amigos desde hacía unos años. - Eso fue poco antes de que llegaras a San Petersburgo con Hans, que en paz descanse. Tengo entendido que este autómata te lo cedió él, ¿no? - Señaló a la máquina humanoide que se encontraba de pie tras del sofá del ingeniero.

    -En efecto, Ruriek fue un regalo del profesor Linge, aunque desde entonces le he hecho unas cuantas mejoras. - Le guiñó el ojo.

    -¿Como cuáles? - La curiosidad de mecánica de Roberta Mutti saltó sin pedir permiso a la palestra.

    -Bueno, últimamente he estado refinando su cerebro para darle una suerte de iniciativa. - Gesticuló de forma vaga con las manos. - Estuve jugando con la ampliación de su percepción del contexto y la realización de conexiones espontáneas entre conceptos de su base de datos interna mediante un mecanismo de aleatorización. - Se mordió el labio inferior. - No está aún donde pretendía llevarle, pero estas modificaciones han provocado que aparezcan una serie de guiños inesperados, como por ejemplo,...

En ese momento llegará el camarero a preguntarles si estaba todo en orden y recoger el juego de té.

-¿Desean que les traiga algo más?, ¿quizá algo de pastel de zanahoria?

De repente, antes de que ninguno respondiera, Ruriek se puso en marcha y se acercó al muchacho con la bandeja, poniendo suavemente una mano sobre su hombro.

    -A mí si es tan amable, tráigamente un bocadillo de tuercas, joven.

Tras el momento inicial de sorpresa y silencio, ambas mujeres se rieron ruidosamente, acompañadas luego por el mariscal. Todos miraban no al autómata, sino a su dueño.

    -Como iba diciendo, guiños inesperados. - Sonrió disfrutando de lo oportuno del momento. - El más habitual de los cuales es una especie de sentido del humor.


Bocata de tuercas 
(Ángela Ramos)
-¡Aceite usado! ¡Se vende aceite usado!
Las sucias calles retumbaban con el repiqueteo de aquel carromato conducido por una vieja. Aaron asomó su pequeña cabeza. Tenía frío y hambre. Pidió un tarro del néctar que no podía tomar. Se lo llevaría a sus padres. Pagó con las monedas que había conseguido mendigando. A sus grandes ojos grises y voz de porcelana no se les podía negar nada. Con el grasiento botín marchó a su mísera casa.
Aaron era huérfano, fue abandonado en un orfanato que cerró varios años atrás. Tras vagar por los peores barrios fue acogido por la pareja Asimovsky. Eran dos autómatas que habían servido a un gran noble. Pero al morir fueron despedidos ya que a los hijos del anciano no les gustaban aquellas “frías máquinas”. Mas Aaron no creía que Ruthera (antigua cuidadora) y Pietor Asimovsky (chófer y mecánico) fueran un saco de engranajes sin sentimientos. El conde de Asimovsky era considerado uno de los grandes creadores de autómatas, autómatas que muchas veces eran más empáticos que algunas personas.
-Os he traído aceite. –Dijo Aaron.
-¡Oh, cielo! –Respondió Ruthera con una mecánica aunque afable voz- ¡Eres un sol! –lo abrazó- ¿Quieres un bocata de tuercas?
El bocata no era más que dos planchas de metal oscuro con algunas tuercas de diferentes tamaños y colores. Aaron nunca rechazaba un bocata de tuercas, pues las piezas que lo formaban era bien de Ruthera bien de Pietor, quienes lo hacían con su mejor intención. Aquello le ponía muy triste. Entonces, vio como a Pietor le costaba doblar un brazo: el bocata era de él. Con una melancólica sonrisa tomó el manjar y anunció que iba a salir. Aaron canjeaba las piezas por alguna fruta, pan, agua y, con suerte, un plato de sopa y carne.
Un día, mientras cantaba en la plaza del pueblo para ganar unas monedas, un hombre muy alto y muy bien vestido se acercó a él:
-Tienes una voz preciosa. Dime, jovencito, ¿quién te ha enseñado a cantar así?
-Nadie, señor. –El hombre de bigote fino le miró asombrado.
-¿Te gustaría venir a la Academia de Música? Allí podrías mejorar mucho…
-No tengo dinero, señor. –El hombre sonrió.
-No te preocupes. Mañana vendré a escucharte otra vez, y tal vez pueda conseguirte una plaza grates, ¿vale?
Aaron asintió y vio como el hombre se alejaba.
Pasaron los días, y el señor Muslov (profesor de la Academia) escuchaba a Aaron, dándole consejos y enseñándole él mismo en su casa mientras quedaba una vacante. Unas semanas más tarde, Aaron vino con una bolsa llena de monedas. Lo que el profesor no sabía era que aquel dinero era el trueque de muchos bocatas de tuercas.
Aaron entró en la escuela y, mientras el progresaba y medraba, los Asimovsky iban destrozándose paulatinamente:
Ruthera había perdido una pierna por completo y su mecanismo fónico apenas funcionaba. El rostro de Pietor se había reducido a lo básico y se podía ver parte de los cables y engranajes internos que lo hacían funcionar. Apenas podía arreglarse a sí mismos.
Aaron pasaba todo el tiempo en casa del profesor Muslov. Ya no volvía por las calles de la decrépita vendedora de aceite usado. Un día llegó su primer gran concierto; le sucedieron muchos otros, y vio en Muslov a un nuevo padre. ¡Si el profesor hubiera sabido la verdad oculta!
Han pasado varios años desde que Aaron creció y se hizo un gran cantante que vivía en caras mansiones, siempre con su profesor. En eso, el profesor contrató a una autómata para que se ocupase de la casa y de su cuidado, pues ya era muy mayor. Aquello le trajo a la mente la pareja Asimovsky. Como si tuviese una suerte de resorte bajó corriendo a su antiguo hogar.
Cayó al suelo, sus lágrimas tiznaron los escombros:
Como estatuas principescas mutiladas por la golondrina, tan solo quedaban los dos corazones que latían con un ritmo moribundo entre las paredes caídas. Aarón se acercó a recogerlos empapado de angustia. En su mente resonaban las palabras de la dulce Ruthera y del bueno de Pietor, eco que ya no lo abandonaría, que lo convertiría en un carcamal oxidado, solitario y hermético en su propia prisión, con aquellos dos corazones guardados con cariño en una vitrina; esas palabras que le traían unos recuerdos inolvidables, esa sonrisa mecánica más cálida que cualquier humana…
-¿Quieres un bocata de tuercas?

¡Menos zinc y mas hierro! 
(Mikel Villafranca)

Todos conocéis los hechos de la pasada primavera y cómo los trabajadores autómatas se rebelaron contra su blandito opresor, y claro está que conocéis su lema “Menos zinc y mas hierro”. Pero creo que ninguno conocéis el germen de este lema y de esta revuelta.

Para empezar a contaros esta historia tengo que presentarme. Mi nombre es Marcus Zinerman, y soy doctor de autómatas, vivo y trabajo en la barriada de la chapa. El peor barrio de autómatas de la ciudad, justo encima del “Tuercas y Tornillos” Cafetería ferretería.

Y fue en ese lugar donde se prendió la chispa de la revolución.

“Marchando un bocata de Tuercas, y vaso grande de aceite de motor” Anunció la metálica voz vagamente femenina con tonos de clavicordio, la camarera robot era una máquina de la “Serie 7” mucho mas humanoide que las anteriores, la chapa que cubría su esqueleto y maquinaria había sido moldeada con las típicas curvas femeninas, y se la había programado con ademanes de mujer joven, por eso se llevaba una mano a la cadera quedando en jarras y con la bandeja en la otra mano.

El autómata obrero sentado a mi lado en la barra levantó la cabeza, y con la mano se quitó la visera de pana mugrienta, y anunció agitándola que era el deseoso consumidor de dichos manjares. Volví a bajar la mirada, delante de mi estaba la laringe mecánica de aquel individuo, entre mis patatas fritas y mi hamburguesa casi al punto, bebí lo que quedaba de mi batido, y volví a atornillar la tapa del filtro, accioné manualmente el mecanismo para comprobar si funcionaba bien, si aquello ya estaba mejor, guardé el destornillador en el estuche de tela enrrollable y mientras sin levantar los ojos di mi opinión médica al paciente sentado en la mesa junto a mí, “es el polvo de carbón, ha atascado el filtro de la laringe mecánica, te lo he limpiado, y ya vuelve a funcionar, pero no durará mucho, necesitas un filtro nuevo”.

El autómata- 7645A (creo que ese es su nombre) al que había llamado desde hace años Alberto, me miró mientras recogía la pieza, y la colocaba en la cavidad bajo su mentón mecánico. Su voz sonó mecánica, era una pieza anticuada que producía una voz imperfecta y llena de ruidos. “Ya hemos hablado de eso doctor. Es una pieza cara e innecesaria para el trabajo”- Y estrictamente era cierto.

Asentí, mientras veía como agarraba el bocata de tuercas, dos obleas metálicas de chapa fina recubriendo tuercas metálicas de métrica 5, cientos de ellas. E introducía el conjunto en su abertura facial, justo debajo de los faros oculares la portilla dentada se cerró rompiendo la oblea con sumo cuidado y empezó el proceso de digestión mecánica.

“Este bocata tiene mucho Zinc” Espetó Alberto, acompañó su expresión con dos bocanadas de vapor saliendo del tubo de escape facial, algo que yo había aprendido a reconocer como enfado, a partir de este momento yo me convertí en un mero observador.

“Es cierto” corroboró un autómata de la serie 1 que estaba apoltronado cerca de el buffet de tuercas y tornillos, “todo tiene mucho Zinc” su voz era un conjunto de chasquidos mecánicos y conos micro perforados, su vocabulario de unas doscientas cincuenta palabras “todo mas zinc que antes”. Yo di los últimos mordiscos a mi hamburguesa, y acabé mis patatas, mientras un coro de voces mecánicas de muchos timbres distintos creaban una cacofonía.

Todas las voces se callaron de súbito, habían alcanzado un acuerdo, “Ahora todo tiene mas zinc, y por ende es menos alimenticio y mas barato de fabricar”- Sentenció un autómata de la serie 5 , yo era su médico y como tal le reconocí en el acto, era Sirius, el sindicalista, “La pregunta es qué vamos a hacer al respecto. Vamos a dejar que los “blanditos”-Me señalo con su dedo largo y cromado- nos envenenen con comidas de mala calidad,-Bajó la voz drásticamente- No va por usted, Doctor, sabemos que usted es bueno con nosotros- subió la voz hasta casi un grito agónico- o vamos a hacer algo al respecto”

El prorrumpir de chasquidos y quejidos metálicos llegó en el acto, y un coro de muchas voces mecánicas y con tonos dispares empezó a corear un eslogan que pronto causaría miedo y dolor “¡Menos Zinc y mas Hierro! ¡Menos Zinc y mas Hierro! ¡Menos Zinc y mas Hierro! ¡Menos Zinc y mas Hierro!...”

El local se vacío casi en el acto, y una muchedumbre metálica invadió la calle, golpearon en las paredes de chapa de la barriada, y gritaron y hablaron a sus ocupantes, de la veinte original ya solo se veía su nutrida retaguardia, con el sindicalista a la cabeza, y cada vez mas autómatas en una turba que crecía y crecía cada vez mas, yendo hacia el centro de la ciudad.

Acabé mis patatas fritas y miré a la Camarera de la Serie 7, que aun seguía allí plantada. La única de todos los autómatas que seguía en el local, “¿qué ocurre? -pregunté.” y ella contestó: “se han ido sin pagar”- su voz sonó con verdadera afectación en agudos - apenas pude contener una sonrisa. “ponme otra hamburguesa y pásame la cuenta de todos ¿quieres?, antes o después todos me pagaran lo que deben. - y reí como no había reído en años.

Siempre he defendido que cuantos mas autómatas diseñábamos mas humanos hacíamos cada diseño y aquella escena era un claro ejemplo de que la tesis era cierta. Era tan cierta que en mi opinión habíamos jugado a ser Dios y para nuestra desgracia habíamos triunfado, es por eso por lo que en mi puesta ponía Doctor y no Mecánico, es por que los autómatas eran mas humanos que los humanos a los que llamaban despectivamente blanditos.

En la radio no tardaron en hacerse eco de la noticia y mientras la camarera barría y limpiaba el local yo degustaba mi segunda hamburguesa completa, al principio los periodistas humanos hablaban de un virus mecánico que había afectado el comportamiento de decenas de autómatas, y mas tarde de una turba de manifestantes. “Pon la Emisora Trece, por favor- Dije a la camarera”, que accionó el dial del dorso de su mano para complacerme.

“Cientos de hermanos mecánicos se congregan a las puertas del senado gritando “¡Menos Zinc y mas Hierro!” esto es una revolución”- Graznaba la mecánica voz del locutor. “parece que ya llegan las tropas de choque metalizadas para disolver a los manifestantes, que esta ocurriendo no lo puedo ver bien.... …... ….. Me informan que se ha iniciado una batalla campal entre los blanditos y los manifestantes estos últimos apoyados por las fuerzas de choque metalizadas..... ….. - unos minutos después sin emisión y se reanudó- parece que los blanditos han movilizado al ejercito y los reservistas blanditos, y ya llegan a la refriega, lo que empezó como una revuelta pacifica se ha convertido en una matanza, hay líquido de transmisión por todos lados y carcasas agujereadas, o por la Santa Tuerca parece que han abierto fuego contra los manifestantes....- La trasmisión se cortó y ya no volvió a restablecerse.

Los blanditos habían ganado. La revuelta había sido extinguida.

Y las consecuencias ya las conoces, así que dime una cosa ¿tú que crees? ¿fueron unos revolucionarios o una panda de dementes? Y es importante que lo decidas tú, por que de tu decisión depende el futuro. ¡¡¡¡“Menos Zinc y Mas hierro”!!!!



 Venn
 (Antonio Torrico)


Un sonoro tic tac me sacó de mi sopor mucho antes de volver a ser consciente de cosas tan sencillas como quién era o dónde me encontraba. La cabeza me dolía horriblemente y apenas podía ver más allá de unos párpados que se negaban a abrirse del todo. Cuando volví a ser dueño de mis sentidos y recuerdos, la situación casi me lleva al desespero. Me encontraba en el interior de un gigantesco mecanismo, sobre una extensa plataforma de madera. Una plataforma que se estrechaba y dividía en varias pasarelas que recorrían los recovecos de esa enorme maquinaria en la que me encontraba. Y en el centro de aquellas pasarelas de madera, un único raíl metálico parecido al que usan los moto tranvías que recorren la ciudad de la que provengo.
La gigantesca estancia está en constante movimiento. Engranajes girando unos sobre otros desde sus ejes al son de ese omnipresente tic tac que se colaba en mis entrañas. Un enorme péndulo de cobre se balanceaba bajo mis pies, oculto su extremo en una caída infinita hacia la oscuridad. Toda la estancia era iluminada tenuemente por una luz lunar azulada que traspasa la traslúcida esfera de un reloj de proporciones imposibles, llenando la estancia en la que me encontraba de sombras inquietas y recovecos oscuros. Una habitación que no descansa nunca. Un lugar que no conoce la quietud. Recordándome con cada movimiento de aquel segundero que se intuía al otro lado de aquella resplandeciente esfera tanto la mortalidad del Hombre como la magnitud de mi derrota.
Me avisaron contra el Doctor. Me dijeron que no le persiguiera, fuera cual fuese la recompensa que ofrecían por su captura. Ojalá les hubiera escuchado. Pero jamás creí que aquel anciano pudiera tener la capacidad de vencer a mi estoque, escapar de mi trabuco o esquivar mis expertos puños.
Un feo reguero de sangre seca recorría mi frente señalando con su origen la herida que había provocado mi inconsciencia. Maldito sea ese desquiciado científico y sus aparatosos artilugios de combate.
Pronto fui consciente de que no estaba solo dentro del cronógrafo. Otro artilugio mecánico se acercó a mí mientras estaba enfrascado en golpear la esfera del reloj con una tabla que había conseguido desprender de la pasarela con el fin de hacerme con una vía de escape. Se acercó a mí sin que me diera cuenta y me sobresalté al ser consciente de lo que se encontraba a mi espalda. Sobre ese estrecho cilindro que le permitía moverse a lo largo del riel se encontraba un deforme cuerpo metálico con multitud de brazos, cada uno acabado en una herramienta diferente. Todas ellas artilugios retorcidos que recordaban más a instrumentos de tortura que aparejos de tornero. Uno de esos brazos acababa en una escuálida zarpa de acero. Esta sostenía un trozo de pan que albergaba dentro tuercas de metal. Alargando aquella extremidad, abrió aquellos dedos puntiagudos para ofrecérmelo. Sobre aquel tronco de chapa, una cabeza a la que su creador no había dado prioridad me miraba deforme con algo en ella que mi desesperación me hizo interpretar como algún tipo de gesto.
Llevaba dos días sin más sustento que el agua de lluvia que se filtraba por las rendijas de un techo que la oscuridad nunca me había mostrado, por lo que me lancé a por aquel trozo de pan ignorando el riesgo a mi seguridad que aquellas extremidades suponían. Dejé caer al suelo de madera las piezas metálicas mientras devoraba con fruición el pan que mi nuevo amigo sin alma me había traído. Este miraba las tuercas rodar por el suelo sin comprender apenas porqué desperdiciaba tan suculento acompañamiento.
Debía ser parte del mecanismo del reloj. Lo ajustaba y engrasaba cuando era necesario. Y de alguna forma, ahora me consideraba parte de ese complejo entramado mecánico, porque cada día llegaba a la misma hora con aquel bocadillo de tuercas del que yo solo aprovechaba el pan. Como si se ocupara de una pieza que funciona mal. Como si hubiera pasado a formar parte de su protocolo de mantenimiento.
Intenté hablar con él sin conseguir la más mínima respuesta. Sabía que era inútil intentarlo pero pronto mi creciente soledad empezó a jugarme malas pasadas. Le puse nombre, esperaba con ilusión su visita diaria y pronto empecé a considerarle como a un amigo. Me reía de mí mismo cuando pensaba en aquello, prisionero como estaba en aquel reloj ideado por una mente enferma. La mente de un hombre que me había encerrado dentro de aquella máquina eterna para verme perder la cordura con cada bocadillo de desperdiciado embutido metálico que deglutía. Con aquel infinito tic tac que me estaba robando la vida. Con aquel amigo que su creador presupuso que no podía saber lo que era la amistad. Aquel error le costó la vida. 
Aunque es difícil admirar la prisión en la que te encerraron durante tanto tiempo, así como la obra de quien odiaste hasta matarle, no puedo menos que sonreír al contemplar la torre del reloj desde la ventana de mi cuarto. Una obra maestra de ingeniería que seguirá funcionando mucho después de que todos nosotros hayamos muerto. Mi amigo se ocupará de que así sea.




jueves, 17 de diciembre de 2015

La mano mecánica - Quinta parte "La mano perdida"

Cuando despertó todavía estaba dentro de la cueva, pero le habían sacado de alguna forma, probablemente a rastras, de la cavidad que habían descubierto. Tardó un momento en recordar lo sucedido, pero todo regresó a su memoria en cuanto se miró la mano. Las marcas seguían allí, ahora completamente negras. Partían, apareciendo gradualmente, de su antebrazo, haciéndose más gruesas y nítidas hasta acabar en círculos huecos en las yemas de sus dedos, siguiendo recorridos tortuosos pero sin cruzarse nunca. Mientras miraba maravillado y asustado el tatuaje y apreciaba que parecía tener incluso algo de relieve, al tocarlo con la otra mano, una voz le sobresaltó.

            -Eres un necio, chico. - Esa voz tan dulce hacía que incluso un improperio pareciera una caricia, pero una que hacía daño. - ¿Por qué lo hiciste?

Dolido, no supo responder al momento, pero la aristócrata esperó pacientemente su respuesta, sentada más allá en un saliente de la roca. Miró hacia la salida y comprobó que era noche cerrada en el exterior. Luego devolvió su atención a ella y trató de hablar.

            -Era como si esa… cosa me llamara. - ¿Había sido así? No podía estar seguro. Algo en el fondo de su cabeza parecía estar llamándole en ese momento, pero quizá sólo fuera el aturdimiento.

            -Mi padre está más enfadado contigo de lo que puedas imaginar. - Él apretó los ojos y la boca, inquieto porque le hubiera forzado a acordarse del señor. - Han estado inspeccionando el espejo de roca toda la tarde, pero no ha vuelto a hacerle lo mismo a nadie más. - Le miró con un gesto extraño. - No sé qué va a hacerte él a tí, pero… - se puso en pie con gesto altanero - te lo tendrás merecido. - Le dio la espalda y salió de la cueva llevándose una linterna, sin volver la vista atrás.

El chico la miró sorprendido y herido, incapaz de comprender a qué se debía ese repentino desdén. Él no había pretendido… Pero ahora ya daba igual. El noble se desharía de él, le abandonaría en el desierto, o peor aún, quizá incluso le matara presa de un ataque de ira. Por su comportamiento a lo largo del día, casi estaba seguro de que eso es lo que iba a pasarle. Y el comentario de la muchacha no hacía sino reafirmarle en esta suposición.

Le daba igual. Había tenido un momento especial ahí dentro, al tocar esa cosa. ¿Ella lo había llamado espejo? Y si es que mañana iba a ser su último día, no pensaba desaprovechar la noche. Tenía que ver otra vez aquello. Empezó a pensar que realmente le estaba llamando, y trabajosamente porque estaba dolorido por estar tumbado en el suelo de roca durante tanto tiempo, se puso en pie, tomó el otro candil y se adentró en la cueva secreta. Dentro habían dejado instalada una mesa con papeles donde el arqueólogo había estado haciendo bocetos y tratando de copiar el diseño del artefacto. Una luz de aceite iluminaba permanentemente el objeto, y fue entonces cuando comprendió por qué ella lo había denominado espejo. Habían quitado el polvo y bajo él había aparecido una superficie negra y pulida que reflejaba la luz como un espejo. Nunca antes había visto un material semejante.

Se acercó cautelosamente, sintiendo a la vez temor de recibir una nueva descarga y esa atracción indescriptible hacia él. Como si fuera una persona.

            -Me has asustado antes. - Se dirigía al espejo. - Pero ya estoy bien. - Se miró la mano. - Me pregunto qué es esto que has puesto sobre mi piel. - Casi esperaba que le respondiera, pero no fue la piedra oscura quien habló.

            -¿Muchacho? - La voz sonó lejos, como si el señor estuviera entrando a la cueva principal.

            -Él otra vez. Cuando me encuentre me llevará lejos, puede que incluso me mate. Y no te volveré a ver. - Aproximó la mano, dejándola quieta muy cerca pero sin tocar el espejo. - Este mundo es injusto. - Su palma recorrió el centímetro final y entonces nuevamente pasó algo inesperado; pero en lugar de salir despedido, el marco del espejo pareció brillar y él cayó hacia delante al no encontrar apoyo. Antes de darse cuenta estaba de pie en un lugar oscuro como si hubiera atravesado aquella cosa, y se volvió rápidamente para mirar a su espalda. Estaba ante el espejo, pero éste… ¿no era el mismo? Al mirar a través de él vió el rostro airado del señor mirándole desde sólo unos pasos de distancia. Con una lentitud aterradora contempló cómo éste levantaba un revólver e instintivamente levantó la mano desde donde estaba para protegerse. Al hacerlo ésta volvió a atravesar el espejo y todo pasó muy rápido. El tatuaje se tornó brillante otra vez, el marco pareció despedir luz propia y temblar visiblemente, y entonces, sin más aviso, la superficie del espejo se partió en mil pedazos y él salió nuevamente despedido hacia atrás. A diferencia de antes, ahora sí golpeó el suelo con la cabeza y todo se volvió negro. Mientras estaba inconsciente las líneas de su brazo se apagaron, acabadas en un corte limpio donde antes había estado su mano derecha.


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En el tiempo que había durado el relato, el académico se había mantenido en silencio y el sol había subido bastante en el cielo, arrojando su luz ahora sobre el suelo en lugar de contra la pared opuesta al ventanuco. Lo primero que el viejo dijo fue una pregunta.

            -¿Por qué llamas Sahara al Gran Desierto? El sitio que has descrito es innegablemente el Tassili, pero ese otro nombre es uno que sólo utilizan los beduinos.

            -Porque es el nombre que tiene, cualquier atlas se lo dirá. - El chico le miraba desconcertado.

            -No. Y tampoco ha habido ninguna expedición reciente a ese lugar, me habría enterado. Por descontado, el espejo no está ya allí, sino que fue traído hasta Europa hace un tiempo. - Sacudía la cabeza, y suspirando cerró los ojos con fuerza brevemente.

            -¿Entonces no me cree, no?

            -No, sí que te creo.

            -¿En serio? - El chico no entendía nada.

            -Si, lo que pasa es que no eres consciente aún de lo sucedido.

            -Claro que sí. Ese espejo me trajo de ese desierto en África de vuelta a la civilización. Lejos de ese hombre y su hija… A casa.

            -Chico, ésta no es tu casa. Ni siquiera es tu mundo. - Sacó una carpetilla de su abrigo y la abrió con parsimonia mientras el joven abría la boca lentamente, empezando a entender por fin. Tomó un papel y una pluma y se los pasó. - No tengo ya el espejo, así que me gustaría tu colaboración para aprender todo lo posible sobre lo que había al otro lado. Firma esto, es una declaración con la que pienso sacarte de aquí.

No tuvo que pedírselo dos veces.

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El artesano le miró con la misma atención que le había dedicado durante todo el rato que llevaban allí. Apenas había sido consciente de la llegada del cochinillo a la mesa.


            -Ese caballero se convirtió en mi maestro, y pronto me demostró que efectivamente éste no era mi mundo. La historia, los reinos, y por encima de todo, la inventiva de la gente. ¿Autómatas sirvientes? ¿Manos artificiales? ¿Automotores como los que hay aquí? Ni remotamente allá donde yo crecí. - No pudo seguir ignorando la mirada entre suspicaz y divertida del hombre. - ¿Le parece demasiado inverosímil?

            -Me parece una historia razonablemente difícil de creer, pero no entraré a valorar eso en ella.

            -¿Se arrepiente de haberla oído? - Se encogió de hombros.

            -En absoluto. Incluso aunque no sea cierta, que no digo ni que lo sea ni que deje de serlo, ha sido una buena forma de pasar el rato después de un día agotador.

            -¿Sólo eso? - El joven parecía decepcionado.

            -¿Le parece poco? - El artesano sonrió bajo la barba de oso. - Pero supongamos por un momento que le creo, así que respóndame a algo. ¿Para qué quiere volver a tener esas marcas en su nueva mano? Entiendo que ha tratado de copiarlas tal como las recuerda. - Un asentimiento del joven se lo confirmó. - ¿Acaso pretende volver a su mundo?

            -¿Volver? ¡Ni por asomo! - Quizá la cerveza fue la que le hizo decir eso más alto de lo necesario.

            -¿Entonces?

            -Nuestra suposición, la de mi maestro y la mía, es que el espejo permitía viajar entre más de dos mundos y que ese patrón de líneas era el que permitiría volver a mi mundo de origen.

            -¿Pero no me ha dicho que no piensa regresar? ¡Aclárese, hombre! - Definitivamente el alcohol le había afectado un poco - ¿Y además, el espejo no se había roto?

            -Claro que sí, pero supongamos que encuentro otro. Tengo algunas buenas teorías de dónde pudiera haber más como el que perdimos la noche que llegué aquí. Y supongamos que consigo abrir el camino de vuelta gracias a esas marcas. Si ese tipo se ha llevado consigo el espejo de allá como hicieron con el de aquí, es posible que se encuentre cerca.

            -¿Y qué pretende hacer con ese hombre en ese improbable cúmulo de supuestos?


            -Dejarle bien claro lo que pienso de él antes de volver a apagarlo. - Soltó una fuerte risotada y levantó el muñón y aunque no había nada allí, el artesano supo perfectamente por la mirada divertida del chico y la forma de apretar la cara qué gesto estaba haciendo y rompió a reír. Definitivamente iba a construirle esa mano.

Fin

Eric Rohnen

jueves, 10 de diciembre de 2015

Primera semana de diciembre - Crónica

Ya se está convirtiendo en una costumbre esto de tener evento día sí y día también, encadenados y hasta varios el mismo día. El mejor ejemplo, esta semana pasada.

La escenografía Steampunk del Circo Price
Empezamos el jueves con una oportunidad para asistir al ensayo general de la función de navidad del Circo Price, el día justo antes de su estreno. Y es que este año, la temática elegida ha sido Steampunk, con ese toque navideño que no podía faltar por supuesto. El espectáculo, que gustará a niños y no tan niños por igual sigue un hilo conductor en el que una chica y su abuelo exploran la fábrica de éste, donde buscan crear las navidades perfectas, por el camino encontrándose con todos los miembros de la misma, los cuales harán exhibición de sus mejores talentos para disfrute del público. La escenografía creada para la función, de la que mostramos parte y que esconde sorpresas para los que vayan a verla, junto con los vestuarios elegidos, son el broche perfecto para la labor de este veterano circo madrileño.

Balconada interior del
Museo Lázaro Galdiano
El viernes, primero de mes (tomad nota), el museo Lázaro Galdiano abre sus puertas de manera gratuita, y no nos lo podíamos perder tampoco. La colección privada de quien fuera uno de los más adinerados caballeros a caballo entre los siglos XIX y XX está ahora a disposición del público en su residencia original. Sorprende no sólo por la calidad de las piezas, sino por la cantidad, que hace que tengan que estar en gran parte almacenadas en cajones bajo los expositores, los cuales también se pueden ver. Arte religioso y objetos litúrgicos, ropajes (incluso alguno perteneciente a personajes como el Cardenal Cisneros), arte sobre azulejos, armas (sección que gustará a todos los apasionados de este tema, tanto blancas como de fuego, os lo garantizo) y por supuesto, escultura y pintura: un Bosco, un supuesto Da Vinci, y varios Goyas, rodeados de muchas otras, y con una ambientación que tampoco desmerece. Aún con suelos y paredes remodelados, los techos siguen resaltando por sus decoraciones y sus imágenes, entre las que están muchos de los grandes genios de las artes patrias y universales (Cervantes, Lope, Velázquez, pero también Wagner, Verdi,...) Especialmente disfrutable por el silencio que reina en la casa.

Eric Rohnen
Dos presentaciones de libros Steam en un día, podría parecer algo excepcional o extraño, pero la primera semana de este mes eso es lo que ocurrió. En un sólo día había sendas presentaciones de "Faraway Crónicas de Lejana" y "Páramos Lejanos".

Presentación de Faraway en "El Mono Araña"

En en la tienda El Mono Araña, se presentó de mano de Victoria Vanadis y Janacek Jadehierro "Faraway Crónicas de lejana", una antología de relatos Steampunk, que expone historias de unos colonos, en un mundo hostil que arrastran sus defectos hasta un nuevo mundo. Es y esta es una de sus innovaciones una antología abierta donde su autor Janaceck nos invita a crear historias en su mundo y compartirlas. Se realizó un juego policíaco cuyo ganador se llevó un juego de las potentes y evocadoras ilustraciones de Victoria Vanadis.

Presentación de Páramos Lejanos
 en "Manhattan Cómics"

Y  ese mismo día por la tarde, se realizó en la céntrica tienda de Manhattan Cómics de Madrid, la presentación de "Páramos Lejanos", una obra narrativa dentro del Greenpunk; en ella se realizó un pequeño concurso de makers y artistas, y que tuvo como colofón una interesante conversación sobre reciclaje y obsolescencia programada entre otras cosas.

Mikel Villafranca.

jueves, 3 de diciembre de 2015

La mano mecánica - Cuarta parte "La mano tatuada"

Un silencio prolongado cayó en la habitación acolchada.

-¿No le sorprende? - El joven miraba intrigado al anciano. Luego asintió - No, claro que no. Pero lo que no sabe es de dónde vine, ¿verdad?

            -Si fuera usted tan amable…

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            -¿A qué estás esperando, maldito vago? ¡Te pago para que muevas el equipamiento rápidamente, no para que estés holgazaneando por ahí!

El chico salió corriendo de debajo de la tienda de campaña, consistente en cuatro palos bien clavados en la arena y atirantados hacia fuera, sobre los que se extendía una lona gruesa que apantallaba el demoníaco sol del desierto. Cuando se enroló en la expedición no esperaba que la peor parte fuera aquel aristócrata insoportable que no consentía en pisar fuera de la sombra por miedo a ponerse un poco menos pálido. Él llevaba toda la mañana desde que habían llegado en los tres globos descargando cajas y más cajas en el ambiente difícilmente respirable del Sáhara Central, seco y abrasador, y apenas se había parado a descansar un momento a la sombra.

            -No seas tan duro con él, padre. - La dulce voz de la muchacha vibró en el aire en calma. El chico sonrió tontamente, de espaldas a ambos, mientras se aprestaba a retomar el trabajo. Los otros miembros de la misión tampoco eran especialmente corteses con él, pero ella en cambio… - Trabaja lo mejor que puede. - A sus oídos, aquello sonó como un cumplido.

Su maestro en el taller mecánico no pudo entender su repentina marcha rumbo a África, pero claro, él no había mirado bien a esa preciosidad, distante pero grácil, y con esos ojos... El aprendiz abandonó casi sin pensarlo su trabajo original en su ciudad natal cuando ella y su padre habían aparecido para cerrar la compra de la perforadora que habían encargado. Se ofreció voluntario ante el noble para tratar con la maquinaria o cualquier otra cosa que le fuera de utilidad en su viaje, y éste, en parte empujado por un comentario favorable de su hija, había accedido. Esa fue la parte más maravillosa de todo para el chico. Ahora que ya habían llegado a su destino, un macizo rocoso rodeado de arena por todas partes, ella seguía siendo la luz que le empujaba a esforzarse, ansioso por recibir cualquiera de sus comedidas sonrisas.


Ya habían terminado el montaje del campamento cuando el experto en arqueología que les había acompañado terminó su exploración de las cuevas, emergiendo al exterior con una mirada exultante. Había encontrado rápidamente la pared que buscaba, la que según las narraciones ocultaba una parte de la cueva aún sin explorar. Los guías nómadas de la zona aseguraban que el viento aullaba detrás de la piedra, lo cual indicaba que había algo allá, una cavidad secreta. El chico no había empezado a comer aún cuando el hombre menudo, un personaje sin barbilla y de mirada acuosa, poco menos que le sacó a rastras de la sombra para indicarle dónde debía montar el taladro mecánico. El joven se volvió brevemente buscando una frase de la chica que le librara de tener que volver tan pronto al trabajo, pero el gesto sutil que ella le dedicó le hizo olvidarse de su renuencia al momento. Antes de que cayera la tarde la máquina estaba en marcha en el lugar de la cueva que el erudito le indicó, y él la puso en marcha de inmediato apremiado por el mecenas de la expedición.

Al rato obtuvieron su premio, ya que llegaron al otro lado del muro de roca, pero antes de haber logrado abrir un agujero significativo ésta quedó encallada con un gemido prolongado y casi doloroso al oído. Todos los presentes se pusieron a gritar, y el muchacho salió corriendo en dirección a la máquina para lograr detenerla antes de que algo se estropeara en ella sin remedio. Afortunadamente pudo pararla, pero como pudo comprobar, la punta de perforación había sufrido daños y tendría que cambiarla por una de repuesto. Informó a los demás de que esto le llevaría un rato y que por tanto podían abandonar la cueva si querían mientras tanto. Eso le dio la paz que tanto necesitaba y pudo trabajar sin tener la insistencia del arqueólogo o los comentarios despectivos del noble encima constantemente.

En menos de lo que esperaba tuvo el cambio hecho, y animado por la rapidez puso la máquina en marcha sin acordarse de llamar a nadie antes. La perforadora terminó diligentemente su labor y abrió un agujero suficientemente grande como para que una persona adulta pasara al otro lado agachada. Dedujo que el ruido atraería pronto al resto así que decidió darse el gusto de ser el primero en penetrar, como compensación por el mal trato recibido, así que agarró una de las linternas que alumbraban el punto de excavación y pasó al otro lado.

El humo producido por la excavadora se resistía a dispersarse, así que siguió andando con cuidado, alejándose de la apertura e iluminando a ambos lados, barriendo la estancia con el haz amarillento. En uno de estos movimientos, un reflejo tenue captó su atención, así que se encaminó en esa dirección. En unos pocos pasos se encontraba ante un objeto grande y liso, algo que recordaba a un cuadro con un gran marco de piedra labrada, apoyado vertical contra el muro que tenía detrás. La superficie central era lisa, pero estaba cubierta por una capa de polvo bien gruesa…

            -¿Chico? ¿Cómo se te ha ocurrido pasar antes que el señor? - Era la voz del arqueólogo a su espalda.

            -¡Detente donde estás ahora mismo! - El noble habló también, pero él ya estaba moviendo la mano hacia el objeto en un intento de quitar parte de la capa superficial para ver qué ocultaba ésta. Irritado por las maneras del hombre, decidió ignorarle deliberadamente un poco más, como si no existiera y en ese momento y ese lugar sólo estuviera él. Pero en el mismo instante de posar su palma para limpiar la suciedad, algo que pareció una fuerte descarga le hizo salir despedido hacia atrás como si le hubieran empujado.

Cayó hacia atrás golpeándose la espalda y quedando sin aire, pero por suerte no chocó con la cabeza. Su primer gesto al lograr inspirar de nuevo fue examinarse la mano derecha, temiendo verla carbonizada como si se la hubiera quemado o le hubiera atravesado una descarga eléctrica. Lo que vio a la luz de las linternas con que los otros, asustados y asombrados por lo sucedido, le enfocaban en silencio desde donde estaban fue un patrón de líneas surcando ésta como un tatuaje, pero uno que iba suavemente cambiando de color, oscureciéndose gradualmente desde un gris brillante, como un hierro que pasa del blanco al rojo antes de enfriarse definitivamente y volverse negro.


Luego sintió un fuerte mareo y perdió el conocimiento.

Continuará...

Eric Rohnen