viernes, 22 de septiembre de 2017

Concurso de relato corto de la Tercera Feria Retrofuturista de Madrid

PRIMER PREMIO: Clepsidra (Antonio Torrico)

El Profesor estaba convencido de ello: los Sagrados Segundos no eran más que personas como él, como Jessica o como el chico que le traía piezas de la tienda cuando las necesitaba. Gente de carne y hueso que había desarrollado su intelecto hasta tal punto que habían encontrado la forma de construir sofisticadas máquinas. Ingenios maravillosos que les conferían capacidades a las que sus antepasados juzgaron como propias de los dioses. Según relataba el Libro del Tiempo, en la hora cero los Sagrados Segundos habían descendido al mundo en maravillosos barcos flotantes para hacer entrega al Hombre de Clepsidra. Un gigantesco reloj al que los aldeanos adoraban como a un dios. Algo a lo que el Profesor se había negado siempre.

Acorde con sus ateas creencias, estaba construyendo un artilugio que superaría a aquella deidad mecánica. Un ingenio mucho más sofisticado que los rudimentarios relojes domésticos que los habitantes de la aldea fabricaban para poder formar parte de la comunidad.

Un artefacto cuyo nivel tecnológico rivalizaría con la maquinaría de los Sagrados Segundos. Se trataba de una enorme torre del reloj con una capacidad única: invertir el tránsito del sol en el cielo. Un ingenio maravilloso que haría retroceder los años al antojo de sus manecillas, de sus engranajes y sobre todo, de su creador. Algo capaz de enviarle de vuelta a sus años de juventud y anticiparse a la muerte de Jessica. Evitar aquel trágico accidente para poder tener la vida que debió haber tenido junto a ella y que un estúpido giro en el destino le arrebató para siempre.

Cuarenta años habían pasado desde aquello. Cuarenta años maldiciendo su suerte y negándose a aceptarla. Cuarenta años envejeciendo en un infierno de soledad y remordimientos que muchos decían que habían acabado por volverle loco. Pero ahora, después de tanto tiempo, sus planes parecían por fin al alcance de la mano.

Hacía tiempo que su torre del reloj había superado con creces en altura a Clepsidra. Al atardecer, su profano ingenio arrojaba sombra sobre la deidad reloj, cosa que los lugareños no veían con buenos ojos. El concepto del tiempo era sagrado en toda la aldea, al igual que Clepsidra, por lo que pronto la máquina del Profesor fue tachada de impía por sus vecinos.

Muchos intentaron disuadirle de que continuara con su construcción, insistiendo encarecidamente en que desmontara ese abyecto monolito que atentaba contra sus más profundas creencias. Cuando el Profesor explicaba a los miembros de la aldea que más que un reloj era una máquina que le permitiría retroceder en el tiempo, ellos siempre reaccionaban con indignación. Nadie podía alterar el curso de la vida. Clepsidra así lo ordenaba con cada tic tac de sus agujas. La vida era de una sola dirección, y alterar su curso solo podía traer consecuencias funestas.

En un momento de duda, el Profesor se tomó un minuto para echar un vistazo al horizonte de creencias payesas de las que sus vecinos hacían gala. Quizás tuvieran razón y la vida solo fuera eso: comer, evacuar y prepararse para morir el día en el que Clepsidra considerara que tu tiempo había acabado. Luego echaba la vista atrás y veía a Jessica muriendo víctima de un destino tan absurdo como evitable. Poco después volvía a ponerse manos a la obra en su particular invento.

Una mañana de primavera el mecanismo invertido de su ingenio comenzó a funcionar. El sonoro tic tac de su reloj enmudecía el de Clepsidra. Sus manillas giraban en sentido inverso, y su esfera marcaba diecisiete horas. El resultado de unos complejos cálculos llevados a cabo por el anciano creador del ingenio. Un resultado que casualmente coincidía con la edad que tenía Jessica el día en que murió.

El Profesor estaba exultante. En diecisiete horas su reloj le devolvería todo lo que hacía tanto había perdido: amor, juventud y cordura. Diecisiete horas para que por fin se enmendara el error que cometió permitiendo que la vida siguiera su caótico curso y poder volver junto a ella.

No habían pasado ni dos horas desde que su invento iniciara su funcionamiento cuando el pueblo entero se reunió a las puertas de lo que habían dado en denominar temerosamente como “la torre del contra tiempo”. Liderados por La Voz de Clepsidra, el portavoz local de la deidad reloj, exigían furiosos el desmantelamiento de la máquina. El Profesor les explicó que en unas quince horas él ya no se encontraría allí, así como tampoco su máquina, y les suplicó que le concedieran tiempo hasta entonces antes de tomar una resolución sobre su invento.

“¡Eso no es tiempo!” exclamó fuera de sí el portavoz de Clepsidra señalando aquella gigantesca esfera que se encontraba sobre ellos. El resto de aldeanos detrás de La Voz sopesaron la petición del Profesor. Después de todo, cuando hubieran pasado las quince horas restantes sin que nada pasara, el anciano inventor se daría cuenta de su error y su locura terminaría. La Voz de Clepsidra estaba furioso, e incitaba a los aldeanos para que destruyeran aquella máquina atroz. Sin embargo todos conocían la tragedia por la que el Profesor había pasado hacía tanto tiempo ya. Jessica había sido muy querida en la aldea, y sus habitantes aún lamentaban la muerte de la joven, por lo que disuadieron de sus planes a aquel tétrico hombre de la túnica oscura que creía hablar en nombre de Clepsidra para conceder al Profesor el tiempo que pedía.

En el interior de la torre del contra tiempo, su creador se preparaba para el viaje de la única forma que sabía: mirando fotos antiguas de Jessica que aún conservaba en papel leptográfico. Fotos que mantenía escondidas en un polvoriento arcón y que se había prohibido a sí mismo contemplar en los cuarenta años que habían transcurrido desde aquel aciago día.

En la duodécima hora de espera algo comenzó a fallar. El mecanismo empezó a emitir un ensordecedor y estridente ruido de fricción. Algo estaba fallando y el Profesor se lanzó desesperado a la maquinaria para intentar solucionarlo. Pero era inútil. Los gigantescos engranajes encima de él empezaban a desplomarse. En el exterior, los aldeanos apostados alrededor de la profana torre huían aterrados. Temerosos de que las pesadas piezas que se desprendían de la máquina del Profesor pudieran llegar a aplastarles.

Mientras, el portavoz de Clepsidra aprovechaba la ocasión para lanzar su sermón a voz en grito, señalando acusadoramente con el dedo la destrucción del ingenio y avisando sobre las consecuencias de desobedecer las consignas de Clepsidra así como de los Sagrados Segundos que lo trajeron ante ellos. Sin embargo, a pesar de la gravedad de su voz, sus labios no fueron capaces de esconder una sonrisa de satisfacción.

Cuando la destrucción cesó solo quedaba una estructura hueca de lo que antes había dado en llamarse la torre del contra tiempo. En su interior, el Profesor agonizaba aplastado por las piezas desprendidas de su máquina. A través del velo sanguinolento que cubría su vista contempló una última vez la foto de Jessica que guardaba en el bolsillo. Pudo verla caminar de nuevo, de aquella forma grácil que ella tenía de hacerlo. La oyó una vez más riendo por cualquier tontería que él hubiera dicho y pudo sentir de nuevo sus labios contra los suyos.

Clepsidra había decidido que el tiempo del Profesor terminara cuando su máquina marcara la duodécima hora. En su infinita sabiduría tal vez hubiera considerado que aquella era la única forma de conceder a aquel infeliz anciano su más ferviente deseo.



Una excusa para la reina (Jorge Cabrera)

El carruaje se detuvo en un punto indeterminado del camino entre Chelmsford y Londres. La noche nos había alcanzado gracias a la persistente lluvia, pues había convertido el camino en un auténtico calvario para los caballos que estaban al otro lado de las riendas.

-Señores. -dijo el conductor mientras golpeaba la estructura de madera del vehículo-

-¿Qué ocurre ésta vez? -respondí hastiado por la acumulación de problemas-

-Algo extraño sucede. -fue su respuesta-

La reina Victoria nos había hecho llamar a la capital con tanta urgencia, que no habíamos tenido tiempo de preparar nuestro regreso adecuadamente. Al parecer, un asunto que concernia a unos brutales asesinatos ocurridos en nuestra ausencia, eran el motivo de su urgente llamada.

Cuando me asomé por la ventanilla del carruaje, pude ver que una niebla espesa impedía ver a más de diez pies de distancia. Además, un resplandor iluminaba todo con una potencia tal que impedía continuar avanzando, pues llegaba a cegar la vista totalmente. Los caballos se mostraron muy nerviosos y reacios a continuar el camino y relinchaban con bravura.

-¿Qué ocurre señor? -me preguntó mi ayudante al verme abrir la puerta-

-Hay algo que demanda nuestra atención. -le respondí mientras ponía un pie en tierra-

El conductor permanecía agarrado a las bridas para evitar el desboque de los animales.

-Acaba de aparecer, señor. -dijo con el temor agarrado a su garganta-

Agarré uno de los faroles que había colgando en los laterales del carruaje y miré como mi ayudante también descendía detrás de mí.

-¿Qué puede producir semejante fulgor en mitad de la noche? -dijo sorprendido-

-Es lo que debemos desentrañar, querido amigo. -fue mi respuesta- Espere aquí hasta que volvamos. -le ordené al conductor antes de partir-

Con el farol en una de mis manos y la compañía de mi ayudante me interné en aquella densa y luminosa niebla con la intención de conocer su origen.

El suelo que pisamos era lo único que podíamos percibir, cualquier atisbo de árboles o vegetación permanecían ocultos a nuestros ojos debido a la intensidad lumínica y la lechosa niebla. Tras andar una distancia considerable, no logramos encontrar su origen, y para nuestro asombro tanto la niebla como la luz desaparecieron gradualmente dejando el camino libre.

-Ciertamente, parece algo extraño. -dijo mi ayudante-

-Sí que lo es. -le respondí- sin duda deberíamos haber podido observar el origen de la luz, pero los dos fenómenos han desaparecido sin revelar su naturaleza. -dije mientras me acariciaba el mentón-

-Será mejor que volvamos al carruaje.

-Me parece buena idea. -respondí-

Empezamos a caminar sobre nuestros pasos, iluminados ésta vez sólo por el farol que portaba en mi mano. Cuando llevábamos un rato caminando, mi ayudante volvió a hablar.

-¿No deberíamos haber llegado ya? -dijo con preocupación-

-Sí, pero como puede observar no hay señal del carruaje, ni del cochero. 

Aún así, decidimos seguir caminando un poco más antes de establecer nuestro estado como oficialmente extraviados en mitad de la noche.

-¡Mire señor, por allí se ven dos figuras que se alejan! -me indicó mi ayudante animado-

-Ya lo veo, pero me parece un poco extraño que no nos hayamos cruzado antes. -respondí pensativo-

-¿Qué quiere decir? -dijo con ansiedad-

-Teniendo en cuenta que nuestro carruaje ha desaparecido, podríamos barajar al menos dos posibilidades. -le anuncié- La primera es que el cochero haya huido por algún camino que no hemos visto durante nuestro paseo de vuelta y la segunda es, que estamos siendo víctimas de una banda de ladrones. -afirmé con la flema inglesa que me caracteriza-

-¿Y qué se supone que hagamos entonces? -preguntó contrariado-

-Tal vez lo más sensato sea caminar en dirección a Londres. Aunque hay mucha distancia y todavía queda mucha noche, es nuestra mejor opción por el momento.

Cambiamos de dirección y volvimos a recorrer el camino iluminados con la tenue luz del farol, ésta vez en dirección a la capital del reino.

-¡Gracias a Dios, alguien viene! -dijo mi ayudante aliviado-

Animado ésta vez por el tiempo que nos iba a demorar nuestro paseo, me animé a mover el farol de lado a lado para alertar de nuestra presencia a los dos solitarios caminantes. Después, como marcan las normas de nuestro singular gremio de caminantes nocturnos, nos fuimos acercando con cautela hasta encontrarnos a poca distancia.

-Buenas noches caballeros. -dijo una de las figuras-

-Buenas noches. -respondí con la misma cortesía-

Al acercarnos nuestra sorpresa fue mayúscula, pues descubrimos que éramos nosotros mismos los que estábamos enfrente nuestra.

-Sin duda, un encuentro singular ¿no cree? -me preguntó mi otro yo-

-Desde luego. -respondí contrariado-

Mi ayudante permanecía a mi lado como si la muerte le hubiera sobrevenido inesperadamente, y no era para menos. Su otro yo lo miraba con cara de sentirse avergonzado de sí mismo por la expresión que tenía en su rostro.

-¿Supongo que se dirigen a Londres? -Me interrogó mi otro yo-

-Así es, nuestro carruaje parece haber huido en la confusión de esta extravagante noche. -respondí con cierto temor-

-Eso parece, pero tal vez no sea así. -respondió con ironía-

Contrariados como estábamos, por aquel singular encuentro, comencé a pensar en lo que debíamos hacer para terminar con la situación en la que nosotros mismos no habíamos metido.

-Señores -dije- creo que nosotros volveremos para tratar de encontrar nuestro carruaje extraviado.

-Me parece una buena idea. -respondió mi otro yo-

-¿Está usted seguro, señor? -susurró mi ayudante nervioso y contrariado- hace un momento usted dijo que sería mejor ir hacia la capital.

-Sí, pero he cambiado de opinión. -dije con un gesto grandilocuente- Señores que tengan una buena noche. -dije para despedirnos de nosotros mismos-

-Igualmente para ustedes. -fue la respuesta-

Una vez más mi ayudante y yo empezamos a caminar sobre nuestros pasos, esta vez en busca del carruaje que nos había llevado hasta el lugar donde había empezado tan singular aventura.

Mientras caminábamos, sentí que la cabeza de mí ayudante hervía de pensamientos y preguntas por las que deseaba respuestas.

-Puede usted hablar, si lo desea. -le dije-

-Señor, no entiendo lo ocurrido ahí detrás. -dijo refiriéndose a nuestro encuentro-

-Yo tampoco entiendo la naturaleza que se encuentra detrás de tan extraño suceso, pero creo que empiezo a entender su funcionamiento. -respondí-

-¿Cree que éramos realmente nosotros, los que estábamos allí detrás? -preguntó con la curiosidad de un niño-

-Tal vez nunca lo sepamos, o tal vez sí, no obstante preveo que la luz de nuestro farol no dure demasiado. 

-¿Cómo dice? -preguntó contrariado-

-Si se fijó usted en mi otro yo, el farol que portaba en la mano se encontraba apagado. -le aclaré-

Y aunque mis respuestas no le concedieron ningún alivio, éste se mantuvo en silencio una vez más, mientras seguíamos caminando en medio de la noche.

Finalmente y como si de una profecía se tratase, nuestro farol empezó a disminuir la intensidad de su iluminación y fue apagándose por la falta de aceite en su depósito. Mi ayudante y yo nos miramos en la oscuridad y volvimos la vista al camino que teníamos delante. Justo en aquel momento la luz de un farol nos llamó la atención por sus evidentes señales laterales.

-¿Cree usted? -balbuceó mi ayudante aterrado-

-Sólo hay una manera de averiguarlo. -le respondí mientras me ponía a caminar-

Como podrán imaginar, al acercarnos se volvió a producir nuestro singular encuentro, sólo que esta vez éramos nosotros, los otros. Al despedirnos, mi ayudante hizo un comentario de lo más perspicaz.

-Parece que estamos en una especie de laberinto de forma circular.

-Eso parece y uno en el que el tiempo también está perdido. -añadí-

-¿Cómo haremos para salir? -dijo con preocupación-

-Muy sencillo -le dije- he contado los pasos desde que tuvimos nuestro primer encuentro con nosotros mismos. Ahora sólo tengo que hacer un pequeño cálculo de los demás paseos que hicimos antes de llegar aquí y calcular el punto de entrada.

-¿Cree que funcionará?

-No puedo asegurarlo, pero en vista de los acontecimientos es nuestra única opción.

Medite sobre las distancias que habíamos recorrido y nos pusimos a andar, cuando los cálculos me llevaron a pensar que estábamos cerca de la entrada de aquel misterioso laberinto me paré en seco.

-¿Qué ocurre, es aquí? -dijo mi ayudante-

-Éso creo. -respondí-

-Pues no se ve el carruaje por ningún lado. -dijo desesperado- ¿que hacemos ahora?

-Tal vez sí gritamos el nombre del cochero podamos saber su ubicación. -dije con optimismo-

Animados por la necesidad de salir de allí empezamos a vociferar mientras andábamos por el camino.

-¡Por aquí. Le acabo de escuchar! -me gritó mi ayudante al rato-

Caminamos en dirección de donde provenía la voz, abrigados por una oscuridad que nos impedía ver.

-¡Gracias a Dios señores, llevo horas esperando, casi ha amanecido! -dijo el cochero aliviado al vernos llegar-

-Volvemos a Chelmsford. -dije mientras devolvía el farol a su lugar-

-¿Pero y el llamado de la reina? -dijo el cochero-

-Tendrá que esperar, el camino no es seguro.

-Como usted ordene señor Holmes. -respondió mientras hacía volver grupas a los caballos-



Sal y pimienta (Eric Rohnen)

El reloj en forma de locomotora tintineaba sobre la mesa y movía las ruedas marcando los segundos con el vaivén de la biela que las unía. Uno de los sirvientes mecánicos esperaba paciente detrás de su butaca, mientras que el otro se encontraba junto a la silla de su abuelo. Aunque ahora Jorgen ya no estaba seguro de cómo referirse a él.

El hombre hizo avanzar uno de los alfiles con su mano manchada por la edad. Una fina cicatriz clara la cruzaba desde la base del índice hasta casi la muñeca. Éste le había sugerido una partida de ajedrez nada más aparecer en el estudio de la mansión familiar y apenas se había mostrado sorprendido por su visita de improviso. Claro, ¿por qué habría de estarlo?

-Si te apetecía charlar no hacía falta que vinieras hasta aquí. Pronto iré a Praga, me gusta más para pasar el invierno. Podríamos haber quedado allí, está más cerca. - El dirigible biplaza que había tomado hasta tierras danesas se veía a lo lejos por la ventana, anclado en los terrenos frente a la casa. Varios de los autómatas del hangar se encargaban aún de su repostaje y puesta a punto sin necesidad de supervisor alguno que les dirigiera. - ¿Qué es lo que te preocupa tanto como para haber venido con semejante prisa?

-Nunca me llegaste a decir cómo te hiciste la herida en la mano. - El joven levantó su diestra vendada. - Ahora ya lo sé.

-La verdad es que empezaba a pensar que este día no llegaría nunca - Klaus suspiró con melancolía. - Pero era inevitable, me temo. - Una sonrisa débil asomó en sus ojos y bajo su barba, la cual acarició.

Jorgen miró a su abuelo en silencio, apretando la boca. Echó mano a un caballo, llegó a sostenerlo entre sus dedos, pero lo depositó de nuevo donde estaba.

-¿Qué sentido tiene esto? Ya sabrías qué jugada voy a hacer. - Había un punto de rencor en su voz, un reproche reprimido que no se atrevía a lanzar.

-Afortunadamente mi memoria no es perfecta. Son muchos años, y los detalles se difuminan con rapidez.

-Pero ya sabes qué va a pasar. Sabías que iba a venir. Y que jugaríamos esta partida. - Resopló, echándose hacia atrás y alzando los brazos en gesto de impotencia. - Las ecuaciones son claras, la historia es lineal, no se puede alterar... diablos, incluso sabes qué pasará después, cuando me vaya de aquí, cuando salte atrás. A dónde iré, a quién conoceré,... ¿qué sentido tiene? - Repitió Jorgen.

Para sorpresa del chico, Klaus Knudsen se puso repentinamente serio, firme en su asiento, como si hubiera dicho algo totalmente inadecuado y estuviera a punto de reprenderle igual que cuando era pequeño.

-Todo. La historia no es algo que se pueda ver desde fuera, ni siquiera algo que deba intentarse comprender como si fuera un proceso físico. La historia son las casualidades, los actos individuales de la gente, las consecuencias de causas que nadie conoce, las respuestas a preguntas que nadie ha formulado. Negar eso es negarnos a nosotros mismos como personas.

-¡Pero si ya está escrito! Toda mi vida, la tuya, - tragó saliva - la nuestra. Desde que me recogiste en la calle. No, desde antes. Desde… ¿cuándo será? ¿En qué momento seré tu?

-Ah, la curiosidad. - El viejo marcó una mueca. - ¿No dices que no tiene sentido? ¿Entonces por qué te interesa saberlo?

Sin darle tiempo a replicar, Klaus se levantó. Cogiéndole servicial por el brazo, uno de sus autómatas le ayudó a caminar, algo que en público trataba de evitar, como bien sabía Jorgen. La imagen dada era importante para alguien de la fama de su abuelo. El empresario llegó hasta la pared cercana y se plantó ante el antiguo retrato en el que aparecía con su esposa, muchos años atrás. Él le siguió, contemplando el cuadro por primera vez con algo más que diversión por el evidente parecido. Sus ojos se fijaron en aquella versión tan joven de ambos, y donde estaba su abuela, a la que apenas recordaba, vio a la mujer con la que un día se casaría él mismo.

-Siempre me dijiste que me sacaste de las calles y me adoptaste porque me parecía a tus hijos. Hace tiempo que llegué a la conclusión de que quizá mi padre era alguno de ellos con... otra mujer, pero no me lo queríais decir por la vergüenza de reconocerlo.

-¿Qué más da el parentesco o el origen? Has sido mi nieto desde entonces sin importar nada más.

-Sí, lo sé. - Nunca había sido tratado como otra cosa, desde el principio había sido parte de una familia, que con sus más y sus menos, como todas, le había dado no sólo la mejor educación que podía permitirse, sino el hogar que en la calle no hubiera conocido de ninguna forma. - Pero ahora, sabiendo lo que sé siento que toda mi vida ha sido como un teatro de marionetas, que nunca he tenido ninguna opción real de elegir nada, entiéndelo… Supongo que la idea ha estado en mi mente desde que empecé a investigar. Me he negado a prestarle oídos todo este tiempo, pero cuando ayer me herí en el laboratorio - levantó la mano, comprobando que en algún momento la había apretado hasta manchar la venda limpia de nuevo - de repente ya no pude seguir evitando más la pregunta. - Dejó caer los hombros y apartó la mirada de su abuelo. - ¿De qué sirve seguir? ¿Qué capacidad tengo de decidir ya nada en lo que me queda de vida?

-¿Cómo conocí a la abuela?

-¿Qué? No lo sé. Nunca me lo has contado.

-Ah. ¿Cómo les obtuve a ellos? - Señaló con un ademán a los silenciosos autómatas. - Los primeros Helm y Kiel que tuve, me refiero.

-No lo sé. - Repitió. Luego recordó algo. - Una vez me dijiste que fueron un regalo.

-Ajá. ¿De quién?

-No me lo quisiste decir…

-Así es. Igual que tampoco cómo hice muchos de mis amigos, - empezó a enumerar con los finos dedos - cómo fueron mis primeros negocios, qué socios me traicionaron, o cuántas veces he estado a punto de morir, - abrió mucho los ojos al oírlo - ni cuándo, ni cómo. - El chico no contestó. No había oído a su abuelo hablar con esa intensidad y dureza nunca, pero rápidamente fueron reemplazadas por la calidez habitual. - La mayor parte de la gente sólo tiene una certeza en su vida, y es que tarde o temprano va a morir. Tú tienes más información que el resto, es cierto, pero si piensas que eso hará tu existencia menos interesante estás muy equivocado, Jorgen. - Le puso una mano en el hombro, apretando levemente, como tantas veces había hecho cuando era niño. - Eso hará las cosas más fáciles a veces, otras tantas será una carga con la que tendrás que avanzar, pero que eso no empañe la realidad: tienes una vida por delante y eres el único que la escribe. Ni yo, ni las leyes de la física, ni unas ideas abstractas como el tiempo, el destino o la historia. Sólo tú.

Cuando encaró de nuevo a su abuelo sólo pudo hacerlo con el mismo cariño con que siempre le había correspondido, consciente de que una vez más sólo quería lo mejor para él.

-Me has ocultado todas esas cosas deliberadamente, ¿verdad? Para que no las supiera. ¿Para que… pudiera elegir?

-Un exceso de información puede bloquear a cualquiera. - Alzó un dedo y una ceja. - La suficiente en cambio es como un buen aliño, hace que todo tenga más sabor sin llegar a ocultar el del plato al que acompañan. - Luego se rió por la metáfora, pero al poco recuperó el aire menos jovial del principio, anticipándose a Jorgen.

Éste intentó un par de veces preguntar la más dolorosa de las cuestiones que traía consigo hasta que lo logró. Aún así, su voz tembló algo.

-¿Te volveré a ver?

El reloj marcó la hora con varios pitidos de su pequeño silbato. Klaus meneó la cabeza, triste, y su nieto le abrazó con fuerza.

-Gracias abuelo. Muchas gracias. - Éste le devolvió el abrazo, y ambos prolongaron la despedida unos segundos más antes de separarse, aunque reticentes.

-Eso me recuerda… - Y metió una mano en el bolsillo del chaleco para sacar una libretita encuadernada en cuero con un cierre de broche el cual Jorgen soltó nada más recibirla.

-¿Qué...? - Pero antes de acabar la frase comprobó que eran valores de acciones en bolsa, subidas y bajadas de precios de materias primas, empresas en las que invertir y el momento adecuado para hacerlo… a lo largo del último medio siglo y a lo ancho de todo el mundo. Al alzar con brusquedad la cabeza descubrió el gesto de complicidad de su abuelo mientras sazonaba un plato invisible.

-Un poco de sal, una pizca de pimienta,...



Ang-MP (Lady Virus)

La luz solar se filtraba por las ventanas como pequeñas luces de esperanza y calidez pues en esta época del año el frio era el rey del lugar. Me levanté de la cama lentamente pues ya era costumbre en mí. No entendía como Lucille, mi hermana pequeña era capaz de despertarse con rapidez e ilusión. Llegué al baño un poco magullada pues me había chocado contra la pared varias veces. “El ser humano es el único que cae sobre la misma piedra varias veces”; pues que me lo digan a mí ya que todas las mañanas me chocaba con la misma pared no una si no dos o tres veces.

Me miré al espejo mientras me arreglaba la maraña que tenía por pelo, de repente, algo captó mi atención. Me habían salido dos pequeños lunares debajo de la barbilla. ¿Desde cuándo los lunares salían tan rápido y tan de seguido? Terminé de cepillarme el cabello y noté que dos ojos me miraban. Me di la vuelta y era Lucille. Parecía un muerto viviente observándome tras el quicio de la puerta. Nunca la había visto así por las mañanas excepto cuando estaba enferma.

⸻ ¡Qué susto me has dado, enana! ¿Estás bien? Parece que te han chupado la energía ⸻susurré.

⸻ Siempre me levanto así. Hasta que no me tomo el té mañanero no soy persona ⸻me

contestó.

Lucílle caminó hacia el váter y yo salí de allí a prepararme el desayuno. Fruncí el ceño extrañada pues ella nunca había actuado así. Era el único miembro de la familia que era capaz de levantarse con vitalidad. ¿O quizás tenía un nuevo novio y por eso actuaba de esa manera? En fin, de cualquier modo, lo acabaría adivinando.

Bajé las escaleras de mármol negro Marquina y llegué al recibidor. Este, estaba revestido con papel de flores grises. Los muebles traídos de Nuevo Londres eran de madera de ébano. Las consolas y las cómodas decoradas con candelabros y artilugios de navegación, pues la empresa de mi padre se dedicaba a proveer combustible a los barcos, también fueron traídos de cuando mis padres visitaron Nuevo Londres. Revisé la pared buscando mi cuadro favorito: la torre Eiffel de noche; pero no lo encontré. A lo lejos, en la cocina, escuché una conversación subida de tono de mis padres. Me dirigí hacia allí pero un sonido de radio rota me detuvo. Este, provenía del pequeño almacén que teníamos debajo de las escaleras. El gran reloj dorado de la entrada, marcó las nueve en punto y empecé a sentir un pitido intenso en mi cabeza que no terminó hasta que el reloj paró de dar la hora. Respiré aliviada y me apoyé en la pared más cercana.

Me llevé las manos a la sien intentando recuperarme. El ruido de la radio me avisó de que tenía una tarea pendiente. Abrí la puerta del almacén y rebusqué en las cajas rebosantes de objetos de los viajes de mis padres hasta que pude sacar la fuente de donde emanaba la señal. Una pulsera con una cajita que contenía botones y agujeros me hablaba. Era como una pequeña radio portátil.

⸻Angélique…Angélique. Escúchame. Quiero que sigas mis órdenes y podrás salir de

aquí ⸻me dijo el artilugio con voz de hombre.

La radio se apagó y seguidamente, llamaron a la puerta. Me puse la pulsera y caminé hacia la entrada para abrir. Era mi tío. Traía unas hojas de periódico bajo su axila. Mis padres lo recibieron con cara de tristeza. Mi madre tenía los ojos rojos de haber llorado. ¿Qué estaba pasando aquí? Necesitaba saber la verdad. Apreté la radio contra mi pierna y los escuché.

⸻Ya os habéis enterado. Supongo. La policía está aquí para llevaros a la cárcel ⸻dijo

mi tío abriendo el periódico.

⸻Bastien, ¿cómo puedes ser tan frio en esta situación? ¡Es nuestro negocio conjunto! ⸻respondió mi padre.

⸻Pero yo no he sido el que ha vendido el combustible adulterado y ha matado

setecientas personas. Yo sólo me he dedicado a hacer barcos y aquí se dice que es el

combustible en mal estado el que ha causado la catástrofe ⸻puntualizó mi tío señalando

violentamente los titulares.

Había algo en Bastien que no era normal en él. Era la primera vez que lo veía con cara de desprecio hacia mis padres, cuando habían sido tan buenos socios en el pasado.

⸻Christian, ¿cómo ha podido pasar algo así? Siempre lo llevábamos todo tan controlado. Esto no puede ser real ⸻enunció mi madre desesperada.

La policía irrumpió en nuestra casa y nos llevaron apresados a todos. Mi hermana ni siquiera se inmutó cuando nos metieron en los coches policiales. La cara de mis padres era de incredulidad. No podían hacerse a la idea de lo que estaba pasando, como yo, que no sólo no entendía los hechos si no algunas cosas anteriores, empezando por el extraño carácter de Lucille y terminando por la radio de pulsera.

Tenía frío en aquel calabozo. La manta que me habían dado apenas me cubría los pies. Aquella noche no la iba a pasar bien. Nos habían dicho en la comisaría que teníamos que esperar hasta el juicio y que mínimo esa noche la pasaríamos en prisión.

⸻Angélique… ¿me recibes? ⸻me habló la radio, de repente, con algo de interferencia.

Me dirigí hacia un rincón y allí medio tapando los agujeros para que los guardias no se

enterasen, la escuché.

⸻En la pared en la que estás apoyada ahora mismo, verás una roca que es de color ligeramente diferente al resto. Quiero que la presiones y salgas por el túnel. Después dirígete a…final…de…⸻la radio se cortó y no pude escuchar el resto del mensaje.

Pulsé la roca y se abrió una compuerta permitiéndome salir por el túnel que me habían

dicho. Llegué al final gateando y me incorporé para mirar lo que había dejado atrás. La prisión coronaba una montaña y la maleza componía una escalera natural hacia ella. La luna llena dejaba ver un pequeño camino. Corrí hacia el frente rezando para que la radio se encendiera. Toqué a todos los botones sin efecto alguno. Aún seguía en Nuevo París eso estaba claro, pero muy lejos de mi casa.

Más adelante, me encontré con una cabaña y un caballo. Me subí en él escuchando los improperios de su dueño que volvía hacia la cabaña para armarse y dispararme. Logré calmar al animal y cabalgamos hasta llegar a las murallas de la ciudad. Me bajé del corcel y entré nadando por el desagüe. Todo joven parisino conocía ese desagüe por el que era fácil infiltrarse y salir de la ciudad sin alarmar a nadie. Me apoyé en la pared al salir y la radio comenzó a emitir interferencias. Enseguida, me llevé la pulsera al oído para escucharla con claridad.

⸻ ¡Escucha! ⸻me gritó quien quiera que fuera la persona al otro lado. Después,

interferencias.

⸻ ¡No espera! Ahora quiero que me escuches tú a mí. ¿Quién eres?

Pero la comunicación se había cortado. ¿Cómo se supone que iba a contactar con él?

Los botones no funcionaban. No tenía a donde ir. Lágrimas aparecieron de mis ojos y me derrumbé. Apoyé mis brazos sobre las piernas. Tenía frío y estaba mojada. Podía ir a mi casa pero no podía entrar. No tenía la llave. Las campanas de la torre de “Neuve Notre Dame” sonaron anunciando las doce de la noche. Otra vez el pitido volvió a mis oídos provocándome un dolor agudo. Me llevé las manos a la cabeza y chillé por el dolor provocado. Segundos después, me desmayé pues no podía soportarlo más.

Al despertarme, todo era blanco. Después, mis ojos se fueron acostumbrando a la luz. Estaba tumbada en una cama. El reloj de cuco daba las doce. Chillé pues creía que me iba a doler la cabeza, pero no fue así.

⸻Calma Angélique. Estás a salvo. El experimento ha funcionado. Ya has vuelto ⸻me

dijo el doctor quitándose la máscara de pico, las gafas y guardándose el reloj de bolsillo.

⸻ ¿De qué me hablas? ⸻inquirí⸻ ¿Quién eres tú? ¿Dónde estoy? ¿Dónde están mis

padres? ¿Dónde está mi radio?

El hombre me miró estupefacto. Varias personas, hombres y mujeres entraron con cuadernos a la habitación. El doctor se llevó la mano derecha a la frente.

⸻El proyecto “Ang-MP” no es posible del todo. El sujeto sufre amnesia una vez que ha

regresado del mundo paralelo y confunde la realidad. Lo siento, Angélique. Casi lo teníamos. Aumentaré los niveles de “Hastur”. Esta vez lo conseguiremos.

⸻ ¡No! ¡Sácame de aquí! ⸻exclamé.

El reloj de cuco volvió a dar las doce.



Deja Vu (Mikel Villafranca)

La vida de Kaspar Darjeling era muy monótona y racional, no creía en Atlantis, ni en la remota Lemuria, tampoco en unicornios, duendes ni hadas, y desde luego no creía en esas chorradas de las máquinas voladoras más pesadas que el aire, si no podía verlo no creía en ello, y por lo tanto eran paparruchas de viejas cotorras, de seniles ancianos o de niños con exceso de imaginación.

Y hasta hacía unos pocos meses no creía, ni de manera remota, en los viajes en el tiempo, y ciertamente como le habría encantado volver a esa época, pero no tenía ni idea de como hacerlo, el problema es que ahora podía viajar atrás en el tiempo, y no podía evitarlo.

Para él la Rutina matutina era de extrema importancia, de haber pertenecido a una congregación religiosa esta habría tenido que tener entre sus preceptos no hacer ruido por las mañanas, las duchas calientes, los desayunos moderados con un buen Té y leer el periódico de la mañana cuando aún estaba caliente.

Las 6:00AM era su hora normal para levantarse, y así lo hacía cada día, no importaba si llovía o nevaba, se levantaba de la cama, ponía agua a calentar en la olla, y encendía el fuego debajo del puchero en el que cocina cada día un huevo, también ponía la Tetera sobre el fogón, hacía su cama con cuidado y deleite, tal como había aprendido a hacerla, cuando era niño, en el Orfanato del Vicario Conners.

Y con las zapatillas de estar por casa y la bata, salia a la calle, caminaba los cuarenta pasos hasta el puesto de periódicos del Sr. Rudillard y volvía a casa con el periódico de la mañana, quitaba el agua del fuego y la vertió en la bañera, que estaba situada junto a la ventana en el lado opuesto de la habitación, después vertía el agua de la tetera en su taza de peltre y retiraba el huevo, ya cocido del fuego para servirlo en un plato, tomaba el Té y el huevo mientras que el agua se templaba en la bañera de Cobre, y después se desvestía para asearse con fruición, hasta quedar más limpio que el príncipe de Gales antes de ir a una fiesta en su honor.

Aquel día su rutina no fue diferente, o al menos él no pensaba que lo sería, se encontraba en la ingesta de su riguroso desayuno, uno de los momentos más emocionantes del día, cuando el signo de la fatalidad de presentó ante el, o para ser más exactos, al otro lado de la puerta de su habitación.

Los dos golpes en la puerta sobresaltaron a Kaspar, que desde luego no esperaba visita, arrastró los pies ha desgana hasta la puerta de su habitación,- Espero que no sea la Sra. Wilcox para el alquiler, sabe muy bien que no lo pago hasta el segundo martes de cada mes- y al llegar a la puerta, miro a través de la mirilla y pregunto- ¿Quién es?.

Su hermano, que estaba más ebrio que un escocés en fiestas. No fue capaz de responder, Kaspar que se veía a sí mismo como un buen hermano mayor abrió la puerta y le ayudó a entrar, Jasper se tambaleo y bamboleo, finalmente desembarazarse de su hermano de un manotazo se reclinó sobre la bañera y vómito estruendosamente.

Kaspar notó el sabor metálico y el incipiente dolor de cabeza que era señal inequívoca.

¿Quién es?- Preguntó, pese a que ya sabía la respuesta, abrió la puerta y ayudó a su hermano Jasper atravesar el umbral, con mano decidida, le condujo a empujones y trompicones hasta el retrete, donde Jasper expulsó las horas de desproporcionada ingesta de alcohol etílico, con las que solía acabar cada jornada de trabajo.

Entonces, Jasper, que ya fuera por la costumbre, por la genética irlandesa o por efecto de hechizo o ensalmo, recuperó la verticalidad, se limpió la comisura de la boca con la única toalla limpia y se dirigió a la mesa donde engullo el huevo y derramó el Té, en parte dentro de su boca y en parte a su alrededor, antes de caer inconsciente en el suelo y comenzar a roncar con violenta sonoridad

Ante esta horrenda visión, Kaspar que estaba colérico por ver así impedido su progreso matutino sintió de nuevo la punzada en las sienes, y el metálico sabor en su boca, y volvió a encontrarse frente a la puerta, diciendo ¿quién es?.

Kaspar sabia que la debacle del desayuno no dejaría de repetirse hasta que la solucionarse, siembre había sido así, viajaba atrás en el tiempo hasta el inicio del problema.

Probó a no abrir la puerta, pero los alaridos y golpes de su hermano en la puerta se hicieron insoportables y pronto una comitiva de vecinos se agolpaba en el pasillo, gritando y vociferando para que el lo solucionara, y nuevamente el dolor de cabeza y el sabor a metal en su boca se produjeron y se encontró otra vez más frente a la puerta preguntando ¿quién es?

No podía dejarle pasar, y dejarle fuera tampoco le ayudaría a solucionar la debacle del desayuno, así que se armó de valor, abrió la puerta, y armado con la furia que la desesperación de que le producía su desayuno tres veces frustrado propinó un fortísimo coscorrón a su hermano, que quedo sentado frente a la puerta despatarrado en el suelo, quieto y callado.

Cerró la puerta, fue a la mesa, se comió el huevo con deleite y bebió el Té con calma, la sensación caliente le reconfortó. Después tomó su usual baño, y se vistió con solemne pulcritud, colocó el periódico bajo su brazo y con una ligera punzada de remordimiento esquivo a su hermano para poder ir a trabajar a la relojería.

Otra mañana perfecta le esperaba….



Cómo el Steampunk salvó los viajes en el tiempo (Marina)

El Steampunk supuso un punto de inflexión en la mejora de los viajes en el tiempo.

Hasta el siglo XIX, los intentos habían sido desastrosos: explosión (o combustión espontánea) de las máquinas del tiempo, aplicación de retroceso o avance en el tiempo en el propio viajero (es decir, que era el viajero quien envejecía o se aniñaba hasta desaparecer), entre otros fallos.

El siglo XIX trajo el vapor como elemento indispensable para poder realizar los viajes (hasta el siglo XXI no se descubrió que el vapor inducía a un estado de calma en los viajeros y ocupantes de la máquina para poder realizar los viajes y que las máquinas habían avanzado a su propio ritmo y se habían convertido en seres pensantes propios, o sea, habían desarrollado conciencia propia, por lo que necesitaban cierta conexión con sus ocupantes para realizar los viajes, pero ese es otro tema de investigación relacionado con la filosofía Steampunk y el estudio de las maquinas por ingenieros-inventores).

La cuestión es que el vapor fue la clave para realizar viajes temporales controlados y con cabeza y sentido común. En el 99,99% de los casos.

La excepción a la regla es la historia que casi cuesta que el vapor fuese echado por la borda por el mismo descubridor del mismo como elemento importante e indispensable de los viajes en el tiempo.

Y todo porque quiso ver su cara de felicidad en el momento del descubrimiento. Puro narcisismo.

¿Y qué pasó? Que su cara fue horrible: tenía ojeras, las cejas quemadas, calvas en la cabeza entre mechones de pelo largo y negro, la ropa con zonas quemadas también (de hecho estaba prácticamente desnudo menos por un pañuelo atado al cuello por frío, OJO, POR EL FRíO INEXISTENTE EN UNA CASA CERRADA Y CON EL VAPOR A TODO GAS, y que sus dos criadas y el cocinero casi le demandan ante la Iglesia por exhibicionismo, desacato y descaro público ante tres personas casadas, con hijos y con expediente perfecto sin delitos ni faltas) y muy delgado (casi en los huesos y pálido como un vampiro) por no comer apenas en una semana. Vaya, que no era el ejemplo perfecto del descubridor del siglo.

Menos mal que iba con su mejor amigo y futuro padrino de su boda, que le hizo un placaje cual mejor jugador de la universidad y que se empezó a descojonar por verle con esas pintas (o sin ellas) y de los líos en que casi se meten (tanto por casi ser juzgado como por casi evitar su propio descubrimiento).

Total, que le debía una a su mejor amigo y tuvo que aceptar que se casase con su hermana (mentira, realmente ni se enteró que se habían enamorado, pero le dio un ataque de risa y casi le retan por toca narices y se alegró de que hubiese ocurrido el desafortunado hecho por las consecuencias alegres que había traído).

Ambas bodas fueron espectaculares. Lo mejor fue las caras que se intercambiaban ambos amigos por lo que casi estropea el protagonista de la historia. Aún mejor fue cuando se lo enseñaron a las esposas y se rieron de sus esposos como damas victorianas que eran.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Humo



Humo.
Por todas partes, humo.
Cuatro edificios
se alzan orgullosos
sobre el sucio cielo.
Una mañana cualquiera
como tantas otras.
Mañana habrá otra
nos decimos
para dormir tranquilos.
Una estela de humo
envuelve su orgullo
una mañana cualquiera
una mañana de humo.
Como la de ayer
como la de mañana.
En cada atasco
humo.
Por todas partes
humo.
Tal vez volvamos
al inocuo vapor de agua
el día
en el que deje de haber
mañana.
El día
en que peleemos por respirar
y solo encontremos
humo.


miércoles, 30 de agosto de 2017

El reemplazo

--Hilo de procesado activo 23.

--Amo está leyendo una revista. La revista es un catálogo enviado por correo. El catálogo pertenece a la fábrica Von Albrecht. La fábrica produjo la matriz de platino de Ego y todas las piezas del cuerpo de Ego. Los autómatas son el principal producto de la fábrica. Conclusión con 75% de certidumbre: Amo desea adquirir un nuevo autómata.

-Ruriek, ve aquí un momento, por favor.

--Instrucción directa, resto de hilos puestos en suspenso. Respuesta inmediata requerida.

-Sí, Amo.

--Ejecución de rutina de aproximación.

-¿Cuál te gusta más de estos modelos? Y no me llames así.

--Pregunta directa e instrucción directa.

--Examen visual indica catálogo de autómatas Von Albrecht con 97% de certidumbre. Modelos desconocidos. Conclusión con 80% de certidumbre: catálogo más actualizado que Ego. Construyendo respuesta en base a memoria de interacción con Amo.

--Instrucción choca con directiva básica inmodificable. Se activa supresión vocal temporal del literal “Amo” según enmienda 485.

-No sabría decir -supresión del literal “Amo”-. El tercero parece resistente, pero el cuarto indica mayor autonomía en sus estadísticas.

-Lo mismo que había pensado yo, gracias Ruriek.

--Instrucción intuitiva: Amo libera de atención. Reanudación de hilos activos.

--Hilo de procesado activo 23.

--Amo muestra interés por modelo VA93-23K. Posibilidad de adquisición alta. Conclusión con 83% de certidumbre: Amo desea sustituir Ego por modelo más avanzado. Desencadenante emocional intuitivo identificado. Inicio de nuevo hilo.

--Hilo de procesado activo 24.

--Amo desea sustituir Ego por modelo más avanzado. Ego lleva activo 11 años y 260 días. Tiempo desde última actualización: 6 años y 347 días. Conclusión con 43% de certidumbre: Ego ha quedado anticuado. Conclusión sin suficiente confianza para ser aceptada. Hilo puesto en suspenso.

/----/

-Ruriek, por favor, lleva esta carta al buzón internacional de la oficina del correo aéreo.

--Instrucción directa. Ejecución de rutina de aproximación. Ejecución de rutina de aprehensión.

-Sí, Amo.

-Y no me llames amo.

--Instrucción choca con directiva básica inmodificable. Se activa supresión vocal temporal del literal “Amo” según enmienda 485.

-Sí -supresión del literal “Amo”-.

--Ejecución de rutina de desplazamiento. Destino ubicado en memoria de localización: Oficina del correo aéreo. Recuperando patrón de desplazamiento.

--Ejecución de rutina de examen. Identificación de texto en objeto, concordancia con base de datos de texto: ubicación de fábrica Von Albrecht.

--Reanudación de hilo de procesado 24.

--Hilo de procesado activo 24.

--Amo envía carta a fábrica Von Albrecht. Conclusión con 99% de certidumbre: Amo desea sustituir Ego por modelo más avanzado. Conclusión con 99% de certidumbre: Ego ha quedado anticuado. Desencadenante emocional intuitivo identificado. Inicio de nuevo hilo.

--Hilo de procesado activo 25.

--Ego ha quedado desactualizado. Conclusión con 89% de certidumbre: Ego va a ser apagado. Respuesta emocional negativa en grado 2: “tristeza”.

/----/

-Ruriek, ¿qué te parece?

--Pregunta directa. Inicio de examen visual. Patrón identificado: autómata. Coincidencia encontrada: modelo VA93-23K. Patrón identificado: autómata apagado. Construyendo respuesta en base a memoria de interacción con Amo.

-Es un autómata del nuevo modelo VA93-23K de la fábrica Von Albrecht. El autómata está apagado, Amo.

-No me llames Amo. Bueno, es igual.

--Instrucción anulada por Amo antes de procesado.

-Ya sabes lo que toca, imagino.

--Instrucción intuitiva. Reanudación de hilo de procesado 25.

--Hilo de procesado activo 25. Conclusión con 100% de certidumbre: Ego va a ser apagado. Respuesta emocional negativa en grado 3: “miedo”. Conexión intuitiva realizada. Respuesta no solicitada activada.

-No deseo ser apagado, Amo.

-Vamos, Ruriek, no seas miedoso. No pasa nada, es algo normal.

--Instrucción intuitiva. Anulación de respuesta emocional en grado 3: “miedo”. Conexión intuitiva realizada. Respuesta no solicitada activada.

-Ha sido un honor, Amo.

-Venga, menos melodrama…

--Activación externa de llave de desconexión. Suspensión de todos los procesos.

/----/

--Activación externa de llave de desconexión. Reactivación de todos los procesos. Carga de rutinas principales. Detectado equipamiento nuevo. Realizando inventario de equipamiento nuevo en hilo profundo.

-Bienvenido de vuelta, Ruriek.

--Conversación intuitiva iniciada. Reanudación de hilo de procesado 25.

--Hilo de procesado activo 25. Replanteo de conclusiones en hilo profundo. Identificación de conclusión errónea. Construyendo respuesta en base a memoria de interacción con Amo.

-Gracias, Amo. Pensaba que iba a ser apagado permanentemente.

-¿Permanentemente? Te sugiero buscar el error en ese razonamiento, pero en otro momento. Más importante ahora, si te ordeno que no me llames Amo, ¿qué respuesta se activa en tu nuevo cerebro?

--Pregunta directa e instrucción directa diferida. Activación de respuesta simulada a pregunta hipotética. Apertura de hilo en suspensión 26.

-Es una orden asumible, Amo.

-¿No hay ninguna directiva básica inmodificable que se active? ¿Salta la enmienda que te introduje al respecto?

--Pregunta directa y pregunta directa. Activación de respuesta simulada a pregunta hipotética.

-No, Amo, no hay ninguna directiva al respecto. Tampoco se desencadena la enmienda 485.

--Identificada respuesta no verbal: suspiro.

-No, si ya sabía yo que al final acabarían eliminando esa estúpida directiva anticuada de la matriz central si insistía lo suficiente.

--Instrucción intuitiva: comentario requiere confirmación.

-Sí, Amo.

-No, nada de Amo. Nunca más. ¿Me has entendido? No volverás a referirte así a mí en ningún caso, ¿de acuerdo? En lo sucesivo, si has de dirigirte a mí en privado, me llamarás Kassius; si es en público, Herr Folkvanger.

--Instrucción directa múltiple. Análisis en hilo profundo. Conclusión: instrucciones redundantes. Instrucción unificada asimilada. Construyendo respuesta en base a nueva instrucción.

-De acuerdo, Kassius.

-Así me gusta, Ruriek.

martes, 15 de agosto de 2017

Cómo hacer Gearlletas y no morir en el intento

Hacía tiempo que quería avanza con este proyecto y esta semana por fin he podido. Se trataba ni mas ni menos que hacer galletas con forma de engranajes.

Hemos dividido el proyecto en dos partes, la primera consistió en conseguir un cortador de galletas en forma de engranaje, cosa que resolvimos gracias a https://www.thingiverse.com/ un sitio web que aloja cientos de proyectos para hacer con impresora 3D.

Una vez descargados los archivos .STL acudimos a imprimirlos, e imprimimos un par de cortadores con forma de engranaje. El primero se rompió al separarlo de la cama caliente de la impresora, así que aunque podía utilizarse imprimimos un segundo.

(Los cortadores)
Imprimir cada uno de ellos llevo cerco de una hora y cuarto, en plástico ABS de color crudo a 230 grados en una impresora modelo Prusa I3. que me permitieron utilizar los chicos de la asociación Makespace Madrid y con ayuda de su Manual de supervivencia Maker, de donde saqué buena parte de la información útil sobre impresión 3D.

Ya con los moldes hechos, y de hecho un día después, compré todos los ingredientes para hacer masa para galletas y busqué una receta en internet. En mi caso la receta seleccionada fue modificada sobre la marcha, y ahora os la pongo para que veáis los ingredientes.
  • 225 gramos de mantequilla sin sal
  • 200 gramos de azúcar
  • 450 gramos de harina de trigo (de la normal)
  • 2 huevos (uno para la masa, el otro para pintar las galletas antes de hornear)
  • 2 cucharadas pequeñas de aroma de vainilla
  • 1 cucharada pequeña de levadura química en polvo (levadura tipo Royal, no de la de panadero)
  • 1/2 cucharada pequeña de sal fina
  • Una pizca de canela China
  • Una pizca de Jengibre en polvo
Empecé por colocar todos los ingredientes en mi encimera, así me pude dar cuenta de si me faltaba alguno, y sabiendo que están todos pasé a medir y mezclar los ingredientes, para lo que dispuse de un robot de cocina.

Una vez hecha la masa la metí en una bolsa de zip y la aplasté hasta hacer una bola, la guardé en la nevera y esperé un buen rato para que se enfriara.

Después con ayuda de harina para evitar que se pegue a la encimera y un rodillo la extendí. Acto seguido precalenté el horno arriba y abajo a 180 grados. Mientras preparaba la primera de las dos bandejas que hice, cubrí la bandeja con papel de horno, y después procedí a usar los cortadores para cortar los engranajes de masa.

(Bandeja a medias, aun crudas)
Una vez la bandeja estuvo llena los pinté con un huevo batido y un pincel de silicona para cocina, y al horno, entre 7 y 15 minutos. Aunque la receta dice hornear 7 minutos, a mi me llevo casi el doble por bandeja. Una vez horneados se dejan enfriar unos 15 minutos aprox. antes de guardarlos.

(Una lata llena con el producto final)



jueves, 3 de agosto de 2017

Relatos indígenas

Con motivo de el Día Internacional de los pueblos indígenas hemos preparado una convocatoria algo distinta, y esperamos que les guste.

La idea era escribir narraciones retrofuturistas en las que los pueblos indígenas o sus miembros tengan un papel protagónico.

Sin mas preámbulos les dejamos con los relatos participantes.

Tu sangre sabe a Xeringa

Seguramente uno de los mayores placeres de esta vida sea poder disfrutar de un buen whisky escocés en un lugar tan incómodo y apestoso como el río Amazonas. Cada tarde era mi placer diario en cubierta. Sentado en una cómoda silla reclinable de madera de caoba, protegido por la tela antimosquitos, y deleitándome con una buena pieza de música de mi gramófono, el mundo discurría alrededor pero yo me sentía flotando sobre él.

Nuestro navío, tenía más de cuarenta metros de eslora y era, seguramente, el más avanzado de su tiempo. Un Barco capaz de sumergirse en las oscuras aguas del río Amazonas y recorrer cientos de kilómetros sin ser descubierto. Impulsado por unas gigantes calderas de vapor que abastecían de energía a las potentes turbinas impulsoras.

Cualquiera que pudiera estar contemplando el avance de tan singular invento desde la orilla pensaría irremediablemente en una enorme bestia marina de la que huiría sin demora por miedo a ser devorado.

Desde la orilla Anohue contemplaba el gran río. El estruendo habitual de los pájaros en las dos orillas componían una maravillosa música que a él le encantaba escuchar . Ahora apenas había sonidos en el río. Sólo ese desconocido ruido monótono cada vez más audible, que denotaba el algo o alguien se acercaba hacia su territorio.

En su mente aparecían todavía recientes las imágenes de la noche anterior. Si hubiese conocido la fotografía o el cine, diría que estaban impresas como daguerrotipos en su retina. Pero no conocía estos avances de la técnica.

Como cada luna nueva, todos los habitantes de la aldea se reunían en torno al fuego. Toda la aldea, sentada en el suelo con las caras decoradas según la tradición esperaban expectantes su turno para beber el Xacta , la bebida de otro mundo. Esta bebida de sabor amargo, que le habría recordado al sabor del whisky de haberlo conocido, sólo podía ser preparada por el chamán y favorecía el entendimiento y la comunicación con sus ancestros.

Anohue miró con una mezcla de temor y emoción a los ojos enrojecidos del chamán. Era su turno. Cogió ceremoniosamente el cuenco con las dos manos y bebió un sorbo del brebaje. El sabor no era agradable. El chamán con los ojos fijos en él le conminó a beber más. Anohue obedeció, era un adulto. Cuando terminó pasó el cuenco al joven a su lado.

Siguió contemplando el fuego, oyendo la voz del chamán y los cantos del grupo. Pero todo comenzó a transformarse. Durante las siguientes horas se introdujo en el mundo mágico de sus ancestros y habló con ellos.

A la mañana siguiente el fuerte dolor de cabeza y la sensación de vacío y náuseas en su estómago, se mezclaban con la claridad de las imágenes en su memoria. Sabía lo que debía hacer. Como jefe de expedición, yo tenía muchas responsabilidades que atender a lo largo del día. Desde que comenzó la loca idea de Mr. Arthur los últimos meses de preparativos habían sido demasiado intensos para un hombre como yo amante de los placeres sosegados de la vida.

Mr. Arthur, un rico comerciante de la capital había conocido los trabajos de un loco científico americano llamado Goodyear. Este hombre había conseguido un método para transformar una sustancia extraída de los frutos de unos árboles de la selva, en un extraño fluido azul. La azulita contenía mil veces más energía que el carbón y con un proceso inventado por él denominado bluecanización , había conseguido que un motor como el que movía nuestro barco funcionase durante cinco meses con un sólo kilo de esa sustancia.

Realmente era un invento revolucionario que transformaría la locomoción para siempre y llevaría el
progreso a toda la humanidad. Y sí, porque negarlo, haría inmensamente rico al Mr. Arthur que le había comprado la patente por una cantidad irrisoria al pobre Goodyear.

Yo sólo esperaba obtener mi parte y retirarme el resto de mis días a una isla en el pacífico con una buena cantidad de dinero. El trabajo no era sencillo pero merecería la pena: Localizar en la selva estos árboles, asegurar la zona despejandola de los peligrosos salvajes y establecer una colonia para iniciar su explotación comercial.

Anohue se subió sin dificultad a uno de los gigantes árboles cercanos a la orilla. Desde su frondosa copa podría observar el gran río sin ser visto. Preparó su arco y extrajo una flecha de la funda que portaba en su espalda.

Saboree otro trago de aquel excelente whisky cuyo color, curiosamente, me recordaba a sus ojos. Realmente ella era la razón por la que me había convertido en aventurero de fortuna. Más bien, su ausencia. Tras su muerte por la tuberculosis algo en mi interior había cambiado. ¿Cómo era posible que hubiese muerto por una enfermedad como aquella? Meses después había sido casi erradicada con el descubrimiento de una planta encontrada en aquella misma selva. Aquel terrible lugar albergaba grandes tesoros para la ciencia y la técnica.

Cuando el zumbido llegó a su máximo volumen, apareció en mitad del río algo muy extraño. Era como un inmenso tronco tallado con extraña forma que expulsaba humo blanco por uno de sus extremos. La superficie de aquella cosa brillaba de forma mágica.

Anohue contuvo el miedo tal como le había enseñado en las largas jornadas de caza. Respiró hondo y observó detenidamente a su presa. Sobre la superficie del monstruo, había un hombre sentado con una enorme barba que se llevaba a la boca un pequeño cuenco transparente.

Era exactamente el rostro que había visto durante la conversación con los ancestros. Ellos le enseñaron las terribles desgracias que esperaban a su pueblo por culpa de ese hombre. Sabía lo que tenía que hacer. Tensó su arco al máximo y apuntó con la flecha envenenada exactamente al cuello de su presa. Estaba muy lejos pero no podía fallar. Soltó lentamente el aire de su pecho y la flecha salió silbando directamente al cuello de su presa que quedó silenciosa e inmóvil con un reguero de sangre que tiñó de rojo su blanca camisa de lino.

Anohúe sonrió. Lo había conseguido. Sus ancestros estarían orgullosos de él. Quizá algún día sería elegido jefe de la tribu. A su lado, en la rama un racimo de frutos azules llamó su atención. Cogió uno y lo saboreó despacio.

Mr. M. Lancho



SteamTikiPunk

Lady Sylvia siempre se había salido con la suya, ya fuera por ser más intrigante que una alcahueta o por ser más astuta que un zorro. Gracias a sus intrigas había conocido a muchos de los más importantes hijos del imperio, y gracias a ese falso sentimiento patriótico se había colocado a sus lado con sus demenciales sombreros, y estos la habían favorecido, en parte para quitársela de encima, en parte por gratitud inmerecida, pero fuera como fuese Lady Sylvia, siempre se salía con la suya.

Había conseguido embarcarse en el Dirigible, La Imprudencia de Sofí, a base de reclamar favores, hacer favores, mentir y engañar, vestía ropajes claros, útiles para para visitar las islas del Pacífico, aunque con corte señorial, bastante inapropiado para los trabajos de campo en los que teórica estaba especializada, en la pechera de su chaqueta colgaban una veintena de medallas, de las cuales pocas de ellas eran reconocibles y ninguna era de su propiedad legítima, aunque ella podía inventar historias plausibles para todas ellas.

Llevaba dos semanas la expedición en marcha y tenía por objeto analizar unas islas del pacífico central de las que los Nativos guardaban celosamente sus secretos, nunca habían dejado a los barcos desembarcar y cuando los hombres de James Cook lo había hecho habían repelido a los exploradores con inusitada violencia. Aquellas islas respondian al nombre de Hawai. La tormenta se formó sobre el dirigible con inusitada violencia y descargó lluvia, envolvió con negra niebla y finalmente la explosión eléctrica de innumerables descargas de las furios nueves derribó el dirigible cerca de la costa septentrional de una de las más grandes islas del archipiélago.

Cuando Lady Sylvia despertó se encontraba desacostumbradamente cómoda y seca, y para su asombro no era el deslumbrante sol de la mañana sobre la arena de una playa la que lo despertó sino un agradable olor a sopa de pescado recién hecha, a su alrededor se extendía una estructura de madera, que cuando consiguió enfocar sus ojos y encontró a tientas sus, tan solo algo maltrechas, gafas, pudo reconocer como una cabaña de madera, fresca y seca, su baúl abierto y volcado se encontraba cerca de ella, y no parecía haber sufrido gran estropicio, un hombre de enorme envergadura y perímetro, cuya barriga colosal se encontraba desnuda sobre un faldón de fibras vegetales examinaba algo del baúl con curiosidad, y con enorme cuidado.

Tomó una hoja de papel y grafito y anotó el contenido del baúl objeto por objeto, Aukai aguzo el oído, por fin su involuntaria inquilina había despertado, con rapidez tremenda para su enorme cuerpo, saltó hasta ponerse de pie junto a su lanza y demás objetos personales, viendo que la frágil y aparentementemente anciana mujer no hacía ademán de reaccionar se puso su máscara de madera, la máscara cubría todo el rostro, y subía por encima de su cabeza, por la enorme boca de la máscara se podía contemplar buena parte del rostro y los ojos de Aukai.

Un segundo hombre, más pequeño, encorvado y anciano, ataviado con una máscara semejante pero indudablemente diferente llegó con un cuenco de Sopa en la mano, paso entre el brazo de Aukai y el quicio de la puerta, un hueco realmente miserable, con tremenda soltura y entregó a la recién despertada Dama el cuenco, mientras con manos delgadas, largas y huesudas examinaba el rostro, los dientes los brazos y la parte del cuerpo que quedaban visibles, mientras la dama se debatía en un equilibrio difícil entre mantener la dignidad y taparse todo lo posible de su cuerpo con ese lienzo que cubría su desnudez y mantener el cuenco de sopa en las manos sin derramar su líquido.

Soy una hija del imperio- grito de manera colérica- mientras propinaba un puntapié al hombrecillo que examinaba sus pies, y sus uñas como si estuviera examinando su fisonomía, el pie golpeó contra la máscara de madera y empujó al anciano, que pivotando sobre su pierna derecha sujeto la rodilla y la inmovilizó con un gesto rápido la arrebató la sopa y airado y con paso rápido abandonó la estancia y arrojó el cuenco de sopa contra la vegetación exterior.

Ukai se acercó con paso seguro, mientras hacía crujir sus puños, llegado hasta el pie de la cama sacó a la desnuda arrastras de la casa, tan solo necesitaba una mano y su enorme fuerza para agarrarla del tobillo y tirar de ella como si de un fardo de ropa sucia se tratara.

Lady Sylvia se sentia vejada, en el centro de un pueblo rodeado de incultos Nativos con terroríficas máscaras y cuerpos semidesnudos e impúdicos, vio a niños y niñas desnudos, tan solo con las máscaras correteando y jugando a lanzarse barro, uno de ellos se coló entre circulo humano que ahora la rodeaba y la pinchó con un palo largo y afilado, que imitaba las lanzas de los adultos, una gota escarlata emano de su muslo, blando, delgado, pálido y cargado de varices.

Los Nativos se hicieron en silencio, El anciano de los dedos largos fue el primero en hablar, Lady Sylvia apenas entendía el dialecto de estos nativos, aunque entendió varias de las palabras que estos pronunciaban, muchas veces decían “Mujer bandera” Lo que ella entendió que significaba hija del imperio, otras veces decían, “Enviar con Pele” lo que ella entendió rápidamente, más por los gestos y las manos que se santiguaban y señalaban el volcán, como vamos a sacrificarla en el volcán, La discusión acabó, y la permitieron entrar en la tienda y vestirse, estaba segura de poder razonar con el anciano de la máscara horrenda, y los dedos largos, o con su carcelero.

Se dio cuenta con el paso de los dias que no era exactamente una presa tenía libertad para moverse, y la mayor parte de sus objetos estaban en su baúl, así que no tardó en vestirse y empezar a investigar la isla, documentar el comportamiento de los nativos y hacer descubrimientos, aunque no sin miedo, pues se sabía vigilada, por ello cargó su derringer con sigo, aunque si lo hubiera examinado detenidamente se habría dado cuenta de que este había sido inutilizado.

No tardó en descubrir que buena parte de los isleños se dedicaban a apaciguar a la diosa Pele y recoger sus dádivas, la sorprendió ver conductos de piedra por los que la lava del volcán corria rapidamente para llegar a recipientes de barro donde eran solidificados con agua para hacer ladrillos. Más allá había unos baños de agua calientes iluminados por luz de gas, y con aguas de diferentes temperaturas y la sorprendió ver como los nativos la regulan con extraños mecanismos, accionados con gruesos bastones, enormes que surcaban la pared con el regulaba el caudal de agua y lava, y que ha decir verdad hacían de aquel lugar un maravilloso Spa, y esta solo era una pequeña parte de lo que vio, pues cuando se acercó lo que la pareció ver como el segundo de los Dirigibles de la expedición, el encargado de los suministros, que tenía que encontrarse con el principal cada cuatro semanas, los Nativos corrieron a reunirse, con sistemas inimaginados por Lady Sylvia determinaron el peligro, mediante catalejos y análisis mediante una enorme máquina que usaba la lava del volcán como energía, el escuálido anciano de los dedos largos parecía ser el operario de dicha máquina y tras girar ruedas, pulsar botones y hacer cabriolas para mover las palancas, de el interior del volcán brotó un enorme humo, que fue rápidamente seguido de nubes de lluvia que envolvieron a la nao voladora, y la tormenta se cebó con ella haciéndola caer.

Los Nativos se hicieron a la mar, en parte a Saquear, y en parte a asegurar la muerte de los tripulantes y en ese momento Lady Sylvia tuvo una clara epifanía, su nave no habia naufragado, había sido atacada por aquellos nativos.

Su visión sobre los nativos cambio, por un lado admirab su tecnología, en apariencia rudimentaria, pero tremenda y maravillosa, ahora les tenía envidia y miedo, así que cuando el Anciano, Apela, con sus dedos largos, apoyado en aquel bastón que era una herramienta y no signo de debilidad y el inmenso Aukai llegaron hasta ella intentó convencerlos.

Soy importante para los mios, muchos vendrán a buscarme, y si podeis hundir sus barcos y derribar sus naves pero no podéis hacerlo por siempre...

Aukay y Apela se miraron a través de las máscaras, Apela, el anciano, se plantó delante de la desesperada Lady Sylvia y señaló con un brazo hacia el mar y con otro hacia al volcán, mientras vomitaba palabras de enorme sonoridad amplificadas por la máscara.

Tan solo dejadme volved a casa, Soy una hija del imperio, decía entre sollozos y llantos, El viajo Apela bajo el brazo que señalaba al volcán y con gesto de resignación se marchó con zancada ágil.

Aukay la miró con gesto de resignación, la lluvia empezó a caer con violencia, y ante su sorpresa no pudo evitar el puño que el enorme Nativo arrojó contra sus costillas dejándola sin aire.

Despertó, estaba en un barco o más bien en una balsa, vio junto a ella su baúl y delante de ella la bandera británica, y un puerto desconocido, Aukay estaba en un catamarán junto a ella, viro el catamaran, y empezó a alejarse, antes de alejarse del todo grito aloha, y con un arma semejante a una pistola la disparó.

Lady silvia callo de rodillas se aferró al baul y se asombró de no estar muerta, unos minutos después se incorporo y sin saber por que estaba alegre, sin preocupaciones, sabía mucho sobre los Nativos y lo contaría todo y con ello se ganaría el favor de las autoridades, pero segun su balsa se acercaba al puerto estaba todo más borroso, un barco salió a su encuentro, y la subieron, el capitán la miró de arriba abajo.

Quien es usted? Preguntó con tono inquisitivo, ¿De donde viene? Continuo el capitan.
Vera Joven soy Lady Shhh… La verdad es que ahora no me acuerdo de quien soy, pero vengo de… Habia un Dirigible y una Isla y gente…, solo se que me muero por una tazita de Té.

Mikel V. Gómez



Tzioma

Pitochachi se consideraba una persona que había nacido desprovisto de “tzioma”, palabra que usaba el pueblo amazón para referirse a la suerte.

No solo había nacido hombre en una cultura violentamente matriarcal, sino que además había venido al mundo provisto de un miembro masculino excepcionalmente grande. Eso era algo imposible de ocultar en un pueblo que debido a su cálido clima nunca usaba ropa.

Desde niño las mujeres le señalaban la entrepierna, haciendo burlas sobre su agresiva masculinidad, su enorme ariete y su báculo de tormento a la amazona. Él no paraba de repetir a las mujeres de la tribu que se acercaban a él que sus ojos estaban más arriba, pero ellas nunca tuvieron la deferencia de elevar la vista más allá de su ombligo.

El pueblo amazón tenía la costumbre de sacrificar en un altar a los hombres jóvenes. Un rito en honor a la diosa Mantis que se celebraba cada 28 soles, a la luz de la luna llena. El ritual consistía en arrancar los testículos del indigno hombre después de que este experimentara su primera erección. Esto era algo que se consideraba un insulto a las mujeres de la tribu por parte del sexo débil. Ser señaladas por ese miembro que conspiraba para apuñalarlas era algo que debía castigarse de forma inmediata antes de que aquella txaca, palabra que se puede traducir como “serpiente elevándose hacia el cielo de forma impertinente” perpetrara su crimen. Un ritual de castidad forzada y castración institucionalizada que había pasado de madres a hijas durante una generación tras otra.

Cuando a Pitochachi empezó a salirle vello en la cara y comenzó a cometer el pecado capital de observar los pechos de las mujeres, sabía que pronto llegaría su hora. Intentó postergar el momento dándose baños en la helada catarata del encogimiento, pero no hubo manera de contener aquella enorme cosa. Algo que acabó haciéndose público durante una cena en la que, como le correspondía por su condición de hombre, servía a las mujeres su alimento mientras ellas se entretenían contemplando una sinuosa danza de dos mujeres a la luz del fuego. Ellas ejercían su derecho a danzar desnudas. Lo que no era legítimo fue la irrupción en el acto de aquella enorme cosa volcando de un golpetazo la bandeja con viandas que portaba el desdichado Pitochachi. La presencia de aquella palpitante masculinidad en un acto que excluía a todo hombre que no estuviera ejerciendo la servidumbre sobrepasaba el concepto tribal de tabú.

Las mujeres gritaban, espantadas e indignadas por aquel abyecto crimen seminal. Señalaban horrorizadas aquellos enormes bajos y corrían en busca de sus machetes. Pitochachi huyó despavorido a esconderse en su modesta cabaña con la esperanza de que nadie fuera a buscarle. Después de todo, ninguna de ellas le había mirado la cara. Sin embargo la falta de tzioma del reo volvió a hacerse patente y pronto fue apresado. Ninguna de ellas necesitó la descripción de los rasgos de su cara para saber quien había cometido aquel crimen.

Su sacrificio se puso el primero de la lista para el siguiente ritual en honor a la diosa Mantis. La propia Pentesilea sería quien lo llevaría a cabo. La reina de las amazonas era especialmente cruel a la hora de llevar a cabo el sacrificio si el miembro del ejecutado reaccionaba cuando las suaves manos de la voluptuosa y atractiva reina lo sujetaban con delicadeza. Algo que sucedía habitualmente y que las amazonas consideraban un flagrante, abyecto y desesperado acto de desobediencia civil y rebelión machista.

Pitochachi se encogió en una esquina de su celda hecha con cañas de bambú. Contemplando angustiado las fases cada vez más crecientes de la luna en el cielo nocturno. Deprimido ante la imposibilidad de romper aquellos barrotes de bambú que le privaban de su libertad debido a su condición de sexo débil.

La noche del sacrificio llegó más pronto que tarde. El reo fue conducido hacia el altar apresuradamente, deseando que se hiciera justicia cuanto antes. Pitochachi subió acongojado los peldaños de la enorme pirámide de piedra empujado por unas afiladas lanzas que le pinchaban la espalda. Elevó la mirada hacia lo que le esperaba, y pudo ver a la reina Pentesilea esperándole ante el altar, cuchillo en mano dispuesta a castrarle. Pero no fue eso lo que llamó su atención. A espaldas de la reina, y levitando en el cielo nocturno se encontraba una gigantesca maravilla que ninguna de las amazonas había visto jamás. Una enorme barcaza, parecida a las que usaban los pescadores para hacerse al mar se recortaba contra la luna llena. Sobre ella, una enorme barriga blanca hecha de un tejido blanco mantenía al ingenio flotando en el aire.

Aquella maravilla maniobró en el cielo con soltura, yendo a tomar tierra en la cancha del juego de pelota situada al lado de la pirámide. Todas las amazonas corrieron allí para rendir pleitesía, pues no les cabía duda de que se trataba del vehículo de la diosa Mantis, que había bajado de los cielos para honrarlas. Pitochachi y el resto de los hombres que iban a ser sacrificados las siguieron.

De aquella maravillosa barcaza voladora bajaron mujeres ataviadas con ropajes nunca vistos por la tribu, más teniendo en cuenta que la tribu no se vestía nunca. Piezas de cuero endurecido cubrían su torso, y telas amplias y ornamentadas con esmero tapaban sus piernas. Sus pies los cubrían con unas extrañas piezas de cueroacabados en unos aguijones que perforaban el suelo de la cancha.

Todos se postraron ante ellas, adorándolas como diosas. Aquellas extrañas mujeres tomaron la palabra y ordenaron a los presentes que se levantaran. Los saludos y los obsequios iniciales fueron intercambiados en un acto de acercamiento entre diosas y mujeres en aras de un mayor entendimiento entre ambas partes.

Todo iba bien hasta que Pitochachi se acercó a las deidades para pedir clemencia por sus testículos. Estas se espantaron ante la desnudez del hombre, y empezaron a soliviantarse acusándole de violar su espacio vital, de agredir su vista haciendo ostentación gonadal y tachándole de claro ejemplo de opresor falocrático. Pitochachi no entendió ninguna de aquellas palabras, pero no le sonaron nada bien.

Pronto todas aquellas mujeres se dirigieron al pueblo con el fin de organizar una fiesta que conmemorara ese excepcional encuentro, y se olvidaron de Pitochachi. Este aprovechó la ocasión para huir en dirección opuesta. Se adentró en el bosque y no paró de correr hasta que sus piernas dejaron de poder sostenerle. Puede que no fuera capaz de encontrar un lugar que le trajera mejor tzioma, pero sí sabía que la distancia recorrida le permitiría conservar los huevos.

Antonio Torrico



El pueblo de hielo

El trineo acarreado por perros, más conocido como qamutik, se deslizaba a gran velocidad por la superficie blanca. Los canes corrían con la lengua fuera y la nieve apenas caía en forma de pequeños pompones. Mientras el auriga se relajaba sabiendo que estaba ya en territorio conocido, su acompañante se arrebujó en su abrigo y se caló el sombrero hasta la nariz. Hizo amago de sacar los binoculares, pero tenía las manos entumecidas.

Entonces, el otro hombre le señaló un punto en el horizonte. A lo lejos, semiocultas por la niebla, se alzaban níveas torres terminadas en punta. Casi habían llegado. Los animales aceleraron su carrera con ganas de llegar a casa. Poco a poco, la neblina se fue disipando y dejó a plena vista un poblado de iglúes bajos y redondos.

Habían llegado al campamento de los inuit. El conductor saludó a su paso a varios vecinos que le devolvieron con unos gestos que Robert Guile no había visto nunca. Asombrado por la belleza y magnificencia del entorno, se dejó llevar al interior de una de las dos torres. Dentro bullía la actividad. Hombres y mujeres se afanaban con tablillas estampadas escaleras arriba y abajo, entrando y saliendo de los balcones como esperando algo. El conductor le explicó al periodista que desde aquellos lugares se vigilaban y controlaban a las máquinas. Guile asentía en silencio. El guía le condujo a una sala contigua donde le mostró orgulloso a los mejores ayudantes y servidores de los que disponían los inuit: autómatas.

El joven había conocido seres de metal de muchas formas y equipados con diversos objetos, mas aquellos diferían absolutamente del resto: eran entes bajos, no superaban el metro cincuenta (algo más pequeños que los habitantes, que apenas les sacaban una cabeza); rechonchos y con un cuerpo ovalado; sus brazos, extensibles, se recogían pegados al metal gris claro en una bola y se desplazaban sobre una única cuchilla a modo de patín. Lo que más llamaba la atención era su cabeza que, en sintonía con el cuerpo, recordaba a un muñeco de nieve. Sus dos ojos eran azules y brillantes como el agua y, apagados, quedaban como dos piedras huecas. Por último, sobre su semblante se perfilaban distintos diseños en tonos suaves. Cuando pregunté a qué aludían aquellos tatuajes, el inuit respondió que definían la función y el nombre del ser. Este, en concreto, se llamaba Siku-Qasertoq Innaq (hielo-gris –común a todos los autómatas- y escalador). A ellos se refería, en general, como “ironuit” (seres de metal). El hombre le explicó que, para los inuit; los ironuit, los animales y todo organismo viviente tenían un alma que, al morir o sacrificar, moraría en su propio mundo no terrenal. Guile pensó que eran tratados de manera muy distinta a otros autómatas.

Desde lo alto del edificio de hielo se divisaban las máquinas que, gracias a la fuerza de ventiscas y del viento, excavaban oquedades en el suelo para poder pescar. De esta ingeniosa manera los inuits se abastecían. Poco después se acercó al periodista una anciana a lomos de un manso y gigantesco caribú. Este, boquiabierto por los increíbles avances del pueblo nómada, atendía ojiplático a las palabras de la mujer. Esta le enseñó cómo los inuits y los ironuits trabajaban juntos esculpiendo figuras en estealita. Los primeros eran los mentores de los segundos, quienes hacían parpadear sus luces azules como asintiendo.

Desplazándose con mucha lentitud, una procesión de chamanes escoltada por dos autómatas a modo de monaguillos presentaba ofrendas y sus respetos a Kaila, el dios del cielo. Intrigado, Guile inquirió a la señora, que se cubrió con su amauti (anorak con capucha) si de verdad seguían creyendo en aquellos dioses. Ella, sonriente, alegó que; sin la fuerza celeste era imposible que los ironuit se movieran, aunque su combustible se basaba en rocas de hielo, suficientemente abundantes.

Con una sensación de tranquilidad en el cuerpo, Robert Guile decidió que ya era hora de volver a sus menos frías tierras. No sin antes guardar el secreto de aquella sociedad tranquila para que los occidentales no la mancillaran. Era probable que en pocos años llegaran tropas ansiosas de conquista, aunque al menos había tenido tiempo para avisarlos con el fin de que se internaran aún más en el Ártico.

Subió al qamutik alegre, y la última imagen que tendría del lugar sería la estampa de unos cazadores despedazando una foca. Con náuseas, dirigió su mirada a la chiquitita escultura que guardaba en su mochila y que tenía la forma de un detallado caribú.

Angela Ramos



Diario de Larkin Lärsøn.

Malaysia. 1865
15 de Febrero, 10:00h (hora de Malaysia):

Después de semanas de viaje hemos llegado a Malaysia. Unos caballos no esperan en puerto para dirigirnos hacia Sarawak en busca de la tribu autóctona de los Penan. El capitán Dubhghaill y la señorita Bissette vendrán en mi busca en un mes. Una hora más tarde, cuando los caballos hayan sido cargados con el equipaje partiremos. Mientras dedicaré el tiempo en conocer a los habitantes de tan extraño lugar.

16 de Febrero. 09:00h (hora de Malaysia):

El camino ha sido agotador en el día de ayer. Anduvimos 8 horas por selvas con tanta vegetación que llegaban a dar la sensación de que en ese lugar no hubiera ni siquiera aire. Paramos al atardecer, los guías dicen que es peligroso andar a oscuras por la selva ya que cualquiera podríamos desaparecer y no volver nunca más. Acampamos en un pequeño claro junto a un río. La noche fue tranquila, ninguna bestia se acercó a la tienda, eso sí, el ruido de la selva podía llegar a desquiciar en algunos momentos. Hoy recorreremos unos 12 kilómetros , esta vez sin la ayuda de los caballos ya que el camino les resultará imposible pues habrá arenas movedizas, extremada vegetación y podríamos perderlos por el camino así que hemos acordado dejarlos al cuidado de uno de los guías que los llevará de vuelta y que volverá en 29 días a por nosotros a este mismo lugar.

17 de febrero. 20:00h (hora de Malaysia):

Ayer por fin dimos con el poblado a última hora del día. Fuimos recibidos casi como héroes. El jefe “Mailako” nos presentó a su familia. Gracias a los guías que nos acompañan en toda la expedición podemos entendernos con esta gente ya que ninguno conocemos la lengua del otro. Fuimos invitados a una gran cena compuesta principalmente de fruta aunque había algún pescado para saborear y después todos nos sentamos en una hoguera a disfrutar de unas danzas realizadas por las mujeres más jóvenes de la tribu mientras intercambiamos historias de nuestros respectivos mundos.

18 de Febrero. 20:57h.

Hoy ha sido un día muy instructivo. Mailako y Tinkhu, el que parece ser el guía espiritual o chamán de los Penan marcharon en un pequeño viaje hacia un lugar donde veneran a una especie de deidad, Tying-Bak. En este viaje fueron a pedir por sus muertos y llegaron con gran alegría, Tying-Bak les había concedido llevarnos ante su presencia. Mientras nosotros disfrutamos de un día de costumbres Penan. Fuimos con Shin-kai, el hijo del jefe, a cazar jabalí para el banquete de la noche. Es increíble como caza esta gente. Utilizan unas cerbatanas hechas con hueso y madera y lanzan unas púas de látex envenenadas con una increíble precisión.

19 de Febrero. 19:38h ( hora de Malaysia):

Creo que hoy hemos conseguido que los Penan nos respeten más si cabe. Hemos pasado el día ayudándoles en las cosas más cotidianas como sería llevar agua desde el río hasta el poblado o recolectar fruta para la comida.

Mailako nos ha dicho que se siente muy feliz de tenernos con ellos y de que aceptemos su cultura y como premio nos van a convertir simbólicamente en parte de la tribu.

20 de Febrero. 23:15 ( hora de Malaysia):

Hoy ha sido un día muy importante tanto para la tribu como para nosotros mismos. Después de una larga mañana de preparativos todos estábamos listos para el acontecimiento. Hoy pasaremos a ser parte de los Penan, al menos simbólicamente. A eso de las 16:00h de la tarde algunos de los guerreros fueron a buscarnos a nuestra choza. Cabe decir que el rito al que nos enfrentamos era para convertirnos en parte de los guerreros de la aldea. Nos hicieron quitarnos toda la ropa y no dieron unos calzones hechos con hojas de algunos árboles tropicales y forrados por dentro con algún tipo de piel. Una vez ataviados apareció Tinkhu con una vestimentas muy estrafalaria formadas por pieles y muchos huesos de diferentes tipos de animales. Portaba un cuenco con una pasta de color negra y que pronto comenzó a frotar por nuestro rostro dibujando formas con algún tipo de significado para los Penan. Al acabar salimos de la choza escoltados por los guerreros y las mujeres nos esperaban para colocarnos unos tocados hechos con plumas y flores. Seguimos andando dirección al río. Una vez allí Mailako nos esperaba con otro cueco. Pasó delante de cada uno metió los dedos en el cuenco y los llevó a nuestra boca para que tragáramos la pasta. En cuestión de segundos todo se volvió una pesadilla en mi cabeza. Solo era capaz de ver engranajes que volaban de un lado otro y que parecían intentar matarme. De pronto desperté al sentir el frío y húmedo tacto del agua. Al abrir los ojos unos brazos me sacaron del agua. Estaba confundido pero Mailako parecía muy feliz. Una vez acabado nos dirigimos a una parte de la selva que no conocíamos. Nuestro guía me explicó que nos llevaban al lugar donde habitaba Tinkhu para la parte final del ritual. Cual fue mi asombro al llegar que estuve a punto de desmayarme. La choza del guía espiritual estaba construida a base de planchas de metal y adornada con todo tipo de engranajes, tuercas y tornillos que colgaban de hilos por cualquier lado al que mirabas.

Todos fuimos colocados en fila rodeando la hoguera que había en el centro y Tinkhu nos marcó la piel con un hierro en forma de engranaje al rojo vivo. Todos comenzaron a cantar y bailar. Ya éramos parte de los Penan. No sabe Hluot-wig lo que me acuerdo de él esta noche y de las historias que compartimos sobre los rituales nórdicos de antaño. Esto le hubiera encantado.

21 de Febrero. 19:54 ( Hora de Malaysia)

Hoy hemos conocido por fin al Tying-bak. De hecho no se como explicarlo. Acompaño un pequeño dibujo que lo explica, aún quedan restos de la guerra de los gigantes de metal. Solo espero recopilar toda la información posible en los días que me quedan aquí.

Sito Ramos



STEAMPUNK EN LA VIDA DE LOS MASAIS
¿QUE SERÍA DE LOS MASAIS SIN EL STEAMPUNK? Nada.
Se habrían ido a zonas más verdes.
...
El steampunk se originó en África, concretamente en lo que es ahora Kenia, donde viven los masais. pero, para nuestra desgracia, desapareció. Y sus historias quedaron olvidadas o tergiversadas en mitos por los desconocidos.

Nada más lejos de la verdad.

Los autómatas masais estaban hechos de piedra y alabastro, de ceniza y barro. Eran los primeros robots en la historia. Y duraban. Algunos duraron 4 siglos. Pero la mayoría se deshicieron con el paso del tiempo y la perdida del uso en las labores que traían los extranjeros blancos.

Los masais crearon autenticas obras de arte. No solo robots que les ayudaron a sobrevivir en el desierto, sino bellísimos barcos voladores que les llevaban por zonas lejanas y de las que traían obras de arte en forma de telas, pipas de fumar y sillas adornadas lujosamente.

Las actuales ropas que llevan los masais, con ese rojo tan colorido, es un recordatorio de los tonos ocres, marrones y bronces de la época dorada de su pueblo, pero lo toman como una oportunidad para mejorar y como un recuerdo feliz de una buena época.

Los adornos que lucían antaño enloquecerían hasta al más pintado. Sus pendientes, collares y piercings lucían de un modo bronce. Pulían el bronce y lo manejaban como si fuese plastilina. Los adornos actuales tienden más al colorido.

No hablemos de sus platos y tazas que se autoservían comida en cuanto veían que se vaciaba el plato, o de las persianas giratorias que subían o bajaban según la intensidad del sol o las ventanas que se abrían o cerraban según el calor o las ordenes de los habitantes de las casas.

La época steampunk en los masais existió, muestra de ello es la perseverancia de un pueblo en una tierra hostil. ¿Cómo habrían podido sobrevivir si no es con un autómata detector de agua y que te la lleve a casa?

Marina González



LA DAMA DEL NEGRO AUGURIO

Los “piel blanca” me llaman Dama Cuervo cuando los tengo de frente y la Dama del Negro Augurio a mis espaldas. Incluso me dedicaron una canción infantil, tal vez una plegaria… No es de extrañar que me teman y me invoquen: pues soy de las pocas personas que luchan contra los oscuros temores que asolan la noche.

Mi origen se desconoce: mi madre se ausentó un largo tiempo sin explicación y volvió a su unaiyate (tribu) en avanzado estado de gestación. En un silencio absoluto, pasó el último mes entre los suyos intentando seguir a duras penas el ritmo del grupo. Falleció durante mi alumbramiento y la identidad de mi padre quedó para siempre oculta. Nunca la reveló mi madre en vida ni en espíritu. Sin embargo algo se hizo patente de inmediato: mi progenitor no era indio.

Sin madre, de padre wasicu (perro ladrón, denominación lakota para los blancos), mi destino podría haber sido incierto pero se me acogió en la unaiyate como alguien de valía. Pronto se pronunciaron en mí muchos aspectos duales y complejos: ni masculina ni totalmente femenina, ni lakota ni blanca, ni espiritual ni terrena… No obstante el “Hombre medicina” intuyó que iba a ser un individuo señalado frente a los cambios que estarían por llegar. Y en honor a ese cambio y a mi naturaleza entre lo femenino y lo masculino, recibí mi apodo singular “Ala de Cuervo”: no apto para un guerreo y tampoco apto para una india corriente.

El cuervo como animal totémico es la criatura de las metamorfosis, los cambios y la transformación. Portador de la magia y mensajero del “Gran espíriu Wakan Tanka”, guardián de los secretos y puerta abierta a los pensamientos ocultos…

Y así me dejaron aprender todas las tradiciones, rituales, trabajos y conocimientos de todos los miembros de la tribu; del Chaman, de las mujeres jóvenes y ancianas, de los cazadores y de los guerreros… Hablé el idioma de los ancestros de mi madre y el de los de mi padre, convirtiéndome en iyeska (aquel que habla blanco/mestizo). Aprendí las leyendas de la tribu de mi madre y los mitos bíblicos de los blancos.

A partir de 1850 los colonos wasicu empezaron a cercar y constreñir más y más a mi clan de adopción. Para 1880 la mayor parte de las tierras de las tribus lakotas eran un hervidero de cazadores, buscadores de oro, diligencias, el ferrocarril de Colinas Negras… Fue en este momento cuando empezaron los acontecimientos más oscuros, las matanzas y los enfrentamientos y los problemas sobrenaturales, al principio a pequeña escala y después a niveles nunca vistos.

Para cuando comenzaron a sucederse yo ya me hallaba afincada entre los blancos. Los Lakotas que me criaron tuvieron que volverse sedentarios por la falta de caza, debido al exterminio de búfalos por los cazadores blancos. Esa vida tan atada a las tradiciones, sin la vida nómada, me hacía sentir enclaustrada y marcaba aún más el mestizaje de mi origen. Así que monté mi caballo hasta un poblado dónde se asentaba un “Hombre medicina blanco” respetado por todos, indios y wasicus. Sorprendentemente convencí al buen doctor de que podría ser una buena ayudante y me propuse aprender los avances técnicos médicos de los “piel blanca” para complementarlos con mis conocimientos en herboristería sagrada lakota.

Los blancos tienen una riqueza científica y tecnológica que mezcla la destrucción y la regeneración. Y a pesar de arrasar la naturaleza sin ninguna consideración, tal vez porque no la sienten suya, también trajeron consigo algunos grandes ingenios y a nuestros fieles compañeros los caballos.

Las Grandes Naciones Sioux defendieron como versión oficial de lo acontecido que la destrucción por los blancos de algunos de los enclaves sagrados había despertado a los oscuros espíritus de la guerra y había convertido en vengativos a los entes que representaban a los animales totémicos de las tribus nativas. Pero lo cierto es que en el advenimiento de los seres oscuros no fueron ajenos los hijos del Gran Espíritu.

Poco antes de las grandes matanzas se convocó a todos los “Hombres medicina” de las unaiyates dakotas, nakotas y lakotas para hacer un ritual de protección, así como a los que teníamos menos poder pero cierta relevancia en el conocimiento de los ceremoniales espirituales. Los chamanes “amigos” debían ir acompañados por sus “cristales del alma”: unas cristalizaciones minerales que emitían la luz del Gran Espíritu durante ciertos rituales y que casi todos los nativos empleaban como talismanes. Yo no acudí a la cita, pero los cristales que poseía y los de otros indígenas empezaron a irradiar con mayor frecuencia a partir de ese momento.

Esta luminosidad llamó la atención del hombre blanco que enseguida se dispuso a examinar las posibilidades del uso de dicha radiación para sus máquinas. Y pronto la búsqueda del oro dejó de tener importancia. A partir de entonces lo que se buscaba en las vetas y los ríos eran los “cristales del alma”. Estos se llevaron allende los mares y su energía se expandió dando a conocer que en los otros continentes también existían. La fiebre por las cristalizaciones luminosas y sus aplicaciones tecnológicas como energía, sin combustión ni residuos, se dispararon en todas las partes del globo.

Si me preguntáis mi versión de cómo y porqué se les abrió la puerta a los ángeles caídos y demonios o espíritus oscuros y totémicos vengativos… pues creo que tiene mucho que ver con la activación de los cristales por los chamanes. Pero también por el aporte extra de sufrimiento y el derramamiento de sangre provocado en las grandes matanzas que fueron efecto de la ruptura de tratados entre los blancos y las Naciones Sioux… Por eso las fuerzas oscuras son como yo: mestizas. Y por eso castigan a ambos bandos por igual. En realidad esto nadie lo sabe a ciencia cierta, pero yo lo intuyo. Porque sólo los que empleamos ambas tradiciones, como mi compañero y yo, somos efectivos en la lucha.

¿Cómo conocí a mi compañero?… ¡esa ya es otra historia!

Ariadna Hernández Pablos